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El PPD tiene la pelota

Todos los partidos de la Nueva Mayoría tienen un candidato presidencial, menos el Partido Por la Democracia. El Partido Radical, el Partido Socialista, y (probablemente) el Partido Comunista apoyan a Alejandro Guillier; el Partido Demócrata Cristiano apoya a Carolina Goic. El PPD tuvo a Ricardo Lagos, pero ya no. Por eso, debe elegir un nuevo rumbo. Tiene tres alternativas:

  1. Mantenerse neutral. Esto implica dar libertad de acción en las primarias (si se realizan) o bien en la primera vuelta.
  2. Levantar a un candidato propio. Entre los potenciales presidenciables destacan Felipe Harboe, Ricardo Lagos W., Jorge Tarud, y Carolina Tohá.
  3. Apoyar a Alejandro Guillier o a Carolina Goic. Esto lo pueden hacer por medio de un instructivo directo de la Mesa o por medio de una consulta interna.

La primera alternativa es la opción por defecto. Es la única manera de no cometer un error político que podría tener costos significativos en el futuro. La segunda alternativa es lo más fácil después de mantenerse neutral, pues cualquiera de los cuatro candidatos mencionados podría fácilmente tomar el comando de Lagos y hacerlo propio, bajo el trato de promover su programa.

La tercera alternativa es lejos lo más probable, pero también lo más complejo. Es probable porque el proyecto de una candidatura única ya fracasó y todo indica que lo haría otra vez, independiente del candidato. Y es complejo por los potenciales efectos que tendría sobre la propia coalición y eventualmente sobre el resultado de la próxima elección presidencial.

Si el PPD escoge apoyar a Guillier, encierra a la DC, obligándola a ir sola a primera vuelta y levantar una lista legislativa propia. Con 4 partidos a su favor, Guillier no tiene incentivos para ir a buscar a la DC, pero la DC sí tiene incentivos para ir a buscar a Guillier. Sobre todo si significa evitar una masacre electoral de proporciones bíblicas. Resultado: cohesión y supervivencia de la coalición.

Si el PPD escoge apoyar a Goic, oxigena a la DC, potenciando su viabilidad de levantar una candidatura competitiva. La DC sabe que si va sola podría perder hasta un cuarto de sus parlamentarios. Pero si tiene un acompañante de peso (como el PPD) podría incluso aumentar sobre su base. Resultado: división y muerte de la coalición.

El resultado de la elección presidencial depende de estos dos escenarios. En el primer escenario, una Nueva Mayoría cohesionada y disciplinada puede optar por ganar en segunda vuelta. En el segundo escenario, una centroizquierda dividida y frustrada debe luchar no solo contra sí misma y contra su archienemigo (la derecha) sino que también contra el Frente Amplio.

El PS tiene en sus manos la próxima elección presidencial

Publicado en La Tercera

La bajada forzada de las precandidaturas presidenciales de Fernando Atria y José Miguel Insulza por parte de la mesa central del Partido Socialista es evidencia del mal momento que atraviesa la colectividad. La inhabilidad de apoyar a un candidato propio para enfrentar a los candidatos del resto de los partidos en una primaria del sector es evidencia del desbalance de fuerzas políticas que existe dentro de la coalición y un mal presagio de lo que viene. Al no tener un candidato propio, el PS indirectamente señala al resto de los partidos y sus respectivos candidatos que se someterá sin dar la pelea.

Por un lado la decisión del partido sorprende, dado que lo normal sería que un partido con su tradición y status nominara a un candidato propio. El PS no solo es uno de los partidos más importantes en la historia del país sino que además es uno de los partidos más grandes en la actualidad. De hecho, el PS es uno de los pocos partidos que se ha logrado inscribir de acuerdo al nuevo esquema de refichaje. Quizás por esto último es llamativo que la mesa no haya logrado transformar ese apoyo en un respaldo a una candidatura presidencial propia. Con los más de treinta mil militantes recientemente inscritos, había material de sobra como para trabajar.

Por otro lado la decisión de bajar a Atria e Insulza se veía venir, pues fue una decisión racional basada en probabilidades. El bajo apoyo a los candidatos en las encuestas fue evidencia de que no había agua en la piscina como para un piquero. En comparación con los otros candidatos del sector, digamos Guillier y Lagos, los candidatos del PS nunca lograron despegar. Considerando el margen de error, es posible que tanto Atria como Insulza nunca hayan llegado siquiera a obtener 1% de las preferencias. En esta línea, la decisión de la mesa fue correcta, estratégica y utilitaria basada en evidencia significativa, clara y contundente.

Ahora bien, más relevante que analizar las causas de la bajada forzada de Atria e Insulza, es preciso explorar las potenciales consecuencias del hecho. En ese sentido es imposible no desempolvar recuerdos del ciclo electoral de 2009, donde el Partido Socialista fue determinante en la nominación del candidato presidencial de la coalición, y eventualmente en el resultado de la elección. De hecho, el trasfondo se asimila bastante a lo que ocurre en el ciclo actual. En ese entonces, al igual que ahora, el partido prefirió apoyar a un candidato de otro partido (Frei) antes que a un candidato de sus propias filas (Arrate, Enríquez-Ominami, o Navarro).

El resto de la historia es conocida, y tema de mi tesis de Magister. Los tres socialistas renunciaron al partido, acompañados de cerca de un centenar o más de militantes históricos, en lo que se denominó el éxodo socialista. Navarro finalmente se bajó pero Arrate y Enríquez-Ominami fueron a primera vuelta. La división de la coalición le facilitó la victoria a Piñera. Los votos por los tres candidatos de la centroizquierda (Arrate, Enríquez-Ominami, y Frei) fueron significativamente más que los votos por Piñera en la primera vuelta. Pero la campaña dividió al electorado de tal manera que fue imposible agregarlos a favor del candidato común (Frei) en la segunda vuelta.

La comparación relevante entre las dos elecciones es el escenario de división de los votantes de centroizquierda. En 2009 el PS jugó un rol crucial en esta división, pues fueron ellos los que permitieron que el electorado se dividiera en tres partes. Hoy van por el mismo camino. Al no tener candidato propio van a tener que apoyar al candidato de otro partido, en este caso están entre el candidato del PR (Guillier) o el candidato del PPD (Lagos). Pero a pesar de que puedan institucionalmente apoyar a uno o a otro, es probable que parte del daño ya este hecho. Gracias al desorden del partido, una parte de los votantes ya está dividida de una u otra manera.

Este desorden en parte se entiende por la dinámica interna de las facciones que conforman al partido. Hasta recientemente el partido estaba dividido en Nueva Izquierda (Andrade, Escalona), Renovación (Montes, Schilling), Tercerismo (Elizalde, Solari), Grandes Alamedas (Allende, Gazmuri), Nuestra Revolución (de Urresti, Díaz), y Colectivo (Melo, Soto). Si bien las diferencias han sido históricamente claras es importante señalar que más que programáticas, han sido sobre la visión de los procesos operacionales que debe seguir el partido, sumado a contrastes generacionales. Curiosamente esta claridad permitía un dialogo fluido.

Hoy esas divisiones son más difusas. Algunas de las facciones han perdido peso y se han desintegrado, o en algunos casos fusionado con otras facciones. Este reordenamiento puede ser entendido como un desplazamiento transitorio, propulsado por incentivos de corto plazo, en parte electorales. Este desorden explica, entre otras cosas, por qué ha sido tan difícil para el partido tomar una posición permanente. Explica por qué la Mesa confirmó una consulta ciudadana para elegir entre Atria y Guillier dos veces y luego se retractó; y explica por qué la votación del Comité Central el domingo no será el fin del conflicto, sino que solo el comienzo.

De hecho, el Comité Central que se reunirá con el objetivo de elegir entre Guillier y Lagos llega con sendos problemas. No se ha definido siquiera cómo se llevará a cabo la votación: si será a mano alzada o con voto secreto. Esta diferencia es relevante, y es lo que actualmente divide a los socialistas. Los que están con Lagos prefieren lo primero y los que están con Guillier prefieren lo segundo. Los Laguistas dependen de la presión que puedan ejercer por sobre los Guilleristas, pues es probable que si la votación es a mano alzada la mayoría de los votantes se inclinará a favor del ex Presidente en desmedro del Senador.

Esta dicotomía resume la difusa organización transitoria de las facciones, que inoportunamente divide a los socialistas entre Laguistas y Guilleristas (sin contar a los desafectados que seguirán a ojos cerrados a Atria). Un breve recuento del apoyo de los legisladores del Partido Socialista sugiere que todos los senadores y alrededor de la mitad de los diputados estaría a favor de la candidatura de Lagos. No hay forma de saber cómo votarán los 111 miembros del Comité Central pero no sería extraño que se distribuyeran de forma proporcional a los legisladores. Pero volvamos al tema. Aquí la pregunta importante es si les conviene votar por Lagos.

Es una pregunta difícil, pero posible de abordar. Mi aproximación es una racional, basada en la diferencia en el retorno de utilidades que tienen los socialistas si prefieren a un candidato por sobre el otro. O redactado de forma más simple, la pregunta relevante es: ¿cuál de los dos candidatos le sirve más al Partido Socialista? La respuesta más sencilla es que el candidato que más les sirve a los socialistas es el candidato que más se asimila al militante mediano del PS. En este escenario, la respuesta es Lagos, pues no solo se asimila más al militante mediano, sino que es ex militante del Partido Socialista (hasta que fundó el PPD en 1987).

El escenario anterior sugiere que consistencia ideológica es una forma de pago (en término de utilidades). Pero si suponemos que una mejor forma de pago es ganar elecciones, entonces la respuesta a la pregunta no es Lagos, sino Guillier. Es mucho más probable que Guillier gane una elección a que Lagos gane una elección. Toda la evidencia disponible sugiere aquello. Lagos no se mueve del 5% en las encuestas. Lleva más de un año pegado en esa cifra a pesar de haber invertido una suma considerable de recursos en un equipo de campaña diseñado específicamente para re-empaquetar su imagen y dar a conocer sus ideas.

Si el PS quiere ser consistente con su ideología, probablemente Lagos sea el mejor candidato. Si el PS quiere ganar elecciones, probablemente Guillier sea el mejor candidato. En esta bifurcación, mi opinión es que el PS debe priorizar lo segundo por sobre lo primero. El Partido Socialista debe escoger al candidato que le permita acceder al poder para—al menos—aspirar a llevar a cabo su programa ideológico. Los partidos políticos son por definición colectividades diseñadas para ganar elecciones. Si no se pueden organizar para ganar una elección no tienen absolutamente nada que estar haciendo en el sistema político.

Considerando la lógica de las premisas anteriores es importante subrayar la importancia de elegir a un candidato que pueda ganar en la primera de las elecciones que se avecinan, las primarias. Si el Partido Socialista elige a Guillier y este gana la primaria, el partido podrá tener una importante recompensa al participar de forma preeminente en la redacción del programa de gobierno y una mayor influencia en la conformación de la lista legislativa. Además, dado que Guillier es el candidato mejor posicionado en la centroizquierda para ganarle a Piñera en Noviembre, es una apuesta mucho más segura.

Si en cambió el PS escoge a Lagos, y este inesperadamente gana las primarias, el partido podrá aspirar a tener el mismo control sobre el programa y la lista que tendría con Guillier, pero con una probabilidad mucho más baja de ganar en Noviembre. Pues en el contexto político actual Lagos no solo deberá enfrentar a Piñera, sino que deberá enfrentar a la centroizquierda. El Frente Amplio (liderada por Boric y Jackson) promete dar una dura batalla, pues como bien han anticipado no vienen a renovar a la centroizquierda, la vienen a reemplazar. En ese sentido Lagos no solo sería un blanco de la derecha, sino que sería un blanco de su propio sector.

La decisión del Partido Socialista debe estar orientada a maximizar su utilidad. La decisión del PS debe ser una que tenga su origen en un cálculo objetivo de costo-beneficio. Es irresponsable preferir a un candidato por cercanía, por buena onda. El Partido debe escoger al candidato que les permita las mejores prospectivas para llegar al poder. En ese sentido, la decisión consecuente y responsable de la mesa sería elegir a Guillier. Por lo bajo, la mesa debe asegurar que la elección del candidato se realice por medio de un voto secreto, para que el resultado de la elección al menos refleje el balance honesto de las fuerzas dentro del socialismo.

Una decisión equivocada del Comité Central el domingo podrá tener altos costos. Apostar por un candidato perdedor significa dividir a la coalición más de lo que ya está. Significa abrir dos flancos que serán determinantes en el resultado de la elección de Noviembre: un flanco externo, donde una Nueva Mayoría dividida tendrá que enfrentar a la derecha más cohesionada y organizada de los últimos tiempos, y un flanco interno, donde la oferta electoral (los candidatos) de centroizquierda sin duda generará tensiones y divisiones en la demanda electoral (los votantes) de la centroizquierda. El Partido Socialista tiene en sus manos la próxima elección presidencial.

La entrada de Guillier y la salida de Lagos

Publicado en La Tercera

La centroizquierda comenzó su búsqueda de candidatos presidenciales. En el papel, son varios los interesados. En la práctica, son solo dos los posibles. En la larga lista de presidenciables solo Lagos y Guillier corren con posibilidades para ser nominados, independiente de si es por medio de un proceso de primarias o si es por el infame dedazo. Sus presencias en los medios y en la agenda pública son indicios de la ventaja; sus números en las encuestas lo confirman. Ningún otro candidato en la coalición ha logrado despegar.

El candidato de la centroizquierda se va definir entre Lagos y Guillier. Inicialmente, la lógica apuntaba a que el expresidente se impondría. Primero, porque lleva más tiempo en la carrera, siendo mencionado desde al menos dos años. Segundo, porque tiene mayor capacidad política para aglutinar fuerzas tras su opción, teniendo llegada en casi todos los partidos del sector. En comparación, Guillier solo asomó como presidenciable este año con el humilde y exclusivo apoyo del Partido Radical.

Para sorpresa de muchos, el Senador ha desafiado la lógica. En vez de ser otro volador de luces en la contienda presidencial, se ha ido aferrando a medida que ha ido pasando el tiempo. En contraste a lo que se pensaba inicialmente, se ha ido amplificando la cantidad de gente dispuesta a apoyarlo a medida que se ha ido acercando la elección. En el mismo tiempo Lagos ha seguido estable en su opción. Lagos no tiene más apoyo ahora que hace un año. Entre todos los partidos de centroizquierda, solo ha logrado convencer a su propio partido.

Esta tendencia en los partidos de centroizquierda—al alza para Guillier y de estabilidad para Lagos—se refleja en las encuestas. Mientras que Lagos ha permanecido constante en su porcentaje de apoyo, Guillier ha ido en aumento. La encuesta Adimark de Octubre muestra que en los últimos dos meses Lagos no creció en intención de voto, siguiendo estancado en 5%, mientras que Guillier aumentó 10 puntos, pasando de 5% a 15%. Siguen siendo números preocupantes para el sector, pero de al menos indicativos de una tendencia potencialmente favorable.

La pregunta del millón es ¿qué va pasar? Una opción es que Lagos repunte y Guillier se baje a su favor. En este escenario tendría que ocurrir un pacto entre ambos, donde el Senador postergue su opción por cuatro años. Una segunda opción es que Lagos se baje repentinamente y Guillier quede solo en el primer lugar. En este escenario tendría que ocurrir una caída significativa en la popularidad del expresidente. Entre ambas opciones, me parece que la segunda es la más probable.

Sostengo lo anterior por varias razones. Primero, porque Guillier está a una distancia sana de ser identificado con la desprestigiada clase política. Si bien fue elegido parlamentario gracias a la lista de la Nueva Mayoría, la mayor parte de la gente lo identifica como independiente. Para ellos representa un outsider dispuesto a fiscalizar las suciedades inherentes de la política. En un futuro no muy lejano, para esa misma gente, será uno más de la clase política, tal como le ocurrió a Enríquez-Ominami entre 2009 y 2013.

Además de lo anterior, Guillier está en un momento perfecto para postular. En las elecciones simultáneas de 2017, al Senador no le tocará defender su escaño. Si es que finalmente postula a la presidencia y pierde, habrá ganado un importante capital político que podrá estrujar por los siguientes cuatro años como jefe de la oposición con miras a la elección de 2021. Esta es una situación similar a la que enfrenta Ossandón en su coalición, y por ende el mismo argumento que lo debiese convencer que su postulación debe ser ahora.

Una tercera razón que me conduce a pensar que la opción de Guillier finalmente se impondrá a la de Lagos es la inercia popular. La gente está más dispuesta a votar por Guillier que por Lagos. Dudo que el expresidente quiera ir a una primaria frente a un senador novato para perder. Para Lagos la reputación y el legado es todo. Perder en una elección de esa forma sería devastador para su carrera política y posiblemente una humillación lapidaria. En pocas palabras, si Lagos entra a una primaria con bajo apoyo popular, tiene mucho que perder y poco que ganar.

Las elites están cada vez más dispuestas a apoyar a Guillier. Las encuestas vienen cada vez más pesimistas para Lagos. La reciente señal política de Allende y la última encuesta Adimark no se pueden pasar por alto. Simbolizan la entrada de Guillier y la salida de Lagos para la elite y los votantes. La primera pregunta es cuánto se va aferrar Lagos a su candidatura, y la segunda pregunta es qué va hacer cuándo se baje. Mi intuición es que no va ser rápido pero va pasar eventualmente y que cuando pase será a favor de un tercer candidato.

El camaleón político

Publicado en El Mostrador

Con la aprobación de la elección directa de intendentes en la Cámara Alta, el senador y candidato presidencial Alejandro Guillier ganó su primera gran batalla luego de que los dos ex Presidentes –y también candidatos presidenciales Ricardo Lagos y Sebastián Piñera– se opusieran públicamente al proyecto. El mensaje presidencial se aprobó contra todo pronóstico. Guillier no solo triunfó porque votó a favor del proyecto, también ganó por el riesgo que conllevaba perder. De haber perdido en la votación, los ganadores hubiesen sido Lagos y Piñera, sus rivales directos. Guillier hizo una apuesta arriesgada que pagaba mucho y ganó.

La aproximación de Guillier a esta votación revela bastante sobre su estrategia electoral. Para empezar, el periodista sabe que –para ser candidato presidencial– se necesitan luces y qué mejor que rivalizar con los peces gordos. Breves cuñas pueden llegar lejos en un escenario político presidencializado. El mejor ejemplo fue cuando Guillier capciosamente comparó a Lagos con O’Higgins, sugiriendo que el liderazgo del ex Presidente era arcaico y redundante. Algo similar ocurrió cuando comenzó su intervención en la votación del proyecto de intendentes mencionando lo catastrófico que resultó el Transantiago de Lagos.

Pero hay un lado político más profundo en la táctica de Guillier y tiene que ver con nunca quitar sin dar. Es así como se ha vuelto usual que el senador haya emparejado cada crítica con un elogio, incluso si ha significado tener que declararse un laguista. Esta ambigüedad se explica netamente por el instinto de supervivencia del candidato. Guillier sabe que es el segundo en la fila y solo va a ser candidato si logra desbancar a Lagos. Por ende, debe ser cuidadoso con no alienar a la base de votantes, que en gran medida es la misma que la del ex Mandatario. Si Guillier conduce una campaña negativa, terminará saboteando su propia popularidad.

La estrategia de Guillier es ocupar todos los espacios que no ocupan sus rivales directos. Esto lo vuelve un camaleón político. Algunos lo pueden llamar oportunista o incluso populista, pero es una estrategia inteligente si es que quiere ganar la elección. Cuando Lagos se plantea como gradualista, Guillier responde con progresismo. Cuando se le acusa de ser demasiado progresista, Guillier responde con críticas a las reformas estructurales del Gobierno. En cierto sentido es un candidato residual, tomando todos los temas que los otros no quieren o no se atreven a abordar.

Muchos han argumentado que la candidatura de Guillier es una nave vacía, un vehículo político popular pero sin ideas de fondo. Es comprensible, pues comparado con la larga lista de manuscritos de Lagos sobre ideas para un Chile del futuro, cualquiera queda chico. Y, en general, creo que la lectura es correcta y, salvo algunas exageraciones que buscan explicar la falta de ideas con la falta de experiencia del candidato, estoy de acuerdo. Mi contribución, en esta línea, sería solo agregar que es una estrategia compleja, ideada por el propio Guillier, con múltiples aristas que puede pagar mucho si la mantiene.

La estrategia de Guillier es ocupar todos los espacios que no ocupan sus rivales directos. Esto lo vuelve un camaleón político. Algunos lo pueden llamar oportunista o incluso populista, pero es una estrategia inteligente si es que quiere ganar la elección. Cuando Lagos se plantea como gradualista, Guillier responde con progresismo. Cuando se le acusa de ser demasiado progresista, Guillier responde con críticas a las reformas estructurales del Gobierno. En cierto sentido es un candidato residual, tomando todos los temas que los otros no quieren o no se atreven a abordar.

Esta táctica es particularmente eficiente para convencer a los desafectados y moderados, precisamente el nicho que Guillier debe explotar. Moverse fácilmente entre una idea y otra le permite distinguirse de la clase política. Guillier busca dar la impresión de que no está atado a cánones políticos tradicionales ni a dogmas ideológicos trasnochados. Es un candidato perfecto para los potenciales votantes que buscan a una persona que no es parte de la elite partidaria y para los que no están convencidos con los candidatos que han demostrado moverse solo por intereses económicos y políticos.

Guillier debe seguir en esta ruta por un tiempo. Su actitud pasiva-agresiva sirve para aserrucharle el piso a Lagos mientras asegura un cupo en las primarias de la coalición. Puede celebrar todas las victorias. Puede celebrar ser parte de la Concertación y de la Nueva Mayoría simultáneamente. Puede celebrar ser independiente y político a la vez. Puede celebrar los logros del Gobierno y los de la oposición al mismo tiempo. Puede hacer todo esto mientras sus índices de popularidad aumentan y mientras convence a los que no han pensado votar porque los otros candidatos están todos atrincherados.

Lo mejor que le puede pasar a Guillier es que Lagos se caiga por su propio peso. Si sigue con su estrategia ambigua, será el candidato mejor posicionado para hacer el reemplazo. Lagos difícilmente lo podrá detener, simplemente porque cualquier otra alternativa probablemente favorezca a Piñera. A la vez, Guillier podrá marcar diferencias con la clase política y el legado de la centroizquierda en la medida de lo necesario. Para los que privilegian el debate de ideas, este un escenario alarmante. Pero para los que les gusta ganar elecciones, es una estrategia perfecta. No hay nada mejor que un camaleón político para ganar una elección.

Doblajes, descolgados y díscolos

Publicado en La Tercera

La resolución del Tricel que baja la candidatura senatorial de Luciano Cruz-Coke (cupo RN) augura un resultado adverso para la Alianza en Antofagasta. Al competir con un solo candidato (Manuel Rojas, UDI), aumenta la prospectiva de perder ambos escaños a los dos candidatos de la Nueva Mayoría (Pedro Araya, cupo DC y Alejandro Guillier, cupo PRSD). Presentar a solo un candidato inevitablemente debilitará a la Alianza frente a la Nueva Mayoría, pues el binominal establece que para asegurar un escaño se debe tener al menos la mitad más uno de los votos de la lista más votada. Un umbral alto, considerando que la Alianza podrá contar solo con los votos de Rojas, mientras que la Nueva Mayoría podrá contar la suma de votos de Araya y Guillier.

Desde 1989 la tradición ha sido llevar dos candidatos a cada elección, para justamente evitar la desventaja mencionada arriba. Si solo consideramos a la Alianza y la Nueva Mayoría en elecciones de senadores, han llevado a 255 de 264 candidatos posibles — omitiendo un candidato en solo 9 ocasiones. Si solo consideramos a la Alianza y la Nueva Mayoría en elecciones de diputados, han llevado a 1,432 de 1,440 candidatos posibles — omitiendo un candidato en solo 8 ocasiones. Ahora bien, hay que notar que en las 15 ocasiones en que se llevó un candidato único fue parte de una estrategia electoral para favorecer a un candidato fuerte o para potenciar a un candidato descolgado. Entre ambas elecciones el candidato único perdió en solo dos de las 17 ocasiones.

Hay una gran diferencia entre las candidaturas únicas en las elecciones anteriores y la candidatura única de Rojas en 2013. Mientras que las candidaturas únicas en las elecciones anteriores fueron planificadas, la candidatura única de Rojas en 2013 es espontánea. En las elecciones anteriores las coaliciones anticipaban que cuando perdiera el candidato único, mantendrían un escaño. Y así fue, en 1989 resultaron elegidos dos candidatos descolgados que luego se integrarían a la Nueva Mayoría: Juan Pablo Letelier (distrito 33) y Hosaín Sabag (distrito 42). En la elección de 2013 la Alianza no anticipa que si pierde Rojas pueda mantener el escaño. El riesgo de perder con candidatos únicos en elecciones anteriores fue considerablemente más bajo que el riesgo de perder con Rojas en 2013.

El riesgo fue bajo en las 17 candidaturas únicas de elecciones anteriores porque el candidato único era fuerte y aseguraba ganar de antemano. Y en los casos en que el candidato único era débil era probable que un descolgado ganaría la elección y no se perderían ambos cupos. En la elección de 2013 ninguno de estos factores recurre. Rojas no es un candidato que asegura ganar de antemano, y no hay descolgados que puedan prevenir perder ambos cupos. En las cuatro elecciones en que Rojas fue elegido diputado por el distrito 4 ha promediado 30,88% de los votos — dos por ciento menos de lo que se necesita para asegurar el escaño. Además, el candidato independiente, Carlos Cantero, más que un descolgado es un díscolo — en caso de ganar nada asegura que se alineará con la Alianza.

Es precisamente el segundo factor lo que aumenta la probabilidad del doblaje de la Nueva Mayoría. La candidatura de Rojas no solo se ve disminuida por su baja probabilidad de llegar al umbral necesario y asegurar el escaño, sino que además por la presencia del senador titular Cantero. Es probable que entre Rojas y Cantero sumen más de 33,3% de los votos, pero en listas separadas no es un resultado útil para evitar el doblaje. Con ambos candidatos en campaña, es probable es que el votante de derecha se divida y se dispersen los votos. Considerando que ambos tratarán de maximizar su votación, es lógico pensar que será una campaña conflictiva en el sector, incentivando a muchos votantes a quedarse en sus casas el día de la elección.

La tarea para evitar el doblaje se vuelve aún más sombrío si se consideran el resto de las candidaturas en la circunscripción. Además de Rojas y Cantero, el ex presidente regional de RN, Daniel Guevara, competirá como independiente. Si bien la competencia entre Rojas y Cantero será el foco de la elección, la candidatura de Guevara promete atrapar algunos votos que en su ausencia irían para uno de los otros dos. Como resultado se reducirá aun más la probabilidad de que uno de los tres candidatos llegue al umbral necesario para evitar el doblaje. El panorama se agudiza si se considera que en uno de los dos distritos de la región va un candidato a diputado díscolo de la derecha. El ex intendente, Álvaro Fernández, se presentará como independiente por el distrito 4.

En el escenario político actual, un doblaje en Antofagasta podría ser lapidario para la Alianza. A la adversidad en la circunscripción del norte le se suman las prospectivas negativas que existen en Coquimbo y Magallanes. Perder ambos candidatos a doblajes en las tres circunscripciones le daría a la Nueva Mayoría un quórum sin precedentes de 4/7 en el senado. Una forma de evitar aquello es reducir las probabilidades de perder donde más se pueda. En el caso de Antofagasta, por ejemplo, sería imprescindible bajar a uno de los dos candidatos y concentrar el voto de derecha en solo una persona. Una estrategia que se ve complicada materializar, considerando que la UDI difícilmente bajará a Rojas y que RN no tiene control sobre Cantero.