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El PS tiene en sus manos la próxima elección presidencial

Publicado en La Tercera

La bajada forzada de las precandidaturas presidenciales de Fernando Atria y José Miguel Insulza por parte de la mesa central del Partido Socialista es evidencia del mal momento que atraviesa la colectividad. La inhabilidad de apoyar a un candidato propio para enfrentar a los candidatos del resto de los partidos en una primaria del sector es evidencia del desbalance de fuerzas políticas que existe dentro de la coalición y un mal presagio de lo que viene. Al no tener un candidato propio, el PS indirectamente señala al resto de los partidos y sus respectivos candidatos que se someterá sin dar la pelea.

Por un lado la decisión del partido sorprende, dado que lo normal sería que un partido con su tradición y status nominara a un candidato propio. El PS no solo es uno de los partidos más importantes en la historia del país sino que además es uno de los partidos más grandes en la actualidad. De hecho, el PS es uno de los pocos partidos que se ha logrado inscribir de acuerdo al nuevo esquema de refichaje. Quizás por esto último es llamativo que la mesa no haya logrado transformar ese apoyo en un respaldo a una candidatura presidencial propia. Con los más de treinta mil militantes recientemente inscritos, había material de sobra como para trabajar.

Por otro lado la decisión de bajar a Atria e Insulza se veía venir, pues fue una decisión racional basada en probabilidades. El bajo apoyo a los candidatos en las encuestas fue evidencia de que no había agua en la piscina como para un piquero. En comparación con los otros candidatos del sector, digamos Guillier y Lagos, los candidatos del PS nunca lograron despegar. Considerando el margen de error, es posible que tanto Atria como Insulza nunca hayan llegado siquiera a obtener 1% de las preferencias. En esta línea, la decisión de la mesa fue correcta, estratégica y utilitaria basada en evidencia significativa, clara y contundente.

Ahora bien, más relevante que analizar las causas de la bajada forzada de Atria e Insulza, es preciso explorar las potenciales consecuencias del hecho. En ese sentido es imposible no desempolvar recuerdos del ciclo electoral de 2009, donde el Partido Socialista fue determinante en la nominación del candidato presidencial de la coalición, y eventualmente en el resultado de la elección. De hecho, el trasfondo se asimila bastante a lo que ocurre en el ciclo actual. En ese entonces, al igual que ahora, el partido prefirió apoyar a un candidato de otro partido (Frei) antes que a un candidato de sus propias filas (Arrate, Enríquez-Ominami, o Navarro).

El resto de la historia es conocida, y tema de mi tesis de Magister. Los tres socialistas renunciaron al partido, acompañados de cerca de un centenar o más de militantes históricos, en lo que se denominó el éxodo socialista. Navarro finalmente se bajó pero Arrate y Enríquez-Ominami fueron a primera vuelta. La división de la coalición le facilitó la victoria a Piñera. Los votos por los tres candidatos de la centroizquierda (Arrate, Enríquez-Ominami, y Frei) fueron significativamente más que los votos por Piñera en la primera vuelta. Pero la campaña dividió al electorado de tal manera que fue imposible agregarlos a favor del candidato común (Frei) en la segunda vuelta.

La comparación relevante entre las dos elecciones es el escenario de división de los votantes de centroizquierda. En 2009 el PS jugó un rol crucial en esta división, pues fueron ellos los que permitieron que el electorado se dividiera en tres partes. Hoy van por el mismo camino. Al no tener candidato propio van a tener que apoyar al candidato de otro partido, en este caso están entre el candidato del PR (Guillier) o el candidato del PPD (Lagos). Pero a pesar de que puedan institucionalmente apoyar a uno o a otro, es probable que parte del daño ya este hecho. Gracias al desorden del partido, una parte de los votantes ya está dividida de una u otra manera.

Este desorden en parte se entiende por la dinámica interna de las facciones que conforman al partido. Hasta recientemente el partido estaba dividido en Nueva Izquierda (Andrade, Escalona), Renovación (Montes, Schilling), Tercerismo (Elizalde, Solari), Grandes Alamedas (Allende, Gazmuri), Nuestra Revolución (de Urresti, Díaz), y Colectivo (Melo, Soto). Si bien las diferencias han sido históricamente claras es importante señalar que más que programáticas, han sido sobre la visión de los procesos operacionales que debe seguir el partido, sumado a contrastes generacionales. Curiosamente esta claridad permitía un dialogo fluido.

Hoy esas divisiones son más difusas. Algunas de las facciones han perdido peso y se han desintegrado, o en algunos casos fusionado con otras facciones. Este reordenamiento puede ser entendido como un desplazamiento transitorio, propulsado por incentivos de corto plazo, en parte electorales. Este desorden explica, entre otras cosas, por qué ha sido tan difícil para el partido tomar una posición permanente. Explica por qué la Mesa confirmó una consulta ciudadana para elegir entre Atria y Guillier dos veces y luego se retractó; y explica por qué la votación del Comité Central el domingo no será el fin del conflicto, sino que solo el comienzo.

De hecho, el Comité Central que se reunirá con el objetivo de elegir entre Guillier y Lagos llega con sendos problemas. No se ha definido siquiera cómo se llevará a cabo la votación: si será a mano alzada o con voto secreto. Esta diferencia es relevante, y es lo que actualmente divide a los socialistas. Los que están con Lagos prefieren lo primero y los que están con Guillier prefieren lo segundo. Los Laguistas dependen de la presión que puedan ejercer por sobre los Guilleristas, pues es probable que si la votación es a mano alzada la mayoría de los votantes se inclinará a favor del ex Presidente en desmedro del Senador.

Esta dicotomía resume la difusa organización transitoria de las facciones, que inoportunamente divide a los socialistas entre Laguistas y Guilleristas (sin contar a los desafectados que seguirán a ojos cerrados a Atria). Un breve recuento del apoyo de los legisladores del Partido Socialista sugiere que todos los senadores y alrededor de la mitad de los diputados estaría a favor de la candidatura de Lagos. No hay forma de saber cómo votarán los 111 miembros del Comité Central pero no sería extraño que se distribuyeran de forma proporcional a los legisladores. Pero volvamos al tema. Aquí la pregunta importante es si les conviene votar por Lagos.

Es una pregunta difícil, pero posible de abordar. Mi aproximación es una racional, basada en la diferencia en el retorno de utilidades que tienen los socialistas si prefieren a un candidato por sobre el otro. O redactado de forma más simple, la pregunta relevante es: ¿cuál de los dos candidatos le sirve más al Partido Socialista? La respuesta más sencilla es que el candidato que más les sirve a los socialistas es el candidato que más se asimila al militante mediano del PS. En este escenario, la respuesta es Lagos, pues no solo se asimila más al militante mediano, sino que es ex militante del Partido Socialista (hasta que fundó el PPD en 1987).

El escenario anterior sugiere que consistencia ideológica es una forma de pago (en término de utilidades). Pero si suponemos que una mejor forma de pago es ganar elecciones, entonces la respuesta a la pregunta no es Lagos, sino Guillier. Es mucho más probable que Guillier gane una elección a que Lagos gane una elección. Toda la evidencia disponible sugiere aquello. Lagos no se mueve del 5% en las encuestas. Lleva más de un año pegado en esa cifra a pesar de haber invertido una suma considerable de recursos en un equipo de campaña diseñado específicamente para re-empaquetar su imagen y dar a conocer sus ideas.

Si el PS quiere ser consistente con su ideología, probablemente Lagos sea el mejor candidato. Si el PS quiere ganar elecciones, probablemente Guillier sea el mejor candidato. En esta bifurcación, mi opinión es que el PS debe priorizar lo segundo por sobre lo primero. El Partido Socialista debe escoger al candidato que le permita acceder al poder para—al menos—aspirar a llevar a cabo su programa ideológico. Los partidos políticos son por definición colectividades diseñadas para ganar elecciones. Si no se pueden organizar para ganar una elección no tienen absolutamente nada que estar haciendo en el sistema político.

Considerando la lógica de las premisas anteriores es importante subrayar la importancia de elegir a un candidato que pueda ganar en la primera de las elecciones que se avecinan, las primarias. Si el Partido Socialista elige a Guillier y este gana la primaria, el partido podrá tener una importante recompensa al participar de forma preeminente en la redacción del programa de gobierno y una mayor influencia en la conformación de la lista legislativa. Además, dado que Guillier es el candidato mejor posicionado en la centroizquierda para ganarle a Piñera en Noviembre, es una apuesta mucho más segura.

Si en cambió el PS escoge a Lagos, y este inesperadamente gana las primarias, el partido podrá aspirar a tener el mismo control sobre el programa y la lista que tendría con Guillier, pero con una probabilidad mucho más baja de ganar en Noviembre. Pues en el contexto político actual Lagos no solo deberá enfrentar a Piñera, sino que deberá enfrentar a la centroizquierda. El Frente Amplio (liderada por Boric y Jackson) promete dar una dura batalla, pues como bien han anticipado no vienen a renovar a la centroizquierda, la vienen a reemplazar. En ese sentido Lagos no solo sería un blanco de la derecha, sino que sería un blanco de su propio sector.

La decisión del Partido Socialista debe estar orientada a maximizar su utilidad. La decisión del PS debe ser una que tenga su origen en un cálculo objetivo de costo-beneficio. Es irresponsable preferir a un candidato por cercanía, por buena onda. El Partido debe escoger al candidato que les permita las mejores prospectivas para llegar al poder. En ese sentido, la decisión consecuente y responsable de la mesa sería elegir a Guillier. Por lo bajo, la mesa debe asegurar que la elección del candidato se realice por medio de un voto secreto, para que el resultado de la elección al menos refleje el balance honesto de las fuerzas dentro del socialismo.

Una decisión equivocada del Comité Central el domingo podrá tener altos costos. Apostar por un candidato perdedor significa dividir a la coalición más de lo que ya está. Significa abrir dos flancos que serán determinantes en el resultado de la elección de Noviembre: un flanco externo, donde una Nueva Mayoría dividida tendrá que enfrentar a la derecha más cohesionada y organizada de los últimos tiempos, y un flanco interno, donde la oferta electoral (los candidatos) de centroizquierda sin duda generará tensiones y divisiones en la demanda electoral (los votantes) de la centroizquierda. El Partido Socialista tiene en sus manos la próxima elección presidencial.

La apuesta de Insulza

Publicado en La Tercera

Hace algunos días el presidente de Chile Transparente, José Miguel Insulza, participó en el panel “Agenda de Probidad y Transparencia”, en las dependencias de Chile 21. En la cita, Insulza se refirió a algunos aspectos de la regulación del nexo entre política y dinero, manifestándose a favor de la opción de que empresas puedan aportar a partidos y campañas. Lo anterior sugiere al menos dos cosas. Primero, que Insulza tiene la intención de ser candidato presidencial, y segundo, que para lograr la nominación debe cambiar significativamente su postura.

El tema y la perspectiva de Insulza no son independientes entre sí. Por una parte, es solo natural que como presidente de Chile Transparente se refiera a un tema contingente a su plaza. Es un momento crucial donde no solo puede influir sobre el tema pero tiene la obligación de hacerlo. El daño institucional que ha hecho la irregular transferencia de lo privado a lo público debe ser revertido, y como un actor central en el tema tiene la potestad de demandarlo. Lo realmente sorprendente sería que no se pronunciara sobre el tema.

Ahora, no se puede ignorar que Insulza también es candidato presidencial. Ha sido un nombre que se ha barajado como presidenciable dentro de su partido y coalición desde al menos 2005. Por distintos motivos su opción se descartó tanto en la elección de 2005, como la de 2009, y la de 2013. En 2005 fue por la sorpresiva irrupción de las entonces ministras Alvear y Bachelet, en 2009 fue por su paupérrimo rendimiento en las encuestas, y en 2013 fue por el inminente retorno de Bachelet al país. Como hombre fuerte de la concertación siempre tuvo más apoyo entre las elites que entre la gente.

Hoy, Insulza se encuentra en una mejor posición. Al fin llega en un momento donde el sucesor a la presidencia no está definido a priori, y como tal, tiene espacio para crecer ante los ojos de la opinión pública. Asimismo, por primera vez tiene la independencia para manifestarse libremente sobre temas de contingencia nacional — anteriormente obstaculizadas por su rol en la OEA. Además, Insulza puede utilizar su rol como presidente de Chile Transparente para destacarse entre la montonera de políticos asociados con escándalos de financiamiento.

Es en este contexto que su propuesta sorprende. Pues, va en contra de todo lo que se ha debatido en los últimos tiempos. La propuesta de Insulza va en contra de la idea inicial de los diputados Jackson y Mirosevic, en contra de la propuesta de la comisión Engel, y en contra del proyecto de Ley redactado por el gobierno de Bachelet. Salvo por un inesperado y retrogrado revés en la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados, la gran mayoría ha acusado sintonía con el país y se ha manifestado por eliminar el aporte de empresas tanto a partidos como a campañas.

Insulza propone que las empresas puedan donar a dinero a la política siempre y cuando lo hagan por medio del fisco, y que sea este último el encargado de repartir esos fondos de forma proporcional a la fuerza de cada partido de acuerdo a los resultados electorales. Es decir, el estado reparte a su manera los recursos que donan los privados. El presidenciable deja entrever que es una propuesta que se barajó luego de la puesta en marcha de la ley de financiamiento electoral de 2003, cuando él era Ministro del Interior, pero que finalmente no tuvo cabida.

La propuesta de Insulza no es descabellada, para 2003. Con toda la evidencia recopilada durante la última década, todo apunta a que el aporte de empresas no es beneficial para la democracia. Resucitar la propuesta no solo es una mala idea, pero es atemporal y desatinada. Solo muestra que Insulza no está conectado con lo que está pasando en el país y que está remando en contra de lo que propone el propio gobierno que dice apoyar y pretende suceder. Además, es una mala estrategia electoral. Es improbable que impulsar el aporte de privados a la política lo impulse en las encuestas.

Pese a ser uno de los políticos más virtuosos de su generación, y tener la disposición de ser candidato presidencial, Insulza ha visto su opción presidencial postergada en al menos tres elecciones. Por lo mismo, uno esperaría que a estas alturas haya trabajado una estrategia casi a la perfección para irrumpir en la carrera presidencial de forma irreversible. Lamentablemente, parece no ser el caso. Insulza parece seguir viviendo en un país dominado por la otrora Concertación. Revivir una propuesta de financiamiento electoral que se descartó hace más de una década refleja aquello.

Por su puesto: una observación no implica causalidad. No se puede inferir que su programa será igual de atemporal y desatinada que su propuesta de financiamiento. Pero hay buenas razones para creerlo, especialmente si comparamos su postura política con la de su competencia. Tanto Velasco a su derecha como Enríquez-Ominami a su izquierda, cuentan con propuestas mucho más atractivas y en sintonía con la inmensa mayoría de los chilenos. Si Insulza no comienza a mirar hacia adelante, su candidatura de 2017 inevitablemente recorrerá la misma ruta que todas sus candidaturas anteriores.

El primer gabinete

Publicado en La Tercera

Bachelet anunciará su primer gabinete durante la segunda quincena de enero. La presidenta-electa dará a conocer el nombre de los 23 ministros que inaugurarán el gobierno en marzo. Entre los nombres más esperados están los cuatro ministros del comité político: el Ministro del Interior, el Ministro Secretario General de la Presidencia, el Ministro Secretario General de Gobierno y el Ministro de Hacienda. Pues serán ellos los encargados de ejecutar el plan de gobierno presentado en la campaña. Tendrán la misión de forjar la viabilidad política, lograr los acuerdos legislativos, diseñar la estrategia comunicacional y conseguir los recursos para llevar a cabo la reforma constitucional, la reforma educacional y la reforma tributaria.

Mientras que Bachelet cuenta con la facultad legal para nombrar a quien ella estime conveniente a cada una de las cuatro carteras, se tendrá que ajustar a unos cuantos preceptos básicos. Una breve mirada a la estructura de los gabinetes en gobiernos anteriores permite identificar algunas tendencias. Por ejemplo, en los cuatro gobiernos de la Concertación (entre 1990 y 2010) siempre hubo un demócrata cristiano en al menos uno de los tres cargos políticos (los ministros con oficina en La Moneda). En 2 de los 4 gobiernos el DC debutó en Interior. De los 9 ministros que ocuparon el cargo, 6 fueron DC (Enrique Krauss, Carlos Figueroa, Raúl Troncoso, Andrés Zaldívar, Belisario Velasco y Edmundo Pérez Yoma), 2 fueron PS (Germán Correa y José Miguel Insulza) y 1 fue PPD (Francisco Vidal).

En la Secretaría General de la Presidencia (Segpres) hay una tendencia similar. De los 11 ministros que alguna vez pasaron por el cargo, 7 fueron DC o cercanos a la DC (Eduardo Boeninger, Genaro Arraigada, Juan Villarzú, John Biehl, Mario Fernández, Francisco Huenchumilla y Eduardo Dockendorff), 3 fueron PS (José Miguel Insulza, Paulina Veloso y José Antonio Viera-Gallo) y 1 fue PPD (Álvaro García). La tendencia es radicalmente opuesta en la Secretaría General Gobierno (Seggob). De los 13 ministros que, 7 fueron PPD (Víctor Manuel Rebolledo, José Joaquín Brunner, Francisco Vidal dos veces, Ricardo Lagos Weber, Carolina Tohá y Pilar Armanet), 4 fueron PS (Enrique Correa, Jorge Arrate, Heraldo Muñoz y Osvaldo Puccio) y 2 fueron DC (Carlos Mladinic y Claudio Huepe).

Las distintas combinaciones usadas para nombrar a los ministros políticos muestra que existen al lo menos 4 preceptos básicos: (1) siempre hay un DC en uno de los tres cargos, generalmente en Interior y a partir del primer día, (2) los DC tienden a ir a la Segpres por sobre la Seggob, (3) los PPD tienden a ir a la Seggob, y los PS tienden a ir a la Segpres, (4) nunca se nomina a miembros de otros partidos. Estos preceptos toman fuerza si se considera el tiempo que cada ministro pasó en su cargo. Por ejemplo, los DC pasaron la gran mayoría de los días en Interior, los PPD pasaron más días que los PS en la Seggob que los PS, y los PS pasaron más días que los PPD en la Segpres.

No hay certeza que Bachelet se ajustará a estos preceptos para nominar a los ministros. De hecho, algunos especulan que podrían venir varias sorpresas. Lo cierto es que aunque Bachelet tenga la intención de revolver el gallinero, los partidos seguirán exigiendo sus cuotas de poder. Aun con el alto nivel de popularidad de Bachelet, los partidos exigirán sus cupos. En más de una cartera encomendarán nombres. Aquello es evidencia que preceptos básicos no son triviales, son producto de negociaciones entre los partidos. Esto es lo que vuelve el poder de nominación más rígido. Por ejemplo, se vuelve prácticamente imposible no nominar a un DC – o nominar a un independiente – a uno de los ministerios con despacho en La Moneda.

A lo anterior hay que sumar que Bachelet tiene sus propios preceptos. Por ejemplo, es probable que la presidenta-electa vaya querer potenciar la paridad de género y la renovación generacional. En ese caso, si bien es probable que un DC, un PPD y un PS ocupen los cargos políticos, no sería extraño ver que complemente su nómina con una mujer o un joven. Si Bachelet no logra ganar el gallito con los partidos por nombrar a cada uno de los tres ministros que estarán en La Moneda, siempre podrá usar el cupo de Hacienda. A diferencia de los otros cargos, Hacienda probablemente será menos disputado. La exitosa fórmula de Bachelet con un independiente (Andrés Velasco) en su primer gobierno fija el precedente perfecto.

El primer gabinete es la señal más importante para anticipar lo que viene. Si Bachelet sigue la hoja de ruta marcada por los gobiernos de la Concertación nombrará a militantes de la DC, el PPD y el PS a los tres cargos políticos, usará Hacienda como su comodín, y dejará las sorpresas para las carteras sectoriales. Si Bachelet decide alejarse de la tradición, con sorpresas en el comité político, corre el riesgo de generar una tensión innecesaria entre el gobierno y los partidos. Dado que su gobierno ya carga con altas expectativas, lo aconsejable sería ajustarse a la tendencia histórica para evitar una partida en falso. Para cumplir con su programa no solo necesita políticos experimentados, también necesita una buena relación con los partidos.

Primarias de Providencia: Teorema del Votante Mediano

Publicado en La Tercera

El teorema del votante mediano establece que bajo ciertos supuestos el resultado de una elección es el preferido por el votante mediano. Los supuestos son cuatro. Primero, que la elección sea mayoritaria (que gane el candidato con más votos). Segundo, que se puedan ordenar las preferencias de los votantes a lo largo de un espectro unidimensional. Tercero, que los votantes tengan preferencias establecidas y que votan por el candidato que más se acerca ellas. Cuarto, que los votantes voten de forma honesta por su primera preferencia (es decir que no votan de forma estratégica).

Por lo general se utiliza preferencia ideológica en el espectro unidimensional. Es decir, las preferencias se ordenan a lo largo de un continuo izquierda-derecha. Esto ocurre porque por lo general las preferencias ideológicas tienen una distribución normal (curva con forma acampanada y simétrica respecto al parámetro de centro). Y según la Ley de Duverger esto significa que en una elección mayoritaria, los candidatos favoritos se posicionan estratégicamente en el punto más cercano al votante mediano (en el centro). Por eso es común ver campañas más moderadas en segunda vuelta que en primera vuelta.

Un caso interesante para aplicar esta teoría es Providencia.

Las reglas de las primarias transversales para seleccionar al candidato a Alcalde de la oposición a Cristián Labbé (a celebrarse el 13 de Mayo) proveen que el pre-candidato que obtenga más votos será proclamado candidato. Hay 4 pre-candidatos. El primero es Cristóbal Bellolio, un candidato independiente identificado con la centro-derecha. El segundo es Josefa Errázuriz, una dirigente vecinal identificada con sectores moderados de centro-izquierda. El tercero es Carol Pinto, un militante de la Democracia Cristiana. El cuarto es Javier Insulza, un candidato del partido socialista, hijo del ex-Ministro José Miguel Insulza.

Si aplicamos el teorema del votante mediano a las primarias de Providencia (ignorando otros aspectos de la elección), el favorito para ganar es Bellolio. Principalmente porque ocupa de forma natural el espacio a la derecha del votante mediano. Es decir, disputa el voto con el candidato más de centro, pero obtiene todos los votos a su derecha. Caveat emptor, esto supone que la gente que vota esta normalmente distribuida. Sin embargo esto no necesariamente es cierto en primarias. En este caso, hay más candidatos cercanos a la izquierda, por lo que se anticipan más votantes cercanos a la izquierda—lo cual sesga la curva.

Ahora bien, dado que existen tres candidatos con características similares, el supuesto de arriba se relaja. Teóricamente se puede suponer que los tres candidatos a la izquierda de Bellolio (en orden Errázuriz, Pinto e Insulza) se dividirán los votos, reduciendo el porcentaje relativo de cada uno. En esencia, mientras más candidatos cercanos a la centro-izquierda entran a la primaria, más se reduce cada una de sus probabilidades de ganar. El pronóstico habría sido negativo para Bellolio en el caso de enfrentar a dos candidatos de izquierda, dado que entre ambos arrastrarían más votantes a la primaria y el favorito entre ambos obtendría mayoría simple con facilidad.

Las primarias de Providencia se definirán, esencialmente, en base a la capacidad que tenga Bellolio de convocar a gente a su derecha en el espectro ideológico unidimensional. Ahora, si bien convocar votantes duros es igual de importante al enfrentar solo dos candidatos de centro-izquierda, la probabilidad de ganar es mucho mayor cuando enfrenta a tres. Por eso, a medida que más gente de derecha vote, mayor es la probabilidad de que Bellolio gane. Por esto mismo, la estrategia de los candidatos cercanos a la centro-izquierda debería ser incentivar un voto estratégico, donde los votantes a la izquierda de Bellolio no voten por su primera preferencia, sino que por el candidato con más posibilidades de ganarle a Labbé.

Pesos Pesados de la Concertación: ¿Candidatos en 2012 o 2013?

Las élites de los partidos ya están especulando sobre los efectos electorales que significaría para la Concertación llevar más de una lista para concejales. En este mismo espacio he escrito extensivamente sobre aquello. He reflexionado sobre los efectos de llevar dos, tres o cuatro listas. También he reportado la probabilidad de los partidos pequeños de distorsionar resultados electorales en contra de la Concertación. Pero fuera de la cantidad de listas, poco se ha discutido sobre otros aspectos de la elección. Entre ellos, las características de los candidatos que compondrían las listas para la elección de Alcaldes. Una idea es que la mejor forma de ganar la elección de 2012 es nominando a los “pesos pesados” de la Concertación como candidatos a Alcalde.

El objetivo sería ganar en las comunas más emblemáticas del país. Tiene sentido. Ocho de las diez comunas más con más votantes inscritos están en las manos de un Alcalde de la Coalición por el Cambio. Rodolfo Carter (UDI) esta en La Florida, Virginia Reginato (UDI) esta en Viña del Mar, Jorge Castro (UDI) esta en Valparaíso, Francisco De La Maza (UDI) esta en Las Condes , Manuel José Ossandón (RN) esta en Puente Alto, Pablo Zalaquett (UDI) esta en Santiago, Patricio Kuhn (UDI) esta en Concepción, Pedro Sabat esta en Nuñoa, y Miguel Becker (RN) esta en Temuco. Las dos otras comunas están bajo el mando de Alberto Undurraga (PDC) en Maipú y Marcela Hernando (Independiente) en Antofagasta.

Si la Concertación planea volver al poder en 2013, el primer paso es ganar las elecciones municipales. Y para ganar las elecciones municipales, es crucial hacer buenas campañas en las comunas más emblemáticas—precisamente las con más votantes. Primero, porque las comunas grandes representan importantes puntos de referencia para las elecciones en el resto del país. Por ejemplo, el resultado de una elección en La Florida arroja una tendencia bastante similar a los resultados de la elección a nivel nacional. Segundo, porque es una forma importante de declarar la victoria. Mientras que la Alianza obtuvo más votos que la Concertación en 2008, su golpe de gracia fue haber reportado y repetido en todos los medios su victoria en 8 de las 10 comunas más importantes.

Para evitar repetir esta derrota, algunos han propuesto nominar a los “pesos pesados” de la Concertación para desafiar a los titulares de la Coalición por el Cambio en la elección de Alcaldes de 2012. Por ejemplo, el ex-Senador Nelson Ávila (PRSD) podría levantar una candidatura en Valparaíso, para sacar a Castro. El ex-Ministro Jose Miguel Insulza (PS) podría levantar una candidatura en Las Condes, para sacar a De La Maza (UDI). El ex-Ministro Francisco Vidal (PPD) podría levantar una candidatura en Santiago para sacar a Zalaquett (UDI). El ex-Alcalde y ex-Ministro Francisco Huenchumilla (PDC) podría levantar una candidatura en Temuco, para sacar a Becker (RN). El ex-Senador Jaime Gazmuri (PS) podría levantar una candidatura en Talca, para sacar a Juan Castro (simpatizante UDI). Y el ex-Presidente Ricardo Lagos (PPD) podría levantar una candidatura en Providencia, para sacar a Cristian Labbé (UDI).

A primera vista parece una buena estrategia. Asumiendo que los “pesos pesados” se pondrían a la disposición de los intereses de la Concertación, su peso político aseguraría ganar en al menos la mitad de las 10 comunas mencionadas. Sin embargo, mi impresión es que no es una estrategia sensata. Los bajos índices de apoyo de Piñera en las encuestas ya tienen la marca de la Colación por el Cambio devaluada. Además, anticipo que el efecto de las marchas de los estudiantes se manifestara como un voto de castigo en las comunas oficialistas. En vez de tratar de ganar la elección de Alcaldes con una táctica ofensiva (sacando los “pesos pesados” a la cancha), la mejor estrategia es una táctica defensiva (simplemente aprovechar los errores no forzados de la Coalición por el Cambio).

Dado que elecciones locales giran en torno a fenómenos locales, figuras políticas de calibre nacional pierden su potencial de influir en la elección. Ahora bien, dependiendo de los resultados electorales de las elecciones municipales, los “pesos pesados” podrían convertirse en un factor decisivo en las elecciones presidenciales de 2013. Porque hay una alta correlación entre el voto presidencial y el voto legislativo, la mejor oportunidad para concretar la alternancia en 2013 es maximizar los votos en las elecciones legislativas. Si se nomina a los “pesos pesados” como candidatos a Alcalde, se pierde la oportunidad de utilizar su arrastre electoral en las elecciones concurrentes de 2013. Si los “pesos pesados” son nominados como aspirantes a la Cámara o al Senado, tendrán una mayor inherencia para mover los resultados nacionales a favor de su coalición.