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El PS tiene en sus manos la próxima elección presidencial

Publicado en La Tercera

La bajada forzada de las precandidaturas presidenciales de Fernando Atria y José Miguel Insulza por parte de la mesa central del Partido Socialista es evidencia del mal momento que atraviesa la colectividad. La inhabilidad de apoyar a un candidato propio para enfrentar a los candidatos del resto de los partidos en una primaria del sector es evidencia del desbalance de fuerzas políticas que existe dentro de la coalición y un mal presagio de lo que viene. Al no tener un candidato propio, el PS indirectamente señala al resto de los partidos y sus respectivos candidatos que se someterá sin dar la pelea.

Por un lado la decisión del partido sorprende, dado que lo normal sería que un partido con su tradición y status nominara a un candidato propio. El PS no solo es uno de los partidos más importantes en la historia del país sino que además es uno de los partidos más grandes en la actualidad. De hecho, el PS es uno de los pocos partidos que se ha logrado inscribir de acuerdo al nuevo esquema de refichaje. Quizás por esto último es llamativo que la mesa no haya logrado transformar ese apoyo en un respaldo a una candidatura presidencial propia. Con los más de treinta mil militantes recientemente inscritos, había material de sobra como para trabajar.

Por otro lado la decisión de bajar a Atria e Insulza se veía venir, pues fue una decisión racional basada en probabilidades. El bajo apoyo a los candidatos en las encuestas fue evidencia de que no había agua en la piscina como para un piquero. En comparación con los otros candidatos del sector, digamos Guillier y Lagos, los candidatos del PS nunca lograron despegar. Considerando el margen de error, es posible que tanto Atria como Insulza nunca hayan llegado siquiera a obtener 1% de las preferencias. En esta línea, la decisión de la mesa fue correcta, estratégica y utilitaria basada en evidencia significativa, clara y contundente.

Ahora bien, más relevante que analizar las causas de la bajada forzada de Atria e Insulza, es preciso explorar las potenciales consecuencias del hecho. En ese sentido es imposible no desempolvar recuerdos del ciclo electoral de 2009, donde el Partido Socialista fue determinante en la nominación del candidato presidencial de la coalición, y eventualmente en el resultado de la elección. De hecho, el trasfondo se asimila bastante a lo que ocurre en el ciclo actual. En ese entonces, al igual que ahora, el partido prefirió apoyar a un candidato de otro partido (Frei) antes que a un candidato de sus propias filas (Arrate, Enríquez-Ominami, o Navarro).

El resto de la historia es conocida, y tema de mi tesis de Magister. Los tres socialistas renunciaron al partido, acompañados de cerca de un centenar o más de militantes históricos, en lo que se denominó el éxodo socialista. Navarro finalmente se bajó pero Arrate y Enríquez-Ominami fueron a primera vuelta. La división de la coalición le facilitó la victoria a Piñera. Los votos por los tres candidatos de la centroizquierda (Arrate, Enríquez-Ominami, y Frei) fueron significativamente más que los votos por Piñera en la primera vuelta. Pero la campaña dividió al electorado de tal manera que fue imposible agregarlos a favor del candidato común (Frei) en la segunda vuelta.

La comparación relevante entre las dos elecciones es el escenario de división de los votantes de centroizquierda. En 2009 el PS jugó un rol crucial en esta división, pues fueron ellos los que permitieron que el electorado se dividiera en tres partes. Hoy van por el mismo camino. Al no tener candidato propio van a tener que apoyar al candidato de otro partido, en este caso están entre el candidato del PR (Guillier) o el candidato del PPD (Lagos). Pero a pesar de que puedan institucionalmente apoyar a uno o a otro, es probable que parte del daño ya este hecho. Gracias al desorden del partido, una parte de los votantes ya está dividida de una u otra manera.

Este desorden en parte se entiende por la dinámica interna de las facciones que conforman al partido. Hasta recientemente el partido estaba dividido en Nueva Izquierda (Andrade, Escalona), Renovación (Montes, Schilling), Tercerismo (Elizalde, Solari), Grandes Alamedas (Allende, Gazmuri), Nuestra Revolución (de Urresti, Díaz), y Colectivo (Melo, Soto). Si bien las diferencias han sido históricamente claras es importante señalar que más que programáticas, han sido sobre la visión de los procesos operacionales que debe seguir el partido, sumado a contrastes generacionales. Curiosamente esta claridad permitía un dialogo fluido.

Hoy esas divisiones son más difusas. Algunas de las facciones han perdido peso y se han desintegrado, o en algunos casos fusionado con otras facciones. Este reordenamiento puede ser entendido como un desplazamiento transitorio, propulsado por incentivos de corto plazo, en parte electorales. Este desorden explica, entre otras cosas, por qué ha sido tan difícil para el partido tomar una posición permanente. Explica por qué la Mesa confirmó una consulta ciudadana para elegir entre Atria y Guillier dos veces y luego se retractó; y explica por qué la votación del Comité Central el domingo no será el fin del conflicto, sino que solo el comienzo.

De hecho, el Comité Central que se reunirá con el objetivo de elegir entre Guillier y Lagos llega con sendos problemas. No se ha definido siquiera cómo se llevará a cabo la votación: si será a mano alzada o con voto secreto. Esta diferencia es relevante, y es lo que actualmente divide a los socialistas. Los que están con Lagos prefieren lo primero y los que están con Guillier prefieren lo segundo. Los Laguistas dependen de la presión que puedan ejercer por sobre los Guilleristas, pues es probable que si la votación es a mano alzada la mayoría de los votantes se inclinará a favor del ex Presidente en desmedro del Senador.

Esta dicotomía resume la difusa organización transitoria de las facciones, que inoportunamente divide a los socialistas entre Laguistas y Guilleristas (sin contar a los desafectados que seguirán a ojos cerrados a Atria). Un breve recuento del apoyo de los legisladores del Partido Socialista sugiere que todos los senadores y alrededor de la mitad de los diputados estaría a favor de la candidatura de Lagos. No hay forma de saber cómo votarán los 111 miembros del Comité Central pero no sería extraño que se distribuyeran de forma proporcional a los legisladores. Pero volvamos al tema. Aquí la pregunta importante es si les conviene votar por Lagos.

Es una pregunta difícil, pero posible de abordar. Mi aproximación es una racional, basada en la diferencia en el retorno de utilidades que tienen los socialistas si prefieren a un candidato por sobre el otro. O redactado de forma más simple, la pregunta relevante es: ¿cuál de los dos candidatos le sirve más al Partido Socialista? La respuesta más sencilla es que el candidato que más les sirve a los socialistas es el candidato que más se asimila al militante mediano del PS. En este escenario, la respuesta es Lagos, pues no solo se asimila más al militante mediano, sino que es ex militante del Partido Socialista (hasta que fundó el PPD en 1987).

El escenario anterior sugiere que consistencia ideológica es una forma de pago (en término de utilidades). Pero si suponemos que una mejor forma de pago es ganar elecciones, entonces la respuesta a la pregunta no es Lagos, sino Guillier. Es mucho más probable que Guillier gane una elección a que Lagos gane una elección. Toda la evidencia disponible sugiere aquello. Lagos no se mueve del 5% en las encuestas. Lleva más de un año pegado en esa cifra a pesar de haber invertido una suma considerable de recursos en un equipo de campaña diseñado específicamente para re-empaquetar su imagen y dar a conocer sus ideas.

Si el PS quiere ser consistente con su ideología, probablemente Lagos sea el mejor candidato. Si el PS quiere ganar elecciones, probablemente Guillier sea el mejor candidato. En esta bifurcación, mi opinión es que el PS debe priorizar lo segundo por sobre lo primero. El Partido Socialista debe escoger al candidato que le permita acceder al poder para—al menos—aspirar a llevar a cabo su programa ideológico. Los partidos políticos son por definición colectividades diseñadas para ganar elecciones. Si no se pueden organizar para ganar una elección no tienen absolutamente nada que estar haciendo en el sistema político.

Considerando la lógica de las premisas anteriores es importante subrayar la importancia de elegir a un candidato que pueda ganar en la primera de las elecciones que se avecinan, las primarias. Si el Partido Socialista elige a Guillier y este gana la primaria, el partido podrá tener una importante recompensa al participar de forma preeminente en la redacción del programa de gobierno y una mayor influencia en la conformación de la lista legislativa. Además, dado que Guillier es el candidato mejor posicionado en la centroizquierda para ganarle a Piñera en Noviembre, es una apuesta mucho más segura.

Si en cambió el PS escoge a Lagos, y este inesperadamente gana las primarias, el partido podrá aspirar a tener el mismo control sobre el programa y la lista que tendría con Guillier, pero con una probabilidad mucho más baja de ganar en Noviembre. Pues en el contexto político actual Lagos no solo deberá enfrentar a Piñera, sino que deberá enfrentar a la centroizquierda. El Frente Amplio (liderada por Boric y Jackson) promete dar una dura batalla, pues como bien han anticipado no vienen a renovar a la centroizquierda, la vienen a reemplazar. En ese sentido Lagos no solo sería un blanco de la derecha, sino que sería un blanco de su propio sector.

La decisión del Partido Socialista debe estar orientada a maximizar su utilidad. La decisión del PS debe ser una que tenga su origen en un cálculo objetivo de costo-beneficio. Es irresponsable preferir a un candidato por cercanía, por buena onda. El Partido debe escoger al candidato que les permita las mejores prospectivas para llegar al poder. En ese sentido, la decisión consecuente y responsable de la mesa sería elegir a Guillier. Por lo bajo, la mesa debe asegurar que la elección del candidato se realice por medio de un voto secreto, para que el resultado de la elección al menos refleje el balance honesto de las fuerzas dentro del socialismo.

Una decisión equivocada del Comité Central el domingo podrá tener altos costos. Apostar por un candidato perdedor significa dividir a la coalición más de lo que ya está. Significa abrir dos flancos que serán determinantes en el resultado de la elección de Noviembre: un flanco externo, donde una Nueva Mayoría dividida tendrá que enfrentar a la derecha más cohesionada y organizada de los últimos tiempos, y un flanco interno, donde la oferta electoral (los candidatos) de centroizquierda sin duda generará tensiones y divisiones en la demanda electoral (los votantes) de la centroizquierda. El Partido Socialista tiene en sus manos la próxima elección presidencial.

Bachelet: Debates, Interpelaciones y Presidentes de los Partidos

Publicado en La Tercera

Son varias piezas las que se mueven con la proclamación de Michelle Bachelet. Son tres mis impresiones:

1. La calidad y frecuencia de las primarias de la Concertación será menor a lo anticipado

Durante su proclamación Bachelet fue enfática en sostener que la preocupación principal de su segunda campaña presidencial será la ciudadanía. En constantes viajes a través de Chile recogerá ideas y construirá su programa de gobierno. Entre líneas esto significa que el gran interlocutor de Bachelet serán los votantes y no los candidatos contrincantes. Naturalmente su condición de favorita le permite no debatir en todas las instancias que los otros candidatos lo quieran hacer. Pero también significa que la profundidad de los temas que se debatan en los pocos encuentros que se lleven a cabo será baja.

Por un lado es bueno para Bachelet. Si va ganar las primarias de cualquier forma, le conviene minimizar el número de asperezas que tenga con José Antonio Gómez, Claudio Orrego y Andrés Velasco. Mientras más rencillas se den al interior de la Concertación, más podrán capitalizar Andrés Allamand y Laurence Golborne. Por otro lado es malo para Bachelet. Principalmente porque si llevan a cabo debates de baja calidad será fácil para los candidatos que van por fuera del pacto criticar que las primarias están arregladas. Mientras menos competitivas sean las primarias, más podrá capitalizar Marco Enríquez-Ominami.

2. Los candidatos de la Alianza organizarán sus campañas en torno al programa de Bachelet

El problema de Allamand y Golborne es que si la elección fuera el próximo domingo perderían en primera vuelta. Porque es difícil que Bachelet quiera entrar a un debate con cualquier de los dos, tendrán que ser ellos quienes inicien el intercambio. Suponiendo que finalmente se llevarán a cabo las primarias, y solo uno de ellos pasará a primera vuelta, el ganador tendrá que asumir el rol  de interpelar a Bachelet. Una posición incomoda, pero inevitable. A partir de los planteamientos de Bachelet, el candidato único se verá forzado a forzar a plantearse a favor o en contra de cada una de las propuestas de Bachelet.

Supongamos que Bachelet levante cuatro grandes ejes: ‘Educación’, ‘Trabajo’, ‘Nueva Constitución’ e ‘Inclusión Social’. Obviamente cada uno de los ejes se escogió porque se consideró prioritario. Si Bachelet continúa como amplia favorita en las encuestas tras las primarias, será el ganador de la primaria de la Alianza el responsable de cuestionar a Bachelet en cada uno de los temas antes que pueda entablar sus propias propuestas. Por una parte puede ser positivo, si el discurso interpelativo es visto como constructivo. Por otra parte puede ser peligroso si interpelar a Bachelet sea visto como una serie de ataques gratuitos.

3. El eje de la campaña de Bachelet será en base a movilizaciones y enfocado en ciudadanos

La gran ausencia de la campaña de Bachelet serán los líderes nacionales de los partidos políticos de la Concertación. Tras las lecciones de la debacle electoral de 2009, sería un flaco favor si los presidentes de los partidos hacen campaña activamente por la ex presidenta. Por el contrario, Bachelet buscará establecer conexiones a nivel local con alcaldes, grupos de concejales y juntas de vecinos. Esto le permitirá adueñarse de las demandas de aquellos que piden más inclusión. Osvaldo Andrade, Ignacio Walker y Jaime Quintana se quedarán en sus sedes, mientras que Sadi Melo, Iván Fuentes y Teresa Váldes saldrán a las calles.

Ahora bien, el enfoque ciudadano que propone Bachelet significa recoger e implementar demandas de los ciudadanos, pero no necesariamente prescindir de la política tradicional. Si bien disminuirá la cantidad de minutos que reciban los presidentes de los partidos, no estarán completamente ausentes. De hecho, es probable que sean ellos quienes manejen el aspecto territorial de la campaña desde las sombras. Es imposible imaginar un escenario en que Bachelet haga campaña solo con voluntarios. Y es precisamente ese su talón de Aquiles, algo que tanto los candidatos de la Alianza como Enríquez-Ominami aprovecharán.

 

Todos trabajan para Bachelet

Publicado en El Mostrador

Alan Keyes es un político afroamericano de Estados Unidos que fue candidato legislativo y presidencial un total de 6 veces en 20 años. Como militante del partido Republicano buscó ser electo como senador en 1988, 1992  y 2004, y como presidente en 1996, 2000 y 2008. Mientras que en las elecciones legislativas fue nombrado por su partido como parte de una estrategia electoral para tratar de derrocar a titulares que buscaban ser reelectos, en las elecciones presidenciales fue nominado por una facción minoritaria del partido que buscaba levantar temas valóricos que de lo contrario no serían tocados.

En ninguna de las 6 elecciones resultó electo. En las tres ocasiones en que optó por un escaño en el Senado su oponente demócrata  lo dobló en número de votos (incluyendo Obama, en 2004). Asimismo, en las tres ocasiones en que fue a las primarias presidenciales de su partido, nunca pudo sobrepasar el 5% de los votos. La evidencia apunta a que la estrategia de los que nominaron a Keyes una y otra vez nunca fue potenciar su elección. Si bien habría sido lo óptimo para el mismo Keyes, las cúpulas de su partido nunca lo habrían permitido. Más que trabajar para ganar, Keyes siempre estuvo trabajando para las élites.

Algo similar está sucediendo en Chile. La amplia ventaja de Bachelet en las encuestas sugiere que los candidatos están sirviendo los intereses de los partidos más que los propios. Incluso en la Alianza. La inhabilidad de Allamand y Golborne de consolidarse como una alternativa (según las encuestas) ha llevado a personeros de su misma coalición a proponer que el objetivo de la derecha debería ser trasladarse a ganar las elecciones legislativas. Tanto RN como la UDI están más interesados en levantar estrategias paralelas para mitigar la derrota (como evitar doblajes), que en potenciar a sus propios candidatos presidenciales.

En la Concertación la resistencia a Bachelet parece ser mayor. Las primarias en que competirán 4 candidatos parece ser una muestra de que al menos existe la intención de producir una alternativa. Sin embargo, una mirada más pausada a lo que pasa por dentro muestra que la resignación que existe al interior de la oposición es igual o mayor a la que existe al interior de la Alianza. Las cúpulas saben que Bachelet es la única persona capaz de ganar. Evidencia de aquello es que ni el PS ni el PPD levantaron un candidato propio. Sus presidentes, Andrade y Quintana, incluso han manifestado su desacuerdo con realizar primarias.

Para el PDC y el PRSD el razonamiento es distinto. Para los demócrata-cristianos es imperativo mostrar que la falange sigue viva. Su lenta pero constante decadencia electoral es parte de la razón. Pero más importante es la señal de hegemonía que deben mandar al resto de los partidos en su coalición. Dado que el sentimiento implícito de los militantes es que les toca gobernar a un DC, las cúpulas deben mostrar que tienen algún control en el proceso de selección. Para los radicales, en cambio, la nominación de Gómez es solo una estrategia para negociar cupos electorales. Con solo 6 de 138 escaños, deben mostrar vigencia.

Al final, todos trabajan para Bachelet. Lo que ocurre en las primarias de la DC es el mejor ejemplo. Las cúpulas del partido han dejado entrever su apoyo a Orrego por sobre Rincón. Un motivo es la áspera relación que Rincón lleva con la mesa del partido. Fue la única Senadora que no se cuadró con la bancada para votar a favor de la Ley de Pesca. Pero más importante, es el antagonismo que Rincón podría tener con Bachelet. Martínez, Alvear y otros históricos ven esto como una amenaza, dado que tras la eventual elección de Bachelet los más perjudicados serían aquellos que apoyaron a candidatos disidentes–en este caso, ellos.

Si Orrego gana las primarias de la DC la mitad del trabajo de Bachelet estará hecho. Esto significará que en las primarias de la Concertación la ex-mandataria tendría que enfrentar a (1) el ex-alcalde de Peñalolén, quien sería mucho más cooperativo a su causa que Rincón, (2) a Velasco, que como ex-ministro de Hacienda difícilmente podrá levantar criticas a su gestión como presidenta, y (3) a Gómez, quien incluso podría declinar su candidatura si se le ofrecen suficientes cupos legislativos. El resto del trabajo será lidiar con Enríquez-Ominami, que es el único que podría perjudicarla en la elección definitiva.

Como Keyes, los candidatos no están corriendo para ganar la elección. En especial los de la Concertación. Dado que sus probabilidades de triunfo son mínimos, todos tienen motivos ulteriores para permanecer en la carrera. Ya sea para maximizar el beneficio de sus partidos en un eventual gobierno de Bachelet, o bien para instalar temas que no estarían allí si ellos no fueran candidatos. Algunos incluso están planteando sus campañas para asumir un desafío en 2017. Pero como Keyes, probablemente nunca sean electos. Es probable que terminen trabajando para el partido, o el candidato de turno, una y otra vez.

 

El Factor Bachelet

La compleja situación política por la cual pasa la Concertación es representativa de su dificultad para respaldar un candidato presidencial único para 2013. Hasta el momento se barajan alrededor de 11 nombres: Ignacio Walker, Claudio Orrego, Ximena Rincón, Soledad Alvear, Michelle Bachelet, Fulvio Rossi, Osvaldo Andrade, Ricardo Lagos Weber, Carolina Tohá, Guido Girardi y José Antonio Gómez. La principal dificultad ha sido decidir el método de selección del candidato único. Mientras algunos piden nominar de forma directa a Bachelet, otros piden fijar primarias.

La nominación directa tiene la ventaja de unificar a todos los partidos tras la popular figura de Bachelet. Sus partidarios esperan que esta estrategia se consolide como una especie de blindaje a las críticas de la Alianza. Además permite construir una ofensiva poderosa en los últimos años del gobierno de Piñera. Pero tiene la desventaja de abrir un flanco para que candidatos dentro–o fuera–de la coalición compitan por fuera. En el peor de los casos podría repetirse lo de 2009, cuando las élites decidieron nominar a Frei como candidato, indirectamente potenciando la candidatura de Marco Enríquez-Ominami.

Por estas razones ciertos sectores dentro de la Concertación han pedido fijar primarias. Algunos han pedido primarias abiertas, aceptando incluir a candidatos que no militan en los partidos de la coalición. Esto permitiría la entrada de Enríquez-Ominami y Andrés Velasco en la boleta. Otros han pedido primarias cerradas, justamente para prevenir la entrada de independientes y descolgados. En ambos casos los resultados difieren substancialmente. Por ejemplo, el número de candidatos aumenta considerablemente en primarias abiertas respecto a primarias cerradas.

Pero para determinar el mejor método de selección del candidato presidencial, es importante saber cuáles son las intenciones de Bachelet. En un artículo anterior argumenté que su silencio es un factor divisor. Mientras no manifieste su intención de aceptar o rechazar una candidatura, persistirán los problemas intra-coalicionales. Dado que el escenario cambia dramáticamente dependiendo de su disposición, es difícil ver que se pueda tomar una decisión antes de que ella hable. El siguiente cuadro muestra la alta probabilidad de que Bachelet sea la candidata única en 2013.

Si bien es altamente probable que Bachelet sea la candidata única de 2013, si decide no competir también logra influir en la selección del candidato presidencial. Principalmente porque fuerza primarias. Es difícil concebir un escenario donde los partidos de la Concertación concuerden en nominar un candidato único que no sea Bachelet. Ninguno de los 10 nombres restantes recoge el apoyo transversal que obtiene Bachelet. Además, si las primarias son vinculantes, logran evitar potenciales candidaturas paralelas por fuera.

Si Bachelet decide no competir, y las primarias son abiertas mi intuición es que Enríquez-Ominami y Velasco tienen una alta probabilidad de ganar. En un artículo anterior anticipé que el clivaje de 2013 sería uno de sistema/anti-sistema, lo cual es mejor representado por candidatos descolgados e independientes. Entre ambos, me parece que los votantes pueden favorecer a Enríquez-Ominami, dado que Velasco compite contra los militantes de la Concertación. Mientras Enríquez-Ominami cuenta con un voto duro dentro de algunos sectores, el apoyo de Velasco está en un estado incipiente.

Por otro lado, si Bachelet decide no competir, y las primarias son cerradas mi intuición es que disminuirá el número de candidatos. En vez de que cada partido nomine a cada uno de los potenciales candidatos como un pre-candidato, cada partido nominará a su militante más competitivo. En este caso, especulo que Walker tiene una ventaja sobre Tohá y Gómez. Principalmente porque tiene mayor apoyo en los sectores moderados, los cuales son más y por ende tienen una mayor probabilidad de votar en primarias voluntarias.

En definitiva, todo depende de Bachelet. Mientras Bachelet no hable, las elites de la Concertación no podrán decidir qué tipo de selección de candidato presidencial utilizarán para 2013. En el escenario que Bachelet decide competir, la evidencia apunta a que será la preferida tanto por las elites como por los ciudadanos que decidan votar en primarias. En el escenario que Bachelet decide no competir, la evidencia apunta a que Enríquez-Ominami o Walker serán los favoritos.

Candidatos Presidenciales Anti-Sistema

Hay una piscina con alrededor de 22 potenciales candidatos para ser electos a la presidencia en 2013 (ver aquí). Entre ellos se repiten sistemáticamente alrededor de 6 nombres en todas las encuestas. En la Alianza se repiten Laurence Golborne, Joaquín Lavín y Rodrigo Hinzpeter; en la Concertación se repiten Michelle Bachelet, Ricardo Lagos Weber y Carolina Tohá.

¿Cuáles de ellos serán los candidatos definitivos y por qué?

En el libro Radiografía de una Derrota, Eugenio Tironi argumenta que una campaña electoral exitosa esta compuesta por dos factores:

  1. Definir un clivaje que tenga sentido para los electores y permita poner en relieve y potenciar los atributos más positivos del candidato y de su coalición.
  2. Conseguir que ese clivaje sea el que domine la campaña y que los electores lo tengan en su mente al emitir su voto.

Este ha sido, al menos, el caso en Chile desde el plebiscito de 1988.

La primera campaña presidencial fue en 1989. Alrededor de esa elección se fijó el clivaje ‘izquierda/derecha’ y ‘democracia/autoritarismo’. La Concertación se abanderó el tilde ‘izquierda/democracia’, mientras que la derecha se abanderó el tilde ‘derecha/autoritarismo’. Tras 17 años de régimen autoritario, Aylwin no tuvo mayores problemas para derrotar a Buichi.

La segunda campaña presidencial fue en 1993. En esta elección se mantuvo el clivaje de 1989. El balance, sin embargo, favoreció a la Concertación, que logró incorporar un componente de continuidad para ejecutar reformas pendientes (para cimentar instituciones políticas) y ampliar las inversiones extranjeras (para mejorar la capacidad competitiva de la economía).

La tercera campaña presidencial fue en 1999. Alrededor de esa elección se fijó el clivaje ‘izquierda/derecha’ y ‘continuidad/cambio’. La Concertación se abanderó el tilde ‘izquierda/continuidad’, mientras que la Alianza se abanderó el tilde ‘derecha/cambio’. En esta elección la derecha abandonó el respaldo–que había dado en 1989 y 1993–al gobierno autoritario, y adoptó un concepto de cambio a su plataforma de campaña. Tras una década de la Concertación en el poder, la Alianza casi llegó a la presidencia con esta estrategia.

La cuarta campaña presidencial fue en 2005. Alrededor de esa elección se fijó el clivaje ‘izquierda/derecha’ y ‘cambio de liderazgo/cambio político’. La Concertación se abanderó el tilde ‘izquierda/cambio de liderazgo’, mientras que la Alianza se abanderó el tilde derecha/cambio político. Dado que Lavín había herido mortalmente el clivaje ‘democracia/autoritarismo’ en 1999, la Concertación se vio forzada a cambiar su estrategia. El alza de Bachelet en las encuestas naturalmente ocupó el espacio de cambio de liderazgo y fue más potente que el mensaje de cambio político que proponía la derecha de Piñera y Lavín.

La quinta campaña presidencial fue en 2009. Alrededor de esa elección se fijó el clivaje ‘izquierda/derecha’ y ‘mejor gestión/cambio en el modelo’. La Concertación se abanderó el tilde ‘izquierda/mejor gestión’, mientras que la Alianza se abanderó el tilde ‘derecha/cambio de modelo’. La Concertación se vio forzada a realizar una autocrítica a las redes de corrupción y burocracia que habían echado raíces durante sus gobiernos. Sin embargo, esta estrategia no fue suficiente para convencer a los votantes, quienes ya buscaban un cambio de modelo.

En todos estos casos (1989, 1993, 1999, 2005, 2009), la coalición que mejor definió el clivaje, y que lo transmitió de manera más efectiva a los votantes, ganó la elección. Esta tradición se repetirá en 2013. Por eso, es importante anticipar cuál será el clivaje, y cuál es el candidato mejor posicionado para transmitirlo a los votantes.

En 2009 ocurrió un hecho crucial para anticipar el clivaje de 2013: la irrupción de Marco Enríquez-Ominami. Su campaña transversal recogió votos de ambos lados del espectro ideológico, mostrando que hay una buena parte de los votantes que no esta votando en referencia al clivaje ‘izquierda/derecha’– ‘cambio de modelo/mejor gestión’. Este grupo de votantes–que bien pueden inclinar el resultado definitivo de la elección– esta enfocado a castigar a aquellos que provienen del sistema–político y económico–imperante.

Mi intuición es que la elección de 2013 tendrá un clivaje ‘izquierda/derecha’– ‘sistema/anti-sistema’. Principalmente porque existen problemas estructurales en el sistema político (leyes electorales) y en el sistema económico (financiamiento de educación y salud), que ninguna de las dos coaliciones ha logrado revertir.

A partir de la lista de potenciales candidatos presidenciales de tresquintos (ver aquí), compuse un gráfico que posiciona a los presidenciables en un clivaje ‘izquierda/derecha’–‘sistema/anti-sistema’.

(Click en imagen para agrandar)

El eje ‘izquierda/derecha’ muestra el clásico posicionamiento de los candidatos de acuerdo a su distancia ideológica del centro. En la Alianza supongo que los candidatos de RN están más lejos del centro que los candidato de la UDI. En la Concertación supongo que el PDC es el partido más cercano al centro, seguido por el PRSD, el PPD y el PS. Si bien los candidatos están posicionados para reflejar esta escala en algunos casos existen candidatos que son más representativos de la coalición que de su partido (e.g. Bachelet).

El eje ‘sistema/anti-sistema’ muestra la diferencia entre aquellos que adhieren a al sistema y los que no adhieren al sistema. Es principalmente la diferencia entre militantes y no militantes, pero toma en cuenta aquellos que están en algún punto intermedio (representan un cambio en el sistema, siendo parte del sistema). A diferencia de la escala ideológica continua, el eje ‘sistema/anti-sistema’ es nominal y se divide en 3 categorías.

Los nombres en el primer tercio del gráfico (Longueira, Lavín, Allamand, Matthei, Golborne; Andrade, Lagos E., Gómez, Walker) son potenciales candidatos que militan en los partidos de la Alianza y la Concertacion. Son parte del sistema y no representan un cambio en la opinión de la gente.

Los nombres en segundo tercio del gráfico (Bachelet, Velasco, Golborne) son aquellos que si bien están dentro del sistema de partidos, no son sistemáticamente asociados con ellos. Bachelet fue electa por su capacidad de desmarcarse de los partidos, Velasco y Golborne son independientes que proyectan una imagen que rechaza la militancia tradicional.

Los nombres entre el primer tercio y el segundo tercio (Tohá, Orrego) son potenciales candidatos que representan una renovación generacional, pero por dentro del sistema. Mientras son símbolos de cambio, también son símbolos de continuidad–al ser lideres de sus respectivos partidos.

El nombre en el tercer tercio (Arrate) representa al potencial candidato del pacto Juntos Podemos Más. En este caso utilizo a Jorge Arrate para mostrar que el candidato de esa coalición tiene la misión de proponer un cambio radical en el sistema.

Finalmente, el nombre entre el segundo tercio y el tercer tercio (Enríquez-Ominami) es el de un candidato que viene del sistema, pero propone cambiarlo radicalmente. Representa un rechazo al sistema, no adhiere al sistema y no gobierna con los partidos.

Si el clivaje de la elección de 2013 es ‘sistema/anti-sistema’, la coalición que nomine un candidato que se acerque más a satisfacer esa demanda estará mejor posicionada para ganar. En este caso, el candidato idóneo de la Alianza es Golborne. Como candidato independiente (cercano a la UDI), representa una categoría de candidatos que no se han visto desde 1989 en la Alianza. Para la gente es atractivo la nominación de un candidato que venga de fuera del sistema para solucionar los problemas del sistema.

Los candidatos idóneos de la Concertación son Tohá, Orrego, Bachelet y Velasco. Si bien Tohá y Orrego representan un cambio generacional, no necesariamente representan un cambio al sistema. Bachelet proviene del mundo de los partidos, pero su reputación la coloca en un lugar que no es evaluado transversalmente con el de los partidos. Y Velasco, como independiente, representa una posición exógena al sistema (independiente de su postura ortodoxa sobre la economía). Por eso, podría consolidarse en una figura interesante para la gente.

Finalmente, Marco Enríquez-Ominami es un candidato que representa un cambio al sistema desde fuera del sistema. Pese a su paso por el PS, su postura en las elecciones de 2009 dejan en claro su voluntad de romper con el sistema imperante. Podría ser un candidato con alta votación, tanto por dentro de la Concertación como por fuera.

Candidato Presidencial de la Concertación

Hace un par de semanas publiqué un artículo argumentando que la probabilidad de la Alianza de ganar en las próximas elecciones presidenciales aumenta significativamente si selecciona a su candidato mediante elecciones primarias. Incluso sostuve que ‘la coalición que establezca primarias nacionales, abiertas y vinculantes primero, tendrá una ventaja sustantiva sobre la otra coalición en la carrera de 2013’.

Aquí explico por qué la Concertación puede dar un paso crucial en su travesía a ganar en 2013 al establecer primarias

La encuesta Adimark (Mayo 2011) es lapidaria en mostrar que la política esta en crisis. Ambas coaliciones obtienen inéditos niveles de rechazo. Mientras la Alianza obtiene un 57%, la Concertación obtiene un 65%. Si bien estos niveles son preocupantes, no son sorprendentes. Hace varios años que las instituciones políticas (e.g., congreso, partidos políticos) son las peores evaluadas entre todas las instituciones. Asimismo hay una constante tendencia hacia una menor identificación de la gente con los partidos políticos.

Veo 2 causas a este problema:

  1. Prolongada descoordinación dentro de las coaliciones.
  2. Creciente pauperización entre partidos políticos y ciudadanía.

Mientras la tortuosa relación entre RN y la UDI se agrava día a día, la Concertación ha sido incapaz de ordenar filas después del fracaso electoral de 2009. El sistema electoral poco competitivo y poco representativo ha llevado a las cúpulas políticas a ser las determinantes unilaterales de las agendas de los partidos. La nominación de candidatos sin lazos reales con sus unidades electorales (distritos, circunscripciones) y la exclusión de la voluntad de los votantes en proyectos de calibre nacional, son indicadores de una política de élites.

Por definición la política de élites es un problema para la democracia. Y desde mi punto de vista la única solución a este problema es por medio de cambios estructurales. Dado que las instituciones determinan el comportamiento de los actores políticos, establecer incentivos donde la clase política requiera inevitablemente responder–al menos parcialmente–a demandas ciudadanas. Ciertamente el mejor de los cambios sería un cambio al sistema electoral. Pero hay varios otras cosas que se pueden hacer que no implican reformas constitucionales.

Para revertir el problema, es imperativo enfocarse en las dos causas–nombradas arriba. La Concertación tiene una buena oportunidad de revertir su tendencia al rechazo al implementar elecciones primarias para seleccionar a su candidato presidencial. Con esto la Concertación manda una señal que sus partidos están coordinados, y en sintonía con la ciudadanía. Si bien la Concertación tiene una tradición de primarias (salvo 2005 cuando Alvear se retiró), debe perfeccionar el mecanismo incorporando la–lenta pero significativa–evolución de preferencias políticas.

La Concertación debe establecer primarias nacionales, semi-abiertas y vinculantes.

  • Nacionales para evitar primarias “arregladas”, como la de 2009 cuando Frei y Gómez compitieron en dos regiones de las quince posibles, y la elección de Frei como candidato fue más bien una nominación de las élites.
  • Semi-abiertas para incorporar la mayor cantidad de demandas ciudadanas posible. Una inscripción de un candidato por cada partido de la Concertación. Además debe haber una invitación a los partido que actualmente no es parte de la coalición, pero que quieran llevar un candidato presidencial (e.g., PRI, PRO, MAS, PC, PH). De modo que los militantes de todos los partidos participantes, y aquellos no inscritos en otros partidos, puedan votar.
  • Vinculantes para darle más legitimidad al proceso. Dado que los partidos más grandes tienen más votantes, tienen una mayor probabilidad de elegir un candidato de sus filas. Pero en el caso que exista un candidato de otro partido que sea mejor en los ojos de los votantes, los partidos de la Concertación deberán aceptar el veredicto. Total, el candidato será el más representativo de un universo mayor de votantes.

En definitiva, establecer primarias entrega dos beneficios a la Concertación. Primero, ayudan a restablecer la conexión democrática entre las élites y los partidos. Esto puede significar revertir sustancialmente la evaluación negativa de la coalición, y solidificar la base de sus prospectivas electorales para 2012 y 2013. Segundo, ayudan a elegir el mejor candidato posible. No incluir a otros partidos, por estar fuera de la Concertación, es un error. La Concertación necesita apuntar a elegir el mejor candidato posible, no al mejor candidato de la Democracia Cristiana o del Partido Radical.

Si las Elecciones Presidenciales fueran este Domingo

Compuse un cuadro con los principales contendores a ser los candidatos presidenciales de la elección presidencial de 2013.

Para jugar con los datos, hagamos un par de suposiciones:

  1. La elección presidencial de 2013 tendrá un candidato de cada coalición.
  2. Los candidatos que estarán en la papeleta son los que están en el cuadro de arriba.
  3. Todos los candidatos tienen igual probabilidad de resultar electo dentro de sus coaliciones.

Si las suposiciones de arriba son ciertas, tenemos que:

La probabilidad de que el candidato de la Alianza sea mujer es de .33. En comparación con los hombres, la probabilidad de elegir a una mujer son 0.25 veces más bajas. En términos porcentuales, las probabilidad de elegir a una mujer es 75% más bajo que la de elegir a un hombre.

La probabilidad de que el candidato de la Concertación sea mujer es de .36. En comparación con los hombres, la probabilidad de elegir a una mujer son 0.57 veces más bajas. En términos porcentuales, las probabilidad de elegir a una mujer candidata de la Concertación es 42,8% más bajo que la de elegir a un hombre.

La probabilidad de que el candidato de la Alianza vendrá del gabinete de Piñera es de .66. La probabilidad de elegir a ex-ministro es el doble que la probabilidad de elegir a un candidato que no ha sido ministro. En términos porcentuales, las probabilidad de elegir a una ministro es 100% mayor que la de elegir a un candidato que no ha sido ministro.

La probabilidad de que el candidato de la Concertación venga del Senado es de .54. La probabilidad de elegir a Senador como candidato presidencial son 1.2 veces mayor a la probabilidad de elegir a un candidato que no es senador. En términos porcentuales, las probabilidad de elegir a una senador es 20% mayor que la de elegir a un candidato que no es senador.

La probabilidad de que el candidato de la Alianza sea militante de RN o independiente es de .55. La probabilidad de elegir a un RN o independiente como candidato presidencial es 1.2 veces mayor a la probabilidad de elegir a un UDI como candidato presidencial. La probabilidad de elegir a un RN o independiente es 26% mayor a la probabilidad de elegir a un UDI.

La probabilidad de que el candidato de la Concertación sea militante PDC es de .55. La probabilidad de elegir a un PDC como candidato presidencial es 1.2 veces mayor a la probabilidad de elegir a un candidato presidencial de otro partido de la Concertación. La probabilidad de elegir a un PDC es 26% mayor a la probabilidad de elegir a un PPD, un PRSD, un PS o un independiente.

En definitiva si las elecciones presidenciales fueran este Domingo, apostaría que el candidato de la Concertación sea un actual Senador, mayor de 50 años, militante de la PDC. Asimismo, apostaría que el candidato de la Alianza sería un actual Ministro, mayor de 50 y no militante de la UDI.

Si tuviera que adivinar, serían Ignacio Walker y Laurence Golborne. Pero eso es solo una conjetura trivial.

La rigurosidad empírica de este modelo no considera que quedan 2-años-y-medio entre ahora y el día de la elección y que pasarán muchas cosas entre medio, por lo que es imposible saber quiénes van a ser los candidatos. El modelo tampoco es sensible a casos que caen lejos de promedios, como el caso de Bachelet, quien tiene el promedio de aprobación más alto entre aquellos ránkiados en la encuesta CEP.

Pero si el patrón se mantiene: Senador/PDC/Hombre/mayor de 50 y Ministro/no UDI/Hombre/mayor de 45, entonces podremos acercarnos a identificar quiénes podrían ser posibles candidatos y dónde estará la lucha de poder. Por ejemplo: en el caso de la Concertación, la lucha de poder estaría entre Walker y Bachelet. En el caso de la Alianza, la lucha de poder estaría entre Golborne y un candidato UDI (¿Lavín?).

Candidatos a la Presidencia 2013

Estoy preparando una herramienta estadística para sacar las probabilidades de los posibles pre-candidatos de finalmente ser nominados como candidatos de sus respectivas coaliciones. Algunas estadísticas interesantes de los que están en la lista hasta el momento:

  • De los 11 pre-candidatos de la Concertación 5 son PDC, 2 son PS, 2 son PPD, 1 es PRSD y 1 es IND. Entre ellos, 5 son ex minstros de Bachelet; 6 son actuales Senadores.
  • De los 9 pre-candidatos de la Alianza 4 son UDI, 2 son RN y 3 son IND. Entre ellos, 5 son actuales ministros y 2 son actuales senadores.
  • De los 21 pre-candidatos, 7 son mujeres.
  • El rango de edad va de 37 (Enriquez-Ominami) a 64 (Hernan Larraín).

Aquí la lista:

Por la Concertación:

(1) Ignacio Walker (Senador PDC, electo para periodo 2010-2018)

(2) Michelle Bachelet (ex Presidenta PS, 2006-2010)

(3) Soledad Alvear (Senadora PDC, electa para periodo 2006-2014)

(4) Andres Velasco (ex Ministro Hacienda IND, 2006-2010)

(5) Carolina Toha (actual Presidenta PPD)

(6) Ricardo Lagos Weber (Senador PPD, electo para periodo 2010-2018)

(7) Jorge Pizarro (Senador PDC, electo para periodo 2006-2014)

(8) José Antonio Gómez (Senador PRSD, electo para periodo 2006-2014)

(9) Osvaldo Andrade (ex Ministro de Trabajo PS, 2006-2008)

(10) Claudio Orrego (Alcalde Peñalolen PDC, 2008-2014)

(11) Ximena Rincón (Senadora PDC, 2010-2018)

Por la Alianza:

(1) Hernán Larraín (Senador UDI, electo para periodo 2010-2018)

(2) Magdalena Matte (ex Ministra de Vivienda IND, 2010-2011)

(3) Pablo Longueira (Senador UDI, electo para periodo 2006-2014)

(4) Laurence Golborne (Bi Ministro Energía y Minería IND, 2010-presente)

(5) Joaquín Lavín (Ministro de Educación UDI, 2011-presente)

(6) Evelyn Matthei (Minstra de Trabajo UDI, 2011-presente)

(7) Andrés Allamand (Ministro de Defensa RN, 2011-presente)

(8) Rodrigo Hinzpeter (Ministro del Interior RN, 2010-presente)

(9) Cecilia Morel (Primera Dama)

Otros:

(1) Marco Enríquez-Ominami (PRO)