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La repostulación de Piñera

Publicado en La Tercera

Uno de los temas más delicados que pesa sobre la historia de los chilenos, especialmente en estos días, es la asignación de responsabilidades sobre lo que ocurrió la fatídica mañana del 11 de septiembre de 1973 y las casi dos décadas consiguientes. Para un sector, es responsabilidad del Presidente que gobernó de forma imprudente en un sistema político altamente fragmentado. Para otro sector, es responsabilidad del General que comandó de forma autoritaria en un régimen particularmente represivo. Aunque sea probable que ambos sectores nunca converjan en una conclusión sobre las responsabilidades, las últimas semanas han sorprendido a muchos. Senadores de ambos sectores se han adjudicado responsabilidades, ya sea por sus omisiones o negligencias.

Desde el retorno a la democracia, ningún sector ha admitido una responsabilidad personal en la debacle de la democracia. Mucho menos personas popularmente electas. A 40 años del golpe militar y a 24 de la transición democrática, la tradición ha sido mantener el silencio desde sus respectivas trincheras. Solo en algunas ocasiones, contadas con los dedos de las manos, hubo negociaciones en que ambos sectores estuvieron de acuerdo. Pero aun en aquellas ocasiones sería difícil sostener que el acuerdo benefició a uno por sobre el otro. Las reformas constitucionales de 2005 que eliminaron algunos enclaves autoritarios mantuvieron el status-quo — eliminaron los senadores designados, pero subieron el quórum para hacer reformas electorales adicionales.

Tal vez el hecho más novedoso e inesperado de las últimas semanas vino desde La Moneda. El Presidente Piñera — que sostiene haber votado por el NO en el plebiscito de 1988 — fue un poco más lejos de lo normal y declaró que “hubo muchos que fueron cómplices pasivos: que sabían y no hicieron nada o no quisieron saber”, refiriendo primordialmente a personas de su sector. Un pequeño pero importante gesto, por al menos dos razones. Primero, y a nivel institucional, porque muestra que el poder ejecutivo sigue estando comprometido con los derechos humanos, independiente de su tinte político. Segundo, y a nivel personal, porque sugiere que el Presidente está dispuesto a identificar responsables, independiente de su militancia política.

La declaración de Piñera está en sincronía con el sentimiento de la gran mayoría de los chilenos. Según la encuestadora Latinobarómetro el apoyo a la democracia y el rechazo a la dictadura se ha intensificado sistemáticamente desde la transición. Cada año ha aumentado la proporción de personas que está comprometida con la democracia y que resiste la dictadura. En 1995, 52,2% de los chilenos declaró que “la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”, y el 18,5% sostuvo que “en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible”. En 2000, este índice fue de 53,5% y 17,3%, respectivamente; en 2005, fue de 58,8% y 10,7%, respectivamente; y en 2010, fue de 62,8% y 11,1%, respectivamente.

En ese marco, muchos interpretan la declaración de Piñera como una auténtica intención de sanar heridas del pasado. Consideran que reconocer que hay una responsabilidad directa de quienes ostentaron el poder — y el monopolio de la fuerza — durante los años del gobierno militar, representa un avance significativo para la reconstrucción de la democracia. Piñera bien podría haber guardado silencio y no haberse manifestado tan explícitamente contra quienes callaron u omitieron durante la época más cruda del país. Especialmente considerando que la gran mayoría de quienes apoyaron su nominación como candidato presidencial y conforman parte de su gobierno son aquellos que justifican, de una u otra forma, la dictadura.

Otros interpretan su declaración como una estrategia política para postergar, hasta olvidar, la resolución del problema. Consideran que el gesto, aun siendo un aporte al debate, no tiene consecuencias tangibles en la búsqueda de verdad y justicia para quienes se llevaron la peor parte de la dictadura. Por el contrario, sienten que su declaración no es más que una cuña que daría cualquier presidente indirectamente asociado con la dictadura (por el simple hecho de pertenecer al sector político que avaló el régimen) si no tiene una real intención de buscar una solución. Argumentan que lo significativo habría sido activamente emplazar a los “cómplices pasivos” a dar un paso al frente y admitir su responsabilidad tanto en el golpe como en los años que lo siguieron.

Cualquiera sea la razón que el Presidente tuvo para emitir la declaración, y dejando de lado las lecturas más obvias y sensibles, lo cierto es que constituye un paso importante para su repostulación. Si bien sus palabras implícitamente invitan a revaluar responsabilidades del pasado, también fijan un requisito clave para representar a la gran mayoría de los chilenos en el futuro. Considerando la tendencia de apoyo a la democracia y rechazo a la dictadura, es cada vez más inconcebible que un candidato presidencial que apoyó la permanencia en el poder de Augusto Pinochet en 1988 sea electo. En ese escenario, es inevitable pensar que Piñera quedará en una posición preferencial para conseguir la nominación presidencial de la derecha en la elección de 2017.

Las sorpresas de las municipales van a beneficiar a la Concertación

Publicado en El Mostrador

Todos ganan en elecciones municipales, hasta cuando pierden. En 2004, cuando la Concertación prácticamente dobló a la Alianza en alcaldes electos, Joaquín Lavín atenuó la derrota al celebrar que habían ganado “la madre de todas las batallas, Santiago”. En 2008, cuando la Alianza superó por primera vez a la Concertación en porcentaje de votos para alcaldes, Pepe Auth sostuvo que “las dos listas fueron un muro de contención para una verdadera derrota”.

Para proclamar un solo ganador, hay que fijar un estándar antes que ocurra la elección. En una columna anterior propuse que el ganador de la próxima elección municipal sería la coalición que ganara en más de los cinco siguientes criterios: (1) porcentaje de votos para alcaldes, (2) elegir el mayor número de alcaldes, (3) porcentaje de votos para concejales, (4) elegir el mayor número de concejales, y (5) elegir más alcaldes en las 10 comunas más emblemáticas.

Usando éste estándar se dejan fuera interpretaciones relativas, y se observan solo resultados absolutos. No pueden haber dos ganadores. En otra columna demostré que si se extrapolan tendencias de elecciones municipales anteriores, la Alianza debería obtener más votos en alcaldes y elegir más alcaldes en las 10 comunas más emblemáticas, mientras que la Concertación debería obtener más votos en concejales y elegir más concejales.

Parte de este pronóstico estuvo basado en el hecho que la Alianza viene mejorando su votación en cada elección municipal desde 2004. Una segunda parte de este pronóstico estuvo basado en el hecho que la Concertación está en su peor momento político desde 1989. Y una tercera parte de este pronóstico estuvo basado en el hecho que por primera vez la Alianza podría capitalizar sobre estas tendencias al competir como la coalición oficialista.

Ahora bien, tendencias no explican el resultado de elecciones por sí solas. Suceden demasiadas cosas entre una elección municipal y otra para sostener que las preferencias electorales no cambian. Para no ir más lejos, la elección de 2009 quebró todas las tradiciones electorales que se repetían desde 1989. Por primera vez la Alianza eligió al presidente, y por primera vez la Concertación perdió la mayoría en la Cámara de Diputados.

Otra diferencia con 2008 son las nuevas leyes electorales, los cuales, según algunos, distorsionarán patrones pre-existentes. Esto es en parte verdad, pues las leyes electorales efectivamente determinan el comportamiento de los electores. Pero en parte es falso, pues no necesariamente cambian la distribución de preferencias electorales. En este caso, la inscripción automática con voto voluntario solo profundizará las preferencias existentes.

Gonzalo Contreras et al. encuentran que el principal efecto de la inscripción automática con voto voluntario será una menor participación electoral. Pero que también que causará una polarización de las campañas, lo cual incrementará la participación de votantes de izquierda y derecha en desmedro de los de centro. Esto significa que votará menos gente, pero que se solidificarán las preferencias por la Alianza y la Concertación.

Tomando en cuenta que pueden suceder cosas entre el pronóstico y la elección, mantengo mi pronóstico sobre los resultados generales (los primeros 4 criterios), pero creo que pueden haber sorpresas a nivel particular (el quinto criterio). Ergo, sigo anticipando que la Alianza va tener más votos en alcaldes y tal vez incluso un mayor número de alcaldes electos también, pero pueden haber sorpresas en las 10 comunas más emblemáticas.

Y esto solo puede favorecer a la Concertación.

De las 10 comunas, 8 pertenecen a la Alianza, 1 pertenece a la Concertación y 1 a la alcaldesa independiente Marcela Hernando. Y dado que por defecto se espera que los titulares retengan su comuna, la Concertación puede sorprender en las 7 comunas donde los alcaldes de la Alianza van a la re-elección. En este sentido, ganadores en Maipú y Puente Alto no son sorpresas, pues los alcaldes titulares no van a re-elección, dejando la competencia abierta.

Según mi pronóstico, la Alianza probablemente obtendría entre 5 y 6 comunas, la Concertación probablemente obtendría entre 2 y 3 comunas, y los independientes obtendrían 1 comuna. Ahora bien, si suponemos que pueden haber sorpresas a favor de la Concertación, lo más probable es que sean en comunas donde tenga buenos recursos invertidos o un candidato ampliamente conocido. En principio, esto es posible en Santiago y en La Florida.

Supongamos que la Concertación sorprende, y gana en Santiago y en La Florida.

Esto implicaría que la Alianza mantendría sus dos comunas seguras (Viña del Mar y Las Condes) y la que se inclina a su favor (Valparaíso), y la Concertación ganaría en las dos comunas nuevas del grupo (Temuco y San Bernardo) y daría dos sorpresas (Santiago y La Florida). Además, dos comunas (Maipú y Puente Alto) irían–casi al azar–una para cada coalición. La otra comuna (Antofagasta) irremediablemente irá para la candidata independiente de la Concertación.

Miremos, entonces, con más detención lo que pasa en Santiago y en La Florida.

Por un lado, Santiago parece ser una batalla competitiva porque ambos candidatos tienen un porcentaje de apoyo alto, muy similar. Mientras que Pablo Zalaquett (UDI) obtiene alrededor de 38%, Carolina Tohá (PPD) obtiene alrededor de 37%. Un empate estadísticamente técnico que cobra sentido al observar elecciones previas. En 2004 y 2008 los votos se repartieron de forma pareja entre la centro-derecha y la centro-izquierda.

En comparación, La Florida parece ser una batalla menos competitiva. Las encuestas señalan que el alcalde designado Rodolfo Carter (UDI) aventaja al ex alcalde de la comuna Gonzalo Duarte (PDC) por 42% a 25%. Incluso, si Duarte recuperará terreno, la historia no juega a su favor. Cuando fue electo alcalde en 1996 ganó por 151 votos, para luego perder su intento de re-elección en 2000 por 7,879 votos.

Todo apunta a que entre las 10 comunas más importantes del país, solo en Santiago puede haber una sorpresa. (Pues Maipú y Puente Alto son comunas abiertas que pueden ir para cualquier lado, y Antofagasta es de la candidata independiente de la Concertación). Naturalmente cualquiera victoria de la Concertación en una de las otras comunas sería una sorpresa igual de oportuna. Pero más que mérito de la Concertación sería un fracaso de la Alianza.

La Alianza va ganar en las comunas más importantes del país

Publicado en La Tercera

En cada elección municipal desde 1992 la Alianza y la Concertación compiten en las urnas por ser la coalición con más votos y más candidatos electos. Dado que antes solo se votaba directamente por concejales, hasta 2000 el ganador era la coalición que obtenía más votos. Pero desde la separación de la elección de alcaldes y concejales, desde 2004 el ganador es la coalición que cumple más de los siguientes 4 criterios: (1) obtener la mayoría relativa de votos para alcaldes, (2) elegir el mayor número de alcaldes, (3) obtener la mayoría relativa de votos para concejales, y (4) elegir el mayor número de concejales.

Bajo este estándar la Concertación es quien ganó las últimas dos elecciones. En 2004 ganó en los cuatro criterios y en 2008 ganó en tres de los cuatro criterios. Pero existe un quinto criterio que redime las derrotas de la Alianza y opaca las victorias de la Concertación: el número de alcaldes electos en las comunas más importantes del país. Pues si sólo miramos este quinto criterio, la Alianza sería la coalición ganadora en las últimas dos elecciones. Un hecho que no es menor, pues a diferencia de los otros cuatro criterios ganar en éste tiene un impacto mediático más profundo y efecto político más trascendente.

Las comunas más importantes del país son las comunas con más votantes. No solo son las que reciben más prensa durante el mes de campaña, también son el punto de referencia para elecciones sub-siguientes. Por un lado, son las comunas con más habitantes, por lo cual donde se invierten más recursos. Por la cobertura son donde las coaliciones eligen desplegar su propaganda. Por otro lado, son consideradas las comunas representativas de preferencias electorales, por lo cual se usan para medir el efecto de la propaganda. Un buen rendimiento en las municipales significa un buen rendimiento en las presidenciales.

Las comunas más importantes varían según la cantidad de votantes. En 2004 las comunas con más inscritos para votar fueron Valparaíso, Viña del Mar, La Florida, Maipú, Santiago, Las Condes, Puente Alto, Concepción, Antofagasta y Ñuñoa. En 2008 las con más inscritos para votar fueron Viña del Mar, Valparaíso, Maipú, La Florida, Las Condes, Puente Alto, Santiago, Antofagasta, Concepción y Ñuñoa. En 2012 las con más inscritos para votar serán Maipú, Puente Alto, Viña del Mar, La Florida, Valparaíso, Santiago, Antofagasta, Temuco, Las Condes y San Bernardo.

En 2004 la Alianza obtuvo una mayoría relativa de los votos, y eligió al alcalde en 6 de las 10 comunas: Virginia Reginato (UDI) en Viña del Mar, Pablo Zalaquett (UDI) en La Florida, Francisco De La Maza (UDI) en Las Condes, Manuel José Ossandón (RN) en Puente Alto, Raúl Alcaíno (UDI) en Santiago, Jacqueline Van Rysselberghe (UDI) en Concepción y Pedro Sabat (RN) en Ñuñoa. La Concertación ganó en 3 de las 10: Aldo Cornejo (PDC) en Valparaíso y Alberto Undurraga (PDC) en Maipú. Además, ganó el candidato independiente Daniel Adaro en Antofagasta.

En 2008 la Alianza obtuvo una mayoría relativa de los votos, y eligió al alcalde en 7 de las 10 comunas: Virginia Reginato (UDI) en Viña del Mar, Jorge Castro (UDI) en Valparaíso, Francisco De La Maza (UDI) en Las Condes, Manuel José Ossandón (RN) en Puente Alto, Pablo Zalaquett (UDI) en Santiago, Jacqueline Van Rysselberghe (UDI) en Concepción y Pedro Sabat (RN) en Ñuñoa. La Concertación ganó en 2 de las 10: Alberto Undurraga (PDC) en Maipú y Jorge Gajardo (PS) en La Florida. Además, ganó la candidata independiente Marcela Hernando en Antofagasta.

En 2012, la Alianza va ganar, por tercera vez consecutiva, en las comunas más importantes del país. Tiene probabilidades altas de re-elegir a sus titulares en Viña del Mar, Valparaíso, Las Condes y Santiago. Además, tiene probabilidades medio-altas de ganar en el caso excepcional de La Florida. La Concertación tiene probabilidades a su favor en Temuco y San Bernardo–comunas que entran al grupo por primera vez al grupo. Por su parte, Maipú y Puente Alto serán disputadas voto a voto. En Antofagasta la mayoría relativa de los votos favorecerá a la candidata independiente que va en la lista de la Concertación.

Viña del Mar y Las Condes son las comunas más seguras de la Alianza. Los alcaldes UDI sirven a sus respectivas comunas consecutivamente desde 1992. Ambos suman tres periodos como concejal y dos como alcalde. Mientras que De la Maza fue electo como sucesor de Joaquín Lavín (UDI), Reginato fue electa como reemplazante de Jorge Kaplan (PRSD). Ambos han incrementado año tras año su porcentaje de apoyo, hasta alcanzar casi 80% en la última elección. Los desafiantes, René Lues (PDC) y Santiago Albornoz (PDC), respectivamente, figuran con escaso apoyo en las pocas encuestas que se han publicado.

Valparaíso y Santiago también se inclinan a favor de la Alianza, pero con un grado de incertidumbre mayor. Tienen más cobertura mediática, por lo cual tienden a ver candidatos de peso pesado. Elecciones son más competitivas. En 2012 los titulares de ambas comunas estarán terminando su primer periodo. Estadísticamente están en el mejor momento para ser re-electos. Si bien ambos desafiantes, Hernán Pinto (PDC) y Carolina Tohá (PPD), recogen apoyo crucial como ex-alcalde y ex-diputada de sus respectivas comunas, es improbable que puedan derrocar a los titulares recién electos en 2008.

En La Florida las probabilidades también favorecen la Alianza. Jorge Gajardo (PS) sirvió los primeros dos años (2008-2010) antes de renunciar y entregarle el poder a Rodolfo Carter (UDI) para que sirviera los segundos dos años (2010-2012). La situación es similar a lo que sucedió en 85 comunas entre 1992 y 1996, donde alcaldes de la Alianza y la Concertación se dividieron los 4 años en partes iguales. En la elección de 1996, los alcaldes que sirvieron los segundos dos años tuvieron una tasa de re-elección de 63,3%, mientras que los alcaldes que sirvieron los primeros dos años tuvieron una tasa de re-elección de 29,4%.

La Concertación solo cuenta con opciones significativas de ganar en Temuco y San Bernardo. En Temuco las encuestas muestran que Francisco Huenchumilla (PDC) aventaja a Miguel Becker (RN). Tiene sentido, pues la historia juega a favor del partido del desafiante. En las 4 elecciones entre 1992-2008 hubo 4 alcaldes PDC. En 2008 Becker solo fue electo porque Huenchumilla no fue a la re-elección. En San Bernardo la tarea es más difícil. Leonardo Soto (PS) espera retirar a la alcalde novata Nora Cuevas (UDI). Si bien Cuevas cuenta con ventaja por ser la titular, su gestión ha estado en tela de juicio de los sanbernardinos.

Maipú y Puente Alto tendrán las elecciones más competitivas de la serie. En ambas comunas los alcaldes titulares se retiran, pero dejan a concejales de sus respectivos partidos como sucesores. En Maipú, Christian Vittori (PDC) espera reemplazar a Alberto Undurraga (PDC), si logra derrotar a Joaquín Lavín Jr. (RN), y en Puente Alto, Germán Codina (RN) espera reemplazar a Manuel José Ossandón (RN), si logra derrotar a Soledad Barría (PS). Encuestas en ambas comunas muestran que los candidatos no se logran diferenciar. A un mes de la elección, los 4 aspirantes obtienen alrededor de 25% de apoyo cada uno.

Antofagasta irremediablemente elegirá un alcalde independiente. Los 5 candidatos que buscan ser electos no militan en partidos. Si bien todos van patrocinados por una coalición, basta ver la autonomía que han tenido las últimas dos administraciones. Entre quienes buscan ser electos, está la titular Marcela Hernando. Es claramente quien convoca mayor apoyo, y probablemente quien gane la elección. En 2008 obtuvo 51% de los votos, 20 puntos más que el candidato de la Concertación y 40 puntos más que el de la Alianza. La competencia no ha mejorado desde entonces.

En conclusión, la Alianza probablemente obtendrá entre 5 y 6 comunas, la Concertación probablemente obtendrá entre 2 y 3 comunas, y los independientes obtendrán 1 comuna. Si bien la Alianza podría obtener menos comunas que en 2004 y 2008, se debe a la entrada de 2 nuevas comunas. Si se fijara el criterio de 2008 para 2012 (incluyendo a Ñuñoa y Concepción), la Alianza probablemente obtendría entre 7 y 9 comunas. Naturalmente existen factores que juegan a favor y en contra del pronóstico, pero un hecho es que en la elección municipal de 2012 la Alianza va ganar en las comunas más importantes del país.

Elecciones Municipales 2012: ¿Cuántas Listas?

Las elecciones municipales van a ser más complejas de lo que inicialmente anticipé (ver aquí). Tanto la Alianza, como la Concertación están evaluando dividirse, y llevar dos listas a la elección. En este artículo analizo los determinantes de la competencia electoral, y especulo sobre los resultados electorales en cada uno de los cuatro escenarios posibles.

1. La Concertación lleva 1 lista; la Alianza lleva 1 lista.

Este escenario se dio en la elección municipal de 2004. Tras una reforma a la Ley Constitucional de municipalidades, por primera vez se votó por alcaldes y concejales en cédulas separadas. A diferencia de las elecciones de 1996 y 2000, los alcaldes fueron electos por mayoría simple. En concejales, sin embargo, se mantuvo el sistema antiguo, utilizando un sistema electoral proporcional con cifra repartidora d’Hondt.

En la elección de 2004 participaron 5 listas:

  1. Juntos Podemos Más (5,8% alcaldes, 9,8% concejales)
  2. Alianza (38,7% alcaldes, 37,6% concejales)
  3. Concertación (44,8% alcaldes, 47,8% concejales)
  4. Nueva Alternativa Independiente (0,3% alcalde, 0,6% concejales)
  5. Nueva Fuerza Regional (0,6% alcalde, 0,6% concejales)

El efecto mecánico del nuevo sistema fue:

  • Permitir la entrada de una tercera fuerza. En 2000 la suma del porcentaje de votos entre la Alianza y la Concertación fue de 98%; en 2004 fue de 83%.
  • Permitir la entrada de candidatos independientes. En 2000 fueron electos 3 alcaldes independientes; en 2004 fueron electos 32.

Si ambas coaliciones llevan una lista cada una en 2012, el peligro es que se repita el resultado de 2004, donde la tercera fuerza y los independientes lograron aumentar su votación a costa de la elección directa de alcaldes.

A diferencia de 2004, sin embargo, en 2012 la amenaza será mayor. En 2012 la amenaza serán los 3 “partidos bisagras” (CH1, PRO y PRI) que se alimentan de los votos del centro del espectro ideológico. Esto afecta a la Alianza y a la Concertación por igual.

La única solución para controlar a estas terceras fuerzas es que las coaliciones recojan sus demandas de antemano. En términos prácticos esto significa que la Alianza tendría que ceder cupos a CH1 (y tal vez al PRI), y la Concertación tendría que ceder cupos al PRO (y tal vez al PRI).

2. La Concertación lleva 2 listas; la Alianza lleva 1 lista.

Para controlar por los efectos mecánicos de la elección separada de alcaldes y concejales, la Concertación decidió dividirse en dos listas en 2008. La lógica tras esta estrategia fue que al presentar dos listas se podría ampliar al doble la planilla de candidatos, e incluir candidaturas de fuerzas regionales e independientes fuera de pacto que podrían potencialmente quitarle votos.

Esto funcionó, en parte. A la elección de 2008 fueron 6 listas:

  1. Por un Chile Limpio (4% alcaldes, 7,5% concejales)
  2. La Fuerza del Norte (0,4% alcaldes, 0,58% concejales)
  3. Concertación Democrática (28,7% alcaldes, 27,8% concejales)
  4. Juntos Podemos Más (6,3% alcaldes, 9,1% concejales)
  5. Alianza (40,6% alcaldes, 36% concejales)
  6. Concertación Progresista (9,7% alcaldes, 17,2% concejales)

Con esta distribución de votos la Concertación perdió su primera elección desde 1989, obteniendo 2,1% menos que la Alianza en votos. Sin embargo, las élites de la Concertación argumentaron que la debacle podría haber sido mayor si no se habrían dividido en las dos listas.

En un artículo publicado por los expertos electorales del PS (Hernán García) y del PPD (Pepe Auth), se argumentó que al acoger candidaturas de terceras fuerzas en las dos listas de concejales (entraron 995 candidatos independientes) se evitó una fuga importante de votos (ver aquí).

La diferencia en el rendimiento de los alcaldes independientes con los concejales independientes es la base de este razonamiento. Mientras que los alcaldes independientes obtuvieron 10,2%, los concejales independientes solo obtuvieron 1,6%. Es decir, se infiere que si los concejales independientes habrían ido por otra lista, habrían sumado cerca de 9% de los votos, afectando directamente a la Concertación.

Este razonamiento, sin embargo, tiene importantes limitaciones. Primero, es contrafactual; no podemos saber si los candidatos a concejal independientes se les habría ofrecido entrar en otra lista, y no podemos saber si habrían optado por entrar a esa lista si habría existido la oportunidad. Segundo, es irracional; si los independientes no habrían entrado a una lista, no habrían podido sumar la misma cantidad de votos, y por ende no habrían constituido una amenaza.

Por eso, me parece que la mejor opción de la Concertación–con miras a la elección de 2008–habría sido ofrecer cupos a tanto los concejales independientes como a los alcaldes independientes. Si verdaderamente habrían querido neutralizar la amenaza de terceras fuerzas y candidatos independientes, habrían incluido en su planilla a todas las potenciales amenazas.

La división de la Concertación en 2008 funcionó mejor como instrumento redistributivo de poder que como instrumento para ganar la elección. La división de listas funcionó para satisfacer la demanda de los partidos más pequeños (el PPD y el PRSD) de obtener más cupos. Pero también sirvió para que los partidos grandes (el PDC y el PS) pudieran revindicarse frente a su amplia base de militantes al entregarle más candidaturas.

Sin embargo, como la Concertación perdió la elección de alcaldes, y redujo su votación en concejales, podemos sostener que dividir la coalición en dos listas fue una pésima estrategia para ganar las elecciones. La razón de la división fue tratar de aumentar los cupos de cada partido, y la excusa fue tratar de evitar una fuga de votos hacia tercera fuerzas.

Si en 2012 la Concertación pretende llevar dos listas debe corregir este error. La amenaza ya no es sólo la lista del JPM, que se alimenta de votos hacia la izquierda ideológica de la coalición. En 2012 se suma la amenaza del JPM el PRO y el PRI, quienes se alimentan de votos hacia el centro ideológico de la coalición.

Para llevar dos listas–y tener una prospectiva decente de ganar la elección–la Concertación debe incluir a las terceras fuerzas en sus listas de alcaldes y concejales. La amenaza del JPM se puede canalizar por medio de pactos por omisión, pero la amenaza del PRO y el PRI solo se puede canalizar por medio de cupos por dentro la lista. Si el PRI y el PRO deciden ir en una lista soberana, la Concertación se enfrenta a una amenaza electoral mayor a la de 2004 o la de 2008.

3. La Concertación lleva 1 lista; la Alianza lleva 2 listas.

Esta es una alternativa que los expertos electorales de la Alianza están estudiando (ver nota). La única forma de que la Alianza pueda obtener un mejor retorno electoral al llevar dos listas es si la Concertación decide llevar una. Si esto sucede, significa que la demanda de candidaturas del PRO y el PRI no habrán sido satisfechas por el sistema.

Al no entrar en la lista de la Concertación, el PRO y el PRI buscaran una de tres alternativas:

  1. Unilateralmente buscar un acuerdo de pacto por omisión con la Concertación
  2. Ir en una lista soberana para captar votantes descontentos de la Alianza y la Concertación
  3. Negociar cupos con la Alianza para llevar candidatos independientes por su lista.

De estas tres alternativas, la menos probable es la primera. Dado que la Concertación va alcanzar un pacto por omisión con la lista del JPM, y ya tendrán que dividirse los “pocos” cupos entre los 4 partidos en su lista única, no querrán comprometer más alcaldías, y solo ofrecerán algunos cupos al PRO y el PRI en su lista de concejales. Esto será naturalmente rechazado por el PRO y el PRI, que saben que constituyen una amenaza mayor compitiendo en una lista soberana.

Si la Alianza se quiere dividir en dos listas, será por el mismo razonamiento que se dividió la Concertación en 2008. Por eso, es crucial que si la Alianza decide llevar dos listas en 2012 deberá aprender de los errores de la Concertación en 2008. Para ganar en 2012 necesitara tener una planilla lo suficientemente competitiva para derrocar la lista única de la Concertación. Y la única forma de hacerlo por medio de dos listas es reclutando candidatos que representan una amenaza: candidatos independientes, del PRO, el PRI y CH1, entre otros.

4. La Concertación lleva 2 listas, la Alianza lleva 2 listas.

Un cuarto escenario es que ambas coaliciones se dividan en dos listas. En este caso la disputa de las coaliciones por ganar genera la incertidumbre natural de una elección sin precedentes. Algunas de las consideraciones que podrían inclinar la balanza hacia a un lado u otro son las siguientes:

  • Si la Alianza logra negociar con el PRI y/o el PRO
  • La cantidad y el lugar de los cupos que la Alianza le da a independientes fuera de pacto
  • Si la Concertación logra negociar con el PRI y/o el PRO
  • La cantidad y el lugar de los cupos que la Concertación le da a independientes fuera de pacto

Mi impresión es que la coalición que logre captar al PRI y el PRO va tener una ventaja importante sobre la otra coalición. La elección presidencial de 2009 mostró que una parte importante de gente esta dispuesta a votar por candidatos que están fuera de las grandes coaliciones. Esta es una demanda que las coaliciones no han logrado absorber en la democracia-entre-elecciones. Captar votos por medio del discurso del PRI y el PRO significa sumar una votación que de otra manera es un voto en contra.

En cambio, si la Alianza y la Concertación deciden dividir su coalición en 2 listas (y la Concertación pacta por omisión con JPM; y la Alianza incluye a CH1), y deciden no incluir al PRI y al PRO en sus respectivos pactos, se enfrentan a perder una parte importante de votos. En 2012 los que inclinarán la balanza (tal como en 2008) serán los que están fuera de las grandes coaliciones, pero en mayor magnitud que en cualquier elección previa. Pues son estos los partidos que capitalizarán en las urnas el descontento con el sistema.