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Conflictos reales y artificales

Publicado en La Tercera

Recientemente la candidata de la DC, Carolina Goic, acusó al candidato del PPD-PS-PR-PC-IC, Alejandro Guillier, de izquierdizarse tras nombrar a una “chica” comunista, Karol Cariola, como Jefa de Comunicaciones de su equipo de campaña. Esta correcta y normalmente intrascendente declaración comenzó una batahola de proporciones relativamente épicas que aparentemente dejó a los dos bandos en la situación política más delicada desde el comienzo del ciclo electoral. Hay al menos dos teorías que pueden ayudar a esclarecer por qué comenzó el conflicto y a explicar por qué probablemente seguirá.

Una primera teoría es estructural y tiene que ver con las razones ideológicas que utiliza la DC para fundamentar su decisión de llevar a una candidata de sus filas a la elección presidencial y de levantar una lista parlamentaria propia a la elección legislativa. Esta teoría tiene sentido porque la DC busca instalarse en un espacio de centro que solo podrá ocupar si logra desplazar a Guillier y el bloque progresista hacia la izquierda. Por ende encasillar a Guillier en la izquierda es primordial, pues es la única forma en que la DC podrá naturalmente clamar el centro, que tradicionalmente le ha pertenecido, y que le es fundamental para poder competir.

Esta teoría también tiene sentido porque explica por qué la reacción del bloque progresista no se hizo esperar. La respuesta es sencilla: el espacio de centro que clama la DC es tan importante para Goic como para Guillier. Para ambos es un nicho de votantes críticamente funcional para cumplir con sus objetivos primarios. En el caso de Goic, contar con ese electorado es esencial para tener una presentación digna en la elección, mientras que para Guillier obtener apoyo de ese conjunto de votantes es fundamental para poder pasar a segunda vuelta y tener una oportunidad de derrocar a su principal adversario.

No necesariamente es la mejor estrategia, pero a estas alturas al parecer es la única. Goic está obligada a polemizar con Guillier para poder diferenciarse. Si es que no logra cortar las raíces que unen a los Demócrata Cristianos con los socialistas, el sueño de la casa propia se derrumbará más rápido de lo que se derrumbó la candidatura de Ricardo Lagos Escobar. De hecho, esta teoría no solo permite haber anticipado las declaraciones de Goic, pero además incrementa la probabilidad de que situaciones similares sigan ocurriendo. El desembarco del camarada Burgos en la campaña de Goic confirma esta noción.

Una segunda teoría es coyuntural y tiene que ver con motivos estratégicos que utiliza la DC para contrarrestar el efecto negativo que implica la decisión de no participar en las primarias legales que entre otras cosas considera una franja televisiva de alcance nacional. Esta teoría tiene sentido dado que es probable que la ya débil posición de Goic en la carrera presidencial se vea aún más afectada al saltarse las primarias, sino es que no mete suficiente ruido. Pues si no lo hace, arriesga ser sepultada por una avalancha de propaganda que los demás candidatos estarán emitiendo constantemente a través de la segunda quincena de junio.

Esta teoría tiene sentido porque el objetivo central de Goic es darse a conocer. Es la única forma para aumentar en las encuestas de intención de voto. Si la gente no la conoce, no va votar por ella. Y qué mejor forma de darse a conocer que por medio de la polémica artificial. Aunque a veces la polémica es mal evaluada por la ciudadanía, siempre es cubierta por los medios – sobre todo en ciclos electorales. En este sentido, no solo es el camino más rápido, pero también el más seguro. Al no ser una candidata popular, generar conflictos artificiales parecer ser la única forma para tratar de nivelar la cobertura.

Lo anterior sugiere que el conflicto entre la DC y el bloque progresista solo comienza. De hecho es probable que este tipo de polémicas – que comienzan con temas tan inocuos como la utilización de una caracterización ideológica o un apodo – aumenten a medida que aumente la presencia de los candidatos rivales en los medios. Por cierto, a esta altura del partido pareciera que generar conflictos artificiales es la única forma para compensar por la mala decisión de no participar de un proceso de primarias que no solo asegura un foro para darse a conocer a lo largo y ancho del país sino que además es financiada por el Estado.

Ambas teorías – la estructural y la coyuntural – son plausibles, y probablemente complementarias. Es probable que Goic y la DC actúen tanto por razones ideológicas como por motivos estratégicos. La única diferencia es que la primera teoría explica las diferencias de fondo de la DC con el bloque progresista y permite entender por qué ambos bandos llegan distanciados a la elección. El problema que queda por resolver es si los conflictos artificiales serán suficientes para poder solucionar el problema de fondo. La evidencia parece indicar que no, que la suerte está echada y que ni Goic ni la DC obtendrán el resultado que añoran.

La DC se va arrepentir si va a primera vuelta

En un comentario anterior sugerí que la candidatura de Goic se caería (ver aquí). Esta idea está basada en un proceso lógico que supone que la DC buscará maximizar sus utilidades electorales. Si por el contrario, la DC está más interesada en levantar una candidatura testimonial, basada en una decisión sentimental que busca restablecer la independencia histórica del partido, entonces muy por el contrario, la candidatura de Goic no se caerá.

Este segundo camino me recuerda a lo que pasó con el Partido Conservador y el Brexit en Reino Unido. En un comienzo las élites de los Conservadores enérgicamente incentivaron la salida de la Unión Europea. Pero a medida que las ideas tomaron fuerza, comenzaron a lentamente a echar hacia atrás. Pues tenían bastante claro que la consecuencia de la salida podría ser desastrosa para el escenario político económico del país.

Es similar a lo que pasa aquí, porque la energética llamada de las élites de la DC de ir a primera vuelta finalmente está tomando fuerza a nivel local. Una reciente nota de prensa sugiere que hay una serie de mesas regionales que piden ir a primera vuelta (ver aquí). Mi intuición es que a medida que las élites locales se entusiasman con la idea de seguir un camino propio, las élites nacionales van a ir echando hacia atrás, pues saben que las consecuencias podrían ser desastrosas.

Goic, y la mesa, podrían decidir ir a primera vuelta, pero será el peor de los dos caminos posibles. Y ellos lo saben. Lo que comenzó como una presión para mejorar la negociación parlamentaria se está saliendo fuera de control. Algunos sugieren que la DC podría perder hasta 9 de sus 22 diputados (ver aquí). No solo serán impulsores directos de la división definitiva de la coalición, sino que además serán participes pasivos en la victoria de Piñera.

Piñera y Goic directo a primera vuelta

Es posible que las primarias legales no se realicen. Por el lado de Chile Vamos Piñera ha señalado (por omisión) que iría directo a primera vuelta, mientras que por el lado de la Nueva Mayoría Goic ha hecho declaraciones explicitas sugiriendo que haría lo mismo. Personeros de la UDI (como Jacqueline Van Rysselberghe) y de la DC (como Ignacio Walker) han estado encargados de darle profundidad y sentido a estas amenazas.

Me parece que es saltarse las primarias es una mala idea. Piñera y Goic deben ir a primarias. Pero no porque se ve bien, sino que por el propio bien de las coaliciones y partidos que representan. Las primarias son mecanismos naturalmente diseñados para redistribuir el apoyo tras un solo candidato, con el único fin de potenciar su candidatura. En esta línea, sería absurdo no usarlas para maximizar las prospectivas de ganar en la elección de noviembre.

Al parecer los candidatos no piensan lo mismo. En contraste, ven las primarias como un escollo. El cálculo original de Piñera fue que el apoyo que concita ya es suficiente para triunfar y que puede ir directo a primera vuelta sin temor a perder votos frente a sus rivales. El cálculo original de Goic fue que la DC puede mejorar su representación parlamentaria si va en una lista sola. Pero ambos cálculos son erróneos.

Si Piñera se salta las primarias es probable que Ossandón y Kast vayan directo a primera vuelta. Quizás no le quiten una gran cantidad de votos, pero podrían ser suficientes para debilitarlo frente al candidato de la Nueva Mayoría. Si Goic se salta las primarias significa que va ir sola o en una lista conjunta con el PPD. En el primer caso el resultado sería negativo para su partido, y en el segundo caso el resultado sería negativo para su coalición.

Piñera ya ha señalado que esta dispuesto ir a primarias. Si esto es cierto o solo una jugada política esta por verse. Pero toda la evidencia apunta a que es una buena idea. No solo lograría generar convergencia en su sector, pero además sacaría de carrera a sus rivales más importantes. Para Piñera esta es una situación óptima, pues necesita construir esa imagen de legitimidad tanto como necesita reducir el fuego amigo.

Goic parece estar más indecisa, principalmente porque la decisión no depende de ella, sino que del PPD (como explico aquí). Es en este limbo me parece urgente tomar control del partido y decidir ir a primarias (es mejor que depender de la voluntad de otros). Si Goic declina ir a primera vuelta ahora, podría conseguir, entre otras cosas, mejores resultados en la negociación de la lista parlamentaria conjunta.

El PPD tiene la pelota

Todos los partidos de la Nueva Mayoría tienen un candidato presidencial, menos el Partido Por la Democracia. El Partido Radical, el Partido Socialista, y (probablemente) el Partido Comunista apoyan a Alejandro Guillier; el Partido Demócrata Cristiano apoya a Carolina Goic. El PPD tuvo a Ricardo Lagos, pero ya no. Por eso, debe elegir un nuevo rumbo. Tiene tres alternativas:

  1. Mantenerse neutral. Esto implica dar libertad de acción en las primarias (si se realizan) o bien en la primera vuelta.
  2. Levantar a un candidato propio. Entre los potenciales presidenciables destacan Felipe Harboe, Ricardo Lagos W., Jorge Tarud, y Carolina Tohá.
  3. Apoyar a Alejandro Guillier o a Carolina Goic. Esto lo pueden hacer por medio de un instructivo directo de la Mesa o por medio de una consulta interna.

La primera alternativa es la opción por defecto. Es la única manera de no cometer un error político que podría tener costos significativos en el futuro. La segunda alternativa es lo más fácil después de mantenerse neutral, pues cualquiera de los cuatro candidatos mencionados podría fácilmente tomar el comando de Lagos y hacerlo propio, bajo el trato de promover su programa.

La tercera alternativa es lejos lo más probable, pero también lo más complejo. Es probable porque el proyecto de una candidatura única ya fracasó y todo indica que lo haría otra vez, independiente del candidato. Y es complejo por los potenciales efectos que tendría sobre la propia coalición y eventualmente sobre el resultado de la próxima elección presidencial.

Si el PPD escoge apoyar a Guillier, encierra a la DC, obligándola a ir sola a primera vuelta y levantar una lista legislativa propia. Con 4 partidos a su favor, Guillier no tiene incentivos para ir a buscar a la DC, pero la DC sí tiene incentivos para ir a buscar a Guillier. Sobre todo si significa evitar una masacre electoral de proporciones bíblicas. Resultado: cohesión y supervivencia de la coalición.

Si el PPD escoge apoyar a Goic, oxigena a la DC, potenciando su viabilidad de levantar una candidatura competitiva. La DC sabe que si va sola podría perder hasta un cuarto de sus parlamentarios. Pero si tiene un acompañante de peso (como el PPD) podría incluso aumentar sobre su base. Resultado: división y muerte de la coalición.

El resultado de la elección presidencial depende de estos dos escenarios. En el primer escenario, una Nueva Mayoría cohesionada y disciplinada puede optar por ganar en segunda vuelta. En el segundo escenario, una centroizquierda dividida y frustrada debe luchar no solo contra sí misma y contra su archienemigo (la derecha) sino que también contra el Frente Amplio.

Si Lagos se baja, Guillier no va

Hay especulación de que si Lagos se baja, Guillier no va, y Carolina Goic se transforma en la candidata única de la Nueva Mayoría.

Revisemos. Guillier efectivamente dijo “Si no hay primarias, no voy a primera vuelta” (ver aquí). Pero esta cuña no fue aleatoria. Se enmarcó dentro de un escenario en el cual todos los candidatos estaban confirmando su participación en las primarias. De hecho, pocos días antes de las declaraciones de Guillier, Lagos cuidadosamente sentenció: “Yo voy a estar el 2 de julio” (ver aquí).

Estas dos declaraciones son extremadamente relevantes. Si se lee cada declaración por sí sola, parece ser muy claro el escenario electoral que finalmente se dará. Por ejemplo, si se lee solo la de Lagos, se entiende que habrán primarias de todas maneras. Si se lee solo la de Guillier (y se baja Lagos), se anticipa que no habrán primarias por ningún motivo.

Pero en política está todo amarrado. Hay que leer ambas declaraciones en su conjunto, y entenderlas como circunstancias del contenxto. Así como nadie juzgaría a Lagos por bajarse (y retractarse de su declaración inicial), nadie podría juzgar a Guillier por hacer lo mismo. Una famosa frase atribuida a John Maynard Kaynes captura la esencia de este razonamiento:

“Cuando las circunstancias cambian, yo cambio de opinión. ¿Usted qué hace?”

Esto significa que el escenario en que “Carolina Goic va ser la única candidata de la Nueva Mayoría” es altamente improbable. Si hay primarias, Guillier será candidato. Si no hay primarias, Guillier será candidato. Al menos debe serlo. Bajar su candidatura luego de obtener el respaldo de tres partidos (PR, PS y PC) sería absurdo. Malas noticias para la alicaída candidata de la DC.

El PS tiene en sus manos la próxima elección presidencial

Publicado en La Tercera

La bajada forzada de las precandidaturas presidenciales de Fernando Atria y José Miguel Insulza por parte de la mesa central del Partido Socialista es evidencia del mal momento que atraviesa la colectividad. La inhabilidad de apoyar a un candidato propio para enfrentar a los candidatos del resto de los partidos en una primaria del sector es evidencia del desbalance de fuerzas políticas que existe dentro de la coalición y un mal presagio de lo que viene. Al no tener un candidato propio, el PS indirectamente señala al resto de los partidos y sus respectivos candidatos que se someterá sin dar la pelea.

Por un lado la decisión del partido sorprende, dado que lo normal sería que un partido con su tradición y status nominara a un candidato propio. El PS no solo es uno de los partidos más importantes en la historia del país sino que además es uno de los partidos más grandes en la actualidad. De hecho, el PS es uno de los pocos partidos que se ha logrado inscribir de acuerdo al nuevo esquema de refichaje. Quizás por esto último es llamativo que la mesa no haya logrado transformar ese apoyo en un respaldo a una candidatura presidencial propia. Con los más de treinta mil militantes recientemente inscritos, había material de sobra como para trabajar.

Por otro lado la decisión de bajar a Atria e Insulza se veía venir, pues fue una decisión racional basada en probabilidades. El bajo apoyo a los candidatos en las encuestas fue evidencia de que no había agua en la piscina como para un piquero. En comparación con los otros candidatos del sector, digamos Guillier y Lagos, los candidatos del PS nunca lograron despegar. Considerando el margen de error, es posible que tanto Atria como Insulza nunca hayan llegado siquiera a obtener 1% de las preferencias. En esta línea, la decisión de la mesa fue correcta, estratégica y utilitaria basada en evidencia significativa, clara y contundente.

Ahora bien, más relevante que analizar las causas de la bajada forzada de Atria e Insulza, es preciso explorar las potenciales consecuencias del hecho. En ese sentido es imposible no desempolvar recuerdos del ciclo electoral de 2009, donde el Partido Socialista fue determinante en la nominación del candidato presidencial de la coalición, y eventualmente en el resultado de la elección. De hecho, el trasfondo se asimila bastante a lo que ocurre en el ciclo actual. En ese entonces, al igual que ahora, el partido prefirió apoyar a un candidato de otro partido (Frei) antes que a un candidato de sus propias filas (Arrate, Enríquez-Ominami, o Navarro).

El resto de la historia es conocida, y tema de mi tesis de Magister. Los tres socialistas renunciaron al partido, acompañados de cerca de un centenar o más de militantes históricos, en lo que se denominó el éxodo socialista. Navarro finalmente se bajó pero Arrate y Enríquez-Ominami fueron a primera vuelta. La división de la coalición le facilitó la victoria a Piñera. Los votos por los tres candidatos de la centroizquierda (Arrate, Enríquez-Ominami, y Frei) fueron significativamente más que los votos por Piñera en la primera vuelta. Pero la campaña dividió al electorado de tal manera que fue imposible agregarlos a favor del candidato común (Frei) en la segunda vuelta.

La comparación relevante entre las dos elecciones es el escenario de división de los votantes de centroizquierda. En 2009 el PS jugó un rol crucial en esta división, pues fueron ellos los que permitieron que el electorado se dividiera en tres partes. Hoy van por el mismo camino. Al no tener candidato propio van a tener que apoyar al candidato de otro partido, en este caso están entre el candidato del PR (Guillier) o el candidato del PPD (Lagos). Pero a pesar de que puedan institucionalmente apoyar a uno o a otro, es probable que parte del daño ya este hecho. Gracias al desorden del partido, una parte de los votantes ya está dividida de una u otra manera.

Este desorden en parte se entiende por la dinámica interna de las facciones que conforman al partido. Hasta recientemente el partido estaba dividido en Nueva Izquierda (Andrade, Escalona), Renovación (Montes, Schilling), Tercerismo (Elizalde, Solari), Grandes Alamedas (Allende, Gazmuri), Nuestra Revolución (de Urresti, Díaz), y Colectivo (Melo, Soto). Si bien las diferencias han sido históricamente claras es importante señalar que más que programáticas, han sido sobre la visión de los procesos operacionales que debe seguir el partido, sumado a contrastes generacionales. Curiosamente esta claridad permitía un dialogo fluido.

Hoy esas divisiones son más difusas. Algunas de las facciones han perdido peso y se han desintegrado, o en algunos casos fusionado con otras facciones. Este reordenamiento puede ser entendido como un desplazamiento transitorio, propulsado por incentivos de corto plazo, en parte electorales. Este desorden explica, entre otras cosas, por qué ha sido tan difícil para el partido tomar una posición permanente. Explica por qué la Mesa confirmó una consulta ciudadana para elegir entre Atria y Guillier dos veces y luego se retractó; y explica por qué la votación del Comité Central el domingo no será el fin del conflicto, sino que solo el comienzo.

De hecho, el Comité Central que se reunirá con el objetivo de elegir entre Guillier y Lagos llega con sendos problemas. No se ha definido siquiera cómo se llevará a cabo la votación: si será a mano alzada o con voto secreto. Esta diferencia es relevante, y es lo que actualmente divide a los socialistas. Los que están con Lagos prefieren lo primero y los que están con Guillier prefieren lo segundo. Los Laguistas dependen de la presión que puedan ejercer por sobre los Guilleristas, pues es probable que si la votación es a mano alzada la mayoría de los votantes se inclinará a favor del ex Presidente en desmedro del Senador.

Esta dicotomía resume la difusa organización transitoria de las facciones, que inoportunamente divide a los socialistas entre Laguistas y Guilleristas (sin contar a los desafectados que seguirán a ojos cerrados a Atria). Un breve recuento del apoyo de los legisladores del Partido Socialista sugiere que todos los senadores y alrededor de la mitad de los diputados estaría a favor de la candidatura de Lagos. No hay forma de saber cómo votarán los 111 miembros del Comité Central pero no sería extraño que se distribuyeran de forma proporcional a los legisladores. Pero volvamos al tema. Aquí la pregunta importante es si les conviene votar por Lagos.

Es una pregunta difícil, pero posible de abordar. Mi aproximación es una racional, basada en la diferencia en el retorno de utilidades que tienen los socialistas si prefieren a un candidato por sobre el otro. O redactado de forma más simple, la pregunta relevante es: ¿cuál de los dos candidatos le sirve más al Partido Socialista? La respuesta más sencilla es que el candidato que más les sirve a los socialistas es el candidato que más se asimila al militante mediano del PS. En este escenario, la respuesta es Lagos, pues no solo se asimila más al militante mediano, sino que es ex militante del Partido Socialista (hasta que fundó el PPD en 1987).

El escenario anterior sugiere que consistencia ideológica es una forma de pago (en término de utilidades). Pero si suponemos que una mejor forma de pago es ganar elecciones, entonces la respuesta a la pregunta no es Lagos, sino Guillier. Es mucho más probable que Guillier gane una elección a que Lagos gane una elección. Toda la evidencia disponible sugiere aquello. Lagos no se mueve del 5% en las encuestas. Lleva más de un año pegado en esa cifra a pesar de haber invertido una suma considerable de recursos en un equipo de campaña diseñado específicamente para re-empaquetar su imagen y dar a conocer sus ideas.

Si el PS quiere ser consistente con su ideología, probablemente Lagos sea el mejor candidato. Si el PS quiere ganar elecciones, probablemente Guillier sea el mejor candidato. En esta bifurcación, mi opinión es que el PS debe priorizar lo segundo por sobre lo primero. El Partido Socialista debe escoger al candidato que le permita acceder al poder para—al menos—aspirar a llevar a cabo su programa ideológico. Los partidos políticos son por definición colectividades diseñadas para ganar elecciones. Si no se pueden organizar para ganar una elección no tienen absolutamente nada que estar haciendo en el sistema político.

Considerando la lógica de las premisas anteriores es importante subrayar la importancia de elegir a un candidato que pueda ganar en la primera de las elecciones que se avecinan, las primarias. Si el Partido Socialista elige a Guillier y este gana la primaria, el partido podrá tener una importante recompensa al participar de forma preeminente en la redacción del programa de gobierno y una mayor influencia en la conformación de la lista legislativa. Además, dado que Guillier es el candidato mejor posicionado en la centroizquierda para ganarle a Piñera en Noviembre, es una apuesta mucho más segura.

Si en cambió el PS escoge a Lagos, y este inesperadamente gana las primarias, el partido podrá aspirar a tener el mismo control sobre el programa y la lista que tendría con Guillier, pero con una probabilidad mucho más baja de ganar en Noviembre. Pues en el contexto político actual Lagos no solo deberá enfrentar a Piñera, sino que deberá enfrentar a la centroizquierda. El Frente Amplio (liderada por Boric y Jackson) promete dar una dura batalla, pues como bien han anticipado no vienen a renovar a la centroizquierda, la vienen a reemplazar. En ese sentido Lagos no solo sería un blanco de la derecha, sino que sería un blanco de su propio sector.

La decisión del Partido Socialista debe estar orientada a maximizar su utilidad. La decisión del PS debe ser una que tenga su origen en un cálculo objetivo de costo-beneficio. Es irresponsable preferir a un candidato por cercanía, por buena onda. El Partido debe escoger al candidato que les permita las mejores prospectivas para llegar al poder. En ese sentido, la decisión consecuente y responsable de la mesa sería elegir a Guillier. Por lo bajo, la mesa debe asegurar que la elección del candidato se realice por medio de un voto secreto, para que el resultado de la elección al menos refleje el balance honesto de las fuerzas dentro del socialismo.

Una decisión equivocada del Comité Central el domingo podrá tener altos costos. Apostar por un candidato perdedor significa dividir a la coalición más de lo que ya está. Significa abrir dos flancos que serán determinantes en el resultado de la elección de Noviembre: un flanco externo, donde una Nueva Mayoría dividida tendrá que enfrentar a la derecha más cohesionada y organizada de los últimos tiempos, y un flanco interno, donde la oferta electoral (los candidatos) de centroizquierda sin duda generará tensiones y divisiones en la demanda electoral (los votantes) de la centroizquierda. El Partido Socialista tiene en sus manos la próxima elección presidencial.

Pudo ser mejor (primarias de alcaldes)

Publicado en T13

Consistente con lo que se anticipaba, muy pocos llegaron a votar a las elecciones primarias. Hay varias razones que lo explican. Primero, el bajo perfil de la elección. Son pocos a los que realmente les interesa participar en un proceso eleccionario que no tiene efectos inmediatos. Segundo, menos de un tercio de las comunas tuvieron primarias. El carácter limitado y parcial de la elección es un depurador natural del padrón electoral. Tercero, en las comunas que sí hubo primarias, hubo poco en juego. Solo un puñado de políticos de primera línea optó por participar.

Aunque se esperaba que poca gente votara, sigue siendo un balde de agua fría saber que solo 5,6% de los habilitados para votar hizo uso de su derecho. Una máxima de la democracia es que mientras más gente vota, mejor. A medida que más personas participan en elecciones, aumenta la representatividad y con ella, presumiblemente, la calidad de la democracia. A su vez, elecciones con baja participación simbolizan problemas. Que menos de 1 de cada 10 personas habilitadas para votar haya acudido a las urnas es evidencia de esto último.

El gobierno pudo haber hecho más. Es sabido que cuando hay poca información, poca gente vota. La poca propaganda que hizo el gobierno para publicitar las elecciones primarias influyó en la baja participación. Como principal promotor de la democracia el gobierno debió haber jugado un rol más preponderante en informar a la gente. Dado que se anticipaba una baja participación antes de la elección, el gobierno pudo haber promovido las elecciones por television, radio y otros medios de comunicación para asegurar un mayor número de votantes.

Los partidos también pudieron haber hecho más. Por ejemplo, pudieron haber hecho primarias en más comunas. En 73% de las comunas no hubo primarias. Si el objetivo es generar masa critica en procesos eleccionarios, los partidos deben haber primarias en todas las comunas del país donde exista más de un competidor. Incluso en aquellas con titulares que buscan ser reelegidos. Tampoco contribuyó la chambonada de la Nueva Mayoría en el Servel, que finalmente solo sirvió para confundir y alienar a potenciales votantes.

Los alcaldes titulares también contribuyeron al bajo nivel de participación. Alcaldes en comunas emblemáticas, como Santiago, Providencia, y Las Condes brillaron por su ausencia. Al no presentarse al proceso eleccionario incentivan a los votantes a quedarse en casa. Como titulares son las autoridades más conocidas de sus comunas, y como tal corren con una ventaja intrínseca. De haber competido no solo probablemente hubiesen ganado, pero también hubiesen arrastrado un mayor caudal de gente a las urnas, dandole mayor validez al proceso.

La baja participación ha resucitado el debate sobre el mejor tipo de sistema electoral. Algunos sostienen — a mi parecer correctamente — que la única forma de contrarrestar el ausentismo electoral es por medio del voto obligatorio. Quizás no se da en el mejor momento, dado que la baja participación era anticipable, pero es un debate que se debe dar. Ahora bien, se debe tener presente que irrelevante del tipo de voto (obligatorio o voluntario), la gente no va ir a votar si el gobierno, los partidos, y los candidatos no hacen lo suyo. ”

Las primarias municipales no son el mejor ejemplo para sacar conclusiones, dado que son el proceso menos atractivo de las grandes elecciones. Pero si pocos van a votar en primarias presidenciales y legislativas el proximo año, es importante volver a hablar sobre el voto obligatorio, sobre todo considerando que los partidos, y los candidatos posiblemente no estarán a la altura del desafío. Hay que hacer todo lo posible para aumentar el número de votantes en las elecciones. Es crucial para revitalizar la alicaída democracia chilena.

El show de las primarias

Publicado en La Tercera

Las primarias son un mecanismo para elegir candidatos de forma democrática y competitiva. Mueven el poder de decisión de las cúpulas a los votantes. Por lo general son abiertas para que militantes de los partidos que participan, e independientes, puedan sufragar. Son una herramienta para que los partidos puedan resolver disputas internas, y en países multipartidarios, como el chileno, para que lo puedan hacer coaliciones. En sistemas donde los partidos pueden llevar más de un candidato por distrito, son especialmente útiles para zanjar quienes serán los representantes de todos los cupos. Cuando las primarias son democráticas y competitivas, son una señal positiva para la democracia.

En Chile acaba de terminar el ciclo más largo e intenso de primarias desde el retorno de la democracia. Se hicieron primarias dentro partidos y coaliciones, para elegir candidatos a diputado, senador y presidente. Algunos partidos hicieron múltiples primarias. La DC hizo primarias para escoger al candidato presidencial de su partido en Enero, hizo primarias para escoger a algunos candidatos a diputado de su partido en Abril, hizo primarias para escoger el candidato presidencial de la coalición en junio, e hizo primarias para escoger a algunos candidatos a diputado de la coalición en Agosto. RN fue el segundo partido con más primarias, celebrando las dos que hizo en junio, para escoger el candidato presidencial de su coalición y algunos candidatos a diputado de su partido.

En total se escogieron 39 candidatos por medio de primarias–considerando que algunos candidatos fueron a elección dos veces (Morales, Flores, Morano, Volta y Hernando) y otros fueron a primarias para luego ser descartados (Sesnich). A nivel de coaliciones, la Nueva Mayoría celebró 11 primarias para escoger a 17 candidatos a diputado, donde algunos candidatos compitieron en primarias totales (por ambos cupos) y otros en primarias parciales (por un cupo). A nivel de partidos, RN celebró 10 primarias para candidatos a diputado, la DC celebró 10 primarias para candidatos a diputado, el PS celebró 3 primarias para candidatos a diputado (y 1 para senador), el PPD celebró 3 primarias para candidatos a diputado y el PRSD celebró 2 primarias para candidatos a diputado.

Un aspecto interesante de las primarias es la alta cantidad de distritos donde hubo un candidato electo en primarias. Para las elecciones legislativas de noviembre habrá 25 distritos con al menos un candidato elegido mediante primarias. En 14 distritos habrá 1 candidato elegido en primarias (D1, D3, D7, D11, D15, D24, D33, D34, D37, D40, D49, D51, D55, D58), en 8 distritos habrá 2 candidatos elegidos en primarias (D2, D4, D6, D10, D17, D30, D53, D56) y en 3 distritos habrá 3 candidatos elegidos en primarias (D19, D59, D60). Dado que RN y la UDI se dividen la planilla parlamentaria 50/50, y es improbable que otros partidos que participen en la elección celebren elecciones primarias, no habrá ningún distrito con 4 o más candidatos elegidos en primarias.

Si solo consideramos candidatos de la Alianza y la Nueva Mayoría, habrá al menos un candidato elegido en primarias en 35 distritos de 60 distritos posibles, y 39 candidato elegidos en primarias de 240 candidatos posibles.  Es decir, 41% de los distritos tendrá un candidato elegido en primaria, pero solo 16% de los candidatos habrá sido elegido en primarias. Es decir, la gran mayoría de los candidatos siguen siendo elegidos por las cúpulas de los partidos. En la Alianza la cifra es mayor que en la Nueva Mayoría, dado que la UDI nombra todos sus candidatos a diputado. Además, casi todos los diputados titulares son inamovibles. De todas las primarias que se celebraron en 2013, solo 3 titulares fueron desafiados (Rivas, Ceroni y Tuma). Los 3 ganaron cómodamente.

Una conclusión de lo anterior es que aunque existan primarias el sistema sigue igual de estancado que siempre. Tener 16% de candidatos elegidos en primarias no es una cifra para celebrar. Si bien es un avance con respecto a tener 0% de candidatos elegidos en primarias, es una cifra modesta comparada con las demandas políticas y sociales que emanan de los votantes. Además, es importante mencionar que RN fue el único partido que hizo primarias de acuerdo a la Ley. Todas las primarias legislativas de la Nueva Mayoría fueron organizadas con reglas de los partidos o la coalición, lo cual finalmente tendió a favorecer a los diputados titulares y otros protegidos de las cúpulas. Al final, las primarias fueron un show, más que un cambio significativo en los métodos de nominación.

Resultados de las primarias

Publicado en La Tercera

Es altamente probable que vote poca gente en las primarias del domingo. Del total del universo de votantes (12.000.000 apróx.), la mayoría de los expertos concuerda en que alrededor de 10% (1.200.000 apróx.) acudirá las urnas. Encuestas de intención de voto que han controlado por “votantes probables” comparten cifras similares. Entre las cosas que explicarán la baja participación estará (1) la desconfianza de la gente en la clase política y (2) el carácter voluntario del voto.

Si bien ambos determinantes son importantes porque afectan la calidad de la democracia, también son importantes porque afectan los resultados de la elección. Si mantenemos constante a esos dos factores y solo variamos el número de votantes, es probable que existan diferentes resultados electorales. Por ejemplo, como escribo aquí y aquí: mientras más gente participe, es más probable que gane Allamand; mientras menos gente participe, es más probable que gane Longueira.

Hay dos puntos de interés claves para determinar como el nivel de participación afectará los resultados de las primarias. El primero punto es sobre los índices de votación por cada coalición: el pacto que obtenga mayor porcentaje relativo de votos en junio tiene una mayor probabilidad de ganar en noviembre. El segundo punto es sobre los índices de votación por cada candidato: el candidato que obtenga mayor número de votos en junio tiene una mayor probabilidad de ganar en noviembre.

Una de las características comunes del pequeño grupo de personas que acudirá a las urnas el domingo es que tienen un mayor sentido cívico que otros grupos de personas. Es probable que sean individuos que tienden a participar en elecciones significativamente más que otros individuos. Sobre todo si deciden participar en una elección primaria, que muchos dan por definida, con voto voluntario, un domingo en la mañana, en medio del invierno. Si votan en las primarias de junio es probable que voten en las elecciones de noviembre.

Esto es un dato importante porque fija un punto de referencia de votantes duros para cada coalición. Si dos de cada tres votantes de las primarias emiten su voto por el pacto Nueva Mayoría en junio, es probable hagan lo mismo en noviembre. Evidentemente esto no significa que la elección esté definida. Algunos que votarán por Orrego o Velasco podrán preferir al candidato de la Alianza (sobre todo si es Allamand). Además, en noviembre también entrarán con más fuerza los independientes a definir la elección.

Pero una alta participación a favor de la Nueva Mayoría en las primarias sí significa un piso de votantes duros más alto. En una primera vuelta–que probablemente se defina por una diferencia no mayor a 5 a 10 puntos–tener más votantes duros es una ventaja crucial. Significa hacer un menor trabajo para conseguir el voto de los indecisos. La coalición que obtenga más votos en las primarias se asegura un trabajo más fácil que la competencia en la primera vuelta.

Lo anterior se refuerza a nivel del voto individual. El número de votos que obtengan los candidatos ganadores de cada coalición en junio será un indicador de su prospectiva para noviembre. Los candidatos que ganen la primaria por una mayor cantidad de votos relativos tienen una ventaja más grande en la primera vuelta. Por el contrario, si el resultado es estrecho, es un indicador de que tienen un piso de votantes duros más bajo. Los candidatos con más ventaja tendrán que hacer menos esfuerzo para convencer a los independientes.

El porcentaje de votos que obtenga el candidato ganador de la Alianza tiene un efecto directo sobre sus prospectivas en noviembre. El peor escenario para el ganador sería que solo 1 de cada 3 personas votara en las primarias de su sector, y que su diferencia con el perdedor fuera estrecha. Significaría que los votantes de su coalición siguen indecisos. Por supuesto, tal vez son votantes duros de la Alianza y votarán por cualquiera que represente su sector en noviembre. Aun así, sigue siendo una ventaja importante contar con esos votos desde el comienzo.

Por su parte, si el candidato de la Nueva Mayoría gana con una alta diferencia de votos en junio, significa que tiene una mayor ventaja para la elección de noviembre. Sobre todo en el caso de Bachelet, a quien se le ha proclamado ganadora anticipada. Si la ex presidenta no gana con una amplia mayoría significa que su ventaja sobre el ganador de la primaria de la Alianza es estrecha y reversible. Si Bachelet no gana por una ventaja importante significa que tendrá que disputar el centro voto a voto con el ganador de la Alianza.

La importancia de los independientes

Publicado en La Tercera

Hay un gran debate sobre la tasa de participación que habrá en las primarias. Las encuestadoras han estimado que va a votar entre 30% y 60% del padrón. Estadísticamente, es un pronóstico absurdo. Pues, significa que en la primaria votaría más gente en la última elección municipal. Lo anterior es significativamente improbable. La verdad–a diferencia de lo que algunos estiman–es que es prácticamente imposible determinar el número de votantes.

Lo que sí se puede hacer, en cambio, es fijar algunas premisas sobre la distribución de preferencias entre quienes finalmente decidan ir a votar. En base a nociones básicas del comportamiento de votantes y evidencia de elecciones anteriores se puede modelar una distribución de votos a partir del punto ideológico en que se encuentra cada candidato, tomando en cuenta que en la primaria votan tanto militantes como independientes.

Por un lado, sabemos que (1) los militantes tienden a votar por candidatos de su partido, independiente de la competencia; que (2) en la medida que aumenta el número relativo de militantes que vota, aumenta la probabilidad de candidatos militantes de ser electos; y que (3) si el aumento en participación de los militantes es proporcional al tamaño del partido, los candidatos de partidos con más militantes tienen una mayor probabilidad de ser electos.

Por otro lado, sabemos que (1) los independientes tienden a votar por candidatos más cercanos al centro ideológico, que por candidatos extremos; que (2) en la medida que aumenta el número relativo de independientes que vota, aumenta la probabilidad de candidatos moderados de ser electos; y que (3) si el aumento en participación de los independientes es proporcional a la distribución ideológica, candidatos más cercanos al centro tienen una mayor probabilidad de ser electos.

De acuerdo a lo anterior, el ganador de cada coalición será quien tenga la combinación perfecta de apoyo entre militantes e independientes.

En la oposición, Bachelet es quien convoca más militantes, con alrededor de 280,000 personas–considerando que la apoyan cinco partidos. La sigue Orrego con alrededor de 120,000 personas, y Gómez con 85,000 personas. (Como independiente, Velasco no tiene el apoyo explícito de militantes). En la Alianza, Allamand es quien convoca más militantes, con alrededor de 90,000 personas. Por su parte, Longueira cuenta con el apoyo de alrededor de 80,000 personas.

La distribución de militantes por candidato, sin embargo, no es un dato suficiente para explicar el resultado de la primaria. Pero es un dato necesario. El número de militantes sirve para identificar el punto de partida de cada candidatura. Los militantes son importantes porque no solo cuentan como un voto, también cuentan por su capacidad de movilizar otros votos. Ahora bien, militantes de algunos partidos movilizan más que militantes de otros partidos.

Si comparamos el número de militantes pro Bachelet con el número de militantes pro Orrego, parece haber una diferencia irreversible. Pero es probable que los militantes de los partidos que apoyan a Bachelet no logren movilizar a la misma cantidad de gente que lo que logren movilizar los militantes que apoyan a Orrego. Aun así, parece una carrera corrida. Si la DC moviliza dos veces el número de sus militantes recién iguala la base de militantes de Bachelet.

Por su parte, la ventaja de Allamand no es significativa. Si bien Allamand parte con alrededor de 10,000 militantes más, es sabido que la capacidad de movilización de la UDI es más eficaz que la capacidad de movilización de RN. La ventaja de Longueira es doble. No solo es probable que vote un porcentaje mayor de militantes UDI que militantes RN, pero que además las cúpulas de la UDI sean capaces de movilizar a más gente a su alrededor.

Ahora bien, los militantes solo representan aproximadamente 4% del padrón. Si suponemos que existen alrededor de 12,500,000 de independientes habilitados para votar, vemos que queda un amplio margen para que quienes parten con una base de militantes más baja puedan revertir su prospectiva. Éxito entre los independientes puede significar la diferencia entre un tercer y un segundo lugar en la oposición, o perder y ganar en la Alianza. Un discurso pro independientes es clave.

Para los independientes, lo decisivo son los issues. Algunos independientes votarán por quién ofrezca un cambio al sistema electoral, otros votarán por quién defienda el matrimonio heterosexual. Algunos votarán por quién ofrezca nacionalizar las aguas, otros votarán por quién no prometa educación gratuita. En particular, no tienen nada en común. Pero en lo general, son lo mismo. Un programa de centro con un issue clave puede inclinar la balanza.

Todo indica que los candidatos entienden esta necesidad. Los debates de la semana pasada mostraron que las primarias, a diferencia de lo convencional, están girando en torno al centro ideológico, y no en torno al centro de cada coalición. Incluso los candidatos que mueven a más militantes se han sumado a la estrategia. Mientras que Bachelet moderó su posición sobre la asamblea constituyente, Longueira presentó el concepto de “centro social”.

Los candidatos ganadores se diferenciarán de los candidatos perdedores por su capacidad de atraer a votantes independientes. Los candidatos solo pueden prescindir de los independientes si vota muy poca gente (menos de 500,000 por cada coalición). Longueira solo puede ganar la primaria en la medida que pueda entablar temas que les interesan a los votantes medios. Velasco solo podrá superar a Orrego si logra movilizar suficientes independientes.