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Indicador Único

Tras publicar el Ranking de Encuestas 2.0, me llegaron varias comentarios vía e-mail. Una de las preguntas más recurrentes fue respecto a la utilidad del ranking. En este artículo contesto esa pregunta. Explico que su principal uso será para crear un indicador único de intención de voto. Para esto, voy a combinar el error-no-forzado de cada encuestadora con las características particulares de sus respectivas encuestas.

En términos prácticos, la lógica es la siguiente. Todas las encuestadoras tratan de predecir el resultado de una elección por medio de encuestas. Una forma de interpretar estos resultados es individual y directamente. Sin embargo, porque existen varias encuestas podemos usarlas todas para extraer la información relevante que nos entrega cada una. Para hacer esto, se agregan los datos de todas las encuestas en un indicador único (en este caso de intención de voto).

Ahora bien, dado las características particulares de cada encuesta (diseño metodológico, tamaño de muestra y fecha de trabajo de campo), es metodológicamente incorrecto ponderar sus datos mediante una regresión local o una media aritmética. Al agregar las encuestas, sin considerar sus características particulares, se introduce error. Por eso, propongo ponderar sus diferencias de acuerdo al error que suelen introducir, de forma que:

PESO DE CADA ENCUESTA =  Tamaño de la Muestra + Encuestadora + Fecha de Trabajo de Campo

En esencia, esta fórmula sostiene que existen tres fuentes de error en cualquier encuesta. La primera fuente de error es el tamaño de la muestra. Esto es funcional al margen de error. Por ejemplo, solo por diseño metodológico una encuesta que entrevista a 800 personas va fallar en sus predicciones por 3,4%, mientras que una encuesta que entrevista a 1,500 personas va fallar en sus predicciones por 2,5%. Esto se calcula con la siguiente fórmula (con nivel de confianza de 95%):

98 * n ^ (-.5)

La segunda fuente de error es el diseño metodológico particular de cada encuestadora. Este es el error que no explica el margen de error, o lo que yo denomino el error-no-forzado. Por ejemplo, si una encuesta con margen de error de 3% estima que la diferencia entre el candidato favorito y el segundo lugar es de 11%, y en la elección la diferencia es de 14,5%, esa encuesta tiene un error-no forzado de 0,5% ([14,5-11]-3). Esto se calcula a partir del ranking de encuestas.

La tercera fuente de error es la fecha del trabajo de campo de cada encuesta. Mientras más lejos sea de la elección, aumenta la probabilidad que sus predicciones estén más lejos de la realidad. Por ejemplo, si la misma encuesta de arriba fue hecha en Octubre para una elección en Diciembre, puede ser que los 2 meses entremedio la encuesta y la elección expliquen el 0,5% de su error-no-forzado. Esto se calcula dándole una esperanza de vida a cada encuesta:

0.8 ^ Número de meses desde que la encuesta fue publicada

Indicador Único

A medida que una encuesta se publica, se agrega a la matriz de datos. Por ejemplo, si la encuesta es nueva se le asigna un peso de 1. Si su encuestadora tiene un error-no forzado de 2,5%, se calcula su peso en relación a la mejor encuesta (que tiene un error-no-forzado de 0,7%), en este caso 0,007/0,025 = 0,28. Y si su tamaño de muestra es 1,505, se calcula su peso a partir de lo que se estima sería un tamaño de muestra promedio, 0,0294/0,0253=1,16.

Luego, se multiplican el peso de cada fuente de error de esa encuesta (1*0,28*1,16=0,32) para dar con un peso para esa encuesta. Eso se normaliza (dividiendo el peso de esa encuesta con el promedio del peso de todas las encuestas) para dar con la ponderación final. Finalmente, se multiplica el parámetro estimado de esa encuesta con su ponderación final para calcular su estimación ponderada. Esto se hace con todas las encuestas, y luego se promedia.

Ranking de Encuestas 2.0

Uno de los objetivos de tresquintos es analizar encuestas de opinión pública. Una forma de analizar encuestas es tender inferencias cada vez que una encuestadora publica una encuesta nueva. Otra forma de analizar encuestas es tender inferencias en base a múltiples encuestas, de múltiples encuestadoras distintas. Los que conocen el terreno de la opinión pública en Chile sabrán que la segunda forma no es nada de fácil. Las encuestas difieren en varios aspectos. Tienen diferencias significativas en sus ‘diseños metodológicos’, ‘tamaños de muestra’ y ‘fechas de trabajo de campo’.

Durante la campaña presidencial de 2009 hubo un par de sitios que intentaron tender inferencias en base a múltiples encuestas, al ponderar varias de ellas en un indicador único que intentaba representar el valor real de la intención de voto para cada candidato. El sitio TodoPolítica solo consideró las 4 encuestas más recientes. Promedió el valor de la última encuesta con las 3 anteriores en una regresión local para generar su indicador único. El sitio Vota 2009 de La Tercera tuvo una aproximación similar. Ponderó todas las encuestas con una media aritmética para dar con su propio indicador único.

En ambos casos, encuestadoras y encuestas fueron comparadas par a par. En el caso de TodoPolítica, las encuestas presenciales que entrevistaron a más de 1,000 personas con un margen de error de 3,0% fueron consideradas igual de relevantes que las encuestas telefónicas que entrevistaron a 600 personas con un margen de error de 4,5%. En el caso de Vota2009, las encuestas que se realizaron durante fines de 2008 (más de un año antes de la elección!) fueron consideradas igual de relevantes que las encuestas que fueron realizadas a fines de 2009 (menos de un mes antes de la elección!).

Comparar encuestadoras y sus encuestas involucra un proceso metodológico complejo. Justamente porque todas las encuestas difieren, las respectivas proporciones de intención de voto que reportan tienden a ser distintos. Por ejemplo, podemos anticipar proporciones diferentes dependiendo si las encuestas son presenciales o telefónicas, o si los entrevistados son seleccionados por cuota o de forma aleatoria. Incluso si todas las encuestadoras tuvieran las mismas características particulares, es probable que observáramos diferencias en sus resultados.

Para crear un indicador único sin sesgo, es importante partir de la base que todas las encuestadoras tienen características particulares distintas y todas sus encuestas introducen error en sus predicciones. El primer paso es asignarles mayor peso en el indicador único a las encuestadoras que tienen encuestas que introducen menos error en sus predicciones. Para determinar que encuestadora tiene menos error, mire las encuestas que sondearon intención de voto para la primera vuelta de la elección presidencial de 2009. En total, consideré 12 encuestadoras:

  • CEP
  • CERC
  • Direct Media
  • El Mercurio-Opina
  • Giro País (Subjetiva)
  • Imaginacción
  • IPSOS
  • La Segunda (UDD)
  • La Tercera
  • MORI
  • TNS-Time
  • UDP

Para crear el ranking, se necesita un mínimo nivel de homogeneidad entre las encuestadoras. Es decir, se debe usar datos que midan lo mismo. No todas las encuestas reportan el porcentaje de encuestados que se declara registrado para votar. Por ejemplo, la encuestadora CERC excluye nulos, blancos y abstenciones. Es decir, la intención de voto por candidato suma 100%. Las otras encuestas, en cambio, sí reportan nulos, blancos, abstenciones, por lo cual los votos válidos suman menos de 100%. Para homogeneizar las encuestadoras, normalicé los datos de todas las encuestas a 100%.

Si suponemos que todas las encuestadoras diseñan sus encuestas metodológicamente bien, deberíamos esperar que aquellas con un menor margen de error (o un mayor número de encuestados) tengan una mejor capacidad predictiva. Sin embargo, el siguiente cuadro muestra que no hay una asociación entre margen de error y capacidad predictiva. Algunas encuestas con un bajo margen de error fallaron más que otras encuestas con un alto margen de error. Por ejemplo, la encuestadora con el menor margen de error (Ipsos, con 2,5%) tuvo la octava mejor predicción (de doce!) de intención de voto para Piñera.

Eso es suficiente evidencia para sostener que el margen de error no es la única fuente de error en las encuestas. Si el margen de error fuera el único error de las encuestas, todas las encuestas tendrían una predicción correcta, dentro de su margen de error. En esencia, esto significa que las encuestadoras introducen un error natural a partir de su particular proceso metodológico. Para medir el error de cualquier encuesta, propongo aislar sus fuentes de error en una parte provista por la encuestadora y una parte no provista por la encuestadora:

ERROR REAL = Error Reportado + Error-No-Forzado

Ahora bien, en vez de mirar el error de cada encuesta en las predicciones de cada candidato, decidí fijar un parámetro de estimación. Principalmente porque es común que una encuesta reporte una predicción correcta para un candidato, pero falle significativamente en su predicción para el resto. Por ejemplo, MORI hizo la segunda mejor predicción de votación para Piñera, pero tuvo mayor error que el resto de las encuestas en la predicción de votación para los otros candidatos.

En este caso el parámetro de estimación más importante es el que mide la diferencia en votación entre los dos candidatos con más preferencias. Esto tiene sentido porque a menudo sabemos quién es el favorito, pero no sabemos por cuánto. En elecciones competitivas esta distancia es crucial. Si ambos candidatos giran en torno al 50% de las preferencias,  lo importante es conocer la distancia entre ambos. Por ejemplo, en 2009, todas las encuestas reportaron a Piñera como favorito, pero todas con distancias de Frei diferentes.

Error Reportado

El primer paso es estimar el Error Reportado. Esta es la diferencia entre la predicción del parámetro de cada encuesta y el parámetro real. Es la forma más básica de medir el error de una encuesta. El siguiente cuadro muestra el error reportado para el parámetro de estimación. La columna ‘Parámetro Estimado’ es la predicción del parámetro (la diferencia entre Piñera y Frei). La columna ‘Error Parámetro’ es la diferencia entre parámetro estimado y el parámetro real. La columna ‘Error Reportado’ es el valor absoluto de ‘Error Parámetro’.

El índice de mayor interés es ‘Error Reportado’, que muestra la distancia absoluta del parámetro estimado de cada encuesta y el parámetro real (14,5%). El promedio de error reportado de todas las encuestas fue de 3,7%. Esto significa que en general las encuestas hicieron buenas predicciones, haciendo una estimación relativamente cercana al resultado de la elección. De todas las encuestas La Segunda/UDD tuvo el error reportado más bajo (0,05%) con una predicción de 14%, mientras que ICSOUDP tuvo el error reportado más alto (7,9%) con una predicción de 6,6%.

Error-No-Forzado

El segundo paso es estimar el Error-No-Forzado. Esta es la diferencia entre el error reportado y el margen de error. Es lo que el margen de error no explica en el error reportado de la encuesta. El siguiente cuadro muestra el error-no-forzado para el parámetro de estimación. La columna ‘Error Reportado’ es el valor absoluto de ‘Error Parámetro’. La columna ‘Margen de Error’ muestra el margen de error que reporta la encuesta. La columna ‘Error No Forzado’ es la diferencia entre el error reportado y el margen de error.

El índice de mayor interés es ‘Error No Forzado’, que muestra el error que tiene una encuesta, que no puede ser explicado por su margen de error. Un índice negativo significa que la encuesta tuvo una predicción dentro de su margen de error. Un índice positivo significa que la encuesta tuvo una predicción fuera de su margen de error. De las 12 encuestas, 5 estuvieron dentro de sus margenes de error. De las 7 encuestas restantes, Imaginacción tuvo un error-no-forzado más bajo (0,7%), y UDP tuvo el error-no-forzado más alto (5,2%).

Error-No-Forzado Relativo

El tercer paso es estimar el Error-No-Forzado Relativo. Esta es la diferencia entre el error-no-forzado de cada encuesta y el promedio de error-no-forzado de todas las encuestas. Esto permite estimar la capacidad predictiva de cada encuesta en base a la capacidad predictiva promedio de todas las encuestas. El siguiente cuadro muestra el error-no-forzado relativo. Las columnas ‘Margen de Error’ y ‘Error No Forzado’ son lo mismo que arriba. La columna ‘Error No Forzado Relativo’ es la diferencia entre ‘Error No Forzado’ y el promedio de ‘Error No Forzado’.

El índice de mayor interés es ‘Error No Forzado Relativo’, que muestra el error que tiene una encuesta, en comparación con todas las encuestas. Un índice negativo significa que la encuesta tuvo un error-no-forzado menor que el promedio de todas las encuestas. Un índice positivo significa que la encuesta tuvo error-no-forzado mayor que el promedio de todas las encuestas. Por ejemplo, La Tercera tuvo un error-no-forzado de 1,4% menos que el resto de las encuestas. Asimismo, Giro País/Subjetiva tuvo un error-no-forzado de 0,03% más que el resto de las encuestas.

Personalmente, tengo algunas aprensiones metodológicas con las características particulares de algunas de las encuestadoras que figuran en la parte superior del ranking. Principalmente con los tamaños de las muestras y los métodos de recopilación de datos. Sin embargo, el ranking esta construido en base a la capacidad predictiva de las encuestas, y no a sus características metodológicas. Para efectos de un ranking, las encuestas que tienen a introducir un error-no-forzado relativo menor deben tender a figurar en la parte alta de la tabla.

Un argumento en contra de este punto es que no todas las encuestas son predictivas. Dado que algunas encuestas se hacen con meses de anticipación a la elección (e.g., UDP), las encuestadoras pueden argumentar que su encuesta es solo una foto del momento. La respuesta es simple. Cuando una encuestadora decide preguntar sobre “la elección del próximo Domingo”, esta haciendo una predicción. Además, si cada año electoral la encuestadora hace la misma pregunta con la misma distancia de tiempo a la elección, podremos fácilmente anticipar su error real.

Bachelet 2013 y la Sobrevivencia de la Concertación

Desde que Michelle Bachelet dejó La Moneda en 2010, ha sido la figura pública con mayor adhesión en las encuestas de opinión pública. También ha liderado los sondeos entre los potenciales candidatos para la próxima elección presidencial. El bajo nivel de rechazo y el alto nivel de apoyo ha llevado a un sector dentro de la Concertación a pedir su pronta nominación como la abanderada de la coalición para las elecciones de 2013.

El sector que plantea nominar a Bachelet cuanto antes descarta negociar con candidatos independientes y descolgados–Andrés Velasco y Marco Enríquez-Ominami. Buscan nominar a un candidato militante del cual exigen un gobierno sustentado en lealtades partidarias. Al nominar a Bachelet desde las elites, la Concertación evita la amenaza de fraccionar a los votantes de cara a una potencial segunda vuelta y potenciar a los partidos de su coalición.

Otro sector plantea nominar un candidato militante de la Concertación, pero por medio de primarias. Estos apuntan a renovar las cúpulas de líderes al permitir a todos los militantes que quieran levantar una candidatura. Dentro de este grupo también hay quienes apoyan incluir a independientes y descolgados en la nómina. Al establecer primarias, abiertas o cerradas, la coalición vincula a los aspirantes a apoyar al candidato único.

Si bien los dos sectores incluyen estrategias diferentes para lidiar con la candidatura de Bachelet, ambas representan una amenaza a la sobrevivencia de la Concertación. El primer sector propone reiterar el error de la Concertación en 2009, cuando al nominar a Frei implícitamente impulsaron la candidatura de Enríquez-Ominami. El segundo sector propone homologar el peso de Bachelet al de candidatos que no tienen apoyo en las encuestas (e.g. Claudio Orrego, Carolina Tohá).

El factor común de ambas estrategias es usar a Bachelet como punto de referencia. Si bien es algo inevitable, dado sus altos índices de apoyo en las encuestas, se está consolidando como un factor divisor por sobre uno unificador. Es probable que Bachelet sea parte del problema más que parte de la solución. Mientras Bachelet no manifieste su intención de levantar o declinar una candidatura en 2013, seguirán los conflictos intra-coalicionales.

Reforma Electoral Gradual: Mala Estrategia

La semana pasada ProyectAmérica (PA) y el Centro Democracia y Comunidad (CDC) presentaron su propuesta de reforma electoral. El objetivo general de la propuesta es instalar la igualdad del voto, mejorar la representatividad, fortalecer la gobernabilidad y aumentar la competencia. A primera vista la propuesta parece ser un aporte positivo y un proyecto políticamente viable. Responde a los criterios básicos exigidos por los partidos de la Alianza, y apunta a mejorar los aspectos del sistema electoral que han sido constantemente criticados por la Concertación desde los noventas.

Pero una mirada más crítica nos muestra todo lo contrario. La propuesta tiene tantos problemas de viabilidad como de finalidad.

El primer problema es la estrategia de dos fases que propone para lograr su objetivo:

La primera fase considera el término del binominal por la vía de aumentar el número de escaños y el número de candidatos en base a una proporcionalidad de base regional, sin redistritaje. La segunda fase considera un nuevo cálculo de las proporciones exactas de los distritos a través de un redistritaje basado en el Censo de 2012, que deberá ser elaborado antes de la elección parlamentaria de 2017.

El problema con esta estrategia es que lo más probable es que la reforma se detenga tras implementar la primera fase. En un artículo anterior mostré que dentro de los partidos de la Alianza, solo RN estaba dispuesto a negociar cambios al sistema binominal. Pero el cambio más drástico propuesto por RN es solo aumentar el número de legisladores electos por distrito y circunscripción. Esto es consistente con la primera fase propuesta por PA y el CDC. De hecho demasiado consistente. Tanto la propuesta de RN como la de PA y el CDC proponen aumentar el número de diputados electos en 30 (de 120 a 150) y el número de senadores electos en 12 (de 38 a 50). Es decir, tras la primera fase, es difícil esperar que los partidos de la Alianza estén dispuestos a continuar la reforma propuesta en la segunda fase. Cuestiono seriamente la viabilidad de una reforma electoral que en su primera fase permita a la Alianza entregar el 100% de su oferta.

Este cuestionamiento es aun más nitido al mirar la disposición política de los partidos al momento de reemplazar el sistema binominal. En un artículo anterior mostré que la probabilidad de ver un proyecto de reforma electoral que incluya un sistema proporcional pasar por el Congreso es muy baja. En mi simulación de una votación de 5 proyectos de reformas electorales (sistema binominal corregido, sistema mayoritario, sistema mixto compensatorio, sistema mixto paralelo, sistema proporcional) encontré que solo pasaría un sistema binominal corregido o un sistema mayoritario. Dado que la primera fase de la propuesta de PA y el CDC es solo una corrección al sistema binominal, es natural anticipar que sea aceptada por los partidos de la Alianza (al menos RN). Es decir, dentro del rango de propuestas a reformas al sistema electoral, los partidos de la Alianza no estarían dispuestos a apoyar un proyecto que contemple representación proporcional de cualquier tipo.

El segundo problema es sobre la segunda fase propuesta por PA y el CDC. Si bien estoy de acuerdo con que el sistema binominal es poco competitivo y poco proporcional y que es necesario un redistritaje y una compensación territorial adecuada, creo que el método propuesto en el proyecto no es el mejor. Tal vez es el más viable, porque implica menos cambios (y por ende menos escollos improvistos al momento de legislar), pero no es el mejor para incorporar más competencia y proporcionalidad en el sistema. De hecho, el único gran cambio de esta propuesta es redistritar de acuerdo al censo de 2012. Eso implicaría que cada distrito y circunscripción estarían eligiendo un número de legisladores proporcional al tamaño de su población, relativo al resto de las unidades electorales en el país. Adoptar esta reforma implica omitir otros métodos de lograr lo mismo (más competencia y más proporcionalidad) pero de mejor manera.

Por ejemplo, en vez de mantener la fórmula electoral d’Hondt (que es actualmente usado para elecciones legislativas y de concejales), se podría contemplar adoptar la fórmula electoral Sainte-Laguë. Ambas son fórmulas (de método de promedio mayor) utilizadas en sistemas donde compiten múltiples partidos en múltiples listas por múltiples escaños. La diferencia es que mientras la fórmula d’Hondt usa como divisor números enteros de forma continua (1, 2, 3, 4, etc), la fórmula Sainte-Laguë usa como divisor solo números impares (1, 3, 5, 7, etc). El efecto es que el primero favorece a los partidos más grandes, mientras que el segundo es estrictamente proporcional. Incluso con múltiples partidos compitiendo en el sistema, es probable que bajo la fórmula d’Hondt el partido con la mayoría de votantes obtenga al menos la mitad de los escaños. Mi punto es que si el objetivo de la reforma electoral es aumentar la proporcionalidad se podrían contemplar métodos alternativos para distribuir los escaños.

Mi problema con la propuesta de PA y el CDC es tanto su viabilidad como su finalidad. Es poco viable que el proyecto pase por ambas fases. Lo más probable es que se logre aprobar la primera fase de aumentar el número de legisladores electos, y que previo a pasar a la segunda fase se congele de forma indefinida. Además, si la intención de PA y CDC es incorporar más competencia y proporcionalidad al sistema sugiero buscar alternativas a la fórmula electoral d’Hondt. Sainte-Laguë es mi favorita, pero existen otras que se insertarían bien dentro de la realidad chilena, como los de método de resto menor Hare quota, Droop quota o Imperiali quota. O si se decide mantener la fórmula actual, bien se podría considerar la viabilidad de crear una lista nacional para corregir las distorsiones que provoca.

Mi propuesta se aleja bastante de la de PA y CDC. En un artículo anterior argumenté que una reforma electoral gradual es una mala estrategia para un sistema de partidos congelado. Lo más probable es que proyectos de reforma electoral gradual se estaquen de forma permanente en el Congreso. Desde mi perspectiva, creo que una reforma electoral debe incluir todas las reformas que alguna vez se piensen hacer. Es decir, el proyecto de reforma electoral debe ser definitivo e inclusivo. Debe comprender el tipo de sistema (uninominal, binominal, proporcional), el método de registro (inscripción automática, inscripción voluntaria), las carácter del voto (voto voluntario, voto obligatorio), los aspectos geográficos (mantener distritos actuales, redistritar) y el número de legisladores a elegir. Avanzar hacia una reforma electoral de forma gradual no ha sido una buena estrategia en los últimos 20 años. Sería mucho más fructífero para la democracia ver los enclaves autoritarios eliminados de una buena vez.

Una Reforma Electoral Mediocre

La semana pasada me invitaron a firmar una carta apoyando la inscripción automática. La firmé y fue publicada en El Mercurio y en El Dínamo. El objetivo de la carta fue presionar a la clase política para formalizar el traspaso de la antigua forma de registro electoral (inscripción voluntaria) a la nueva forma de registro electoral (inscripción automática). Entre las 108 personas quienes firmaron la carta, hubo quienes la apoyaron pensando en el voto obligatorio y quienes la apoyaron pensando en el voto voluntario.

En una carta de réplica, Mauricio Morales argumentó que cualquier tipo de apoyo a una inscripción automática sería por defecto un apoyo al voto voluntario:

… los firmantes omiten el artículo 15 de la Constitución (actualizada a octubre de 2009): “En las votaciones populares, el sufragio será personal, igualitario, secreto y voluntario”. Es decir, que en caso de regir la inscripción automática, el voto será voluntario.

Morales tiene razón. En el fondo, la carta es un apoyo a la inscripción automática con voto voluntario (IAVV). Es decir, no hay forma alguna en que los firmantes que apoyan la inscripción automática con voto obligatorio (entre ellos yo) tengan la posibilidad de ver su preferencia de registro electoral materializarse. Al menos que exista una segunda reforma constitucional al artículo 15 (lo cual es altamente improbable), el voto en las próximas elecciones será voluntario.

Sin embargo, sabiendo esto de antemano, decidí firmar la carta de todos modos. Principalmente porque apoyo la inscripción automática en cualquier caso. Mientras creo que voto obligatorio sería su mejor combinación, también porque creo que el voto voluntario podría ser bueno bajo el sistema electoral actual. Un registro electoral de IAVV bajo el sistema binominal incorporaría un algo de incertidumbre a elecciones altamente predecibles.

Pero al largo plazo la IAVV no es una solución viable. Simples estudios de patrones de voto permitirán a los candidatos sistematizar sus campañas, lo que eventualmente volverá a estancar el sistema político. Es decir, un voto voluntario puede hacer poco para permanentemente instalar competencia en las elecciones. La combinación entre voto voluntario y sistema binominal tiene sentido a corto plazo, pero no logra resolver los problemas de fondo.

Si realmente existe un debate genuino sobre una reforma al sistema electoral, es importante tomar en cuenta todos los aspectos de la reforma. Es común ver errores de policy makers al reformar políticas de manera gradual. Muchas veces las etapas de los proyectos no son compatibles entre sí. Lo mismo sucede con la implementación de sistemas electorales. Es crucial tomar en cuenta todas las características y combinaciones para determinar sus potenciales efectos.

Por eso es imperativo que cualquier proyecto de reforma electoral revise con atención toda combinación de reglas electorales. Ya existe un debate sobre el efecto de la IAVV sobre el binominal. Pero no existe un debate de su compatibilidad con otros tipos de sistema electoral. ¿Cuál es el efecto de la IAVV sobre un sistema uninominal? ¿Cuál es el efecto de la IAVV sobre un sistema proporcional?

No tomar en cuenta el efecto del método de registro electoral es en todo sentido contraproducente.

Mi propuesta es que la IAVV se condicione al sistema binominal, por ahora. Y cuando la clase política finalmente decida (si es que decide) cambiar el sistema electoral, recién se discuta cuál es la forma de registro más compatible con el sistema-a-adoptar. Soy partidario de otorgarle más competencia al binominal por medio de la implementación de la IAVV, siempre y cuando se vuelva a discutir el método de registro al momento de la reforma electoral permanente.

Entonces, desde mi punto de vista, el cambio transitorio implica adoptar la IAVV para todas las elecciones que se lleven a cabo bajo el actual sistema binominal. Asimismo, el cambio permanente implicar volver a discutir el método de registro.

Lo más probable, sin embargo, es que la reforma sea una mediocre. Es improbable que los legisladores estén dispuestos a modificar la ley electoral dos veces consecutivas, aunque objetivamente sea la mejor forma (dado las condiciones) de potenciar la calidad de la democracia. En cambio, sí van a estar dispuestos a legislar para ganar pequeñas batallas en la opinión pública. Aprobar la IAVV de forma transitoria tiene sentido; instalarlo como el método permanente no.

Replica a “Salvemos la Democracia: ¡Inscripción Automática Ahora!”

Esta es la transcripción de una carta de replica de Mauricio Morales, a una carta que firmé (y que fue publicada en El Mercurio y en El Dínamo) junto a 107 otros académicos, actores sociales y líderes de opinión apoyando la inscripción automática para votar en elecciones de Chile. La recibí directamente de Morales por e-mail, el Miércoles 19 de Octubre de 2011.

En una declaración firmada por una serie de académicos y personeros del mundo público el día 17 de octubre de 2011 y expuesta en el diario electrónico El Dínamo (www.eldinamo.cl), se alega a favor de la inscripción automática en los registros electorales de todos los chilenos de 18 años y más. Estoy plenamente de acuerdo con la medida, no así con la información suministrada y el enfoque analítico de la declaración.

En primer lugar, la declaración es imprecisa al señalar que “en la Constitución existe la inscripción automática desde abril de 2009, pero en la práctica seguimos teniendo la obligación de inscribirnos en un registro disponible en ciertos lugares, en ciertos días y cierto horario” (El destacado es mío). Si bien la Ley Nº 20.337 publicada en el Diario Oficial el 4 de abril de 2009 instituye la inscripción automática y el voto voluntario, no es cierto que hoy los chilenos (sin que entre aún en vigencia la inscripción automática) tengamos la obligación de inscribirnos. En el régimen electoral previo, es decir, sin inscripción automática, dicha obligación era inexistente. La inscripción, en consecuencia, era voluntaria. Si la inscripción hubiese sido obligatoria, jamás tendríamos un volumen de más de 4 millones de no inscritos.

En segundo lugar, la discusión respecto a la obligatoriedad o voluntariedad del voto está intrínsecamente relacionada con el tipo de inscripción. Es imposible apoyar la inscripción automática sin tener posición en torno a si el voto será obligatorio o voluntario. Es como aceptar una oferta de viaje sin saber cuál será su destino. Ahora bien, los firmantes omiten el artículo 15 de la Constitución (actualizada a octubre de 2009): “En las votaciones populares, el sufragio será personal, igualitario, secreto y voluntario”. Es decir, que en caso de regir la inscripción automática, el voto será voluntario. Las dos condiciones (inscripción automática y voto voluntario) están presentes en la reforma. Apoyar hoy la inscripción automática, también implica respaldar el voto voluntario.

Personalmente, creo que un sistema que combine inscripción automática y voto voluntario es mejor que un régimen electoral con inscripción y voto prácticamente voluntarios (como el que existía previo a la reforma debido a la baja aplicabilidad de sanciones para los inscritos que no votaban y que tampoco daban aviso oportuno a Carabineros). Con inscripción automática y voto voluntario los ciudadanos podrán decidir hasta última hora si van o no a votar y, adicionalmente, dicha decisión será acompañada por la efervescencia de las campañas electorales, cuestión imposible con el sistema de inscripción voluntaria donde los registros cerraban antes que los candidatos desplegaran plenamente sus campañas. Quiero subrayar, eso sí, que el mejor régimen electoral para Chile es el de inscripción automática y voto obligatorio. Generalmente, en los sistemas de voto voluntario hay menos participación y/o las desigualdades económicas se transforman en desigualdades políticas, pues los más ricos tienden a votar más que los pobres. Sobre el primer punto se dirá que las encuestas muestran una alta predisposición a votar con voto voluntario. El problema es que estamos frente a una simulación (del dicho al hecho hay mucho trecho). No obstante, si más gente está dispuesta a votar con inscripción automática y voto voluntario, lo que se nos dice es que ese régimen electoral es mejor que un sistema de inscripción y voto prácticamente voluntarios. Entonces, podemos suponer que la participación con un sistema de inscripción automática y voto obligatorio sería aún mayor. Esto sería saludable para la democracia siempre y cuando se combine con un sistema electoral que estimule la competencia. De nada sirve modificar el régimen electoral si los índices de competencia política se mantienen inalterables. Incluso, esto puede ser venenoso para la democracia. Es decir, un sistema sin competencia y donde sea voluntario asistir a las urnas. Pocos irán a votar. Sobre lo segundo, alguien podrá discutir que los ricos siempre han votado más que los pobres. Al menos eso es lo que se desprende de análisis agregados a nivel comunal y de encuestas de opinión. El punto está en lo siguiente. Si tenemos claro que este problema ya se produce con un régimen de inscripción voluntaria y voto también prácticamente voluntario, entonces lo que debiésemos hacer es implementar una reforma que corrija dicho problema, no que lo agudice. Suponemos que la combinación de inscripción automática y voto voluntario no corregirá el problema. Por tanto, la solución pasa por otro camino que ya parece cerrado: voto obligatorio.

En tercer lugar, creo que es discutible uno de los supuestos de la declaración en torno a que los no inscritos se comportarían políticamente distinto a los inscritos. De acuerdo a los firmantes, el hecho de que los no inscritos voten generaría mayor incertidumbre en la elección y, por tanto, los partidos tendrían cierto resquemor a respaldar la inscripción automática debido al ingreso de nuevos votantes. En consecuencia, el hecho de bloquear la inscripción automática sería una señal de mezquinos cálculos electoralistas por parte de dirigentes y asesores partidarios. Todos ellos estarían pensando en arrastrar más agua a su molino y no, necesariamente, en buscar el mejor régimen electoral para Chile. El punto está en lo siguiente. Como muestra un estudio de 2008 realizado por uno de los firmantes (Patricio Navia), los inscritos y no inscritos tienen predisposiciones políticas similares particularmente en términos de identificación ideológica, cuestión que se reproduce para datos más actualizados. En algunas encuestas, eso sí, los no inscritos aparecen levemente más cargados hacia la izquierda, pero con mayores niveles de desafección con partidos y coaliciones. Si bien la discusión está abierta sobre este punto considerando los últimos acontecimientos sociopolíticos que involucran a jóvenes, no está demás subrayar que la entrada de nuevos votantes no es, necesariamente, una amenaza para los partidos vigentes. Claro, genera mayor incertidumbre, pero mientras no se modifiquen las reglas del juego (sistema electoral), probablemente los cambios no sean tan visibles.

En definitiva, me parece del todo razonable presionar por la aplicación de la inscripción automática. Pero hay que ser honestos en señalar que dicha presión también implica aceptar el voto voluntario. Junto a este debate, ciertamente, habría que reflotar la discusión en torno al cambio del sistema electoral. Me encantaría que más firmantes pudieran clamar por ese cambio que, de concretarse, sí podría hacer variar dos dimensiones claves de la democracia: participación y competencia.

Salvemos la Democracia: ¡Inscripción Automática Ahora!

Esta es la transcripción de una carta que firmé, junto a 107 otros académicos, actores sociales y líderes de opinión apoyando la inscripción automática para votar en elecciones de Chile. Fue publicada en El Mercurio y en El Dínamo, el Lunes 17 de Octubre de 2011.

Chile tiene en la actualidad uno de los sistemas de registro electoral más extraños del mundo: en la Constitución existe la inscripción automática desde abril de 2009, pero en la práctica seguimos teniendo la obligación de inscribirnos en un registro disponible en ciertos lugares, en ciertos días y cierto horario.

Si todos los sectores políticos manifestaron su voluntad de eliminar esta verdadera barrera a la entrada a la participación política, ¿qué pasa que la inscripción automática hoy no está vigente? Se requiere de una ley que la implemente. Los responsables han aludido la dificultad técnica de incorporar parte importante de los no inscritos al padrón automático. De esta manera se pone en riesgo su implementación para las elecciones municipales del 2012 y presidenciales – parlamentarias 2013.

El resultado del actual sistema: después de 21 años de democracia, más del 90% de los mayores de 45 años votan, pero sólo el 20% de los menores de 30 años lo hace.

Chile tiene la capacidad de acelerar el proceso y cumplir lo señalado en la reforma. Lamentablemente la inscripción automática significa para muchos representantes mayor incertidumbre respecto de su propio resultado electoral, escenario que prefieren evitar. El incentivo pareciera estar en dejar las cosas como están, mientras se sigue debilitando la representatividad de nuestra democracia.

Los firmantes de esta carta, formando parte de un movimiento ciudadano transversal, no buscan una ventaja electoral para un partido o sector político determinado. Del mismo modo tienen visiones distintas respecto del debate de fondo sobre la voluntariedad u obligatoriedad del voto. Entre ellos también existen diferencias respecto de las otras modificaciones que requiere nuestra democracia. Aun así, todos coinciden en que el estado actual sólo consolida un padrón estrecho y avejentado a la vez que augura menos competencia y participación electoral; la inscripción automática es paso esencial y prioritario para revertir la crisis de representatividad.

Por lo anterior, especialmente en un año en el cual la juventud se ha tomado la calle para expresar su deseo de incorporarse al debate público, se hace urgente que los actores políticos cumplan su compromiso. Sabemos que nuestras instituciones públicas son capaces en corto plazo de salvar las barreras técnicas que implica este desafío. Lo que demandamos es la voluntad política para que esta reforma se haga operativa antes de las próximas elecciones municipales. Estamos contra el tiempo y no podemos esperar un día más.

A través de esta carta y los abajo firmantes exigimos al Gobierno, Congreso y Partidos Políticos que discutan con urgencia inmediata la legislación que permite la pronta implementación de la inscripción automática.

Fue firmada por: Sebastián Iglesias, Cristóbal Bellolio, Sebastián Bowen, Claudio Fuentes S., Jaime Bellolio, Marcela Ríos, Robert Funk, José Francisco García, Tomás Chuaqui, Lucia Dammert, Francisco Javier Díaz, Patricio Navia, Jorge Navarrete, Juan Pablo Luna, Nicolás Grau, Mauricio Dorfman, Humberto Sichel, Felipe Heusser, Marcelo Brunet, Luis Felipe Merino, Rodrigo Castro, Danae Mlynarz, Eugenio Guzmán, Cristobal Aninat, Lucas Sierra, Oscar Landerretche, Julio Pertuzé, Alejandro Micco, Stephanie Alenda, Andrés Valdivia, Claudia Heiss, Daniel Hojman, Aldo Schiappacasse, Juan Pedro Pinochet, Claudia Sanhueza, Eduardo Engel, Javier Couso, Andrea Betancor, Aldo González, Andrés Azocar, Camilo Ballesteros, Cecilia Castro, Sebastián Cantuarias, Gonzalo Müller, Consuelo Saavedra, Ángel Soto, Vlado Mirosevic, Jorge Contesse, Gonzalo de la Maza, Sergio España, María de los Ángeles Fernández, Pedro Glatz, Cristóbal Huneeus, Alex Godoy, Alejandra Jorquera, Soledad Teixidó, Marcelo Mena, Claudio Castro, Juan José Ossa, Rodrigo Jordán, Matias Asún, Daniel Manoucheri, Rodrigo Guendelman, Fernando Paulsen, Claudio Agurto, Luis Argandoña, Davor Mimica, Javier Sajuria, Alfredo Joignant, José Miguel Benavente, Rolando Jiménez, Monserrat Nicolás, Carlos Correa, María Gracia Subercaseaux, Roberto Méndez, Kenneth Bunker, Andrea Repetto, Harald Beyer, Camilo Feres, Cristina Bitar, Felipe Melo, Elisa Zuleta, Axel Káiser, Andrés Kalawski, Diego Schalper, Gloria De La Fuente, Pamela Díaz-Romero, Manuel Antonio Garretón, Matías del Río, Juan Carlos Eichholz, José Viacava, Pablo Ruiz-Tagle, Patricia Politzer, Sergio Micco, Kenzo Asahi, Leo Prieto, Patricio Fernández, Max Colodro, Cristóbal Tello, Cristóbal Yurazseck, Javier Fano, Esperanza Cueto, Javier Sanfeliú, Pablo Lira, Juan Manuel Astorga, Andrea Sanhueza, Rossana Castiglioni, Francisco Javier Urbina, María Olivia Recart, David Altman.

Viabilidad Legislativa de una Reforma Electoral

Los últimos sucesos–las movilizaciones y los bajos índices de popularidad presidencial–han puesto a La Moneda en jaque. A dos años de la próxima elección presidencial, el presidente aún no ha logrado consolidar a su gobierno. No está claro cuál va ser la gran contribución del cuatrienio de Piñera. En un artículo anterior, sugerí que una buena opción sería una reforma electoral.

Sin embargo, una reforma iría en contra de la posición política que han manifestado los partidos de la Alianza desde el retorno de la democracia. Mientras su objetivo ha sido preservar el sistema binominal, la Concertación ha empujado por un cambio. Mientras la Alianza ha insistido en la virtud de estabilidad que entrega el binominal, la Concertación ha criticado su desproporcionalidad.

Por eso fue una sorpresa cuando un proyecto de reforma electoral (Boletín 7417-07) ingresó con la firma de un diputado UDI. Esta sorpresa se transformó en expectativa cuando La Moneda anunció la intención de explorar alternativas al sistema electoral. Si bien este debate ha levantado esperanza, mi sugerencia es mantener la calma. Lo más probable es que todo siga igual.

Según el cientista político David Altman, existen 5 grandes propuestas de cambio al sistema electoral.

  1. Sistema Binominal Corregido: Mantener sistema binominal, pero agregar escaños. Se baraja aumentar la Cámara de Diputados de 120 a 150 y el Senado de 38 a 50.
  2. Sistema Mayoritario: Reemplazar el sistema binominal por un sistema uninominal. Esto implica un redistritaje nacional.
  3. Sistema Proporcional: Reemplazar el sistema binominal por un sistema proporcional puro. Este se asimila al que existía en Chile previo a 1973. Esto implica aumentar la cantidad de escaños por distrito.
  4. Sistema Mixto Paralelo: Instalar un sistema de elección paralelo, donde una parte de los legisladores son electos en distritos uninominales y otra parte de los legisladores son electos por listas proporcionales regionales.
  5. Sistema Mixto Compensatorio: Instalar un sistema de elección mixto paralelo, pero con un vínculo directo entre ambos sistemas para mantener la proporcionalidad.

Para efectuar cualquier cambio importante a la Ley electoral, la Constitución establece que se necesita un quórum de 3/5 partes de la Cámara (72 diputados) y 3/5 partes del Senado (23 senadores). De estas 5 grandes propuestas la que tiene la mayor probabilidad de pasar por la Cámara es el sistema binominal corregido. La segunda propuesta con mayor probabilidad de pasar por el poder legislativo es el sistema mayoritario. Las restantes tres propuestas son improbables de pasar.

El binominal corregido tiene el apoyo de la UDI y RN. Si La Moneda tiene que hacer una reforma, el binominal corregido sería la mejor opción de RN y la segunda mejor opción de la UDI (tras status quo). En la Concertación el principal beneficiado sería el PDC. Mientras es improbable que otros partidos de la Concertación apoyen el proyecto, los diputados independientes pero cercanos a la Alianza (Isasi, Velázquez y Delmastro) también se sumarían, dado que podrían obtener importantes beneficios electorales con 30 escaños adicionales.

Por su parte, los principales beneficiados de un sistema mayoritario serían la UDI, el PDC y el PS–los partidos más grandes del país. El PPD también podría estar de acuerdo con este proyecto. Por su parte, RN y el PRSD tendrían mayores dificultades para competir con otros partidos en distritos uninominales, por lo que estarían en contra. Los independientes, en cambio, estarían a favor de sistemas uninominales porque derrumba las barreras de entrada a caudillos locales que tiene el sistema binominal.

El sistema proporcional tiene poca llegada en los partidos de la Alianza. La Concertación, en cambio, estaría a favor de adoptar cualquier sistema electoral más proporcional que el binominal. Lo mismo va para los diputados del PCCH, del PRI y el PRO.

Finalmente los sistemas paralelos y compensatorios también serían rechazados por la Alianza–y aprobados por la Concertación–por su efecto proporcional. Pero encontrarían apoyo entre los diputados independientes (por tener distritos uninominales) y los diputados comunistas (por tener listas proporcionales).

Ahora bien, para reformar la Ley, también es necesario contar con el voto de al menos 23 senadores. Según la lógica expuesta arriba, la propuesta con mayor probabilidad de pasar por el Senado es el sistema binominal corregido (tendría 25 votos). La segunda propuesta con mayor probabilidad de pasar por el Senado es el sistema mayoritario (tendría 24 votos). Y al igual que el resultado de la simulación en la Cámara, las restantes tres propuestas son improbables de pasar.

Mi opinión es que el mejor sistema electoral para Chile sería un sistema mayoritario. Primero, porque obliga a un redistritaje. Esto naturalmente conlleva una disminución en la desproporcionalidad entre la cantidad de votantes inscritos en cada distrito y la cantidad de escaños disponibles por distrito que genera el sistema binominal. Con un sistema mayoritario con unidades electorales de 1 legislador, todos los distritos tendrán la misma cantidad de gente representada por 1 Diputado y 1 Senador.

Segundo, porque mantiene la estabilidad política. Se mantendrán las coaliciones porque los partidos tendrán incentivos para repartirse candidaturas a través del país. Dado que el redistritaje aumentará la cantidad de escaños disponibles, todos los partidos tendrán una alta probabilidad de nominar buena parte de sus políticos como candidatos. Además, el sistema mayoritario eliminará la particular distorsión del binominal de premiar a los segundos mejores.

De este modo, si el gobierno de Piñera pretende hacer una reforma electoral, mi opinión es elegir un sistema que represente un cambio al binominal pero que a la vez sea legislativamente viable. Entre las opciones binominal corregido y sistema mayoritario, solo el segundo cumple los requisitos. Si bien ambas propuestas son coherentes con la posición política de la Alianza, el binominal corregido es simplemente continuidad, mientras que el uninominal es un verdadero cambio.

Alcaldes 2012: Simulación de Resultados

Estoy diseñando un algoritmo para simular el resultado de las elecciones municipales de 2012 antes que se celebren. Frente a la restricción de datos y las distorsiones que crean las reglas electorales para la elección de concejales, me enfoco solo en la elección de alcaldes. El objetivo de la simulación es tratar de predecir el resultado de la elección en las comunas en las cuales se enfrentará un candidato de la Alianza con un candidato de la Concertación. Para esto, presumo dos cosas:

  1. Las comunas tienen características locales que determinan la dirección y la intensidad del voto. Algunas comunas tienen una predisposición–latente o evidente–de votar por un candidato de una determinada coalición.
  2. Las comunas tienen características nacionales que determinan la dirección y la intensidad del voto. Mareas de tendencias políticas nacionales curvan tendencias locales.

La idea de la simulación es incorporar ambas presunciones. El primer paso es identificar el efecto de las caracteristicas locales sobre el resultado de elecciones anteriores. Para determinar su efecto, construí el índice de tendencia política local (ITPL). La idea tras este índice es mostrar que existen ciertos patrones de voto por comuna. Es decir, basado en el comportamiento electoral de cada comuna identifico la predisposición subyacente para preferir una cierta coalición por sobre la otra.

Ver el ITPL para las 345 comunas del país aquí.

El segundo paso es identificar el efecto de tendencias políticas nacionales en cada comuna. Mientras el ITPL representa la línea base de comportamiento electoral comunal, no incluye el efecto de hechos políticos contingentes. Si bien una comuna puede tener una alta tendencia política de votar por candidatos de la Alianza, fenómenos políticos pre-electorales pueden curvar esta tendencia significativamente. Para calcular este efecto uso el indicador único de tresquintos.

Ver cómo se construye el indicador único de tresquintos aquí.

El tercer paso es ponderar el efecto que tiene la marea nacional por sobre el ITPL. Para esto uso una regresión lineal para determinar en qué comunas el efecto nacional es mayor. Basado en las características demográficas y políticas de cada comuna se puede calcular cuáles tienen una mayor tendencia a seguir la marea nacional y cuáles son más resistentes. Ciertas comunas son duras (votan con la misma intensidad por su preferencia base en todas las elecciones), mientras otras son blandas (la intensidad de su voto varía de acuerdo a las mareas nacionales).

Índice de Tendencia Política Local

En los siguientes cuadros muestro tendencias políticas locales. Muestro las comunas en que es más probable que gane un candidato de la Alianza, muestro las comunas en que es más probable que gane un candidato de la Concertación, y muestro las comunas que serán las más disputadas. Estas probabilidades están reflejadas por el Índice de Tendencia Política Local (ITPL).

Para crear el ITPL, seguí el método de Cook. La idea fue usar datos de las dos elecciones municipales anteriores para determinar si las comunas presentan ciertas tendencias políticas locales. Para obtener el índice, calcule el promedio de votos de cada coalición en 2004 y 2008 en las 345 comunas. Luego, calcule la diferencia entre el promedio de cada coalición para cada elección. Finalmente usé el diferencial como indicador de la ventaja promedio de una coalición sobre la otra.

Por ejemplo, un indice C+43 significa que en esa comuna la Concertación tiene una ventaja promedio de 43% sobre la Alianza, controlando por los resultados electorales de las últimas dos elecciones de Alcaldes (2004 y 2008). Asimismo, un índice A+30 significa que en esa comuna la Alianza tiene una ventaja promedio de 30% sobre la Concertación, controlando por los resultados electorales de las últimas dos elecciones de Alcaldes (2004 y 2008). Finalmente, un índice ET significa que existe un empate técnico en la comuna, dado que la ventaja de una coalición por sobre la otra no supera el 5%.

Comunas con un símbolo # son aquellas en que hubo un cambio en la coalción titular entre la elección de 2004 y 2008. Comunas con un símbolo * son aquellas en las cuales un candidato de la Alianza o de la Concertación no compitió en la elección de 2004 o 2008. Comunas con un símbolo ** son aquellas en las cuales hubo un cambio de Alcalde en el periodo 2008-2012. Las inferencias para estas tres tipos de comunas se deben hacer con una sana cautela.