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Piñera y el ingreso mínimo mensual

Publicado en La Tercera

Tras ganar la elección presidencial de 2009/2010 la primera tarea de Piñera fue construir un equipo de personas para tomar control de La Moneda. En hacer esto se enfrentó con dos problemas. Primero, y a diferencia de los gobiernos anteriores, solo había un puñado de personas con experiencia en el poder ejecutivo dispuestas a cooperar activamente. Y segundo, y a diferencia de los presidentes anteriores, no tuvo el beneficio de contar con una estructurada prefabricada. La selección de ministros para conformar su primer gabinete son evidencia de estos problemas. A diferencia de las administraciones anteriores el primer gabinete de Piñera brilló por la ausencia de personas con experiencia en política. De las 22 carteras, más de la mitad (13) fueron para independientes.

El problema pasó de ser anecdótico a real cuando el gobierno de Piñera comenzó a bajar en popularidad. Después del capítulo de los mineros, donde el presidente alcanzó 63% de aprobación, su popularidad empezó a descender hasta llegar a 26%. Durante la caída, Piñera correctamente detectó que uno de los factores asociados al problema era la ausencia de peso político en su gabinete. Esto se había manifestado con problemas en el manejo de crisis durante el conflicto estudiantil, Barrancones, Freirina e HidroAysén entre otros. Para contrarrestar el efecto adverso, Piñera convocó a 4 senadores titulares a su gabinete. Allamand, Matthei, Chadwick y Longueira. Si bien su llegada aportó en despejar problemas coyunturales, no sirvió para apalear su baja popularidad.

Un símbolo dramático de la consecuencia de gobernar sin la aprobación de la mayoría de los chilenos ha sido la inhabilidad del presidente para pasar de forma expedita los proyectos de reajuste anual de ingreso mínimo mensual. Algo que Piñera nunca comprendió es que la aprobación presidencial es una herramienta necesaria para gobernar. No da lo mismo tener una baja aprobación, aunque “las cosas se estén haciendo”. Contar con una alta aprobación presidencial es instrumental para presionar a la oposición a convergir a términos favorables de negociación. Es probable que si Piñera habría tenido una alta (al menos moderada) aprobación el proyecto de ingreso mínimo mensual habría pasado en su primer trámite, sin la resistencia de los partidos de la oposición.

Desde 1990 se han presentado 20 proyectos para reajustar el ingreso mínimo mensual (en 1999 se negoció el proyecto de 2000 y 2001, y en 2005 se negoció el proyecto de 2006). En los 20 años, el promedio para pasar el proyecto por el Congreso fue de 9 días. En los gobiernos de la Concertación, el promedio para pasar el proyecto por el Congreso fue de 7 días (con una desviación estándar de 5 días). En los tres primeros años del gobierno de Piñera, el promedio para pasar el proyecto por el Congreso fue de 26 días (con una desviación estándar de 4 días). El gráfico de abajo muestra como el número de días necesarios para aprobar un proyecto de ingreso mínimo mensual ascendió bruscamente desde la inauguración de Piñera en 2010.

Es probable que en conocimiento de está tendencia Piñera decidió adelantar su propuesta de 2013 en tres meses. El 19 de marzo presentó unilateralmente (sin negociar) el proyecto anual de ingreso mínimo mensual. Su oferta contempló un reajuste de 6,2%, ascendiendo el monto actual (193.000) a 205.000 pesos. Dado que la oposición fijó una base de 210.000 pesos (un reajuste de 8,8%), y que la aprobación de Piñera se encontraba baja, la propuesta fue rápidamente rechazada en ambas cámaras. Esto forzó a Piñera a ingresar un segundo proyecto. El  2 de julio presentó un reajuste de 7,3%, ascendiendo el monto actual a 207.000 pesos. El proyecto fue nuevamente rechazado. Esto forzó a Piñera a ingresar un tercer proyecto. El 19 de julio presentó un reajuste de 8,8%, ascendiendo el monto actual a 210.000 pesos.

Es probable que la oposición acepté el montó presentado por Piñera, pues es equivalente a su propia propuesta. Es probable que también se legisle que el ingreso mínimo mensual sea retroactivo hasta el principio de julio, para no perjudicar a quienes dependen del reajuste para llegar a la canasta mensual. Lo realmente destacable de la negociación de 2013 es su representatividad con otros capítulos de negociación del gobierno. El método de proponer soluciones unilateralmente también se aplicó en el conflicto estudiantil, en Barrancones, en Freirina y en HidroAysén. Y en cada uno de esos capítulos el gobierno finalmente tuvo que retroceder y acatar los términos de negociación de su contraparte. Algo que distanciará a los votantes de optar por la continuidad de su obra.

 

Los Bonos de confianza del Presidente

Publicado en El Mostrador

En términos económicos los bonos son instrumentos financieros de deuda utilizados por entidades particulares y gubernamentales para financiar proyectos. Son emitidos por instituciones privadas o públicas, con el fin de recaudar capital, y con la promesa de devolverlo en su totalidad junto con los intereses. Un ejemplo de transacción de bonos se encuentra en la historia de la construcción del Costanera Center. Dado que Cencosud no contaba con los activos necesarios para financiar la operación desde su propia cuenta decidió emitir bonos para recaudar lo necesario para llevar a cabo el proyecto. Sin esos bonos Paulmann no podría haber construido el Costanera Center.

La efectividad de la gestión presidencial funciona de forma similar. En este paralelo alegórico el presidente emite bonos de confianza para lograr llevar a cabo sus proyectos, que van desde mensajes legislativos con quórum constitucional a políticas públicas de alcance local. Si el presidente tiene un alto nivel de confianza tiene en un alto nivel de apoyo para llevar a cabo sus proyectos. Si no tiene confianza no tiene apoyo. Una medición inicial de esta confianza se da en la elección en la que resulta electo. Si logra una alta votación, comienza su mandato con un alto nivel de confianza. Esto aumenta si además logra una mayoría legislativa en la contienda parlamentaria.

En Chile es difícil desmarcarse de la medición inicial. La Constitución política no permite que el presidente promedio comience su mandato con un alto apoyo. La mayoría de los presidentes desde el retorno de la democracia han sido electos con menos de 55% de los votos y con menos de 55% de apoyo en el poder legislativo. Los gobiernos que sí tuvieron la fortuna de tener este apoyo inicial han sido los que más avances relativos han logrado durante sus periodos. El gobierno de Patricio Aylwin y Eduardo Frei fueron los que tuvieron mayores facilidades para concretar sus programas. Tuvieron votaciones razonablemente buenas y mayorías legislativas relativamente altas.

Igual de importante es lo que sucede con la confianza en lo que resta de sus periodos. Esa confianza comúnmente se mide con índices de aprobación presidencial. Presientes que tienen altos niveles de aprobación presidencial tienen una mayor probabilidad de materializar sus proyectos que presidentes que tienen bajos niveles de aprobación presidencial. Aún cuando no tienen mayorías legislativas tienen una buena ventaja. Un buen ejemplo se dio durante el gobierno de Ricardo Lagos. Pese a haber sido electo con 51% de los votos y 50% del poder legislativo, logró importantes cambios constitucionales. Sin el 60% de aprobación es difícil imaginar que podría haber forzado la negociación.

En el otro extremo esta lo que ha sucedido con presidente de baja popularidad. Un ejemplo es el gobierno de Sebastián Piñera. Su baja popularidad en las encuestas de opinión pública han sido un permanente obstáculo para llevar a cabo proyectos. Entre los 7 ejes (crecimiento, empleo, seguridad ciudadana, educación, salud, pobreza, calidad de la democracia y reconstrucción) que Piñera propuso como primordiales en su gobierno, ha logrado–según mismas fuentes del gobierno–solo 2 (crecimiento y reconstrucción). En los restantes ejes ha tenido problemas de coordinación dentro de su propio sector o bien conflictos de alineación con parlamentarios de la Concertación.

Si Piñera fuera más popular no solo tendría mayor apoyo de los partidos de su coalición, pero una relación más liquida con los partidos de la oposición. Haber fluctuado entre 25% y 35% de aprobación le ha significado encontrar obstáculos hasta con el presidente de su partido (RN). Con un alto nivel de aprobación presidencial, Carlos Larraín no lo podría haber antagonizado en el debate sobre la reforma tributaria y las conversaciones sobre la reforma al sistema binominal. Asimismo, con un alto nivel de aprobación las criticas de la oposición sobre conflictos de interés y desprolijidad para llevar a cabo algunos proyectos como HidroAysén habrían sido menos agudas y reiteradas.

El argumento es claro. Hay cosas que no se pueden hacer con una aprobación presidencial baja. El gobierno de Piñera ha tenido problemas para entender ese hecho. Constantes declaraciones de voceros de La Monda han manifestando que los índices de popularidad no son rectores para el programa. Aunque algunos podrán argumentar que 2 de 7 ejes son más que en gobiernos anteriores, el alcance es diferente. Por ejemplo, la alta popularidad de Bachelet le permitió recuperarse del desastre del TranSantiago para poder seguir pasando mensajes legislativos en el Congreso durante sus últimos 2 años. Es difícil ver un repunte en la popularidad de Piñera, y por ende avances en lo que queda de su periodo.

El 39% de aprobación de Piñera en Febrero de 2013 (sin considerar las limitaciones metodológicas de la nueva encuesta Adimark) es alto comparado con lo que ha recibido el presidente en meses anteriores. Dado que el presidente naturalmente se torna menos preponderante en el último año de su cuatrienio y es improbable que logre pasar cualquier reforma de envergadura por el poder legislativo, el 39% es un buen punto de partida para enfocar su gestión en la continuidad de un segundo gobierno de la Alianza. La estrategia de La Moneda debería ser subir los bonos de confianza del Presidente para eventualmente traspasarlos al candidato que resulte electo en las primarias de su sector.

 

El resplado que Adimark le da a Piñera

Publicado en La Tercera

Si observamos índices de aprobación presidencial entre 2010 y 2012 vemos que Piñera ha ido de muy popular a poco popular. En 2010, obtuvo un promedio de 57% de aprobación, y un 29% de desaprobación. La buena nota se revirtió en 2011 cuando su popularidad bajó considerablemente a 35% y su rechazo prácticamente se duplicó, llegando a 57%. En 2012 se consolidó la tendencia a la baja, con un promedio de 32% de aprobación y un promedio de 59% de rechazo. La primera medición de 2013 (en Febrero) quebró esta la tendencia, con un alza significativa en aprobación presidencial y una baja sustantiva en rechazo, llegando a 38% y 51% respectivamente.

Parece una buena noticia para el gobierno, en términos comparativos. Sin embargo, el problema es que no son índices comparables. Adimark, la encuestadora que use para generar los promedios anteriores, suspendió sus encuestas en Octubre de 2012 para reformular el método mediante el cual recopila sus datos. La principal modificación fue incorporar a usuarios de telefonía celular a la muestra. Esto fue impulsado por el bajo retorno de respuestas que se recibían a través de las encuestas hechas con telefonía fija. De este modo, a la muestra original de 2,1 millones de hogares se sumaron 5,7 millones de celulares, llegando a un total de 7,8 millones de contactos.

Si bien es un paso en la dirección correcta, es un paso complejo. Hay varios problemas asociados a utilizar telefonía fija para hacer encuestas. Por ejemplo, con telefonía fija la muestra es siempre la misma. Es decir, en la serie 2006-2012 siempre se usó el mismo tipo de encuestado, el dueño o dueña de hogar. Al incorporar telefonía celular a la muestra cambió el tipo de encuestado. El universo nuevo es diferente al universo anterior. El problema es que no existe evidencia concluyente sobre si la gente que utiliza telefonía fija es igual a la gente que usa telefonía celular. Intuitivamente, deberían ser los mismos, pero no sería una sorpresa si hay un sesgo entre sus preferencias políticas.

Otro problema esta en la duplicidad de resultados al combinar ambas muestras. Si suponemos que en cada hogar de la muestra de telefonía fija (los 2,1 millones de hogares) viven alrededor de cuatro personas en promedio (es decir 8,4 millones de personas), es altamente probable que una de esas personas también figure en la muestra de telefonía celular (los 5,7 millones de usuarios). Es decir, existe la probabilidad (aunque sea baja) que en la misma encuesta se llame a la misma persona 2 o más veces. Si bien, es difícil pensar que esa persona responda la encuesta 2 o más veces, si personas del mismo hogar responden se quiebra la representatividad que se busca obtener en encuestas netamente de telefonía fija.

El cambio en la metodología de Adimark responde a una demanda legitima. Pero los dos ejemplos anteriores son evidencia que aún queda mucho camino por recorrer antes que la encuesta efectivamente se renueve en un instrumento sin sesgos (si es que eso existe). Esto es algo que Adimark debería admitir y vociferar. Declarar que la encuesta de Febrero de 2013 es comparable con encuestas hechas en la serie 2006-2012 no es verdad. Todas las conclusiones comparativas que se pueden hacer entre la encuesta de 2013 y las encuestas de 2006-2012 son igual de válidas que las conclusiones comparativas que se hacer entre Adimark y otras encuestadoras, como la CEP.

La presentación gráfica de la encuesta sugiere que sí se pueden comparar. En las laminas de la presentación se muestran líneas puntiagudas entre los meses que Adimark no realizó la encuesta (ver aquí). Las líneas son sencillamente un enlace entre la encuesta de Septiembre de 2012 (teléfonos fijos) y la encuesta de Febrero de 2013 (teléfonos fijos y teléfonos celulares). Esto conlleva un efecto político importante. Dado que Piñera obtuvo alzas significativas en todas las áreas (salvo medio ambiente, salud y seguridad ciudadana), se sugiere que ha mejorado continuamente. Algo que los partidos del oficialismo sin duda usarán para sostener que durante los últimos 5 meses ha habido un alza permanente.

Más importante que rechazar o aceptar la nueva metodología de Adimark, es destacar que el nuevo índice de aprobación presidencial le da un respaldo importante a la gestión de Piñera. Dado que la imagen de aprobación presidencial es lo que al final del día queda, una leve mejoría en popularidad significa mucho en gobernabilidad. Si bien el 39% no es comparable con encuestas anteriores, sí se puede argumentar que es un comienzo auspicioso para el último año de gobierno. La Moneda tiene una oportunidad única para usar la encuesta para fortalecer la probabilidad que Piñera tiene de pasar proyectos de ley antes de la elección de Noviembre, y de ese modo subir la vara de su legado.

 

El Sesgo pro-Alianza de la Adimark

Publicado en El Mostrador

En Agosto de 2012 tres de las encuestadoras más importantes del país hicieron su trabajo de campo: Adimark, CEP y UDP. Cuando se publicaron sus respectivas encuestas, la diferencia en los resultados de las preguntas políticas fueron significativamente diferentes. En la pregunta sobre popularidad presidencial, Adimark reportó un 36% de aprobación, la CEP reportó un 27% de aprobación, y la UDP reportó un 29% de aprobación. A simple es evidente que Adimark es la que obtiene el resultado diferente. Al mirar esta diferencia en encuestas anteriores surge una tendencia: Adimark tiende a sobre-estimar resultados a favor de la Alianza. La pregunta que surge, entonces, es si el sesgo pro-Alianza de Adimark es intencional.

No es la primera vez que alguien advierte que Adimark tiene un sesgo pro-Alianza. Pero hasta el momento nadie ha presentado evidencia para establecer que así sea. Por eso, en está columna voy a intentar responder si el sesgo es intencional. Para hacerlo de forma rigurosa, parto de la base que “Adimark es inocente hasta ser encontrado culpable”. Si realmente tiene un sesgo pro-Alianza, hay que demostrar que tiene una probabilidad significativamente más alta de favorecer a la Alianza que la que tienen otras encuestadoras. Ergo, es un tema comparativo. Lo ideal sería comparar las encuestas de Adimark con la realidad. Pero como no existe un índice de aprobación real, solo podemos usar proxies. En este sentido el mejor proxy es la encuestadora CEP.

Hay dos buenas razones para usar a la CEP como proxy. La primera es que las encuestas de la CEP se diseñan e implementan sin fines de lucro por un grupo de académicos. Su estructura horizontal aumenta las instancias de fiscalización, lo cual presumiblemente evita un sesgo. Esto es diferente a lo que sucede en Adimark–y otras encuestadoras privadas–que se diseña e implementa con fines de lucro por un grupo de empresarios. Su estructura piramidal naturalmente reduce las instancias de fiscalización, y presumiblemente permiten sesgo. La segunda razón es que la CEP es reconocida como la encuestadora más seria del medio. En el ranking de encuestadoras de tresquintos es asignada un buen puntaje por (1) tener un buen diseño metodológico y (2) tener predicciones acertadas.

Si Adimark no tiene un sesgo pro-Alianza sus encuestas deberían mostrar resultados similares a los resultados de la CEP. Por el contrario, si Adimark sí tiene un sesgo pro-Alianza sus encuestas deberían mostrar resultados que favorecen significativamente más a la Alianza que los resultados de la CEP. Para probar esto, uso el índice de aprobación presidencial, probablemente el indicador más influyente de la encuesta (y por ende si hubiera una intención de sesgo, sería el índice que se buscaría intervenir). Y para aumentar lo robusto de la inferencia, comparo los resultados de esta pregunta entregada por Adimark con los resultados de la misma pregunta entregada por la CEP en dos periodos distintos, durante el gobierno de Bachelet, y luego durante el gobierno de Piñera.

Al mirar índices de aprobación presidencial desde 2006, los resultados de la encuestadora Adimark son similares a los resultados de la encuestadora CEP. Es decir, cuando sube la aprobación presidencial en una encuestadora, sube en la otra, y cuando baja la aprobación presidencial en una encuestadora, baja en la otra. Sin embargo, al mirar los índices de forma más detenida se aprecia que los resultados entre ambas encuestadoras se asimilaron más durante el gobierno de Bachelet que durante el gobierno de Piñera. Es decir, mientras que en el gobierno de Bachelet Adimark y CEP estimaron, en promedio, el mismo índice de aprobación presidencial. En cambio en el gobierno de Piñera Adimark estimó índices significativamente más altos que los de la CEP.

Si Adimark no tuviera un sesgo pro-Alianza, anticiparía que las encuestas del CEP (barras rojas) estarían normalmente distribuidas alrededor de las encuestas de Adimark (línea azul)–algunas arriba y otras abajo. Mientras que esto sucede en 2006-2010, no sucede en 2010-2012. En el segundo periodo, todas las barras rojas caen significativamente más abajo que la línea azul. Esto implica que el comportamiento de las encuestadoras es diferente en ambos gobiernos. Si durante 2006-2010 los resultados se habrían desviado, entonces no sería extraño que se desviarán durante en 2010-2012. Pero dado que la tendencia comienza en 2010, lo razonable es presumir que algo sucedió en 2010 que cambió el comportamiento de la encuestadora.

De lo anterior se infiere que Adimark tiene un sesgo pro-Alianza desde el cambio de gobierno en 2010. La pregunta que sigue, entonces, es de dónde proviene ese sesgo. La respuesta es limitada. Puede provenir de (1) una intervención intencional de quienes manejan la encuesta, o (2) de un evento fortuito–incluso para quienes manejan la encuesta–que se da en alguna etapa entre la recolección de datos y la publicación de la encuesta. Mientras que la intervención intencional se puede observar, el evento fortuito no. Por eso, solo se puede probar directamente lo primero. Si no hay evidencia de intervención intencional, lo residual es que la fuente del sesgo pro-Alianza debe ser por eventos fortuitos.

Presumiendo que la recolección de datos de Adimark es aleatoria, la primera parte que habría que observar es la lectura de datos. También conocido como el proceso de ponderación, es cuando los datos recopilados se traducen a una muestra representativa de la población. Si la encuestadora es metodológicamente responsable, pondera la muestra de sus encuestas de forma proporcional a la población. Por ejemplo, si el 100% de la población esta compuesta por 40% de personas de clase baja, el 100% de la muestra debe representar ese 40%. Si una muestra se desvía de la población, la muestra no es representativa de la población. Ergo, una forma de producir sesgos es intervenir el ponderador para representar una muestra no representativa de la población.

El cuadro de abajo muestra los resultados de aprobación presidencial del mes de Julio para Adimark y CEP. Dado solo la encuesta CEP reporta sus ponderadores, tuve que simular la combinación de ponderadores de Adimark. Para que la aprobación presidencial sea de 36%, Adimark debe sobre-estimar en 6% a la clase alta, sobre-estimar en 1% a la clase media y sub-estimar en 7% la clase baja. Esta distorsión va en la línea del argumento. Es decir, Adimark puede estar modificando su ponderador para distorsionar resultados. El problema es que la magnitud es baja. Si Adimark usará el ponderador de CEP, la aprobación presidencial bajaría solo 1 punto (de 36 a 35). Si CEP usará el ponderador de Adimark, la aprobación presidencial subiría solo 1 punto (de 27 a 28).

Aunque Adimark estuviera manipulando el ponderador, no sería lo que explica en su totalidad el sesgo pro-Alianza. No sería posible incluso si también manipulara el ponderador de edad, educación y otras variables que comúnmente se usan de control. Esta evidencia muestra que debe haber una explicación alternativa para la sobre-estimación de sus resultados. Esto cobra sentido cuando se observa la tendencia en el índice de desaprobación. Durante el gobierno de Piñera, Adimark también sobre-estimó todos los índices de desaprobación. Si se insistiera en probar que el sesgo es intencional hay que presumir que Adimark infla todo sus resultados con la intención de que solo el índice de aprobación tenga un impacto en la agenda. Plausible, pero improbable.

La fuente del sesgo pro-Alianza de Adimark es solo parcialmente atribuible a una ponderación irresponsable de los datos. (Sabemos que la clase socio-económica alta no es 11% de la población, y que la clase socio-económica baja no es 35% de la población). Lo más probable, entonces, es que el sesgo provenga de un evento fortuito en alguna etapa entre la recolección de datos y la publicación de la encuesta. Esto significa que la encuestadora contiene un sesgo de fábrica (lo que yo denomino el error-no-forzado). Por ejemplo, puede ser que la muestra este sesgada (e.g., se catalogue a encuestados D/E como ABC1), o que el método para hacer las entrevistas contengan algún patrón (e.g., hogares con teléfono fijo tienen preferencias significativamente distintas a hogares sin teléfono fijo).

La conclusión es que si bien Adimark sí tiene un sesgo pro-Alianza, no es completamente intencional. El sesgo pro-Alianza (por un margen de alrededor de 5-10% fuera del margen de error!) se debe a algo particular a la metodología de la encuestadora. Si bien tengo algunas ideas de lo que podría ser, es difícil saber sin conocer más detalles de la encuestadora. Lo más probable es que quienes manejan la encuesta lo saben y no han tomado medidas para reducir –mucho menos neutralizar–el error en sus estimaciones. Esto es grave, en el sentido que es probable que no solo los índices de aprobación presidencial contengan error, pero también otros índices que entrega la encuesta. La consecuencia es que las muchos piensen que el gobierno esta mejor evaluado de lo que en verdad está.

Para notas metodológicas sobre este artículo, pinchar aquí.

Notas Metodológicas sobre “El Sesgo pro-Alianza de la Adimark”

Las siguientes notas metodológicas son sobre el artículo “El Sesgo pro-Alianza de la Adimark”.
  1. ¿Tienes algo personal contra Adimark? No, no tengo nada personal contra Adimark. Solo llama la atención que al comparar los índices de aprobación presidencial de Agosto de 2012, Adimark se aleja significativamente de la CEP y la UDP. Es el outlier (el odd one out). En estos casos el cánon estadístico es (1) eliminar la observación de Adimark, o (2) indagar por qué es un outlier. Lo primero equivale a condenar sin dar un juicio justo. Yo hago lo segundo. Esto le da una oportunidad a Adimark de demostrar, con evidencia, que no tiene un sesgo, y que son CEP y UDP los outliers.
  2. ¿Pero desde el comienzo dudas de Adimark? Eso es irrelevante. Desde el comienzo del artículo sugiero que “Adimark es inocente hasta ser encontrado culpable”. En términos metodológicos esto significa que el artículo está estructurado de la misma forma que un paper académico, donde se acepta la hipótesis nula (existe un sesgo pro-Alianza de Adimark) por defecto si no se puede comprobar la hipótesis alternativa (sí existe un sesgo pro-Alianza de Adimark) con evidencia.
  3. ¿Por qué comparar a Adimark con la CEP y no con otra encuestadora? El artículo está, en gran medida, basado en el hecho que la encuestadora CEP representa un indicador fidedigno de la realidad, por lo cual cualquier desviación de Adimark representaría un sesgo. Además de los argumentos explícitos en el texto, es importante considerar que la CEP es un buen proxy porque (1) es de las pocas encuestadoras que liberan su base de datos (junto a la UDP), y (2) porque tiene encuestas multi-anuales estables desde desde 2006 (año en que comenzó a operar Adimark).
  4. ¿Por qué no comparar a Adimark con UDP o CERC? CERC y UDP son buenas encuestadoras, según el ranking de encuestadoras de tresquintos  (para ver, pinchar aquí). Pero por un lado, la UDP solo tiene 1 encuesta anual, lo que reduce la capacidad comparativa. Y por otro lado, la CERC aun no libera sus datos de forma pública, lo que podría generar duda en algunos lectores. En todo caso, la correlación entre las encuestas de CERC y CEP, desde 1990, es alta (R²=0.999), lo cual indica que ambas encuestadoras obtienen resultados significativamente similares, a pesar del escenario de sondeo. (Disclosure: el director de la encuestadora CERC me dio acceso a todas sus encuestas desde 1990, los cuales he revisado sin encontrar irregularidades).
  5. Dices que el sesgo pro-Alianza de Adimark se puede deber a un “sesgo de fábrica”. Sí, el sesgo de fábrica es inherente a la metodología de cada encuestadora. Es parte del error que no esta contemplado en el margen de error (o lo que yo denomino el error-no-forzado). Entre los típicos sesgos de fábrica: Sin respuesta (las características de aquellos quienes aceptan ser encuestados pueden ser marcadamente distintas a las de aquellos que se niegan a ser encuestados); Respuesta parcializada (las respuestas dadas por los encuestados no reflejan sus verdaderas creencias); Redacción de preguntas (la redacción de preguntas, el orden en las cuales estas son preguntadas y el patrón en el que las respuestas alternativas son ofrecidas, puede influir en los resultados); Errores provocados por los grupos que son objeto de estudio (encuestas telefónicas tienen un margen de error inherente puesto que no todos tienen teléfono fijo).
  6. Si tuvieras que sugerir el “sesgo de fábrica” de Adimark, ¿cuál sería y por qué? Diría que hay un problema importante en hacer encuestas por teléfono. En Chile no todos tienen líneas fijas, lo cual naturalmente implica que solo algunos pueden contestar. Aquí es importante identificar las características de quienes tienen teléfonos fijos (el universo de gente “encuestable”). En este caso son hogares sedentarios, típicamente de clase media o alta; no domicilios volátiles, típicamente de clase baja. Casualmente, Piñera tiene mayor aprobación en la clase alta y media-alta que en la clase media-baja y baja, lo cual significaría un sesgo a su favor. Las encuestas presenciales de CEP, CERC y UDP, en cambio, no tienen este sesgo.
  7. Suponiendo que la mayor parte del sesgo pro-Alianza es explicado por el “sesgo de fábrica”, entonces ¿por qué en el gobierno de Bachelet no se sobre-estimaron también los índices de aprobación presidencial? Si Adimark cambió su metodología en 2010, es simple explicar el sesgo (y es lo que se infiere del artículo). Si Adimark no cambió su metodología en 2010, es difícil explicar el sesgo. Ahora bien, debemos suponer que si efectivamente cambió su metodología tampoco lo sabríamos. Hasta el momento gran parte de lo que pasa en Adimark, queda en Adimark. Esto, finalmente, es lo que levanta sospechas. No poder acceder a cosas tan simple como sus ponderadores, y mucho menos a sus datos, es lo que causa que los escépticos sean aun más escépticos.

Aprobación Presidencial en Chile, 1990-2012

A partir de Julio de 2012, gráficos con tendencias de aprobación presidencial en Chile estarán disponibles en WikiTresquintos. Por ahora, un pequeño adelanto.

Gráfico sobre aprobación presidencial (1990-2012) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Aylwin) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Frei) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Lagos) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Bachelet) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Piñera) con datos del CEP (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (1990-2012) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Aylwin) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Frei) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Lagos) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Bachelet) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Piñera) con datos de CERC (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (2006-2012) con datos de Adimark (ver en WikiTresquintos):


Gráfico sobre aprobación presidencial (Bachelet) con datos de Adimark (ver en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (Piñera) con datos de Adimark (ver en WikiTresquintos):

Comparación de Aprobación Presidencial: Adimark, CEP y CERC

Los siguientes gráficos muestran tendencias de aprobación presidencial en las tres encuestas más estables de Chile: Adimark, CEP y CERC.

Gráfico sobre aprobación presidencial (1990-2012) con datos del CEP (ver más en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (1990-2012) con datos de CERC (ver más en WikiTresquintos):

Gráfico sobre aprobación presidencial (2006-2012) con datos de Adimark (ver más en WikiTresquintos):


 

WikiTresquintos

A partir de Junio de 2012 las listas de candidatos a Alcalde en 2012, Diputado en 2013, Senador en 2013 y Presidente en 2013 estarán disponibles en el sitio WikiTresquintos. También se registrarán resultados de elecciones y se actualizarán periodicamente encuestas de aprobación presidencial y encuestas de intención de voto.

Puede vistar el sitio en: http://wiki.tresquintos.com/.

No Todo está Perdido: Reforma Electoral y Reforma Tributaria

Publicado en La Tercera

El gobierno de Piñera ha sido a lo más mediocre. Los errores no forzados han llevado al Presidente a obtener los niveles de popularidad más bajos de la historia democrática moderna. Esto ha afectado directamente la gobernabilidad, significativamente limitando la implementación de la agenda de trabajo que se prometió durante la campaña de 2009/2010.

Pero no todo está perdido. Para comparar con un gobierno de 4 años, el de Bachelet también tuvo un mal comienzo. Después de obtener niveles de aprobación presidencial cerca de su votación base (55%) en los primeros meses de gobierno, los índices rápidamente cayeron a estar entre 30% y 40% de aprobación. Esto solo se pudo revertir a partir del último año de gobierno, cuando finalmente pudo superar el 50%.

Si comparamos tendencias, vemos que tanto Bachelet como Piñera partieron con un alto nivel de apoyo, pero que se deterioró rápidamente. Para ambos, este sentimiento ciudadano se mantuvo durante los dos primero años de gobierno. Y si Bachelet pudo recuperar, y mejorar, su aprobación presidencial, Piñera también puede. Pero para hacer esto, es crucial elegir el camino adecuado.

Mi opinión es que una reforma electoral y una reforma tributaria no solo podrán revertir la tendencia de aprobación presidencial y mejorar la gobernabilidad, pero podrán posicionar a la Alianza en la mejor posición posible para enfrentar la elección presidencial de 2013. Ambas son reformas que son transversales a los partidos políticos y que recogen la simpatía de la ciudadanía.

Sin embargo, es importante enfocarse en cómo y cuándo llevarlas a cabo.

Reforma electoral debe ser el tema de gobierno en 2012. Hasta el momento, la reforma se ha tratado en círculos de élite–partidos políticos, comisiones ejecutivas y casas de estudios–que concuerdan en la necesidad de un cambio. Si no existe una demanda ciudadana es precisamente por su carácter político. El gobierno debe subrayar esta situación e incluir a los ciudadanos en su diseño.

En un año electoral (municipales 2012), un trato horizontal de este tema será recompensado por los votantes. Abrir el debate–en la medida de lo posible–a la gente mostrará el espíritu de transparencia y de democracia que hasta el momento han sido las principales criticas de la oposición. Además, Piñera tendrá en sus manos la posibilidad de ser visto como el padre del sistema político del siglo XXI.

Reforma tributaria debe ser el tema de gobierno de 2013. No sólo es una demanda ideológicamente transversal, pero es la salida del principal problema de Piñera: el conflicto de la educación. Es evidente que no se terminarán las demandas de los estudiantes en lo que queda del periodo. Pero es igual de evidente que un cambio al sistema de tributos es el comienzo.

Es necesario invertir al menos el mismo tiempo que se ha invertido en pensar un nuevo sistema electoral, en pensar un nuevo sistema de tributos. Hasta el momento han habido varias propuestas e ideas para un recambio, pero el gobierno debe darle el tiempo y la importancia que necesita. Si existe un compromiso de reforma tributaria, los ciudadanos entenderán que podrá esperar hasta 2013.

Una buena estrategia mediática deberá acompañar al gobierno en liderar estas dos reformas. Lejos de presentarlas como el gran proyecto de la derecha, el gobierno deberá silenciosamente buscar compromisos de todos los sectores para llevarlas a cabo. No hay duda que tras diseñar e implementar estas reformas, la gente tendrá una percepción muy diferente de Piñera y la Alianza.

Las Tres Etapas de Piñera

Una simple mirada a la popularidad de Sebastián Piñera muestra un constante declive en su aprobación presidencial y un constante aumento en su desaprobación presidencial. Si miramos los datos a nivel agregado, y ploteamos una línea de tendencia continua de todas las encuestas que han sondeado su popularidad desde que asumió en Marzo de 2010, vemos un patrón de deterioro paulatino.

Sin embargo, si miramos con más detención el patrón de las encuestas a nivel desagregado podemos identificar varios puntos de inflexión. Por ejemplo, en algunos artículos anteriores (ver aquí y aquí) argumenté que a diferencia de los presidentes de la Concertación, la popularidad de Piñera es más dependiente de factores coyunturales (mineros, protesta de estudiantes) que de factores estructurales (economía, inflación).

Por eso, decidí dividir el gobierno de Piñera en tres periodos, separándolos por los dos factores coyunturales que creo que han sido más decisivos. El primer factor coyuntural es el rescate de los mineros, en septiembre de 2010. El segundo factor coyuntural es el nacimiento de los conflictos estudiantiles, en marzo de 2011. Es decir, los tres periodos son (marzo 2010 – septiembre 2010), (septiembre 2010 – marzo 2011) y (marzo 2011 – octubre 2011).

Esta técnica estadística está basada en el diseño de regresión descontinuada (regression discontinuity design). Es un método comúnmente usado para determinar el efecto causal de ciertos factores, al asignarlos como un tratamiento exógeno en un escenario donde no se les puede considerar al azar.  Al comparar las observaciones a cada lado del tratamiento, se puede estimar su efecto.

El cambio de dirección en las líneas de tendencia es notorio. En el primer periodo hay un incremento paulatino en la aprobación presidencial del Piñera. Esto puede ser explicado por la etapa de luna de miel que tiene una presidente al inaugurar su periodo. Pero también hay un incremento en la desaprobación. Esto puede ser explicado por los conflictos de interés, el efecto post-terremoto y la instalación de un nuevo gobierno que naturalmente contribuye a retrasar el trabajo.

Tras el peak de popularidad en septiembre de 2010, hay una importante caída en la aprobación presidencial y un aumento en la desaprobación. Los seis meses hasta Marzo de 2011 muestran la peor etapa del gobierno de Piñera. Esta etapa comienza tras el crepúsculo de la luna de miel, cuando la gente comienza a exigir resultados concretos. La inhabilidad del gobierno de producir estos resultados y sus constantes conflictos de interés terminaron por hundir la esperanza de tener un gobierno nuevo.

El tercer periodo comienza con el conflicto estudiantil en marzo de 2011. Es cuando los problemas de la segunda etapa se solidifican. En vez de comenzar una reversión en la tendencia de popularidad, las protestas y manifestaciones de los estudiantes ayudan a marcar la inclinación negativa que había comenzado tras el rescate de los mineros. Es decir, contrario a lo que muchos exponen, los estudiantes no causaron la baja en la aprobación, simplemente la intensificaron.

Esta evidencia contribuye a la teoría que la popularidad de Piñera es peligrosamente susceptible a cambios coyunturales. Esto, lejos de ser algo positivo, es una amenaza a la gobernabilidad. Es difícil prever el éxito de un gobierno cuando pequeños o medianos cambios en el comportamiento de los ciudadanos interfieren de forma drásticamente en sus proyectos. De seguir igual, anticipo un patrón estancado en la popularidad.