Archivos de la categoría Elección Diputados 2017

Fichas: simulación legislativa, octubre 2017

La simulación legislativa es una proyección de los potenciales resultados de la elección de senadores y diputados.

¿Cómo la hacemos?

  1. Utilizamos la distribución de los resultados de las elecciones a concejales de 2016.
  2. Tomamos en cuenta el número de escaños disponibles en cada circunscripción y distrito para calcular el umbral mínimo de votos necesario para ser elegido.
  3. Consideramos evidencia anecdótica sobre fortalezas y debilidades de caudillos locales y candidatos independientes.

En las fichas se muestran los principales pactos, sus pronósticos y sus márgenes. El margen inferior indica el mínimo de escaños que anticipamos podrían conseguir y el superior indica el máximo. El total del margen superior indica los candidatos que son competitivos.

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Fichas: simulación legislativa, septiembre 2017

La simulación legislativa es una proyección de los potenciales resultados de la elección de senadores y diputados.

¿Cómo la hacemos?

  1. Utilizamos la distribución de los resultados de las elecciones a concejales de 2016.
  2. Tomamos en cuenta el número de escaños disponibles en cada circunscripción y distrito para calcular el umbral mínimo de votos necesario para ser elegido.
  3. Consideramos evidencia anecdótica sobre fortalezas y debilidades de caudillos locales y candidatos independientes.

En las fichas se muestran los principales pactos, sus pronósticos y sus márgenes. El margen inferior indica el mínimo de escaños que anticipamos podrían conseguir y el superior indica el máximo. El total del margen superior indica los candidatos que son competitivos.

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Chile Vamos debe ir en una sola lista legislativa

La derecha tiene una oportunidad histórica para ganar la elección presidencial y legislativa de Noviembre. A nivel presidencial las al menos cuatro candidaturas presidenciales de la centro izquierda (Enríquez-Ominami, Goic, Guillier, Sánchez) prometen facilitar la victoria de Piñera, y a nivel parlamentario sus correspondientes cuatro listas legislativas (Progresistas, Democracia Cristiana, ex Nueva Mayoría, Frente Amplio) prometen potenciar el número de escaños obtenidos por la derecha.

Las simulaciones electorales de Tresquintos muestran que incluso si todo sigue igual, la oportunidad sigue vigente. Es decir, en el escenario en que se repitieran las coaliciones de 2013, Chile Vamos aumentaría en cerca de 2% su presencia en la Cámara de Diputados. Pero de ahí en adelante toda división le es incrementalmente funcional. Si el PRO se asocia a los partidos remanentes de la Nueva Mayoría, Chile Vamos gana 2,4%; si el PRO se asocia al Frente Amplio, gana 5,7%; y si la Nueva Mayoría se divide en dos, gana 7%.

Al menos este era el auspicioso panorama para la coalición de derecha hasta hace un par de semanas, cuando comenzaron a trascender los rumores que podría haber una división en la coalición para la elección legislativa. Inmediatamente sonaron las alarmas, pues a simple vista suena como una estrategia contra-productiva, pues si Chile Vamos quiere ganar la elección ya se encuentra en el mejor escenario posible, y bajo cualquier lógica una división solo podría ser peor.

Las simulaciones de Tresquintos confirman esta idea. El hecho es que el peor de todos los escenarios posibles es precisamente el escenario en que Chile Vamos se divide. No solo es el único escenario en que pierden representación en el Congreso (disminuirían en 1,4%), pero además es el único escenario en que Chile Vamos cae bajo 40% del global, su piso histórico en el Congreso. Es decir, separarse no solo es una decisión mala, sino que es una decisión históricamente mala.

La pregunta, entonces, es por qué Chile Vamos considera la posibilidad de separarse ante esta sombría prospectiva. La respuesta está en los incentivos que algunos parecen ver en el nuevo sistema electoral proporcional moderado. Dado que los votos se distribuyen por lista y después por partidos (que en la práctica actúan como sub-pactos), los partidos grandes (UDI y RN) temen que los partidos pequeños (Evópoli y el PRI) les roben de escaños que normalmente ganarían.

Un ejemplo sirve para clarificar esta situación. Las simulaciones electorales para el distrito 8 (compuesto por los antiguos distritos 16 y 20) muestran que Chile Vamos conseguiría 3 escaños. Los primeros electos probablemente serían los dos titulares de la UDI (Lavín y Melero). El problema ocurre cuando se pasa a considerar el tercer escaño. Si Chile Vamos va unida, el tercero iría para Evópoli (probablemente Cruz-Coke). Pero si va separada, la UDI podría arrastrar al candidato de RN.

Si este ejemplo lo extrapolamos a todo el país se ve nítidamente por qué Chile Vamos perdería tantos escaños. La paradoja es que por un conflicto interno, donde la UDI y RN se buscan rascar sus propias espaldas, pierde todo el sector. Tiene sentido político, pues es atendible que los dos partidos tradicionales se quieran potenciar, pero no tiene sentido electoral, dado que si se considera el contexto político del momento (y no solo los incentivos del sistema electoral) es una elección particularmente favorable a ir unidos.

Hay bastante evidencia de que este es un camino que se está explorando con seriedad. El explosivo aumento de candidatos UDI y RN en las últimas semanas sugiere que los dos partidos tradicionales se están preparando para levantar su propia lista. De hecho, la lista de candidatos recopilada por Tresquintos sugiere que el total de candidatos de la UDI y RN (alrededor de 250) supera con creces el máximo legal posible por una lista (183).

Aún queda tiempo. Si Chile Vamos toma una decisión consciente, privilegiarán los resultados colectivos antes que a los resultados individuales. Están en un cruce histórico en que pueden ganar la elección con un contingente legislativo cercano a la mayoría. Si permanecen juntos, ganarán la elección presidencial y legislativa caminando. Si se separan, la decisión pasará a los anales de historia como la estrategia electoral más pobre de los últimos tiempos.

El precio de ME-O y el PRO

En los días que corren los candidatos presidenciales se pasean por el país presentando sus programas y acaparando la atención de los medios. Pero hay otras cosa que está ocurriendo tras bambalinas que a mi gusto es políticamente más relevante: se negocian las listas legislativas. Las coaliciones están envueltas en sendas negociaciones para determinar cuántos partidos conformarán sus listas y cuántos cupos obtendrá cada uno de ellos.

A partir de evidencia anecdótica, parece haber solo una coalición lista en esta materia: Chile Vamos. Si bien aun falta afinar algunos detalles sobre los cupos para cada uno de los partidos, los puntos de tope parecen ser relativamente menores. Al otro lado del centro, no hay nada claro. Falta ver si la Nueva Mayoría permanece unida o se divide en dos, y si el Frente Amplio sigue sumando partidos y movimientos a su  coalición o si cierra con lo que tiene.

Es en este escenario en el cual flota Marco Enríquez-Ominami y el Partido Progresista (PRO). No hay claridad si ME-O va ir como candidato presidencial por una tercera vez o si va apoyar a alguno de los otros candidatos presidenciales, como a Alejandro Guillier o Beatriz Sánchez. Asimismo no hay claridad si va levantar una lista legislativa propia o si va buscar pactar con alguna otra coalición, como la Nueva Mayoría (unidad o dividida) o el Frente Amplio.

Negociar con otros partidos tiene pros y contras, y ME-O lo sabe. Si habría negociado en 2013 habría llevado a su partido al gobierno. Podría haber disputado un escaño en el Senado en esa misma elección y haber asegurado su vigencia política hasta al menos 2022. No negoció, y logró mayor independencia para su partido, permitiéndole fortalecer liderazgos propios. Pero en retrospectiva, parece evidente que el primer camino era mejor.

La pregunta hoy, es cuál es el precio electoral de ME-O y el PRO. Es decir, qué utilidad tiene para otros partido pactar con ellos. Si ME-O y el PRO logran pactar con otros partidos, y los ayudan a significativamente incrementar su presencia en el Congreso, entonces el precio es alto, pues tienen mucho que ofrecer. En contraste, si logran pactar, pero no los ayudan a incrementar su presencia en el Congreso, entonces el precio es bajo.

Para estimar el precio de ME-O y el PRO, hice una simulación de la elección legislativa de 2017 con datos de las recientes elecciones de concejales (2016). Suponiendo que la Nueva Mayoría finalmente se dividirá, y la DC irá en una lista propia, hice una simulación base sumando en una lista a los partidos progresistas de la Nueva Mayoría y en otra a la DC. Después agregué a las otras grandes opciones a la operación: Chile Vamos, Frente Amplio, y el PRO.

El resultado de esa simulación base muestra que, considerando la distribución de votos a través de todas las listas, el PRO no obtendría ningún escaño, quedando marginado del Congreso. Esta idea inicial me conduce a pensar que tanto ME-O como el PRO deben estar más convencidos que nunca sobre la utilidad de pactar. La pregunta es ¿con quién? Y allí parece haber solo dos alternativas, negociar con los partidos progresistas de la Nueva Mayoría o con el Frente Amplio.

El cuadro de abajo muestra el resultado de una simulación si el PRO negocia con los partidos progresistas de la Nueva Mayoría. Muestra que el PRO le reportaría 10 escaños adicionales a la lista de los progresistas. Muestra que su entrada al pacto sería perjudicial para todos los otros partidos y coaliciones, pero en mayor medida para Chile Vamos, que perdería 7 escaños. También tendría un impacto sobre la DC, que podría quedar con solo 11 diputados.

El último cuadro muestra el resultado de la simulación si el PRO negocia con el Frente Amplio. En este escenario el PRO le reportaría 7 escaños adicionales a la lista que apoya a Beatriz Sánchez. A su vez, los que sufrirían la derrota más notoria sería los progresistas de la ex Nueva Mayoría, cayendo en 4 escaños sobre su base y dejándolos con menos de 40% de la Cámara Baja. Chile Vamos perdería 2 escaños y la DC perdería 1.

Los distritos en que el PRO podría aportar una votación útil a la lista de los partidos progresistas de la Nueva Mayoría, y ayudarlos a alcanzar 1 escaño adicional, son los siguientes:

D2, D6, D8, D9, D10, D12, D14, D15, D23, D25

Los distritos en que el PRO podría aportar una votación útil a la lista del Frente Amplio, y ayudarlos a alcanzar 1 escaño adicional, son los siguientes:

D4, D7, D10, D11, D12, D13, D14

Estas simulaciones sugieren que el PRO podría aportar entre 10 y 7 diputados a otras listas. En términos relativos podrían aportar a que las respectivas coaliciones aumenten el tamaño de sus bancadas entre 7% y 5%, sobre su base. (Hay que notar que estas son bases, y que pueden variar; en este artículo muestro cómo podría variar la votación del Frente Amplio, que en el papel obtiene 5 diputados pero en la práctica podrían ser hasta 14).

La pregunta que sigue, es ¿quién está dispuesto a negociar con el PRO para conseguir esos escaños adicionales? Si es entre las dos opciones sugeridas aquí, me parece que negociar un pacto con el Frente Amplio es mucho más atractivo en el papel, pero negociar un pacto con los partidos progresistas de la Nueva Mayoría es mucho más factible en la práctica. Aunque el PRO les puede aportar a ambos, tiene que trabajar con lo poco que tiene, e irse a la segura.

El Frente Amplio probablemente va decidir prescindir del PRO, y ser consecuente con construir un camino propio. Obtener solo 7 escaños adicionales a cambio de negociar con el PRO puede ser un mal negocio. En este sentido, sería fútil abrir una conversación con ellos, pues solo debilitaría aun más al ya alicaído ME-O. Abrir una conversación que termine con un portazo en la cara solo le bajaría el precio si es que le tienen que ir a tocar la puerta a los vecinos.

En contraste, con los progresistas de la Nueva Mayoría hay una mayor afinidad, pues no están las mismas barreras para negociar–sobre todo ahora que no está la DC. Obtener 10 escaños adicionales sin hacer mucho esfuerzo puede ser un buen negocio. En ese sentido, conviene más abrir esa conversación, y hacerlo cuanto antes, pues mientras más se acerca la elección más cae el precio en que se pueden vender.

ME-O y el PRO pudieron negociar en 2013 y no lo hicieron. No solo se auto-marginaron del Congreso, pero además se volvieron redundantes dentro del sistema político. Hoy pueden revertir esa situación mediante las negociaciones legislativas. Su fuerte está en ofrecer esos 10 (o incluso más) escaños a los partidos progresistas de la Nueva Mayoría, que llegan a la elección tambalenado. Si ME-O endosa incondicionalmente a Guillier, la negociación será un trámite.

El avance legislativo del Frente Amplio

Hoy muchos se ocupan de estimar las probabilidades de Beatriz Sánchez de aumentar en las encuestas, adelantar a Guillier, y pasar a segunda vuelta. En parte, se debe a la atención que la misma candidata ha logrado atraer por su buen desempeño en las encuestas (ver el pronóstico de Tresquintos aquí). Pero en parte se debe al interés que generaran sus escuderos, los dos políticos mejor evaluados del país: Gabriel Boric y Giorgio Jackson.

Ambos factores han confluido para alimentar al Frente Amplio e incrementar su probabilidad de obtener un buen resultado en la próxima elección. Si bien la coalición será evaluada por su resultado en las presidenciales, también es cierto que será juzgada por su resultado legislativo. Si a Beatriz Sánchez le va bien en la presidencial, pero a la coalición le va mal en la elección legislativa, el proyecto se podrá catalogar como un fracaso.

Por eso considero relevante anticipar el desempeño legislativo del Frente Amplio. En un artículo anterior simulé los resultados de la elección de 2017 considerando al Frente Amplio como una coalición compuesta por una combinación específica de partidos que compitieron en la elección de 2016. En este artículo uso esa simulación como base, y agregó algunas consideraciones adicionales para hacer un pronóstico para la elección de diputados.

Antes de comenzar hay que clarificar un par de cosas sobre el sistema electoral que se utilizará por primera vez en las próximas elecciones. Dado que los escaños (denotado aquí como n) se reparten en función al número de votos que obtiene cada lista (denotado aquí como k), podemos calcular el porcentaje mínimo de votos que una lista necesita alcanzar para obtener 1 escaño (aceptando que es posible ser elegido con menos):

1/(n+1)

Dado que sabemos que los distritos reparten entre 3 y 8 escaños, según el tamaño de su población, podemos hacer los cálculos de interés. Por ejemplo, en un distrito en que se reparten 3 escaños (el distrito más pequeño), el porcentaje de votos que se necesita alcanzar para obtener 1 escaño es 25%. Asimismo, en un distrito en que se reparten 8 escaños (el distrito más grande), el porcentaje de votos que se necesita alcanzar para obtener 1 escaño es 11,1%.

La siguiente Tabla muestra esta relación. La primera fila muestra cuántos votos necesita alcanzar una lista para conseguir 1 escaño. La segunda fila muestra cuántos votos necesita una lista para conseguir 2 escaños. Así sucesivamente. Por ejemplo, en un distrito donde se reparten 3 escaños una lista necesita 25% de los votos para conseguir 1 escaño, necesitan 50% para conseguir 2 escaños, y necesita 75% para conseguir 3 escaños.


Con los datos de las simulaciones y de los umbrales mínimos de votos para conseguir escaños podemos estimar el número de distritos en que cada lista logra obtener un escaño o más. Suena como una operación sencilla, pero no lo es. Es levemente más complejo de lo que parece, dado que es matemáticamente posible (e incluso bastante frecuente en sistemas proporcionales) obtener 1 escaño con menos del umbral mínimo.

Para hacer esta estimación, entonces, no solo hay que considerar si el porcentaje de votos por cada lista sobrepasa el umbral mínimo, sino que hay que estimar la distribución de votos considerando el desempeño electoral de todas las listas. Para dar un ejemplo útil: si se estima el número de distritos donde el Frente Amplio sobrepasa el umbral, logran elegir 2. Pero si se hace la misma operación considerando a todas las listas, logran elegir 5.

Por ende, lo que hay que calcular es la relación entre el porcentaje de votos del Frente Amplio (reportado en la simulación) y el umbral mínimo de votos (reportado en la Tabla anterior), considerando la distribución de votos entre todas las listas. Si se hace eso, podemos también dividir a los distritos en función a la probabilidad de que cada lista pueda obtener un escaño:

  1. Seguros: son distritos en que la lista sobrepasa el umbral
  2. Probables: son los distritos en que la lista está muy cerca de sobrepasar el umbral
  3. Cercanos: son los distritos en que la lista está cerca de traspasar el umbral

La siguiente Tabla sugiere que un rendimiento regular el Frente Amplio obtendría 6 escaños, con un mejor rendimiento obtendría 8 escaños, y con un buen rendimiento obtendría 14. La Tabla también muestra que el Frente Amplio es significativamente más fuerte en la Región Metropolitana que en cualquier otra región, pues allí obtiene la mitad de sus escaños. De los restantes, 5 vendrían del norte (distritos 1 a 7) y 2 vendrían del sur (distritos 15 a 28).

Los distritos (y los candidatos más fuertes, de acuerdo a la lista de candidatos de Tresquintos, disponible en la barra lateral izquierda de este sitio) en que el Frente Amplio lograría obtener 1 escaño en el norte son:

D1 (Vlado Mirosevic), D3 (Fernando San Román o Pablo Herrera), D5 (Bertrán Magallanes), D6 (Carlos Aguilar), D7 (Jorge Rauld o Jorge Brito)

Los distritos (y candidatos más fuertes) en que el Frente Amplio lograría obtener 1 escaño en la Región Metropolitana son:

D8 (Ricardo Camargo), D9 (Maite Orsini), D10 (Giorgio Jackson), D11 (Tomás Hirsch), D12 (Miguel Crispi), D13 (Juan Ignacio Latorre), D14 (Renato Garín)

Los distritos (y candidatos más fuertes) en que el Frente Amplio lograría obtener 1 escaño en el sur son:

D17 (Nataly Rojas), D20 (Cristián Cuevas o Camilo Riffo)

Como siempre, es importante subrayar que pasan muchas cosas entre una elección y otra, lo cual limita el rango de predicción que puedan tener las simulaciones. Pero los resultados avanzados aquí se pueden utilizar como una base para trabajar. Funcionan, entre otras cosas, como un referente para privilegiar recursos escasos. Naturalmente, a medida que nos acerquemos a la elección se irá actualizando el pronóstico.

Con ese disclaimer, mi intuición es que Frente Amplio no va obtener menos de 10 escaños y difícilmente va obtener más de 20. Pero, otra vez, debo advertir que no tengo una bola de cristal. El resultado finalmente va depender de la estrategia interna del Frente Amplio, y de lo que hagan los demás. Por ejemplo, las simulaciones no muestran una victoria de Gabriel Boric, pero es probable que logre ser reelegido, ya sea en su nativo D28, o en otro lugar.

Los perdedores de la DC

En un artículo anterior simulé la elección de diputados de 2017 bajo dos escenarios diferentes (uno en que la Nueva Mayoría se mantiene y otro en que se divide), con el propósito de determinar si a la DC le conviene mantenerse dentro de la Nueva Mayoría o ir en una lista propia.

Mostré que a la DC no le conviene ir en una lista propia, pues si lo hace perdería 8 diputados en términos absolutos, y perdería 9,1% en términos relativos. (A su vez mostré que la nefasta decisión indirectamente permitiría que Chile Vamos se consolidara como la principal fuerza legislativa).

En este artículo ahondo en ese tema y muestro dónde exactamente serían las victorias y las derrotas de la DC. Para comenzar, un poco de contexto. Hoy la DC tiene 17,5% de la Cámara de Diputados (lo que corresponde a 21 de 120 diputados). Los diputados están repartidos en los siguientes distritos:

D4 (Yasna Provoste), D5 (Matías Walker), D7 (Aldo Cornejo, Víctor Torres), D8 (Gabriel Silber), D10 (Claudio Arriagada), D11 (Jaime Pilowsky), D15 (Ricardo Rincón), D16 (Sergio Espejo), D17 (Pablo Lorenzini, Roberto León), D19 (Jorge Sabag), D20 (Marcelo Chávez, José Miguel Ortiz), D22 (Fuad Chahín, Mario Venegas), D24 (Iván Flores), D25 (Sergio Ojeda), D26 (Patricio Vallespín), D27 (Iván Fuentes), 28 (Juan Morano)

Para efectos de este análisis es importante mencionar que además de esta bancada, la DC tiene a dos ex-militantes (una que abandonó el buque hace años, y uno que abandonó el buque hace meses), que influyen en el resultado final de la elección, en los siguientes distritos:

D16 (Alejandra Sepúlveda), D23 (René Saffirio)

Si se cumple el segundo escenario, y la DC decide ir en una lista propia, y competir con las nuevas reglas del juego del sistema proporcional moderado, la simulación muestra que la DC mantendría o conquistaría 1 escaño en los siguientes distritos:

D5, D6, D7, D8, D9, D10, D14, D17, D19, D20, D23, D25, D26

Es decir, la DC mantendría los siguientes distritos:

D5 (Walker), D7 (Cornejo), D8 (Silber), D10 (Arriagada), D17 (León), D19 (Sabag), D20 (Ortíz), D25 (Ojeda), D26 (Vallespín)

Y conquistaría los siguientes distritos:

D6 (Daniel Verdessi), D9 (Cristián Bowen), D14 (Diego Calderón), D23 (Andrés Jouannet)

A su vez, la DC perdería los siguientes distritos:

D4 (Provoste), D7 (Torres), D11 (Pilowsky), D15 (Rincón), D16 (Espejo), D17 (Lorenzini), D20 (Chávez), D22 (Chahín, Venegas), D24 (Flores), D27 (Fuentes), 28 (Morano)

Sumando y restando, la DC pasaría de tener 21 diputados a tener 13 diputados. Pero 13 de 155! Es decir, pasaría de controlar 17,5% de la Cámara a controlar solo 8,4%. Sería la derrota más emblemática sufrida por un partido tradicional desde el retorno de la democracia.

Los datos calzan con la realidad. Primero, porque es probable que si la DC va sola no alcance los umbrales para obtener a más de un diputado en ningún distrito. Es decir que en los distritos donde le vaya bien, en el mejor de los caso, solo va lograr pasar los umbrales que permiten obtener 1 escaño.

Lo anterior implica que la DC solo ganaría un diputado en los distritos en que actualmente tiene dos (y en esos casos ganaría solo el más fuerte): D17, D20. Estos casos se suman al desastroso pronóstico para el D22, donde la DC perdería a sus dos titulares (al polemista Chahín y al desconocido Venegas).

Los datos también tienen sentido si se consideran factores coyunturales (Rincón no va a la reelección en el D15), factores electorales (Sepúlveda va dominar a los votantes moderados en el D16), y factores curriculares (la desventaja de los novatos en D4, D11, D16, D20, D24 y D28).

Todas esta evidencia es útil para que la DC tome una mejor decisión al momento de definir si quiere permanecer en la Nueva Mayoría o si quiere seguir un camino propio. Es cierto que todo puede cambiar a su favor, pero eso sería depender de suerte. En ese aspecto, les recomiendo mirar las probabilidades.

El éxodo electoral de la DC

Una pregunta que mantiene ocupado a los cientistas políticos hoy en día es ¿cómo quedará compuesto el Congreso de 2018-2022? Es interesante considerando que el nuevo sistema electoral  (proporcional moderado) tiene incentivos significativamente distintos al anterior (binominal).

Una teoría, la del statu-quo, sostiene que la Nueva Mayoría y Chile Vamos se mantendrán unidas como siempre y entre las dos se repartirán la mayor parte de los escaños. Esta teoría sostiene implícitamente que no habrá nuevos partidos o coaliciones relevantes.

Una segunda teoría, la de los tres tercios, sostiene que la Nueva Mayoría se dividirá en dos listas (una compuesta por los partidos progresistas: PPD, PS, PRSD, PC; y otra compuesta por la DC), Chile Vamos se mantendrá unida, y entre los tres se repartirán la mayor parte de los escaños.

Una tercera teoría, la de las cuatro esquinas, sostiene que la Nueva Mayoría se dividirá en dos listas (mencionadas arriba), Chile Vamos se mantendrá unida, y con una nueva lista, compuesta por los partidos del Frente Amplio (RD, MA, entre otros), los cuatros se dividirán la mayor parte de los escaños.

Naturalmente la composición del Congreso de 2018-2022 dependerá de cuántas listas competirán. Es imposible, por ejemplo, que se imponga la teoría de los tres tercios o la teoría de las cuatro esquinas si la Nueva Mayoría se mantiene unida. A su vez sería raro que se imponga la del statu-quo si la Nueva Mayoría se divide.

Ergo, considerando las distintas combinaciones estructurales, y las pistas que los partidos han dado a través de la prensa, la teoría que finalmente se imponga básicamente dependerá de dos escenarios excluyentes: (1) la Nueva Mayoría se mantiene unida, o (2) la Nueva Mayoría se divide en dos.

La forma más racional de tomar esta decisión (de mantenerse unida o de dividirse) normalmente sería anticipar los resultados electorales y tomar la ruta que más conviene en términos electorales, es decir la que promete un mejor retorno en escaños obtenidos.

Una forma de anticipar los resultados de una elección es simularla con datos de elecciones anteriores. Si bien no es la forma óptima de hacerlo—pues siempre ocurre una serie de hechos entre una elección y otra que al menos distorsiona en parte todo pronóstico—es la mejor que conocemos.

En lo que sigue muestro una simulación del resultado de la elección legislativa de 2017 usando datos de la elección de concejales de 2016. Pruebo distintas combinaciones de listas, jugando principalmente con la posibilidad de la Nueva Mayoría de mantenerse unida o de dividirse.

Los datos de la elección de concejales de 2016 son útiles porque: (1) es la elección más reciente, (2) el sistema electoral utilizado se asimila al proporcional moderado, y (3) la particular forma en que se dividieron los partidos en esa elección permite probar las combinaciones de interés.

En el escenario en que la Nueva Mayoría se mantiene unida, la simulación muestra que:

  1. Nueva Mayoría bajaría en 1,6% sus escaños.
  2. Chile Vamos aumentaría en 1,8% sus escaños.
  3. El Frente Amplio obtendría 5 escaños, equivalente a 3,2% de la Cámara baja.

En el escenario en que la Nueva Mayoría se divide, la simulación muestra que:

  1. Los partidos progresistas aumentarían en 2,3% sus escaños.
  2. La DC bajaría en 9,1% sus escaños, y sería la única lista que perdería en número absoluto de diputados, bajando su presencia en la Cámara de 22 diputados a 13.
  3. Chile Vamos aumentaría en 6,9% sus escaños.
  4. El Frente Amplio obtendría 5 escaños, equivalente a 3,2% de la Cámara baja.

Lo anterior no ayuda directamente a contestar cuál de las tres teorías finalmente se impondrá, pero sí sirve para que visualizar la información que los partidos necesitan saber para tomar su decisión. Hay varias conclusiones que sacar. Abajo menciono solo algunas de ellas:

  1. A la Nueva Mayoría le conviene mantenerse unida. Si se mantiene unida, se mantiene como la primera coalición en el Congreso. Si se divide, ninguna de las dos nuevas listas obtendría la mayoría.
  2. A Chile Vamos le conviene que se divida la Nueva Mayoría. Si la Nueva Mayoría se mantiene unida, Chile Vamos se mantendría como la segunda coalición en el Congreso. Si la Nueva Mayoría se divide, Chile Vamos se convertiría en la primera coalición del Congreso.
  3. A la DC le conviene ir en la lista de la Nueva Mayoría. Si la Nueva Mayoría se mantiene unida, la DC mantendría la mayor parte de sus escaños, y podría ganar algunos escaños adicionales. Si la Nueva Mayoría se divide, la DC perdería 8 diputados en términos absolutos, y perdería 9,1% en términos relativos.
  4. El éxito electoral del Frente Amplio es independiente a la decisión de la Nueva Mayoría de mantenerse unida o dividirse—en ambos casos obtiene 5 escaños, o alrededor de 3,2% de la nueva camada legislativa.

Todo esto hay que tomarlo con un grano de sal. Como mencioné anteriormente, muchas cosas pasan entre una elección y otra. Por ejemplo, la DC puede capitalizar sobre el electorado moderado de centro y ganar escaños en distritos grandes; o el Frente Amplio puede capitalizar sobre la división de la centroizquierda y ganar escaños en distritos divididos.

De hecho mi intuición es que la Nueva Mayoría va en declive, Chile Vamos va al alza, y que hay suficiente espacio para una nueva fuerza en el Congreso. También intuyo que esa tercera fuerza tiene más posibilidades de surgir a la izquierda del centro, dado que los partidos tradicionales de ese sector son los más golpeados por la contingencia.

Considerando las limitaciones de las simulaciones, los resultados sí son bastante lógicos. Y más importante, levantan una serie de preguntas y escenarios que nos dan pie para seguir con el análisis de escenarios. Algunas preguntas que se abordarán a partir de estos números tienen que ver con los distritos específicos donde ocurrirán las principales derrotas y victorias.

El Partido Comunista debe ser pragmático

Mañana viernes 21 de abril se abre el pleno del Comité Central del Partido Comunista (PC) para elegir a su candidato presidencial. Toda la evidencia anecdótica apunta a que proclamarán a Alejandro Guillier. Además de aquello, el pleno también buscará zanjar la decisión de colaborar con el Partido Progresista (PRO) en una lista parlamentaria conjunta.

Este proceso interno reafirma la noción de que el Partido Comunista es mucho menos ideológico de lo que algunos le gustaría y mucho más pragmático de lo que otros piensan. (Por cierto, la naturaleza del PC y su relación con la centroizquierda es un debate recurrente en al menos las últimas tres elecciones– como escribo aquí).

¿Qué duda cabe? El PC ya no es lo que era. No es es el PC de los 70s, no es el PC de los 90s, y no es el PC de los 2000s. Este nuevo PC es un partido dispuesto a conversar y debatir. Es un partido racional e instrumental. Es un partido que entiende que debe negociar para avanzar. Pero no ha sido fácil, es una lección que ha tenido costos.

Para muchos los años de gloria del PC fueron los noventas, cuando Gladys Marín estuvo a la cabeza de la colectividad. En esos años el leiv motiv del partido era avanzar sin tranzar. Evidencia de aquello es el currículum electoral de Marín. La ex Diputada (1969-1973) tuvo tres candidaturas fallidas tras el retorno a la democracia: en 1993 (#D8), 1997 (#SantiagoPoniente), y 1999 (presidencial).

Marín nuca fue elegida porque nunca quiso negociar. Siempre buscó mantener al partido como una herramienta ideológica, agresiva e inquisidora. En ese sentido, Marín dejó las idea en un segundo plano. No sorprende entonces que durante sus años a cargo del PC, el partido nunca ganó un escaño. Si algo logró, fue alienar a sus votantes.

El cambio vino cuando el partido comprendió la necesidad de moderar sus forma (aunque no necesariamente sus fondo). En 2009 negoció un trato electoral con la Concertación. En este pacto por omisión (donde la Concertación no llevó candidatos en algunos distritos) el PC logró volver al Congreso, al elegir a tres diputados (Carmona, Gutiérrez y Teillier), después de 37 años.

El PC profundizó su pragmatismo en 2013, al entender paradojalmente que la única forma de derrotar el sistema sería participando en el sistema. Un pacto total con la Concertación le permitió llevar más candidatos que nunca antes en las listas legislativas de la centroizquierda, y como consecuencia conseguir los mejores resultados electorales en más de cuatro décadas.

En solo dos periodos legislativos (ocho años) el PC logró entrar al sistema por primera vez y luego duplicar su presencia legislativa. Hoy cuentan con seis diputados: Cariola, Carmona, Gutiérrez, Núñez, Teillier, y Vallejo. Si la historia reciente les ha enseñado algo es que subirse al carro ganador oportunamente brinda beneficios.

En este caso subirse al carro ganador oportunamente significa apoyar al candidato presidencial favorito de la coalición más grande a la izquierda del centro: en este caso, Guillier y la Nueva Mayoría. Todo apunta a que esa es la fórmula mágica. De hecho, no solo podrían duplicar su bancada en la Cámara, pero además aspirar a un escaño en el Senado.

La tensión está puesta en el segundo de los puntos mencionados en la premisa: la negociación legislativa con el PRO. Si el PC busca negociar con un partido fuera de la Nueva Mayoría corta la racha que corre. Romper con un pacto que solo le ha brindado beneficios sería un error. La única forma de que esta negociaciones fueran fructíferas es si el PRO finalmente ingresa a la Nueva Mayoría.

Lo anterior es improbable por una serie de motivos, como por ejemplo la imposibilidad de cuadrar a todos los candidatos legislativos de esta potencial mega-coalición en una sola lista legislativa. Pero no es imposible. Si el PC logra ser el puente entre el PRO y la Nueva Mayoría será sin duda uno de los logros políticos más inesperados de los últimos tiempos.

Pero si finalmente es una decisión excluyente, como se anticipa, y el PC debe escoger entre (1) permanecer en la Nueva Mayoría o (2) colaborar con el Partido Progresista en una lista parlamentaria conjunta, debe escoger lo primero. Debe ser pragmático. Debe escoger el camino que a todas luces le promete mejores resultados electorales.