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Conflictos reales y artificales

Publicado en La Tercera

Recientemente la candidata de la DC, Carolina Goic, acusó al candidato del PPD-PS-PR-PC-IC, Alejandro Guillier, de izquierdizarse tras nombrar a una “chica” comunista, Karol Cariola, como Jefa de Comunicaciones de su equipo de campaña. Esta correcta y normalmente intrascendente declaración comenzó una batahola de proporciones relativamente épicas que aparentemente dejó a los dos bandos en la situación política más delicada desde el comienzo del ciclo electoral. Hay al menos dos teorías que pueden ayudar a esclarecer por qué comenzó el conflicto y a explicar por qué probablemente seguirá.

Una primera teoría es estructural y tiene que ver con las razones ideológicas que utiliza la DC para fundamentar su decisión de llevar a una candidata de sus filas a la elección presidencial y de levantar una lista parlamentaria propia a la elección legislativa. Esta teoría tiene sentido porque la DC busca instalarse en un espacio de centro que solo podrá ocupar si logra desplazar a Guillier y el bloque progresista hacia la izquierda. Por ende encasillar a Guillier en la izquierda es primordial, pues es la única forma en que la DC podrá naturalmente clamar el centro, que tradicionalmente le ha pertenecido, y que le es fundamental para poder competir.

Esta teoría también tiene sentido porque explica por qué la reacción del bloque progresista no se hizo esperar. La respuesta es sencilla: el espacio de centro que clama la DC es tan importante para Goic como para Guillier. Para ambos es un nicho de votantes críticamente funcional para cumplir con sus objetivos primarios. En el caso de Goic, contar con ese electorado es esencial para tener una presentación digna en la elección, mientras que para Guillier obtener apoyo de ese conjunto de votantes es fundamental para poder pasar a segunda vuelta y tener una oportunidad de derrocar a su principal adversario.

No necesariamente es la mejor estrategia, pero a estas alturas al parecer es la única. Goic está obligada a polemizar con Guillier para poder diferenciarse. Si es que no logra cortar las raíces que unen a los Demócrata Cristianos con los socialistas, el sueño de la casa propia se derrumbará más rápido de lo que se derrumbó la candidatura de Ricardo Lagos Escobar. De hecho, esta teoría no solo permite haber anticipado las declaraciones de Goic, pero además incrementa la probabilidad de que situaciones similares sigan ocurriendo. El desembarco del camarada Burgos en la campaña de Goic confirma esta noción.

Una segunda teoría es coyuntural y tiene que ver con motivos estratégicos que utiliza la DC para contrarrestar el efecto negativo que implica la decisión de no participar en las primarias legales que entre otras cosas considera una franja televisiva de alcance nacional. Esta teoría tiene sentido dado que es probable que la ya débil posición de Goic en la carrera presidencial se vea aún más afectada al saltarse las primarias, sino es que no mete suficiente ruido. Pues si no lo hace, arriesga ser sepultada por una avalancha de propaganda que los demás candidatos estarán emitiendo constantemente a través de la segunda quincena de junio.

Esta teoría tiene sentido porque el objetivo central de Goic es darse a conocer. Es la única forma para aumentar en las encuestas de intención de voto. Si la gente no la conoce, no va votar por ella. Y qué mejor forma de darse a conocer que por medio de la polémica artificial. Aunque a veces la polémica es mal evaluada por la ciudadanía, siempre es cubierta por los medios – sobre todo en ciclos electorales. En este sentido, no solo es el camino más rápido, pero también el más seguro. Al no ser una candidata popular, generar conflictos artificiales parecer ser la única forma para tratar de nivelar la cobertura.

Lo anterior sugiere que el conflicto entre la DC y el bloque progresista solo comienza. De hecho es probable que este tipo de polémicas – que comienzan con temas tan inocuos como la utilización de una caracterización ideológica o un apodo – aumenten a medida que aumente la presencia de los candidatos rivales en los medios. Por cierto, a esta altura del partido pareciera que generar conflictos artificiales es la única forma para compensar por la mala decisión de no participar de un proceso de primarias que no solo asegura un foro para darse a conocer a lo largo y ancho del país sino que además es financiada por el Estado.

Ambas teorías – la estructural y la coyuntural – son plausibles, y probablemente complementarias. Es probable que Goic y la DC actúen tanto por razones ideológicas como por motivos estratégicos. La única diferencia es que la primera teoría explica las diferencias de fondo de la DC con el bloque progresista y permite entender por qué ambos bandos llegan distanciados a la elección. El problema que queda por resolver es si los conflictos artificiales serán suficientes para poder solucionar el problema de fondo. La evidencia parece indicar que no, que la suerte está echada y que ni Goic ni la DC obtendrán el resultado que añoran.

El Partido Comunista debe ser pragmático

Mañana viernes 21 de abril se abre el pleno del Comité Central del Partido Comunista (PC) para elegir a su candidato presidencial. Toda la evidencia anecdótica apunta a que proclamarán a Alejandro Guillier. Además de aquello, el pleno también buscará zanjar la decisión de colaborar con el Partido Progresista (PRO) en una lista parlamentaria conjunta.

Este proceso interno reafirma la noción de que el Partido Comunista es mucho menos ideológico de lo que algunos le gustaría y mucho más pragmático de lo que otros piensan. (Por cierto, la naturaleza del PC y su relación con la centroizquierda es un debate recurrente en al menos las últimas tres elecciones– como escribo aquí).

¿Qué duda cabe? El PC ya no es lo que era. No es es el PC de los 70s, no es el PC de los 90s, y no es el PC de los 2000s. Este nuevo PC es un partido dispuesto a conversar y debatir. Es un partido racional e instrumental. Es un partido que entiende que debe negociar para avanzar. Pero no ha sido fácil, es una lección que ha tenido costos.

Para muchos los años de gloria del PC fueron los noventas, cuando Gladys Marín estuvo a la cabeza de la colectividad. En esos años el leiv motiv del partido era avanzar sin tranzar. Evidencia de aquello es el currículum electoral de Marín. La ex Diputada (1969-1973) tuvo tres candidaturas fallidas tras el retorno a la democracia: en 1993 (#D8), 1997 (#SantiagoPoniente), y 1999 (presidencial).

Marín nuca fue elegida porque nunca quiso negociar. Siempre buscó mantener al partido como una herramienta ideológica, agresiva e inquisidora. En ese sentido, Marín dejó las idea en un segundo plano. No sorprende entonces que durante sus años a cargo del PC, el partido nunca ganó un escaño. Si algo logró, fue alienar a sus votantes.

El cambio vino cuando el partido comprendió la necesidad de moderar sus forma (aunque no necesariamente sus fondo). En 2009 negoció un trato electoral con la Concertación. En este pacto por omisión (donde la Concertación no llevó candidatos en algunos distritos) el PC logró volver al Congreso, al elegir a tres diputados (Carmona, Gutiérrez y Teillier), después de 37 años.

El PC profundizó su pragmatismo en 2013, al entender paradojalmente que la única forma de derrotar el sistema sería participando en el sistema. Un pacto total con la Concertación le permitió llevar más candidatos que nunca antes en las listas legislativas de la centroizquierda, y como consecuencia conseguir los mejores resultados electorales en más de cuatro décadas.

En solo dos periodos legislativos (ocho años) el PC logró entrar al sistema por primera vez y luego duplicar su presencia legislativa. Hoy cuentan con seis diputados: Cariola, Carmona, Gutiérrez, Núñez, Teillier, y Vallejo. Si la historia reciente les ha enseñado algo es que subirse al carro ganador oportunamente brinda beneficios.

En este caso subirse al carro ganador oportunamente significa apoyar al candidato presidencial favorito de la coalición más grande a la izquierda del centro: en este caso, Guillier y la Nueva Mayoría. Todo apunta a que esa es la fórmula mágica. De hecho, no solo podrían duplicar su bancada en la Cámara, pero además aspirar a un escaño en el Senado.

La tensión está puesta en el segundo de los puntos mencionados en la premisa: la negociación legislativa con el PRO. Si el PC busca negociar con un partido fuera de la Nueva Mayoría corta la racha que corre. Romper con un pacto que solo le ha brindado beneficios sería un error. La única forma de que esta negociaciones fueran fructíferas es si el PRO finalmente ingresa a la Nueva Mayoría.

Lo anterior es improbable por una serie de motivos, como por ejemplo la imposibilidad de cuadrar a todos los candidatos legislativos de esta potencial mega-coalición en una sola lista legislativa. Pero no es imposible. Si el PC logra ser el puente entre el PRO y la Nueva Mayoría será sin duda uno de los logros políticos más inesperados de los últimos tiempos.

Pero si finalmente es una decisión excluyente, como se anticipa, y el PC debe escoger entre (1) permanecer en la Nueva Mayoría o (2) colaborar con el Partido Progresista en una lista parlamentaria conjunta, debe escoger lo primero. Debe ser pragmático. Debe escoger el camino que a todas luces le promete mejores resultados electorales.

Nueva Mayoría: fecha de caducidad

Publicado en La Tercera

Durante el primer año en el poder, los partidos de la Nueva Mayoría lograron pasar una serie de proyectos de ley que ensalzaron a la coalición como la más poderosa desde la vuelta a la democracia. Nunca hubo un gobierno que tuviese tantos votos en el congreso, y que pudiese legislar sin el visto bueno de la oposición.

Hoy, la situación es radicalmente distinta. Muchos sugieren que la exitosa coalición se derrumba en cámara lenta. Dicen que la voluntad de los partidos para coalicionar en la elección de 2013 ya no existe. Indican que la tortuosa relación entre los dos partidos extremos—la Democracia Cristiana y el Partido Comunista—es la principal culpable. Sobran razones para pensarlo.

Hace algún tiempo, el líder fáctico de la DC, Gutenberg Martínez, advirtió que la Nueva Mayoría no era más que un acuerdo político-programático con fecha de caducidad, generando el primer oleaje de rumores. Hace solo una semana, el presidente del PC, Guillermo Teillier, amenazó con abandonar la coalición e incluso salir a la calle a protestar si el gobierno renunciaba al programa.

Manejar la relación política entre ambos partidos ha probado ser una tarea compleja. La líder de la coalición, Michelle Bachelet, ha tenido que dar y quitar para mantener a ambos partidos en la coalición. En el primer año, la Presidenta privilegió al PC, implementando una agenda progresista. Pero hace poco dio un vuelco hacia la DC, moderando las reformas y adoptando una perspectiva “realista”.

Este complejo vaivén es lo que sugiere el eventual quiebre. Es difícil pensar que el poder se pueda distribuir pendularmente, entre la DC y el PC, de forma estable. No solo es ineficiente gobernar de forma progresista un año y de forma moderada el próximo, sino que es un método de gobierno ineficaz si se pretende lograr metas a largo plazo.

Ahora bien, aunque los rumores de quiebre de la Nueva Mayoría son fundadas, también hay razones para pensar que la coalición podría seguir adelante. La interacción entre el sistema electoral y el sistema de partidos mantiene los incentivos para formar coaliciones. Incluso, lo más probable es que en las próximas elecciones existan más partidos y más coaliciones que nunca antes.

Ergo, la pregunta relevante es: ¿cuál será la distribución de los partidos en coaliciones a la izquierda del centro? Hay al menos tres escenarios plausibles. El primero es que la Nueva Mayoría se mantenga intacta, y repita la alineación titular de 2013. El segundo escenario es que la DC compita por sí sola en el centro, y el tercer escenario es que el PC se desprenda hacia la izquierda.

Entre estos tres escenarios, la opción de mantener la alineación titular de la Nueva Mayoría es la más probable. Caballo que gana repite. Al fin y al cabo, los partidos han logrado pasar reformas importantes, y los problemas parecen ser solucionables. Las disputas entre las cabecillas tienen más forma de bluffs para ganar tiempo y espacio para fijar la agenda de la coalición.

Pero el escenario de la DC en el centro también tiene sentido. Principalmente porque significaría volver a su lugar natural. Dado que el partido fue fundado en el centro, sería una decisión que las elites podrían fácilmente explicar a los militantes. Además, tendría sentido que los partidos más progresistas de la actual coalición operaran desde su propio nicho.

El tercer escenario es que el PC siga su propio camino. Tiene sentido, pues con el nuevo sistema electoral ya no tendrán la misma dificultad para acceder al congreso. Podrán fácilmente mantener a sus seis diputados sin la necesidad de tener que transar sus principios ideológicos. Asimismo, la DC junto a los socialistas podrán retomar el pacto que los hizo la coalición más exitosa de los noventas en la región.

En definitiva, si bien los rumores de un quiebre en la Nueva Mayoría tienen fundamentos, en ningún caso sería un quiebre total. En el peor de los casos uno de los partidos extremos abandona el buque. Incluso, si cualquiera de los dos lo hace, la Nueva Mayoría tendría más coherencia de la que tiene hoy. Es decir, se transformaría en una verdadera coalición progresista, o volvería a sus raíces.

Algo huele mal

Publicado en Tele 13

Hace menos de un mes se reveló que Penta no habría sido la única empresa financiando política de forma irregular. Una filtración a la prensa reveló una lista de 39 personas relacionadas a campañas políticas que habrían emitido boletas a la empresa Soquimich. La normal, frente a esta situación habría sido que la Fiscalía investigara a ambas empresas con el mismo ánimo, provisto la similitud de las irregularidades.

El problema es que eso no ha sucedido. La agencia encargada de querellarse, el SII, no ha tratado a Soquimich de la misma forma que trató a Penta. Como contexto, el SII es administrativamente dependiente del poder ejecutivo, pues el director del SII es nombrado por la Presidenta de la República. En este caso particular, el director es Michael Jorratt, quien a su vez fue jefe de finanzas en la campaña presidencial de Bachelet en 2013.

Eso podría explicar la asimetría en el trato a ambas empresas. Pues hasta el momento, todo indica que la relación entre Penta y la oposición equivale a la relación entre Soquimich y el gobierno. Es decir, las boletas que habrían extendido candidatos de la Alianza a Penta para financiar sus campañas electorales serían un espejo de las boletas que habrían extendido candidatos de la Nueva Mayoría a Soquimich para financiar sus propias campañas electorales.

La teoría, entonces, es que el poder ejecutivo esta frenando la investigación por medio del SII.

Antes de entrar de lleno en esta teoría, es importante mencionar que lo de Penta es efectivamente lo mismo que lo de Soquimich. La evidencia sugiere que ambas empresas financiaron campañas de forma irregular y constante en la elección de 2013. Incluso hay indicios que sugieren que el mecanismo de traspaso de dinero se extendería a varias elecciones anteriores.

Sin embargo, la justicia ha sido más deferente con Soquimich que con Penta. Primero, Soquimich ha sido tratado como una arista del caso Penta, y no como un caso en sí. Esto es un problema, pues la información sugiere que Soquimich habría emitido más boletas y por más tiempo. Segundo, el periodo que se investiga a Penta es significativa mayor al periodo que se investiga a Soquimich. Solo se han mirado boletas relacionadas a Soquimich en Julio de 2009.

Lo más probable es que si se amplía el periodo de investigación en Soquimich aparecerán más personas involucradas. Si bien las boletas apuntan a que las personas involucradas en Soquimich son en buena parte candidatos relacionados con el gobierno, no sería una sorpresa que surgen varios nombres relacionados con la oposición. Sobre todo si se considera que Soquimich es controlado por personas políticamente ligadas a la derecha.

La única salida a este problema, es que la Fiscalía investigue ambos casos. Sin embargo, para aquello, el ente afectado debe presentar una querella para ampliar el periodo de investigación. En corto, el SII debe presentar una moción para que la Fiscalía investigue la relación entre Soquimich y candidatos en un periodo significativamente mayor al que actualmente se investiga.

Este es el meollo del asunto. Si Jorratt no persigue la investigación activamente, no habrán sanciones. Incluso se corre el riesgo de que los ilícitos más antiguos proscriban ante la ley. Esto pone a Jorratt en una situación compleja, dado que su posición es naturalmente dependiente de quienes debe investigar. No hay dos lecturas. Aunque la Fiscalía tenga buena voluntad, no puede actuar sin el visto bueno de Jorratt.

El director del SII posee las misma facultades para actuar contra Soquimich que las que tuvo para actuar contra Penta. La única diferencia entre ambos casos, según sugiere la evidencia, es que Soquimich estaría ligada a su propia coalición. Y más importante, los resultados de su querella podrían ser personalmente contraproducentes. Pues, como jefe de finanzas de Bachelet en 2013 sabe exactamente cómo se financió la campaña.

Para muchos, investigar a Soquimich abre una caja de pandora. Sin embargo, eso es solo cierto para los que no participaron en campañas electorales. Es ingenuo pensar que los mismos candidatos no saben el origen de su financiamiento electoral. Eso explica el silencio transversal en la clase política, con algunas excepciones, sobre el rol del SII en la investigación. Saben que si cae uno, caen todos.

Los que fueron financiados de forma irregular por Soquimich naturalmente no quieren que se investigue. Para ellos, la solución optima es un perdonazo. Y eso depende, en esencia de Jorratt y el SII. La salida para ellos esa ofrecer a los que ya han caído, principalmente los controladores de Penta y los candidatos de la UDI, como ofrenda, y esperar que las comisiones hagan su trabajo para instalar una nueva legislación. Un borrón y una cuenta nueva.

El dilema es que si la investigación se detiene con Penta, las instituciones no habrán funcionado. Si no se investiga a cabalidad el rol de Soquimich en el financiamiento irregular a los candidatos, las instituciones habrán fallado. En contraste, en una democracia en la cual las instituciones funcionan, si hay evidencia de ilícitos, sobre todo en el sector público, las partes afectadas toman parte activa en la investigación.

Bachelet debe ejercer su rol democrático y pedir que todos los ilícitos se investiguen de igual manera y con la misma fuerza. La Presidenta debe permitir que las instituciones funcionen. No puede obstaculizar una investigación por el simple hecho de que personas asociadas a su gobierno hayan actuado por fuera de la ley. Los partidos políticos se deben sumar a este esfuerzo. Quienes no son parte de la solución, son parte del problema.

 

El Semáforo (9 de noviembre – 16 de noviembre, 2013)

Publicado en La Tercera

El Acierto

La estrategia de Bachelet. Hizo una campaña casi perfecta, desde el comienzo hasta el final. Si bien partió con una ventaja importante, su mérito fue mantener la brecha. Un trabajo que tendrá su recompensa en la urnas. La ex presidenta hizo todo bien para proteger el primer lugar, desde que aceptó la nominación en Marzo hasta que cerró la campaña en Noviembre. Participó en primarias constructivas, no polemizó con sus rivales, creó un relato de campaña coherente con las demandas ciudadanas y presentó un programa simple pero profundo.

La Sorpresa

Las candidaturas de Enríquez-Ominami y Parisi. Considerando el dominio electoral de la Alianza y la Nueva Mayoría, pocos habrían imaginado que cualquiera de los dos constituiría una amenaza para Matthei o Bachelet. Aun con el rechazo popular a las grandes coaliciones, pocos habrían anticipado que cualquiera de los dos influiría en la elección del próximo presidente. Pero han sido protagonistas, qué duda cabe. Se ha especulado que solo Enríquez-Ominami podría prevenir la elección de Bachelet en primera vuelta, y que solo Parisi le podría ganar a Bachelet en la segunda.

El Error

La nominación de Matthei. Es probable que Allamand, Golborne o Longueira hubieran sido más competitivos que ella. Particularmente los dos primeros, que siempre obtuvieron índices de intención de voto más altos. El nivel de rechazo de la ex Ministra del Trabajo debió haber sido considerado una advertencia para las cúpulas de su coalición. Especialmente para los dirigentes de la UDI, que tuvieron la misión de seleccionar al candidato definitivo. Frente a una rival tan popular como Bachelet, tendrían que haber endosado a una persona más liberal y carismática. 

El Semáforo (2 de noviembre – 9 de noviembre, 2013)

Publicado en La Tercera

El Acierto

El desembarco de Cecilia Morel en la campaña de Matthei. Tras un mes en el ojo del huracán, la candidata de la Alianza recibió el mejor apoyo posible desde La Moneda. Al ser endosada por la persona más popular del gobierno, logró asegurar el respaldo de todo su sector.

La Sorpresa

El desplome de Parisi. Aunque las encuestas solo muestran una leve baja en su intención de voto, sus últimas presentaciones auguran algo peor. Hace un mes todo apuntaba a que llegaría tercero, tras Matthei; hoy se especula que podría llegar cuarto, tras Enríquez-Ominami.

El Error

Los paños fríos de Soledad Alvear a las expectativas que genera Bachelet. Tras dos meses celebrando encuestas, la senadora relativizó el éxito que podría tener su programa de gobierno. Mal, considerando que necesita hacer justamente lo contrario: incentivar el voto legislativo.

El Semáforo (26 de octubre – 2 de noviembre, 2013)

Publicado en La Tercera

El Acierto

La parsimonia de Bachelet. Al transmitir confianza en que será elegida en la próxima elección, la ex presidenta comenzó a cerrar su estrategia de campaña. Al huir del intercambio con los otros candidatos en los debates, consolidó la noción que su victoria es prácticamente un hecho.

La Sorpresa

El cambio de táctica de Parisi. Después de dos semanas de intensos dimes y diretes, el independiente trató de dar un giro hacia las ideas. Con la publicación de su programa, intentó desmentir la opinión de quienes lo han etiquetado como un populista. Una sorpresa, considerando que se hizo conocido generando polémica.

El Error

La estrategia agresiva de Enríquez-Ominami. Con los emplazamientos de Matthei y las interpelaciones de Parisi, el candidato del PRO fue el que perdió más protagonismo. Al usar los debates para criticar a los otros candidatos, se movió del plano de las ideas al plano de la coyuntura. Una táctica que siempre ha criticado.

Cambio de táctica

Publicado en La Tercera

A menos de tres semanas de la elección presidencial, se realizaron los dos debates de Anatel. Fueron los primeros televisados en que participaron los nueve candidatos, y los últimos antes del 17 de Noviembre. Los debates estuvieron marcados por la definición táctica de los candidatos. Particularmente la de los más populares. Mientras que Bachelet trató ahondar en sus propuestas para mantener su margen de favoritismo, Matthei intentó reposicionar su candidatura para reconquistar al votante de derecha. Mientras que Parisi buscó desligarse del populismo y la coyuntura, Enríquez-Ominami intentó generar contrastes y ganar terreno perdido en las últimas semanas.

Mientras que algunos candidatos consolidaron su táctica, la mayoría decidió cambiarla. Fue evidente en la forma en que cada candidato se relacionó los otros candidatos y en la forma en que utilizaron los espacios diseñados para responder menciones. El hecho es que bajó el número de veces que un candidato emplazó o interpeló a otro candidato. En ambos debates, Matthei solo nombró a Bachelet dos veces, y Parisi solo nombró a Matthei una. También bajó la intensidad de las criticas personales. Cuando sí hubo una mención de un candidato a otro, tendió a estar enfocada en las ideas y programas de la contraparte más que en sus características personales.

Bachelet estuvo entre quienes mantuvieron su táctica. Llegó al primer debate solo horas después de figurar en el solitario primer lugar de intención de voto en la prestigiosa encuesta CEP. Con una victoria prácticamente asegurada, la ex Presidenta se trató de mantener alejada de las criticas de los demás. Aunque fue mencionada varias veces en ambos debates, evitó interactuar. Buscó aislar y proteger su margen de favoritismo. Aunque la mayoría de sus intervenciones cayeron en ambigüedad (como los relacionados con su propuesta de una nueva Constitución), fueron lo suficientemente efectivas como para prevenir abrir un flanco vulnerable a pocos días de la elección.

Por su parte, Matthei buscó revertir la noción de que está técnicamente empatada con Parisi. Tras emplazar varias veces al independiente en el transcurso de las últimas semanas, la ex Ministra de Trabajo finalmente volvió al plano de las propuestas. Aunque tuvo la oportunidad de ejemplificar las diferencias entre su opción y las del independiente, decidió concentrarse en responder las preguntas de los periodistas. Solo se salió del libreto una vez en el primer debate, para mencionar la responsabilidad de Bachelet en la supervivencia de un proyecto de ley. No hay duda que su nueva táctica le dará más frutas que la que utilizó en las últimas semanas.

Parisi también cambió de táctica. Reemplazó la estrategia de criticar a sus adversarios por una estrategia enfocada en difundir propuestas. Al presentar su programa de gobierno el mismo día del primer debate, dejó entrever que en las semanas que siguen se enfocará más en ideas que en peleas de pasillo. Al remitirse a contestar las preguntas de los periodistas, buscó eliminar la idea que su candidatura no es más que un fenómeno que gravita alrededor de la coyuntura. Aunque logró despejar varias dudas, no pudo hilar un relato convincente. Si bien justificó su motivación para ir en contra del sistema, no logró clarificar los medios con los cuales gobernaría.

Enríquez-Ominami también inauguró táctica. Aunque se preocupó de difundir las ideas de su programa de gobierno, también entró por primera vez a la pelea chica. Hizo numerosas y detalladas referencias a sus propuestas, pero también fue el candidato que más mencionó a candidatos rivales. Mientras que en el primer debate se mantuvo relativamente alejado de los emplazamientos e interpelaciones, en el segundo debate mencionó a Matthei y a Parisi en 4 de sus cinco intervenciones. Sin duda una estrategia necesaria para tratar de alcanzar a cualquiera de los dos en las encuestas.

Los otros candidatos no desperdiciaron la oportunidad de definir sus propias tácticas. La mayoría usó a los candidatos más populares para generar impacto. Fue el caso de Claude, por ejemplo, que nombró a Bachelet en la primera intervención de la primera noche, o el caso de Jocelyn-Holt, que criticó la labor de Bachelet en las horas que rodearon el 27F. Asimismo, Israel aprovechó de ligar a la ex presidenta a un diputado formalizado por estafa, y Miranda usó su tiempo, como ya es costumbre, para manifestarse en contra de todos los demás, con especial mención para Bachelet y Matthei.

El contenido y el ritmo de ambos debates surgiere una de dos cosas. La primera es que el formato apaciguó los ánimos. Al no disponer de derecho a réplica inmediata, los candidatos optaron por evitar confrontaciones. En vez de hacer una critica y controlar la dirección del daño con una contra-réplica, optaron por enfocarse en temas programáticos que los podrían reposicionar en el plano de las ideas. Por su puesto, esto implica que bajo otro formato de debate no hubiesen dudado en emplear una táctica más agresiva. También implica que tras los debates de Anatel continuarán los emplazamiento de Matthei a Bachelet, y la interpelación de Parisi a Matthei, entre otros.

El relativo relajo en el debate Anatel también puede sugerir que los candidatos cambiaron sus tácticas de cara a las últimas dos semanas de campaña. Si es así, es razonable suponer que los candidatos decidieron cambiar su estrategia ofensiva por una estrategia programática porque les conviene. En esa línea, es probable que dispongan de información que muestra que los emplazamientos de Matthei y las interpelaciones de Parisi, por ejemplo, fueron mal evaluados por los votantes. Aquello implica que al adoptar tácticas agresivas estaban perdiendo más votos de los que estaban ganando. También implica que en las semanas que vienen habrá un fuerte giro hacia un debate programático.

El Semáforo (19 de octubre – 26 de octubre, 2013)

Publicado en La Tercera

El Acierto

El uso de los minutos en la prensa de Parisi. Tras las acusaciones de Matthei, el candidato independiente supo usar los medios para aumentar su nivel de conocimiento. Irrelevante del contenido de su mensaje, logró llegar a personas que no lo tenían en el mapa.

La Sorpresa

El anuncio de la presentación del programa de Bachelet. Al ceder ante las criticas, el comando de la ex presidenta decidió permitir que se compare la popularidad de la candidata con la popularidad de sus propuestas. Una decisión correcta, pero arriesgada para quien lleva la delantera.

El Error

La salida de libreto de Matthei. Al acusar a Parisi de tener deudas laborales, la candidata de la Alianza potenció a la única persona que la amenaza en las encuestas. Aunque fue una denuncia éticamente correcta, fue un error de principiante en términos de estrategia de campaña.

La victoria pírrica de Matthei

Publicado en La Tercera

El comidillo político de la semana ha sido el intenso debate, de idas y vueltas, entre Evelyn Matthei y Franco Parisi. Todo comenzó cuando Matthei emplazó vía medios de comunicación a Parisi a pagar una deuda previsional que tiene con los empleados de los colegios que administraba. En una serie de dimes y diretes se ha disputado la veracidad de la acusación. Parisi finalmente aceptó pagar todas las cotizaciones que debe. Lo que aun no está claro es por qué el tema explotó ahora, varios meses después de ser pública la deuda que aqueja Parisi.

Una teoría es que Matthei emplazó a Parisi porque el independiente la está alcanzando en las encuestas. En este marco, tiene sentido que Matthei se enfrente a Parisi porque necesita desprestigiarlo para ampliar la brecha que los separa en las encuestas. El resultado lógico sería que al hacer la acusación Matthei ganaría un par de puntos por denunciar una mala practica laboral, y Parisi perdería un par de puntos por revelar su condición de empleador abusivo. El desenlace sería que Matthei pasaría a segunda vuelta y Parisi no.

Una teoría alternativa es que Matthei emplazó a Parisi sencillamente porque se enfadó. En este marco, tiene sentido que Matthei se enfrente a Parisi porque frente a la presión de ser alcanzada una reacción natural sería interpelarlo para desenmascarar la mala practica. A diferencia de la primera teoría, el resultado lógico sería justamente lo contrario.  Al ser una salida de casillas, y no un ataque preparado, Matthei perdería un par de puntos por ser agresiva, y Parisi ganaría un par de puntos por sus minutos en los medios.

Es importante dilucidar cuál de las teorías expuestas arriba es la correcta. Es la diferencia entre presenciar una carrera cerrada por el segundo lugar, y una lucha imaginaria por pasar a la segunda vuelta. Evidentemente a Matthei le conviene la primera teoría, y a Parisi le conviene la segunda teoría. Si fue un ataque preparado, entonces Matthei tiene información que la repercusión en la prensa finalmente hundirá a Parisi. Si no fue un ataque preparado, entonces Matthei arriesga haberle hecho publicidad a su principal rival.

La evidencia parece ser contundente. El tema explotó ahora, varios meses después de ser pública la deuda que aqueja Parisi, porque Matthei se salió de casillas. No fue un ataque programado. No hubo un calculo político. Matthei tiene un historial de salirse del camino para ir en cruzadas personales. Fue lo que pasó, por ejemplo, con el emplazamiento a Bachelet en 2011 por el rechazo a la Ley de Presupuesto, o con la diputada Marta Isasi en el norte. Matthei no es una política protocolar. Es plenamente posible que se desvié de la pauta.

La evidencia de las encuestas apoyan esta percepción. Las encuestas no dicen que hay un empate entre Matthei y Parisi. Por el contrario, las encuestas dicen que hay un empate entre Parisi y Marco Enríquez-Ominami. Los cálculos del sitio www.tresquintos.com indican que mientras que Matthei obtiene el 25% de las preferencias, Parisi obtiene el 14%. Esta estimación es consistente con lo que se puede proyectar que va recibir la Alianza solo a partir de la votación para concejales de 2012.

La salida de Matthei estuvo completamente fuera de libreto. Al final, el costo va ser mayor para su candidatura que para la candidatura de Parisi. Al emplazarlo públicamente, solo le da más minutos en los medios para potenciar su programa. Al permitirle responder a su acusación, solo le da la oportunidad para que instale la noción de que hay un empate entre ambos. Si su intención original era distanciarse del independiente, lo probable es que haya conseguido justamente lo contrario. Habrá que esperar las próximas encuestas para medir ese daño.

El peor de los casos es que Matthei insista en su cruzada personal por hundir a Parisi. Tal vez pueda tener éxito en mostrar que el independiente es, como ella sugiere, un charlatán. El problema es que sería una victoria pírrica, donde también se hunda ella. A todo el mundo le gusta un buen debate publico, pero en una elección que está prácticamente decidida, la cuenta la paga la calidad de la democracia. Matthei tiene que abandonar su objetivo y retomar la senda clásica, donde el que va arriba simplemente ignora al que va abajo.