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Piñera y el ingreso mínimo mensual

Publicado en La Tercera

Tras ganar la elección presidencial de 2009/2010 la primera tarea de Piñera fue construir un equipo de personas para tomar control de La Moneda. En hacer esto se enfrentó con dos problemas. Primero, y a diferencia de los gobiernos anteriores, solo había un puñado de personas con experiencia en el poder ejecutivo dispuestas a cooperar activamente. Y segundo, y a diferencia de los presidentes anteriores, no tuvo el beneficio de contar con una estructurada prefabricada. La selección de ministros para conformar su primer gabinete son evidencia de estos problemas. A diferencia de las administraciones anteriores el primer gabinete de Piñera brilló por la ausencia de personas con experiencia en política. De las 22 carteras, más de la mitad (13) fueron para independientes.

El problema pasó de ser anecdótico a real cuando el gobierno de Piñera comenzó a bajar en popularidad. Después del capítulo de los mineros, donde el presidente alcanzó 63% de aprobación, su popularidad empezó a descender hasta llegar a 26%. Durante la caída, Piñera correctamente detectó que uno de los factores asociados al problema era la ausencia de peso político en su gabinete. Esto se había manifestado con problemas en el manejo de crisis durante el conflicto estudiantil, Barrancones, Freirina e HidroAysén entre otros. Para contrarrestar el efecto adverso, Piñera convocó a 4 senadores titulares a su gabinete. Allamand, Matthei, Chadwick y Longueira. Si bien su llegada aportó en despejar problemas coyunturales, no sirvió para apalear su baja popularidad.

Un símbolo dramático de la consecuencia de gobernar sin la aprobación de la mayoría de los chilenos ha sido la inhabilidad del presidente para pasar de forma expedita los proyectos de reajuste anual de ingreso mínimo mensual. Algo que Piñera nunca comprendió es que la aprobación presidencial es una herramienta necesaria para gobernar. No da lo mismo tener una baja aprobación, aunque “las cosas se estén haciendo”. Contar con una alta aprobación presidencial es instrumental para presionar a la oposición a convergir a términos favorables de negociación. Es probable que si Piñera habría tenido una alta (al menos moderada) aprobación el proyecto de ingreso mínimo mensual habría pasado en su primer trámite, sin la resistencia de los partidos de la oposición.

Desde 1990 se han presentado 20 proyectos para reajustar el ingreso mínimo mensual (en 1999 se negoció el proyecto de 2000 y 2001, y en 2005 se negoció el proyecto de 2006). En los 20 años, el promedio para pasar el proyecto por el Congreso fue de 9 días. En los gobiernos de la Concertación, el promedio para pasar el proyecto por el Congreso fue de 7 días (con una desviación estándar de 5 días). En los tres primeros años del gobierno de Piñera, el promedio para pasar el proyecto por el Congreso fue de 26 días (con una desviación estándar de 4 días). El gráfico de abajo muestra como el número de días necesarios para aprobar un proyecto de ingreso mínimo mensual ascendió bruscamente desde la inauguración de Piñera en 2010.

Es probable que en conocimiento de está tendencia Piñera decidió adelantar su propuesta de 2013 en tres meses. El 19 de marzo presentó unilateralmente (sin negociar) el proyecto anual de ingreso mínimo mensual. Su oferta contempló un reajuste de 6,2%, ascendiendo el monto actual (193.000) a 205.000 pesos. Dado que la oposición fijó una base de 210.000 pesos (un reajuste de 8,8%), y que la aprobación de Piñera se encontraba baja, la propuesta fue rápidamente rechazada en ambas cámaras. Esto forzó a Piñera a ingresar un segundo proyecto. El  2 de julio presentó un reajuste de 7,3%, ascendiendo el monto actual a 207.000 pesos. El proyecto fue nuevamente rechazado. Esto forzó a Piñera a ingresar un tercer proyecto. El 19 de julio presentó un reajuste de 8,8%, ascendiendo el monto actual a 210.000 pesos.

Es probable que la oposición acepté el montó presentado por Piñera, pues es equivalente a su propia propuesta. Es probable que también se legisle que el ingreso mínimo mensual sea retroactivo hasta el principio de julio, para no perjudicar a quienes dependen del reajuste para llegar a la canasta mensual. Lo realmente destacable de la negociación de 2013 es su representatividad con otros capítulos de negociación del gobierno. El método de proponer soluciones unilateralmente también se aplicó en el conflicto estudiantil, en Barrancones, en Freirina y en HidroAysén. Y en cada uno de esos capítulos el gobierno finalmente tuvo que retroceder y acatar los términos de negociación de su contraparte. Algo que distanciará a los votantes de optar por la continuidad de su obra.

 

Los Bonos de confianza del Presidente

Publicado en El Mostrador

En términos económicos los bonos son instrumentos financieros de deuda utilizados por entidades particulares y gubernamentales para financiar proyectos. Son emitidos por instituciones privadas o públicas, con el fin de recaudar capital, y con la promesa de devolverlo en su totalidad junto con los intereses. Un ejemplo de transacción de bonos se encuentra en la historia de la construcción del Costanera Center. Dado que Cencosud no contaba con los activos necesarios para financiar la operación desde su propia cuenta decidió emitir bonos para recaudar lo necesario para llevar a cabo el proyecto. Sin esos bonos Paulmann no podría haber construido el Costanera Center.

La efectividad de la gestión presidencial funciona de forma similar. En este paralelo alegórico el presidente emite bonos de confianza para lograr llevar a cabo sus proyectos, que van desde mensajes legislativos con quórum constitucional a políticas públicas de alcance local. Si el presidente tiene un alto nivel de confianza tiene en un alto nivel de apoyo para llevar a cabo sus proyectos. Si no tiene confianza no tiene apoyo. Una medición inicial de esta confianza se da en la elección en la que resulta electo. Si logra una alta votación, comienza su mandato con un alto nivel de confianza. Esto aumenta si además logra una mayoría legislativa en la contienda parlamentaria.

En Chile es difícil desmarcarse de la medición inicial. La Constitución política no permite que el presidente promedio comience su mandato con un alto apoyo. La mayoría de los presidentes desde el retorno de la democracia han sido electos con menos de 55% de los votos y con menos de 55% de apoyo en el poder legislativo. Los gobiernos que sí tuvieron la fortuna de tener este apoyo inicial han sido los que más avances relativos han logrado durante sus periodos. El gobierno de Patricio Aylwin y Eduardo Frei fueron los que tuvieron mayores facilidades para concretar sus programas. Tuvieron votaciones razonablemente buenas y mayorías legislativas relativamente altas.

Igual de importante es lo que sucede con la confianza en lo que resta de sus periodos. Esa confianza comúnmente se mide con índices de aprobación presidencial. Presientes que tienen altos niveles de aprobación presidencial tienen una mayor probabilidad de materializar sus proyectos que presidentes que tienen bajos niveles de aprobación presidencial. Aún cuando no tienen mayorías legislativas tienen una buena ventaja. Un buen ejemplo se dio durante el gobierno de Ricardo Lagos. Pese a haber sido electo con 51% de los votos y 50% del poder legislativo, logró importantes cambios constitucionales. Sin el 60% de aprobación es difícil imaginar que podría haber forzado la negociación.

En el otro extremo esta lo que ha sucedido con presidente de baja popularidad. Un ejemplo es el gobierno de Sebastián Piñera. Su baja popularidad en las encuestas de opinión pública han sido un permanente obstáculo para llevar a cabo proyectos. Entre los 7 ejes (crecimiento, empleo, seguridad ciudadana, educación, salud, pobreza, calidad de la democracia y reconstrucción) que Piñera propuso como primordiales en su gobierno, ha logrado–según mismas fuentes del gobierno–solo 2 (crecimiento y reconstrucción). En los restantes ejes ha tenido problemas de coordinación dentro de su propio sector o bien conflictos de alineación con parlamentarios de la Concertación.

Si Piñera fuera más popular no solo tendría mayor apoyo de los partidos de su coalición, pero una relación más liquida con los partidos de la oposición. Haber fluctuado entre 25% y 35% de aprobación le ha significado encontrar obstáculos hasta con el presidente de su partido (RN). Con un alto nivel de aprobación presidencial, Carlos Larraín no lo podría haber antagonizado en el debate sobre la reforma tributaria y las conversaciones sobre la reforma al sistema binominal. Asimismo, con un alto nivel de aprobación las criticas de la oposición sobre conflictos de interés y desprolijidad para llevar a cabo algunos proyectos como HidroAysén habrían sido menos agudas y reiteradas.

El argumento es claro. Hay cosas que no se pueden hacer con una aprobación presidencial baja. El gobierno de Piñera ha tenido problemas para entender ese hecho. Constantes declaraciones de voceros de La Monda han manifestando que los índices de popularidad no son rectores para el programa. Aunque algunos podrán argumentar que 2 de 7 ejes son más que en gobiernos anteriores, el alcance es diferente. Por ejemplo, la alta popularidad de Bachelet le permitió recuperarse del desastre del TranSantiago para poder seguir pasando mensajes legislativos en el Congreso durante sus últimos 2 años. Es difícil ver un repunte en la popularidad de Piñera, y por ende avances en lo que queda de su periodo.

El 39% de aprobación de Piñera en Febrero de 2013 (sin considerar las limitaciones metodológicas de la nueva encuesta Adimark) es alto comparado con lo que ha recibido el presidente en meses anteriores. Dado que el presidente naturalmente se torna menos preponderante en el último año de su cuatrienio y es improbable que logre pasar cualquier reforma de envergadura por el poder legislativo, el 39% es un buen punto de partida para enfocar su gestión en la continuidad de un segundo gobierno de la Alianza. La estrategia de La Moneda debería ser subir los bonos de confianza del Presidente para eventualmente traspasarlos al candidato que resulte electo en las primarias de su sector.

 

La Irrelevancia Política del Crecimiento Económico

Teorías electorales muestran que hay una asociación entre la situación económica de un individuo y su intención de voto. Cuando una economía esta en recesión, los votantes tienden a castigar al gobierno titular en las urnas. Cuando una economía esta en un ciclo de alto crecimiento, los votantes tienden a premiar al gobierno titular en las urnas. Esta teoría es directamente aplicable al periodo que cae entre una elección y otra. Cuando hay leves shocks a la economía (e.g., alza en el precio del pan, o la bencina), los ciudadanos usan las encuestas para manifestar su bienestar o su descontento.

El siguiente gráfico muestra esta asociación.



El gráfico muestra que a medida que aumenta el crecimiento económico, aumenta la aprobación presidencial. Salvo casos específicos (Aylwin 1990, Frei 1994 y Bachelet 2009), existe una tendencia lineal entre las dos variables. Mientras los outliers de Aylwin y Frei están relacionados con la etapa de luna de miel que gozan los presidentes al recién inaugurar su periodos, el outlier de Bachelet esta relacionado con la particular cercanía de la Presidenta con los ciudadanos. Es decir, fuera de casos extremos, lo normal es que un buen ciclo económico conlleve a una alta aprobación presidencial.

Piñera es una excepción a esta teoría. El celebrado crecimiento económico de 2010 hizo poco para ayudar a Piñera en las encuestas. Mientras Chile pasa por un ciclo económico relativamente bueno, en comparación con la crisis económica mundial y con los periodos presidenciales anteriores, la popularidad del Presidente sigue bajando en las encuestas. La explicación directamente racional es que la teoría electoral es inversa para Piñera. Es decir, mientras mejor este la economía, mayor va ser la tendencia de los ciudadanos de castigar al Presidente.

Esto no puede ser cierto. Entonces, ¿por qué el crecimiento económico es políticamente irrelevante para Piñera?

Mi intuición es que si bien la economía es una variable fundamental para explicar popularidad presidencial, en el gobierno de Piñera hay variables más importantes. Esto es consistente con la evidencia. De hecho, el grueso de la variación de la aprobación presidencial se puede explicar por fenómenos políticos o sociales–no asociados a la economía. El rescate de los mineros, el mediático conflicto con Marcelo Bielsa, las protestas de HidroAysén y las marchas de los estudiantes por la educación han sido los principales determinantes de los ciudadanos a la hora de evaluar a Piñera.

El problema del gobierno es la incapacidad de detectar este problema. No importa lo bien que la economía este, Piñera seguirá siendo castigado por los ciudadanos si no corrige otras áreas de su administración. La personalidad empresarial del Presidente y la incapacidad de definir el objetivo central del cuatrienio de la Alianza están tras los bajos índices en las encuestas. La poco empatía del Presidente con la gente ha forjado una brecha entre el gobierno y los ciudadanos difícil de conectar. Y mientras la derecha no pueda definir su misión presidencial, difícilmente serán reconocidos por la gente como un buen gobierno.

Las continuas fallas logísticas del segundo piso y la manifiesta descoordinación entre La Moneda y la planilla parlamentaria de la Alianza son las principales causas de este problema. Mientras Piñera no re-estructure la forma de identificar los escollos en su camino, y no logre establecer un objetivo común con la disidencia de RN y la UDI, sus índices de popularidad seguirán cayendo. A un año de las elecciones municipales, el efecto de seguir con la misma estrategia podría ser devastadora. Perder en las elecciones locales es el primer paso para que la Concertación se posicione como la alternativa menos mala.

Cambio de Gabinete: ¿Cuándo y Quiénes?

Previo a la publicación de la encuesta Adimark (Mayo 2011) publiqué un artículo donde especulé sobre las repercusiones que tendría el sondeo sobre el gobierno. Allí expliqué que el cambio de gabinete era condicional del porcentaje de apoyo de la encuesta. Sostuve que si obtenía más de 40 puntos un cambio de gabinete no era necesario; sí obtenía entre 40 y 35 puntos tendría que hacer un cambio sectorial; y si obtenía menos de 40 puntos tendría que hacer un cambio político.

Obtuvo 36.

Sigo pensando que el cambio de gabinete es necesario. ¿Cuándo? Piñera tiene 2 opciones, ambas con ventajas y desventajas.

  1. Lo antes posible. Frente a la encuesta de Mayo, es obvio que algo no anda bien en el gobierno, y todos lo saben. El sostenido declive no es sorpresa y no es difícil identificar dónde esta el problema. En mi artículo pasado sostuve que es un problema político pero solucionable de forma sectorial. Contrario a la escéptica actitud con el cual el gobierno ha evitado referirse a las encuestas vocería (“no se gobierna mirando encuestas”), acusar recibo de la voz del pueblo le vendría hacer bien. Una pronta solución podría convencer a la gente que Piñera entiende el problema. En este sentido, postergar un cambio de gabinete podría ahondar la sensación de que Piñera no está en contacto con realidad del país. Inevitablemente se reflejaría en las próximas encuestas, llevando a Piñera a un nuevo récord en las encuestas.
  2. Después de la encuesta CEP de Junio-Julio. La tendencia en la opinión pública no va cambiar radicalmente. Sobre todo de un mes a otro. Los resultados presentados por Adimark son reflejo de la variación mensual, y están altamente correlacionados con los resultados de otras encuestas. La encuesta CEP confirmará el débil momento del gobierno. Tomar la decisión de rotar ministros del gabinete después de la encuesta CEP sin duda robustecería la opinión conformada tras los resultados de Adimark. Pero, decidir qué ministros cambiar no es una decisión que se debe hacer mirando el pulso público. Por el contario, Piñera sólo lograra revertir la tendencia si logra solucionar problemas de fondo que solo el puede identificar.

Me tiendo a inclinar por la primera opción. Piñera sabe donde le aprieta el zapato. No necesita esperar otra encuesta para confirmar que las piezas que no están funcionando no están funcionando. Ahora bien, más importante de cuándo se tome la decisión, es qué decisión tomar. En lo que sigue me refiero a tres opciones que tiene Piñera para efectuar el cambio de gabinete.

  1. Un cambio político. Lo que no esta funcionando en el gobierno es el manejo político. La inexperiencia de no gobernar le esta pasando la cuenta. La inhabilidad de Piñera para alinear a los partidos de su coalición (donde las zancaídas entre power players de la Alianza han significativamente reducido la capacidad de gobernar), ha impedido que el gobierno conecte su programa político con el programa político de las élites de los partidos. Esto ha impedido a Piñera y su equipo cercano (segundo piso) tomar decisiones que cuentan con respaldo transversal de la coalición.También ha estrechado la distancia de negociación entre la Alianza y la Concertación, ahondando la incapacidad del gobierno para alcanzar acuerdos. Una solución a este problema es reemplazar los ministros que hasta ahora han tomado las decisiones políticas del gobierno, Rodrigo Hinzpeter, Ena von Baer y Cristián Larroulet.
  2. Un cambio sectorial. Mientras un cambio político ayudaría a reorganizar la estrategia del gobierno, no solucionaría problemas inmediatos. El efecto de tener un mal manejo político se ha manifestado en malas decisiones (completamente evitables) en ciertos sectores de la administración pública. Esto tiene un efecto directo en la evaluación del jefe de cada cartera. Por ejemplo, la sensacional discusión pública por el post-natal terminó afectando a la Ministra de la Comisión Nacional de la Mujer, Carolina Schmidt; HidroAysén le paso la cuenta a la ministra de la Comisión Nacional de Medio Ambiente, María Ignacia Benítez; las marchas de estudiantes y apoderados forzaron la estrepitosa caída del ministro de Educación, Joaquín Lavín. Estos ministros, junto a otros que han sido incapaces de entregar resultados concretos (entre ellos Hernán de Solminihac de Obras Públicas y Jaime Mañalich de Salud) son opciones claras para dejar La Moneda. Un cambio en uno o más de estos sectores apuntaría a neutralizar — al menos momentáneamente — la critica de grupos organizados en contra de la estructura burocrática del gobierno.
  3. Enroque ministerial. La naturaleza política del problema de Piñera es un reflejo de la mala estrategia política del gobierno, no de la capacidad individual de los ministros. Sin duda que los ministros son profesionales capaces de llevar a cabo las tareas que se le han encomendado. Por eso (y compromisos personales del presidente con ciertos ministros (Andrés Allamand y Evelyn Matthei), Piñera podría apuntar decidir rotar a ministros entre carteras, de forma de no afectar el balance de poder dentro de La Moneda. Por ejemplo, Allamand podría enrocar con Hinzpeter (defensa por interior).

En conclusión, el cambio de gabinete es necesario y mientras antes suceda mejor. Creo que el mejor tipo de cambio de gabinete sería uno donde Piñera reemplace ministros sectoriales por caras frescas que vienen del mundo de lo partidos (no el mundo empresarial). Reciclar caras viejas o traer a gente del poder legislativo (podría llegar el primo del Presidente, el Senador UDI Andrés Chadwick a vocería), solo reforzaría la endogamia política del cual todos los chilenos estan manifiestamente hartos. En cambio, al reemplazar ministros sectoriales Piñera podría reservar el cambio de ministros políticos para una potencial baja en la CEP. Si Piñera cambia a los ministros políticos ahora, y sigue cayendo en encuestas, no tendrá excusas que dar.

Causas y Consecuencias del 36%

La última encuesta Adimark (Mayo 2011) confirma el sostenido declive que esta experimentando la aprobación presidencial de Piñera. Comparado con la base de apoyo a Piñera (primera vuelta 2009), es una baja relativamente importante. Con eso de trasfondo, en esta columna exploro algunas de las causas y consecuencias de la diferencia en el apoyo a Piñera entre diciembre de 2009 y mayo de 2011:

¿Qué explica que Piñera haya bajado de 44% a 36%?

Para responder esta pregunta, partamos por un poco de teoría. Por lo general, cuando analizamos preferencias electorales, tomamos en cuenta 2 grupos de factores:

  • Factores de Largo Plazo. Por ejemplo: Sexo; mujeres pueden tener preferencias significativamente diferentes al de los hombres. Ubicación geográfica; personas que viven en sectores rurales pueden tener preferencias significativamente diferentes al de personas que viven en sectores urbanos. Educación; en la medida en que una persona es más educada, podría tener una mayor probabilidad de votar por un candidato X. Clase socio-económica; en la medida en que una persona tiene más recursos, podría tener una mayor probabilidad de votar por un candidato X. Identificación ideológica; en la medida que una persona se auto-identifica hacia un extremo, podría tener una mayor probabilidad de votar por el candidato más cercano a ese extremo.
  • Factores de Corto Plazo. Por lo general aquí se toman en cuenta la percepción retrospectiva, actual y futura sobre la situación económica personal y de país que tienen los individuos. A falta de datos a nivel individual, la inflación es un buen proxy. Por ejemplo, cuando la inflación es alta, votantes tienden a castigar al incumbente.

En un artículo académico que escribí sobre la elección de 2009, encontré que el patrón de apoyo a Piñera se basó en:

  1. hombres, quienes fueron dos veces más probables que las mujeres de votar por Piñera;
  2. los que se auto-identificaban ideológicamente con la derecha;
  3. los que pensaban que la situación económica del país se iba deteriorar en el futuro (se infiere que este grupo pensaba que un cambio de gobierno revertiría esta tendencia).
  4. No encontré tendencias significativas en otras variables (por ejemplo, no hubo una marcada diferencia de preferencia entre votantes urbanos y votantes rurales).

Una breve mirada a las encuestas de Adimark, entre Marzo 2010 y Mayo 2011 confirma que la base de apoyo (votantes duros) se ha mantenido constante en el tiempo. Es decir, el perfil de la gente que apoyó a Piñera en la primera vuelta de 2009 tiene el mismo perfil de la gente que apoya a Piñera hoy día.

El dilema es que es menos gente.

En 2009 Piñera recibió 44,06% de las preferencias, es decir 3.074.164 votos. Si suponemos que la encuesta de Adimark (Mayo 2011) es representativa, tenemos que Piñera sólo tendría 36% de las preferencias, es decir 2.511.915 votos (bajo la lógica del padrón y participación electoral de 2009). Es decir, durante los primeros 14 meses del gobierno de la Alianza, alrededor de 562,248 personas han decidido dejar de ser votantes duros de Piñera.

Comparativamente, las implicancias son graves. Con estas cifras, la cantidad de personas que ahora apoya a Piñera es similar a la cantidad de gente que en 2009 apoyó a Frei (2.065.061 votos), y son menos que la suma de la cantidad de gente que apoyó a Marco Enríquez-Ominami y Jorge Arrate (1.838.319 votos).

¿Qué explica que Piñera haya bajado de 44% a 39%?

Si suponemos que la popularidad de Piñera se mueve sobre la misma base que la de 2009, sobre el hecho que el porcentaje de apoyo no se mantiene estable (en 44%), podemos concluir que hay factores latentes (que no podemos observar directamente) influyendo en la preferencia de los votantes. En otras palabras, los factores nombrados arriba (de largo y corto plazo) no logran captar toda la variación en el apoyo a Piñera. Para corregir esto, debemos incluir factores que fluctúan mes a mes (e.g., 7% de jubilados, el AVC, HidroAysén, marchas educación) a la ecuación. Pues son hechos que determinan la desviación estándar (de la base) del apoyo de Piñera.

(Aquí no voy a analizar estos factores. En otros artículos me he referido extensamente sobre la influencia de factores variables sobre el apoyo a Piñera, ver aquí, aquí y aquí).

Me parece que es trascendente visualizar algunas de las implicancias para el futuro de Piñera y la Alianza bajo estos niveles de aprobación. Bajo este bajo nivel de popularidad, estimo que hay 3 factores a mirar:

  1. Gobernabilidad. Con 36% de apoyo, la ciudadanía sabe que Piñera tendrá que tranzar para avanzar. Durante los últimos meses, las marchas organizadas (y no organizadas) han forzado al gobierno a retractarse de decisiones tomadas (e.g., precio de la electricidad en Magallanes, central de Barrancones). Con un nivel inferior de apoyo, Piñera sabe que la voz de la gente tiene un importante valor en la mesa de negociación. Por eso, no será fácil impulsar proyectos emblemáticos de su gobierno — que en otros tiempos parecían viables. Ahora tendrá que gobernar mirando las repercusiones populares de sus políticas.
  2. Negociaciones electorales. Con 36% de apoyo, el partido del presidente (RN) pierde fuerza. En estas semanas los dos grandes partidos de la Alianza, RN y la UDI, están negociando las plantillas para las elecciones municipales de 2012. La UDI tendrá una clara ventaja sobre RN para impulsar algunas de sus candidaturas en comunas conflictivas. La UDI también tendrá un importante pie arriba para rechazar algunas de las reformas electorales que RN necesita (primarias para las presidenciales y un aumento en la cantidad de senadores).
  3. Elecciones municipales de 2012. Con 36% de apoyo, cualquier gobierno se enfrenta a una masacre electoral. Pero mi intuición es que las elecciones locales podrían dar vuelta el escenario actual, más que profundizar la crisis. En plena etapa de reconstrucción la Alianza podrá por primera vez hacer campaña desde La Moneda. Un buen resultado en las municipales de 2012, podría ser el punto de partida para la reelección de la Alianza en el poder en 2013. Pero para un buen desempeño en elecciones locales (igual o superior que en 2008) Piñera necesita subir su aprobación al menos a la base de 2009 (44%).

La Moneda y los Caza-Bachelet

A partir de la semana 23-29 de mayo 2011 La Moneda unilateralmente tomó la iniciativa de resusitar a Bachelet en la arena pública. Mi tesis es que Piñera quiere matar dos pájaros de un tiro:

  1. Empatar con la Concertación en HidroAysén. La lógica tras esto es que mientras Piñera sea visto por la gente al mismo nivel de Bachelet, lo que hace Piñera no esta mal. El mensaje es que al ser HA producto de la institucionalidad, la culpa es tanto de Bachelet como de Piñera. Incluso si HA finalmente se detiene, Piñera podrá enfatizar que su gobierno logró detener un proyecto desastroso que fue diseñado durante el gobierno de Bachelet. A corto plazo esto tiene el objetivo de levantar los índices de opinión pública, dado que la gente comprenderá que el gobierno de Piñera no tiene culpa en el desastre de HA.
  2. Deteriorar la candidatura presidencial de Bachelet 2013. Michelle Bachelet es la candidata de la Concertación para la elección presidencial de 2013. Del listado de potenciales candidatos, es Bachelet quien obtiene la mayor aprobación entre la gente. También es ella quien genera mayor transversalidad entre las élites de la Concertación. Salvo algunos escollos en la primera mitad de su cuatrienio (e.g., revolución de los pinguinos, Transantiago), tampoco tiene flancos abiertos para ser atacada por la oposición. Hasta HA no hay evidencia que su aprobación haya estado en declive. A largo plazo esto tiene el objetivo de relativamente fortalecer  al candidato presidencial de la Alianza en 2013.

2 introspecciones:

  • Lograr este objetivo es solo posible por medio de los caza-Bachelet (políticos de la Alianza enfocados en criticar el gobierno de Bachelet). Si bien no es la primera vez que despegan, es la primera vez que despegan desde La Moneda. La vez anterior los caza-Bachelet despegaron del congreso (liderados por el diputado Gustavo Hasbún) con el Caso ONGs y las supuestas negligencias del terremoto en la mira. Esta vez los caza-Bachelet despegaron de La Moneda (liderados por la ministra Ena von Baer) y determinados a darle a Bachelet. Al venir directamente desde La Moneda, las indicaciones son evidencia de que parte del beneficio de pegarle a Bachelet es levantar la aprobación de Piñera.
  • Ahora bien, debo admitir que creo que para La Moneda es más importante el segundo objetivo. Principalmente por la forma en que Bachelet salió al debate. Si el gobierno de Piñera no se habría encontrado con los problemas de HA, Bachelet no sería tema hoy día. Pero fue una inflexión clave para comenzar a deteriorar las prospectivas de Bachelet para 2013. (Es más, intuyo que La Moneda nunca esperó que sus acusaciones contra el HA bajo el gobierno de la Concertación tomaría tanto vuelo). Esto es evidencia de que Piñera también esta jugando un juego paralelo con la Alianza, donde parte de las estrategia para confrontar a la Concertación es a corto plazo (y beneficia a Piñera y RN), pero la otra parte es a largo plazo (y beneficia a la UDI). Por eso, buena parte de la presión para que La Moneda critique a Bachelet viene desde la UDI.

La Ley de Godwin (HidroAysén y La Florida)

Los últimos sucesos en Chile me recuerdan a un prominente enunciado de interacción social. La ley de Godwin, o regla de analogías nazis, fue propuesta por Michael Godwin en 1990. Dispone que:

A medida que una discusión se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno.

La función memética del enunciado es advertir sobre la implicancia de desviar un tema tanto hasta comparar con Hitler o los nazis.

Si bien en Chile Hitler y los nazis son figuras exógenas al debate cotidiano, sí existen personajes históricos asociados a extremos políticos que lo pueden reemplazar. Allende y Pinochet son emblemas de la Concertación y la Alianza. Durante los 90s fueron invocados por cada parte con resquemor para subrayar las características negativas del otro. Hoy, veo posible que aparezcan una vez más como herramientas retoricas para menospreciar al oponente.

Las recientes batallas en la arena pública entre las dos grandes coaliciones son un símbolo de una nueva pauperización política. Durante la última parte del gobierno de Bachelet había dominado una política de acuerdos, que aceleraba la construcción vial hacia la consolidación definitiva de la democracia. El éxito electoral de Marco Enríquez-Ominami fue evidencia de esto, mostrando que el clivaje del sí y el no se estaba lentamente desvaneciendo.

Hoy, esa esperanza se derrumba. El conflicto de la Florida (donde los concejales de cada bando se encuentran en un deathmatch para elegir al sucesor) y la disputa por HidroAysén (donde es más importante la posición política de cada coalición que el proyecto en sí) recuerdan lo lento que puede avanzar un país cuando los que son electos democráticamente para gobernar no pueden estar a la altura de las circunstancias.

A diferencia de la ley de Godwin, donde el que nombra primero a Hitler o a los nazis pierde la discusión, nombrar a Allende o a Pinochet en Chile pone en peligro la democracia. Para avanzar hacia la consolidación democrática es imperativo que se dejen atrás los viejos resquemores y que la clase política se encargue de una buena vez del bienestar popular. Hasta el momento la política de trincheras va con destino directo a inestabilidad política, donde la razón y la justicia radica en la ideología de cada cual. Es necesario encontrar un cauce de acuerdos democráticos, donde premie el bien común por sobre la cuota de poder.

¿Cuánto sabes de HidroAysén?

OK, esta es mi hipótesis:

  • La aprobación presidencial de Piñera es condicional a la opinión de la gente sobre HidroAysén. A la vez, la opinión de la gente sobre HidroAysén es condicional a la cantidad de información que tienen.

Aceptar esta hipótesis–en la forma en que esta planteada arriba, es prácticamente imposible. Necesitaríamos algo que no tenemos: una encuesta representativa sobre la opinión de la gente en cuanto a (1) % de apoyo al proyecto HidroAysén y (2) nivel de información sobre el proyecto HidroAysén.

Todas las encuestas disponibles (Encuesta sobre Percepción y Actitudes, Fundación Aysén Futuro, IPSOS, entre otras), comparten un mismo problema. Primero, los que tienden a hacer las encuestas son los grupos que se movilizan en contra de la represa. Esto es especialmente verdad para encuestas hechas previo a Mayo 2011. Y segundo, las preguntas están sesgadas para manifestar una opinión en contra. Esto es un efecto directo de la influencia de la prensa, que tiende a naturalmente subrayar la posición en contra de HidroAysén).

Por ejemplo, la encuesta IPSOS pregunta: ¿Está usted a favor o en contra de la construcción de las centrales hidroeléctricas en la Región de Aysén? Mi opinión es que un ciudadano al azar la entiende como si centrales hidroeléctricas son negativas de por si. Sobre todo después de la campaña negativa en contra de la central termoeléctrica Barrancones. Mi punto es que cualquier pregunta que infiera una acción de intervenir la naturaleza va recibir más respuestas en contra que respuestas a favor.

La única encuesta que encontré que contiene ambas preguntas (la opinión de la gente sobre el proyecto HidroAysén y su nivel de información) es de La Tercera (15.05.2011). En la edición de Reportajes se muestra que 74% de la población esta en contra del proyecto. Pero de la muestra total, solo el 49% de la gente esta informada de los beneficios que trae HidroAysén, mientras que el 51% declara no saber (47% no los conoce y 4% no sabe o no contesta la pregunta).

(En esta columna solo me refiero a problemas que consideran la parte formal de encuestas. Hay que mantener en mente que todas las encuestas mencionadas aquí son telefónicas con muestras bajas (bajo N) que sufren de limitaciones).

Hoy día la hipótesis que premia es que la aprobación presidencial bajará porque Piñera permitió que se construyera la central. Pero, los que infieren esta asociación se están saltando un paso crucial: establecer la naturaleza de la asociación entre variables. Hasta donde yo se, no existe una asociación significativa entre aprobación y respaldo ejecutivo a proyectos privados.

La hipótesis alternativa que propongo aquí es que la gente bien puede estar en contra de HidroAysén, pero no en contra del Presidente. Si la gente entiende que el proyecto no depende del ‘dedazo ejecutivo’, y esta enmarcado dentro de reglas institucionales, buscarán que el Presidente detenga el proyecto como favor, no como obligación. Ahora bien, si Piñera no detiene el proyecto, no lo responsabilizarán; responsabilizarán el sistema.

En lo que sigue propongo un modelo para evaluar la viabilidad de la hipótesis alternativa.

Cuando leamos las encuestas de Mayo, habrán tres alternativas para Piñera: podrá subir, mantener o bajar su nivel de popularidad. Bajo este supuesto, hay seis combinaciones de interés, suponiendo que otros factores se mantienen constante. (Aquí hago el supuesto que otros hechos políticos no tienen mayor influencia sobre opinión pública por sí solos, e.g. caso Kodama).

Modelo 1. Combinaciones posibles, suponiendo que a la gente tiene alta información sobre el proyecto HidroAysén, y que sí les importa la posición de Piñera sobre HidroAysén:

  1. SUBE la APROBACIÓN. Los chilenos tienen alta información sobre HidroAysén; sí les importa la posición de Piñera sobre HidroAysén. Si la aprobación sube significativamente (se mueve fuera de +3%), es porque los chilenos tienen una fuerte opinión a favor de HidroAysén, y premian al Presidente por seguir adelante con el proyecto.
  2. SE MANTIENE la APROBACIÓN. Los chilenos tienen alta información sobre HidroAysén; sí les importa la posición de Piñera sobre HidroAysén. Si la aprobación se mantiene significativamente (se mueve dentro de ±3%), es porque los chilenos tienen una fuerte opinión a favor o en contra de HidroAysén, pero no responsabilizan a Piñera por no detener el proyecto.
  3. BAJA la APROBACIÓN. Los chilenos tienen alta información sobre HidroAysén; sí les importa la posición de Piñera sobre HidroAysén. Si la aprobación baja significativamente (se mueve fuera de -3%), es porque los chilenos tienen una fuerte opinión en contra de HidroAysén, y castigan al Presidente por seguir adelante proyecto.

Modelo 2. Combinaciones posibles, suponiendo que a la gente tiene baja información sobre el proyecto HidroAysén, y que sí les importa la posición de Piñera sobre HidroAysén:

  1. SUBE la APROBACIÓN. Los chilenos tienen baja información sobre HidroAysén; sí les importa la posición de Piñera sobre HidroAysén. Si la aprobación sube significativamente (se mueve fuera de +3%), es porque los chilenos tienen débil opinión a favor de HidroAysén, y premian al Presidente por seguir adelante con el proyecto.
  2. SE MANTIENE la APROBACIÓN. Los chilenos tienen baja información sobre HidroAysén; sí les importa la posición de Piñera sobre HidroAysén. Si la aprobación se mantiene significativamente (se mueve dentro de ±3%), es porque los chilenos tienen una débil opinión a favor o en contra de HidroAysén, pero no responsabilizan a Piñera por no detener el proyecto.
  3. BAJA la APROBACIÓN. Los chilenos tienen baja información sobre HidroAysén; sí les importa la posición de Piñera sobre HidroAysén. Si la aprobación baja significativamente (se mueve fuera de -3%), es porque los chilenos tienen una fuerte opinión en contra de HidroAysén, y castigan al Presidente por seguir adelante proyecto.

Partamos por descartar algunos de estos postulados. De acuerdo a mi hipótesis, podemos descartar todos los postulados del Modelo 1, ya que la gente no tiene alta información. Para descartar postulados en el Modelo 2, debemos esperar resultados de la encuesta de Mayo. Con resultados en mano podremos saber cuál es la asociación entre información y aprobación presidencial. De acuerdo a la varianza de las respuestas podemos hacer inferencias por sobre la dirección y fuerza del impacto de respaldo ejecutivo a proyectos privados sobre aprobación.

Como adelanto, podemos esperar que–siguiendo los resultados de la encuesta de Reportajes de La Tercera–la mitad de la gente que no conoce detalles de HidroAysén no estará más inclinada que antes a desaprobar de Piñera.

Si esta hipótesis es cierta, la conclusión es que a diferentes niveles de información, resultan diferentes niveles de aprobación. Entre aquellos con mayor información, la aprobación a Piñera tenderá a ser mayor. Entre aquellos con menor información, la aprobación a Piñera tenderá a ser menor.

Ahora bien, si la hipótesis es cierta pero la aprobación en las encuestas baja igual; estaría inclinado a pensar que hay una variable latente. Si suponemos que HidroAysén no determina aprobación, entonces debe haber otra variables interviniendo. Por ejemplo, puede ser que el caso Kodama o el alza en el precio del pan estén tras la baja.

pd. debería agregar que la cantidad de información es circunstancial al argumento. Si cambia la cantidad de información, cambian los resultados. Aquí supongo que el paso del tiempo esta directamente correlacionado con la acumulación de información: a más tiempo más información.

pd2. también debería agregar que la información no necesariamente va beneficiar a un bando, sino que va tender a darle una distribución normal a los resultados de la encuesta.

El efecto de HidroAysén sobre Aprobación Presidencial

Los expertos ya están especulando sobre el efecto que tendrá la controversial aprobación del proyecto HidroAysén sobre la aprobación presidencial de Sebastián Piñera.

Mi intuición es que el efecto va ser negativo, pero de baja intensidad.

En un artículo anterior sostuve que Piñera es un populista, caracterizado por su afán de gobernar a punta de encuestas. Sin embargo, añadí que es un populista fracasado que no logra convencer a la gente. Sus índices en las encuestas han sido en promedio bajo lo normal. En definitiva, cuestioné su estrategia presidencial bajo el supuesto de que “no sirve ser populista si no se es popular”.

Gran parte del problema de Piñera han sido las volteretas. Primero fue la demora en subastar sus acciones de LAN (Marzo, 2010), y el letargo para decidir el destino de CHV (Mayo, 2010). Después fue la central termoeléctrica Barrancones. Luego de una amarga recepción entre la gente, el proyecto se canceló por orden ejecutiva. En los tres casos Piñera fue castigado en las encuestas por inconsecuencia.

El problema de Piñera es su estilo personalista. Independiente de si las decisiones que toma el Presidente son correctas o no, no pueden ser tomadas únicamente en base a encuestas. Desde la teoría de élites, Piñera esta incentivando que minorías–que de otra forma serían irrelevantes–se organicen y protesten cualquier iniciativa que les parezca medianamente controversial.

Una recomendación sería evitar situaciones donde el presidente quede expuesto a la opinión pública. Los proyectos o reformas no pueden ver luz pública antes que se tenga alguna idea de cual es el impacto. Durante los gobiernos de la Concertación la mayoría de los proyectos polémicos se dejaron en el tintero (no avanzar), o no salieron hasta que hubo mayorías transversales (avanzar en la medida de lo posible).

En este caso Piñera tomó la decisión correcta. La mayoría de la clase política (sobre todo la oposición) aprueba HidroAysén. Si Piñera sigue firme con el proyecto, sus índices de aprobación solo mostraran una leve baja (aleatoria) que no lo afectará en el futuro. Si en cambio decide interrumpir el proyecto, sus índices de aprobación se lograran mantener, pero tendrá que acostumbrarse a enfrentar el mismo reproche popular para cada uno de sus macro proyectos restantes.

Las encuestas de Mayo van a mostrar una baja porque la tendencia esta en declive. A falta de un hecho político más notorio (salvo el alza en los precios del pan), el balance se definirá en base a HidroAysén. Pero intuyo que la baja tampoco será mayor a 2 o 3 puntos.  Además hay que recordar que la base de Piñera son 40 puntos (primera vuelta 2009). Mucho más, no puede bajar.