Archivo del Autor: Kenneth Bunker

Conflictos reales y artificales

Publicado en La Tercera

Recientemente la candidata de la DC, Carolina Goic, acusó al candidato del PPD-PS-PR-PC-IC, Alejandro Guillier, de izquierdizarse tras nombrar a una “chica” comunista, Karol Cariola, como Jefa de Comunicaciones de su equipo de campaña. Esta correcta y normalmente intrascendente declaración comenzó una batahola de proporciones relativamente épicas que aparentemente dejó a los dos bandos en la situación política más delicada desde el comienzo del ciclo electoral. Hay al menos dos teorías que pueden ayudar a esclarecer por qué comenzó el conflicto y a explicar por qué probablemente seguirá.

Una primera teoría es estructural y tiene que ver con las razones ideológicas que utiliza la DC para fundamentar su decisión de llevar a una candidata de sus filas a la elección presidencial y de levantar una lista parlamentaria propia a la elección legislativa. Esta teoría tiene sentido porque la DC busca instalarse en un espacio de centro que solo podrá ocupar si logra desplazar a Guillier y el bloque progresista hacia la izquierda. Por ende encasillar a Guillier en la izquierda es primordial, pues es la única forma en que la DC podrá naturalmente clamar el centro, que tradicionalmente le ha pertenecido, y que le es fundamental para poder competir.

Esta teoría también tiene sentido porque explica por qué la reacción del bloque progresista no se hizo esperar. La respuesta es sencilla: el espacio de centro que clama la DC es tan importante para Goic como para Guillier. Para ambos es un nicho de votantes críticamente funcional para cumplir con sus objetivos primarios. En el caso de Goic, contar con ese electorado es esencial para tener una presentación digna en la elección, mientras que para Guillier obtener apoyo de ese conjunto de votantes es fundamental para poder pasar a segunda vuelta y tener una oportunidad de derrocar a su principal adversario.

No necesariamente es la mejor estrategia, pero a estas alturas al parecer es la única. Goic está obligada a polemizar con Guillier para poder diferenciarse. Si es que no logra cortar las raíces que unen a los Demócrata Cristianos con los socialistas, el sueño de la casa propia se derrumbará más rápido de lo que se derrumbó la candidatura de Ricardo Lagos Escobar. De hecho, esta teoría no solo permite haber anticipado las declaraciones de Goic, pero además incrementa la probabilidad de que situaciones similares sigan ocurriendo. El desembarco del camarada Burgos en la campaña de Goic confirma esta noción.

Una segunda teoría es coyuntural y tiene que ver con motivos estratégicos que utiliza la DC para contrarrestar el efecto negativo que implica la decisión de no participar en las primarias legales que entre otras cosas considera una franja televisiva de alcance nacional. Esta teoría tiene sentido dado que es probable que la ya débil posición de Goic en la carrera presidencial se vea aún más afectada al saltarse las primarias, sino es que no mete suficiente ruido. Pues si no lo hace, arriesga ser sepultada por una avalancha de propaganda que los demás candidatos estarán emitiendo constantemente a través de la segunda quincena de junio.

Esta teoría tiene sentido porque el objetivo central de Goic es darse a conocer. Es la única forma para aumentar en las encuestas de intención de voto. Si la gente no la conoce, no va votar por ella. Y qué mejor forma de darse a conocer que por medio de la polémica artificial. Aunque a veces la polémica es mal evaluada por la ciudadanía, siempre es cubierta por los medios – sobre todo en ciclos electorales. En este sentido, no solo es el camino más rápido, pero también el más seguro. Al no ser una candidata popular, generar conflictos artificiales parecer ser la única forma para tratar de nivelar la cobertura.

Lo anterior sugiere que el conflicto entre la DC y el bloque progresista solo comienza. De hecho es probable que este tipo de polémicas – que comienzan con temas tan inocuos como la utilización de una caracterización ideológica o un apodo – aumenten a medida que aumente la presencia de los candidatos rivales en los medios. Por cierto, a esta altura del partido pareciera que generar conflictos artificiales es la única forma para compensar por la mala decisión de no participar de un proceso de primarias que no solo asegura un foro para darse a conocer a lo largo y ancho del país sino que además es financiada por el Estado.

Ambas teorías – la estructural y la coyuntural – son plausibles, y probablemente complementarias. Es probable que Goic y la DC actúen tanto por razones ideológicas como por motivos estratégicos. La única diferencia es que la primera teoría explica las diferencias de fondo de la DC con el bloque progresista y permite entender por qué ambos bandos llegan distanciados a la elección. El problema que queda por resolver es si los conflictos artificiales serán suficientes para poder solucionar el problema de fondo. La evidencia parece indicar que no, que la suerte está echada y que ni Goic ni la DC obtendrán el resultado que añoran.

Si no les puedes ganar, confúndelos

Publicado en La Tercera

La última cuenta pública del segundo cuatrienio de Bachelet puede resumirse como un mar de logros y promesas difícil de poner en contexto. La larga lista de proyectos de ley aprobados en el último año, pero también en los tres anteriores, y de mensajes que se enviarán este año aparentemente entablan al gobierno como uno satisfecho de haber hecho la pega. Entre la batería de índices y porcentajes queda la sensación de que contra todo pronóstico el gobierno cumplirá con sus promesas de campaña antes de su salida.

Pero esta evaluación parcial auto-complaciente no solo es engañosa, pero es errónea. Muchas de las promesas que se presentaron como cumplidas ni siquiera fueron reportadas hace un año como promesas. Lo anterior naturalmente sugiere que fueron improvisadas para artificialmente incrementar el porcentaje total de cumplimiento. Pero incluso si fueran consideradas como promesas, a juicio de algunos expertos, que se dedican a medir porcentajes de cumplimiento, el gobierno igualmente estuvo significativamente lejos de cumplir con cabalidad.

Este último punto es relevante, dado que para muchos el éxito de un gobierno se mide en el porcentaje de promesas cumplidas. Pero rara vez se ponderan las promesas por su importancia e impacto en la sociedad. Cumplir 50 promesas de proyectos de ley que pasan con mayoría simple, es bastante más fácil que cumplir dos promesas de proyectos de ley que solo pasan con quórum calificado. Esto parce ser lo que explica por qué Bachelet ignoró por completo algunas de sus promesas más emblemáticas.

Un ejemplo de un proyecto de ley que necesita quórum calificado, y es a su vez una promesa emblemática, es la promesa de una nueva Constitución. Si bien Bachelet mencionó que enviará un nuevo texto constitucional para ser aprobado en el Congreso antes de fin de año, aún quedan muchas dudas sobre cuál será el proceso, y qué tan ciudadano será si se hace por medio de una convención constituyente. Mencionar de forma tan breve y tangencial el proyecto más emblemático de su gobierno es por lo bajo lamentable.

Gran parte de la retórica de la campaña de Bachelet y la Nueva Mayoría en 2013 se hizo en base a una nueva Constitución. De hecho, la gran base de sus votantes la prefirieron a ella porque era el camino más seguro para conseguir ese texto. Hoy, en un contexto político completamente presidencializado, en el cual además el oficialismo se encuentra desintegrado, es seguro decir que esa es una de las promesas que no se cumplirá antes del final del cuatrienio. Sin duda un hecho que pone en duda la capacidad política del gobierno.

Quizás una buena alternativa, más que resumir logros y hacer promesas, habría sido usar la cuenta pública para diseñar una agenda de continuidad al legado de la Nueva Mayoría. En particular habría sido importante pasar el bastón progresista que sostiene la promesa de una nueva Constitución a un candidato que asegure la continuidad. Aunque Bachelet manifestó un tenue apoyo a la línea política progresista, fue una remembranza del poco apoyo que le entregó a Frei en 2009, y un presagio del poco apoyo que le entregará a Guillier en 2017.

Fue una cuenta pública hecha para los votantes de la Nueva Mayoría. Los logros y promesas contrastan bruscamente con los índices de aprobación. Muchos se preguntarán de qué sirven todos los índices y porcentajes presentados por la Presidenta si la gente no aprueba del trabajo del gobierno. En efecto, a ratos parecía que Bachelet entró al discurso sabiendo que una comparación rigurosa con sus promesas originales sería un fracaso, por lo cual decidió confundir a su audiencia con una larga lista de números desconetxtualizados.

 

Lo anterior no implica que el segundo gobierno de Bachelet es un mal gobierno–de hecho, ese balance solo se podrá hacer luego de que se bajen las cortinas en marzo de 2018 o incluso años después de eso. Pero lo que sí implica es que el gobierno tomó un rumbo distinto al propuesto en 2013. Todo indica que las grandes reformas ya ocurrieron, y lo que se hará en lo que queda del periodo serán solo reformitas. Quizás por eso habría sido mejor enfocarse más en la continuidad de sus promesas en el próximo gobierno que en celebrar victorias parciales.

Chile Vamos debe ir en una sola lista legislativa

La derecha tiene una oportunidad histórica para ganar la elección presidencial y legislativa de Noviembre. A nivel presidencial las al menos cuatro candidaturas presidenciales de la centro izquierda (Enríquez-Ominami, Goic, Guillier, Sánchez) prometen facilitar la victoria de Piñera, y a nivel parlamentario sus correspondientes cuatro listas legislativas (Progresistas, Democracia Cristiana, ex Nueva Mayoría, Frente Amplio) prometen potenciar el número de escaños obtenidos por la derecha.

Las simulaciones electorales de Tresquintos muestran que incluso si todo sigue igual, la oportunidad sigue vigente. Es decir, en el escenario en que se repitieran las coaliciones de 2013, Chile Vamos aumentaría en cerca de 2% su presencia en la Cámara de Diputados. Pero de ahí en adelante toda división le es incrementalmente funcional. Si el PRO se asocia a los partidos remanentes de la Nueva Mayoría, Chile Vamos gana 2,4%; si el PRO se asocia al Frente Amplio, gana 5,7%; y si la Nueva Mayoría se divide en dos, gana 7%.

Al menos este era el auspicioso panorama para la coalición de derecha hasta hace un par de semanas, cuando comenzaron a trascender los rumores que podría haber una división en la coalición para la elección legislativa. Inmediatamente sonaron las alarmas, pues a simple vista suena como una estrategia contra-productiva, pues si Chile Vamos quiere ganar la elección ya se encuentra en el mejor escenario posible, y bajo cualquier lógica una división solo podría ser peor.

Las simulaciones de Tresquintos confirman esta idea. El hecho es que el peor de todos los escenarios posibles es precisamente el escenario en que Chile Vamos se divide. No solo es el único escenario en que pierden representación en el Congreso (disminuirían en 1,4%), pero además es el único escenario en que Chile Vamos cae bajo 40% del global, su piso histórico en el Congreso. Es decir, separarse no solo es una decisión mala, sino que es una decisión históricamente mala.

La pregunta, entonces, es por qué Chile Vamos considera la posibilidad de separarse ante esta sombría prospectiva. La respuesta está en los incentivos que algunos parecen ver en el nuevo sistema electoral proporcional moderado. Dado que los votos se distribuyen por lista y después por partidos (que en la práctica actúan como sub-pactos), los partidos grandes (UDI y RN) temen que los partidos pequeños (Evópoli y el PRI) les roben de escaños que normalmente ganarían.

Un ejemplo sirve para clarificar esta situación. Las simulaciones electorales para el distrito 8 (compuesto por los antiguos distritos 16 y 20) muestran que Chile Vamos conseguiría 3 escaños. Los primeros electos probablemente serían los dos titulares de la UDI (Lavín y Melero). El problema ocurre cuando se pasa a considerar el tercer escaño. Si Chile Vamos va unida, el tercero iría para Evópoli (probablemente Cruz-Coke). Pero si va separada, la UDI podría arrastrar al candidato de RN.

Si este ejemplo lo extrapolamos a todo el país se ve nítidamente por qué Chile Vamos perdería tantos escaños. La paradoja es que por un conflicto interno, donde la UDI y RN se buscan rascar sus propias espaldas, pierde todo el sector. Tiene sentido político, pues es atendible que los dos partidos tradicionales se quieran potenciar, pero no tiene sentido electoral, dado que si se considera el contexto político del momento (y no solo los incentivos del sistema electoral) es una elección particularmente favorable a ir unidos.

Hay bastante evidencia de que este es un camino que se está explorando con seriedad. El explosivo aumento de candidatos UDI y RN en las últimas semanas sugiere que los dos partidos tradicionales se están preparando para levantar su propia lista. De hecho, la lista de candidatos recopilada por Tresquintos sugiere que el total de candidatos de la UDI y RN (alrededor de 250) supera con creces el máximo legal posible por una lista (183).

Aún queda tiempo. Si Chile Vamos toma una decisión consciente, privilegiarán los resultados colectivos antes que a los resultados individuales. Están en un cruce histórico en que pueden ganar la elección con un contingente legislativo cercano a la mayoría. Si permanecen juntos, ganarán la elección presidencial y legislativa caminando. Si se separan, la decisión pasará a los anales de historia como la estrategia electoral más pobre de los últimos tiempos.

La cohesión y redundancia de las primarias del Frente Amplio

Publicado en La Tercera

Beatriz Sánchez y Alberto Mayol son los dos candidatos más similares de una misma coalición en disputar una primaria desde el retorno de la democracia. Hubo claras diferencias entre Eduardo Frei y Ricardo Lagos en 1993, entre Lagos y Andrés Zaldívar en 1999, entre Soledad Alvear y Michelle Bachelet en 2005 (aunque finalmente se suspendió), entre Frei y José Antonio Gómez en 2009, y naturalmente entre Bachelet, Andrés Velasco, Claudio Orrego, y Gómez en 2013.

Esto lo sostengo basado en el delicado trato que tuvieron entre sí Sánchez y Mayol en el primer debate. Desde el comienzo, los dos candidatos mostraron un alineamiento extraordinario. Estuvieron de acuerdo en absolutamente todo. En pasajes, el debate pareció un sparring coordinado y diseñado para prevenir cualquier daño. Si hubo algún desacuerdo fue solo de matices y prioridades, pocas diferencias de forma y por cierto que ninguna de fondo.

Por una parte, la similitud entre los candidatos habla de la cohesión que existe en la coalición (lo que irónicamente contrasta con su carácter de “Amplio”), pues muestra que las ideas de fondo no varían a pesar del nombre del candidato. Algunos podrán interpretar esto como algo positivo, dado que aísla al Frente Amplio, y lo eleva por sobre el agresivo contexto político por el cual atraviesan todos los otros sectores políticos, sobre todo los tradicionales.

Por otra parte, la similitud ente los candidatos confirma la estrategia política y electoral del Frente Amplio. El carácter tenue del debate sugiere que los candidatos no están en las primarias para debatir, al menos no en el sentido tradicional, si no que están ahí para presentar las ideas del conglomerado. Más específicamente, no están en las primarias para elegir al mejor de los dos candidatos, están en las primarias para darse a conocer.

En principio no tengo ningún problema con esta estrategia, pues es una impecable táctica electoral. El desafió del Frente Amplio es precisamente darse a conocer, y qué mejor oportunidad para hacerlo que participando en primarias, donde además pueden generar un contraste crucial con su rival directo: los partidos de la Nueva Mayoría y sus candidatos presidenciales. A simple viste parece una decisión sencilla, que solo promete réditos.

Pero si lo anterior es correcto, que la participación del Frente Amplio en las primarias no es genuina, implica que están utilizando las primarias para un propósito para el cual no fueron diseñadas. Por definición las primarias son para elegir entre candidatos que representan distintas ideas de un mismo sector, y no para avanzar agendas políticas particulares. En esencia, el problema es que caen en la misma práctica que critican de los demás.

Lo anterior es una sutil diferencia y por ende mucha gente no verá el problema contingente en el trasfondo de las primarias del Frente Amplio. De hecho, esa sutileza es un engranaje central para que la estrategia funcione: que la gente no note la intencionalidad. Mi intuición es que los líderes de la coalición no dimensionaron la similitud entre los dos candidatos. Si lo habrían hecho, probablemente hubiesen optado por otra ruta.

La estrategia de las primarias solo funciona si es que hay al menos una apariencia de competencia entre los candidatos, aunque esta no exista en el fondo. Por eso era crucial que en el primer debate los candidatos rivalizaran entre ellos. Era esencial que Sánchez y Mayol confrontarán ideas y contrastaran programas para que mostrarán que la decisión de ir a primarias era genuina y no estratégica. Lamentablemente no fue así.

Si el debate hubiese sido más directo, confrontacional, y un candidato hubiese destacado más que el otro, hubiese sido una victoria rotunda. Pero el debate fue tenue, probablemente debido a la cohesión natural de la coalición. Pero eso es lo que transforma las primarias en redundantes. ¿Qué utilidad tiene ver a dos candidatos que repiten lo mismo todo el rato? ¿Cuál es la diferencia del primer debate con una presentación de un programa? La respuesta a estas dos preguntas es: ninguna.

El precio de ME-O y el PRO

En los días que corren los candidatos presidenciales se pasean por el país presentando sus programas y acaparando la atención de los medios. Pero hay otras cosa que está ocurriendo tras bambalinas que a mi gusto es políticamente más relevante: se negocian las listas legislativas. Las coaliciones están envueltas en sendas negociaciones para determinar cuántos partidos conformarán sus listas y cuántos cupos obtendrá cada uno de ellos.

A partir de evidencia anecdótica, parece haber solo una coalición lista en esta materia: Chile Vamos. Si bien aun falta afinar algunos detalles sobre los cupos para cada uno de los partidos, los puntos de tope parecen ser relativamente menores. Al otro lado del centro, no hay nada claro. Falta ver si la Nueva Mayoría permanece unida o se divide en dos, y si el Frente Amplio sigue sumando partidos y movimientos a su  coalición o si cierra con lo que tiene.

Es en este escenario en el cual flota Marco Enríquez-Ominami y el Partido Progresista (PRO). No hay claridad si ME-O va ir como candidato presidencial por una tercera vez o si va apoyar a alguno de los otros candidatos presidenciales, como a Alejandro Guillier o Beatriz Sánchez. Asimismo no hay claridad si va levantar una lista legislativa propia o si va buscar pactar con alguna otra coalición, como la Nueva Mayoría (unidad o dividida) o el Frente Amplio.

Negociar con otros partidos tiene pros y contras, y ME-O lo sabe. Si habría negociado en 2013 habría llevado a su partido al gobierno. Podría haber disputado un escaño en el Senado en esa misma elección y haber asegurado su vigencia política hasta al menos 2022. No negoció, y logró mayor independencia para su partido, permitiéndole fortalecer liderazgos propios. Pero en retrospectiva, parece evidente que el primer camino era mejor.

La pregunta hoy, es cuál es el precio electoral de ME-O y el PRO. Es decir, qué utilidad tiene para otros partido pactar con ellos. Si ME-O y el PRO logran pactar con otros partidos, y los ayudan a significativamente incrementar su presencia en el Congreso, entonces el precio es alto, pues tienen mucho que ofrecer. En contraste, si logran pactar, pero no los ayudan a incrementar su presencia en el Congreso, entonces el precio es bajo.

Para estimar el precio de ME-O y el PRO, hice una simulación de la elección legislativa de 2017 con datos de las recientes elecciones de concejales (2016). Suponiendo que la Nueva Mayoría finalmente se dividirá, y la DC irá en una lista propia, hice una simulación base sumando en una lista a los partidos progresistas de la Nueva Mayoría y en otra a la DC. Después agregué a las otras grandes opciones a la operación: Chile Vamos, Frente Amplio, y el PRO.

El resultado de esa simulación base muestra que, considerando la distribución de votos a través de todas las listas, el PRO no obtendría ningún escaño, quedando marginado del Congreso. Esta idea inicial me conduce a pensar que tanto ME-O como el PRO deben estar más convencidos que nunca sobre la utilidad de pactar. La pregunta es ¿con quién? Y allí parece haber solo dos alternativas, negociar con los partidos progresistas de la Nueva Mayoría o con el Frente Amplio.

El cuadro de abajo muestra el resultado de una simulación si el PRO negocia con los partidos progresistas de la Nueva Mayoría. Muestra que el PRO le reportaría 10 escaños adicionales a la lista de los progresistas. Muestra que su entrada al pacto sería perjudicial para todos los otros partidos y coaliciones, pero en mayor medida para Chile Vamos, que perdería 7 escaños. También tendría un impacto sobre la DC, que podría quedar con solo 11 diputados.

El último cuadro muestra el resultado de la simulación si el PRO negocia con el Frente Amplio. En este escenario el PRO le reportaría 7 escaños adicionales a la lista que apoya a Beatriz Sánchez. A su vez, los que sufrirían la derrota más notoria sería los progresistas de la ex Nueva Mayoría, cayendo en 4 escaños sobre su base y dejándolos con menos de 40% de la Cámara Baja. Chile Vamos perdería 2 escaños y la DC perdería 1.

Los distritos en que el PRO podría aportar una votación útil a la lista de los partidos progresistas de la Nueva Mayoría, y ayudarlos a alcanzar 1 escaño adicional, son los siguientes:

D2, D6, D8, D9, D10, D12, D14, D15, D23, D25

Los distritos en que el PRO podría aportar una votación útil a la lista del Frente Amplio, y ayudarlos a alcanzar 1 escaño adicional, son los siguientes:

D4, D7, D10, D11, D12, D13, D14

Estas simulaciones sugieren que el PRO podría aportar entre 10 y 7 diputados a otras listas. En términos relativos podrían aportar a que las respectivas coaliciones aumenten el tamaño de sus bancadas entre 7% y 5%, sobre su base. (Hay que notar que estas son bases, y que pueden variar; en este artículo muestro cómo podría variar la votación del Frente Amplio, que en el papel obtiene 5 diputados pero en la práctica podrían ser hasta 14).

La pregunta que sigue, es ¿quién está dispuesto a negociar con el PRO para conseguir esos escaños adicionales? Si es entre las dos opciones sugeridas aquí, me parece que negociar un pacto con el Frente Amplio es mucho más atractivo en el papel, pero negociar un pacto con los partidos progresistas de la Nueva Mayoría es mucho más factible en la práctica. Aunque el PRO les puede aportar a ambos, tiene que trabajar con lo poco que tiene, e irse a la segura.

El Frente Amplio probablemente va decidir prescindir del PRO, y ser consecuente con construir un camino propio. Obtener solo 7 escaños adicionales a cambio de negociar con el PRO puede ser un mal negocio. En este sentido, sería fútil abrir una conversación con ellos, pues solo debilitaría aun más al ya alicaído ME-O. Abrir una conversación que termine con un portazo en la cara solo le bajaría el precio si es que le tienen que ir a tocar la puerta a los vecinos.

En contraste, con los progresistas de la Nueva Mayoría hay una mayor afinidad, pues no están las mismas barreras para negociar–sobre todo ahora que no está la DC. Obtener 10 escaños adicionales sin hacer mucho esfuerzo puede ser un buen negocio. En ese sentido, conviene más abrir esa conversación, y hacerlo cuanto antes, pues mientras más se acerca la elección más cae el precio en que se pueden vender.

ME-O y el PRO pudieron negociar en 2013 y no lo hicieron. No solo se auto-marginaron del Congreso, pero además se volvieron redundantes dentro del sistema político. Hoy pueden revertir esa situación mediante las negociaciones legislativas. Su fuerte está en ofrecer esos 10 (o incluso más) escaños a los partidos progresistas de la Nueva Mayoría, que llegan a la elección tambalenado. Si ME-O endosa incondicionalmente a Guillier, la negociación será un trámite.

El avance legislativo del Frente Amplio

Hoy muchos se ocupan de estimar las probabilidades de Beatriz Sánchez de aumentar en las encuestas, adelantar a Guillier, y pasar a segunda vuelta. En parte, se debe a la atención que la misma candidata ha logrado atraer por su buen desempeño en las encuestas (ver el pronóstico de Tresquintos aquí). Pero en parte se debe al interés que generaran sus escuderos, los dos políticos mejor evaluados del país: Gabriel Boric y Giorgio Jackson.

Ambos factores han confluido para alimentar al Frente Amplio e incrementar su probabilidad de obtener un buen resultado en la próxima elección. Si bien la coalición será evaluada por su resultado en las presidenciales, también es cierto que será juzgada por su resultado legislativo. Si a Beatriz Sánchez le va bien en la presidencial, pero a la coalición le va mal en la elección legislativa, el proyecto se podrá catalogar como un fracaso.

Por eso considero relevante anticipar el desempeño legislativo del Frente Amplio. En un artículo anterior simulé los resultados de la elección de 2017 considerando al Frente Amplio como una coalición compuesta por una combinación específica de partidos que compitieron en la elección de 2016. En este artículo uso esa simulación como base, y agregó algunas consideraciones adicionales para hacer un pronóstico para la elección de diputados.

Antes de comenzar hay que clarificar un par de cosas sobre el sistema electoral que se utilizará por primera vez en las próximas elecciones. Dado que los escaños (denotado aquí como n) se reparten en función al número de votos que obtiene cada lista (denotado aquí como k), podemos calcular el porcentaje mínimo de votos que una lista necesita alcanzar para obtener 1 escaño (aceptando que es posible ser elegido con menos):

1/(n+1)

Dado que sabemos que los distritos reparten entre 3 y 8 escaños, según el tamaño de su población, podemos hacer los cálculos de interés. Por ejemplo, en un distrito en que se reparten 3 escaños (el distrito más pequeño), el porcentaje de votos que se necesita alcanzar para obtener 1 escaño es 25%. Asimismo, en un distrito en que se reparten 8 escaños (el distrito más grande), el porcentaje de votos que se necesita alcanzar para obtener 1 escaño es 11,1%.

La siguiente Tabla muestra esta relación. La primera fila muestra cuántos votos necesita alcanzar una lista para conseguir 1 escaño. La segunda fila muestra cuántos votos necesita una lista para conseguir 2 escaños. Así sucesivamente. Por ejemplo, en un distrito donde se reparten 3 escaños una lista necesita 25% de los votos para conseguir 1 escaño, necesitan 50% para conseguir 2 escaños, y necesita 75% para conseguir 3 escaños.


Con los datos de las simulaciones y de los umbrales mínimos de votos para conseguir escaños podemos estimar el número de distritos en que cada lista logra obtener un escaño o más. Suena como una operación sencilla, pero no lo es. Es levemente más complejo de lo que parece, dado que es matemáticamente posible (e incluso bastante frecuente en sistemas proporcionales) obtener 1 escaño con menos del umbral mínimo.

Para hacer esta estimación, entonces, no solo hay que considerar si el porcentaje de votos por cada lista sobrepasa el umbral mínimo, sino que hay que estimar la distribución de votos considerando el desempeño electoral de todas las listas. Para dar un ejemplo útil: si se estima el número de distritos donde el Frente Amplio sobrepasa el umbral, logran elegir 2. Pero si se hace la misma operación considerando a todas las listas, logran elegir 5.

Por ende, lo que hay que calcular es la relación entre el porcentaje de votos del Frente Amplio (reportado en la simulación) y el umbral mínimo de votos (reportado en la Tabla anterior), considerando la distribución de votos entre todas las listas. Si se hace eso, podemos también dividir a los distritos en función a la probabilidad de que cada lista pueda obtener un escaño:

  1. Seguros: son distritos en que la lista sobrepasa el umbral
  2. Probables: son los distritos en que la lista está muy cerca de sobrepasar el umbral
  3. Cercanos: son los distritos en que la lista está cerca de traspasar el umbral

La siguiente Tabla sugiere que un rendimiento regular el Frente Amplio obtendría 6 escaños, con un mejor rendimiento obtendría 8 escaños, y con un buen rendimiento obtendría 14. La Tabla también muestra que el Frente Amplio es significativamente más fuerte en la Región Metropolitana que en cualquier otra región, pues allí obtiene la mitad de sus escaños. De los restantes, 5 vendrían del norte (distritos 1 a 7) y 2 vendrían del sur (distritos 15 a 28).

Los distritos (y los candidatos más fuertes, de acuerdo a la lista de candidatos de Tresquintos, disponible en la barra lateral izquierda de este sitio) en que el Frente Amplio lograría obtener 1 escaño en el norte son:

D1 (Vlado Mirosevic), D3 (Fernando San Román o Pablo Herrera), D5 (Bertrán Magallanes), D6 (Carlos Aguilar), D7 (Jorge Rauld o Jorge Brito)

Los distritos (y candidatos más fuertes) en que el Frente Amplio lograría obtener 1 escaño en la Región Metropolitana son:

D8 (Ricardo Camargo), D9 (Maite Orsini), D10 (Giorgio Jackson), D11 (Tomás Hirsch), D12 (Miguel Crispi), D13 (Juan Ignacio Latorre), D14 (Renato Garín)

Los distritos (y candidatos más fuertes) en que el Frente Amplio lograría obtener 1 escaño en el sur son:

D17 (Nataly Rojas), D20 (Cristián Cuevas o Camilo Riffo)

Como siempre, es importante subrayar que pasan muchas cosas entre una elección y otra, lo cual limita el rango de predicción que puedan tener las simulaciones. Pero los resultados avanzados aquí se pueden utilizar como una base para trabajar. Funcionan, entre otras cosas, como un referente para privilegiar recursos escasos. Naturalmente, a medida que nos acerquemos a la elección se irá actualizando el pronóstico.

Con ese disclaimer, mi intuición es que Frente Amplio no va obtener menos de 10 escaños y difícilmente va obtener más de 20. Pero, otra vez, debo advertir que no tengo una bola de cristal. El resultado finalmente va depender de la estrategia interna del Frente Amplio, y de lo que hagan los demás. Por ejemplo, las simulaciones no muestran una victoria de Gabriel Boric, pero es probable que logre ser reelegido, ya sea en su nativo D28, o en otro lugar.

Los perdedores de la DC

En un artículo anterior simulé la elección de diputados de 2017 bajo dos escenarios diferentes (uno en que la Nueva Mayoría se mantiene y otro en que se divide), con el propósito de determinar si a la DC le conviene mantenerse dentro de la Nueva Mayoría o ir en una lista propia.

Mostré que a la DC no le conviene ir en una lista propia, pues si lo hace perdería 8 diputados en términos absolutos, y perdería 9,1% en términos relativos. (A su vez mostré que la nefasta decisión indirectamente permitiría que Chile Vamos se consolidara como la principal fuerza legislativa).

En este artículo ahondo en ese tema y muestro dónde exactamente serían las victorias y las derrotas de la DC. Para comenzar, un poco de contexto. Hoy la DC tiene 17,5% de la Cámara de Diputados (lo que corresponde a 21 de 120 diputados). Los diputados están repartidos en los siguientes distritos:

D4 (Yasna Provoste), D5 (Matías Walker), D7 (Aldo Cornejo, Víctor Torres), D8 (Gabriel Silber), D10 (Claudio Arriagada), D11 (Jaime Pilowsky), D15 (Ricardo Rincón), D16 (Sergio Espejo), D17 (Pablo Lorenzini, Roberto León), D19 (Jorge Sabag), D20 (Marcelo Chávez, José Miguel Ortiz), D22 (Fuad Chahín, Mario Venegas), D24 (Iván Flores), D25 (Sergio Ojeda), D26 (Patricio Vallespín), D27 (Iván Fuentes), 28 (Juan Morano)

Para efectos de este análisis es importante mencionar que además de esta bancada, la DC tiene a dos ex-militantes (una que abandonó el buque hace años, y uno que abandonó el buque hace meses), que influyen en el resultado final de la elección, en los siguientes distritos:

D16 (Alejandra Sepúlveda), D23 (René Saffirio)

Si se cumple el segundo escenario, y la DC decide ir en una lista propia, y competir con las nuevas reglas del juego del sistema proporcional moderado, la simulación muestra que la DC mantendría o conquistaría 1 escaño en los siguientes distritos:

D5, D6, D7, D8, D9, D10, D14, D17, D19, D20, D23, D25, D26

Es decir, la DC mantendría los siguientes distritos:

D5 (Walker), D7 (Cornejo), D8 (Silber), D10 (Arriagada), D17 (León), D19 (Sabag), D20 (Ortíz), D25 (Ojeda), D26 (Vallespín)

Y conquistaría los siguientes distritos:

D6 (Daniel Verdessi), D9 (Cristián Bowen), D14 (Diego Calderón), D23 (Andrés Jouannet)

A su vez, la DC perdería los siguientes distritos:

D4 (Provoste), D7 (Torres), D11 (Pilowsky), D15 (Rincón), D16 (Espejo), D17 (Lorenzini), D20 (Chávez), D22 (Chahín, Venegas), D24 (Flores), D27 (Fuentes), 28 (Morano)

Sumando y restando, la DC pasaría de tener 21 diputados a tener 13 diputados. Pero 13 de 155! Es decir, pasaría de controlar 17,5% de la Cámara a controlar solo 8,4%. Sería la derrota más emblemática sufrida por un partido tradicional desde el retorno de la democracia.

Los datos calzan con la realidad. Primero, porque es probable que si la DC va sola no alcance los umbrales para obtener a más de un diputado en ningún distrito. Es decir que en los distritos donde le vaya bien, en el mejor de los caso, solo va lograr pasar los umbrales que permiten obtener 1 escaño.

Lo anterior implica que la DC solo ganaría un diputado en los distritos en que actualmente tiene dos (y en esos casos ganaría solo el más fuerte): D17, D20. Estos casos se suman al desastroso pronóstico para el D22, donde la DC perdería a sus dos titulares (al polemista Chahín y al desconocido Venegas).

Los datos también tienen sentido si se consideran factores coyunturales (Rincón no va a la reelección en el D15), factores electorales (Sepúlveda va dominar a los votantes moderados en el D16), y factores curriculares (la desventaja de los novatos en D4, D11, D16, D20, D24 y D28).

Todas esta evidencia es útil para que la DC tome una mejor decisión al momento de definir si quiere permanecer en la Nueva Mayoría o si quiere seguir un camino propio. Es cierto que todo puede cambiar a su favor, pero eso sería depender de suerte. En ese aspecto, les recomiendo mirar las probabilidades.

El éxodo electoral de la DC

Una pregunta que mantiene ocupado a los cientistas políticos hoy en día es ¿cómo quedará compuesto el Congreso de 2018-2022? Es interesante considerando que el nuevo sistema electoral  (proporcional moderado) tiene incentivos significativamente distintos al anterior (binominal).

Una teoría, la del statu-quo, sostiene que la Nueva Mayoría y Chile Vamos se mantendrán unidas como siempre y entre las dos se repartirán la mayor parte de los escaños. Esta teoría sostiene implícitamente que no habrá nuevos partidos o coaliciones relevantes.

Una segunda teoría, la de los tres tercios, sostiene que la Nueva Mayoría se dividirá en dos listas (una compuesta por los partidos progresistas: PPD, PS, PRSD, PC; y otra compuesta por la DC), Chile Vamos se mantendrá unida, y entre los tres se repartirán la mayor parte de los escaños.

Una tercera teoría, la de las cuatro esquinas, sostiene que la Nueva Mayoría se dividirá en dos listas (mencionadas arriba), Chile Vamos se mantendrá unida, y con una nueva lista, compuesta por los partidos del Frente Amplio (RD, MA, entre otros), los cuatros se dividirán la mayor parte de los escaños.

Naturalmente la composición del Congreso de 2018-2022 dependerá de cuántas listas competirán. Es imposible, por ejemplo, que se imponga la teoría de los tres tercios o la teoría de las cuatro esquinas si la Nueva Mayoría se mantiene unida. A su vez sería raro que se imponga la del statu-quo si la Nueva Mayoría se divide.

Ergo, considerando las distintas combinaciones estructurales, y las pistas que los partidos han dado a través de la prensa, la teoría que finalmente se imponga básicamente dependerá de dos escenarios excluyentes: (1) la Nueva Mayoría se mantiene unida, o (2) la Nueva Mayoría se divide en dos.

La forma más racional de tomar esta decisión (de mantenerse unida o de dividirse) normalmente sería anticipar los resultados electorales y tomar la ruta que más conviene en términos electorales, es decir la que promete un mejor retorno en escaños obtenidos.

Una forma de anticipar los resultados de una elección es simularla con datos de elecciones anteriores. Si bien no es la forma óptima de hacerlo—pues siempre ocurre una serie de hechos entre una elección y otra que al menos distorsiona en parte todo pronóstico—es la mejor que conocemos.

En lo que sigue muestro una simulación del resultado de la elección legislativa de 2017 usando datos de la elección de concejales de 2016. Pruebo distintas combinaciones de listas, jugando principalmente con la posibilidad de la Nueva Mayoría de mantenerse unida o de dividirse.

Los datos de la elección de concejales de 2016 son útiles porque: (1) es la elección más reciente, (2) el sistema electoral utilizado se asimila al proporcional moderado, y (3) la particular forma en que se dividieron los partidos en esa elección permite probar las combinaciones de interés.

En el escenario en que la Nueva Mayoría se mantiene unida, la simulación muestra que:

  1. Nueva Mayoría bajaría en 1,6% sus escaños.
  2. Chile Vamos aumentaría en 1,8% sus escaños.
  3. El Frente Amplio obtendría 5 escaños, equivalente a 3,2% de la Cámara baja.

En el escenario en que la Nueva Mayoría se divide, la simulación muestra que:

  1. Los partidos progresistas aumentarían en 2,3% sus escaños.
  2. La DC bajaría en 9,1% sus escaños, y sería la única lista que perdería en número absoluto de diputados, bajando su presencia en la Cámara de 22 diputados a 13.
  3. Chile Vamos aumentaría en 6,9% sus escaños.
  4. El Frente Amplio obtendría 5 escaños, equivalente a 3,2% de la Cámara baja.

Lo anterior no ayuda directamente a contestar cuál de las tres teorías finalmente se impondrá, pero sí sirve para que visualizar la información que los partidos necesitan saber para tomar su decisión. Hay varias conclusiones que sacar. Abajo menciono solo algunas de ellas:

  1. A la Nueva Mayoría le conviene mantenerse unida. Si se mantiene unida, se mantiene como la primera coalición en el Congreso. Si se divide, ninguna de las dos nuevas listas obtendría la mayoría.
  2. A Chile Vamos le conviene que se divida la Nueva Mayoría. Si la Nueva Mayoría se mantiene unida, Chile Vamos se mantendría como la segunda coalición en el Congreso. Si la Nueva Mayoría se divide, Chile Vamos se convertiría en la primera coalición del Congreso.
  3. A la DC le conviene ir en la lista de la Nueva Mayoría. Si la Nueva Mayoría se mantiene unida, la DC mantendría la mayor parte de sus escaños, y podría ganar algunos escaños adicionales. Si la Nueva Mayoría se divide, la DC perdería 8 diputados en términos absolutos, y perdería 9,1% en términos relativos.
  4. El éxito electoral del Frente Amplio es independiente a la decisión de la Nueva Mayoría de mantenerse unida o dividirse—en ambos casos obtiene 5 escaños, o alrededor de 3,2% de la nueva camada legislativa.

Todo esto hay que tomarlo con un grano de sal. Como mencioné anteriormente, muchas cosas pasan entre una elección y otra. Por ejemplo, la DC puede capitalizar sobre el electorado moderado de centro y ganar escaños en distritos grandes; o el Frente Amplio puede capitalizar sobre la división de la centroizquierda y ganar escaños en distritos divididos.

De hecho mi intuición es que la Nueva Mayoría va en declive, Chile Vamos va al alza, y que hay suficiente espacio para una nueva fuerza en el Congreso. También intuyo que esa tercera fuerza tiene más posibilidades de surgir a la izquierda del centro, dado que los partidos tradicionales de ese sector son los más golpeados por la contingencia.

Considerando las limitaciones de las simulaciones, los resultados sí son bastante lógicos. Y más importante, levantan una serie de preguntas y escenarios que nos dan pie para seguir con el análisis de escenarios. Algunas preguntas que se abordarán a partir de estos números tienen que ver con los distritos específicos donde ocurrirán las principales derrotas y victorias.

Un triste espectáculo

Publicado en La Tercera


Las primarias están en la cuerda floja. Ninguna de las dos grandes coaliciones políticas ha logrado ordenar sus filas hasta el momento. Esto ha generado una serie de rencillas internas, a vista paciencia de la gente. Para muchos estos impases políticos no son más que un triste espectáculo. Pues generan la sensación de que la clase política está más preocupada de resolver sus propios problemas que los de la gente. Quienes ponen trabas a las primarias, y generan esta lamentable sensación, tienen nombre y apellido.

Por un lado, las primarias de Chile Vamos están en duda por culpa expresa de Sebastián Piñera. Mientras que Felipe Kast y Manuel José Ossandón ya inscribieron sus nombres, el ex Presidente aún no ha hecho lo suyo. Por otra parte, las primarias de la Nueva Mayoría están con freno a mano por encargo de Carolina Goic. Mientras que su principal contrincante, Alejandro Guillier, ha gritado a los cuatro vientos su intención de inscribirse, la Senadora ha sido en el mejor de los casos enigmática.

Parte del objetivo de tener primarias reguladas por la Ley es precisamente para evitar espectáculos como estos, donde los partidos y los candidatos ventilan sus problemas internos en la plaza pública. De hecho, las primarias funcionan bastante bien para reducir la frecuencia e intensidad de estos impases, al incentivar a los partidos a contrastar ideas y limar asperezas en casa. A su vez, sirven para que los partidos puedan escoger a los mejores candidatos, al someterse al escrutinio de sus votantes más fieles.

Quizás para los partidos tiene sentido sacar la calculadora y el mapa para tomar decisiones, sobre todo en época de elecciones. Después de todo, existen con el objetivo ulterior de ganarlas. Pero para la gente el debate de ir o no ir a primarias no solo es innecesario, pero además es redundante. Para ellos la imagen de los políticos hablando de política todo el día solo sirve para reafirmar la idea de que le están haciendo el quite a los problemas reales. Entre otras cosas, esta forma de hacer política sirve para potenciar la desafección con la clase política.

Ante esta sensible bifurcación lo ideal sería que todas las coaliciones que tengan a más de un precandidato presidencial simplemente se sometieran a primarias para definir a sus abanderados. Pues en lo material, para la gente tiene poco sentido ver a Piñera constantemente desconociendo las invitaciones de sus compañeros de coalición, y a Goic diariamente calculando su probabilidad de derrocar a sus socios históricos. Para la gente éstas situaciones solo confirman la intuición de que los políticos son parte del problema y no de la solución.

A pesar de que hay evidencia que sugiere que a nivel individual a Piñera y a Goic les podría ir mejor si se saltan las primarias, también hay algunas razones que invitan a pensar que les podrían ser útiles. Es más fácil verlo con Piñera, quien lidera en la derecha. Si se somete a primarias, el ex Presidente puede matar a dos pájaros de un tiro: primero, sacar de carrera a sus dos contrincantes más importantes, y segundo, legitimar su intención de ser el candidato único de todo el sector. Dado que ganaría las primarias caminando, debiese ser una decisión fácil.

Para Goic este cálculo es más complejo, pues la Senadora busca llevar a la Democracia Cristiana por una senda que le devuelva la independencia y autonomía de su época de gloria. A ésta visión romántica se contrapone una visión la pragmática, que sugiere que ir a primarias es el mejor camino. En efecto, sumando y restando pareciera que la segunda opción es mejor, pues es la única forma de mantener a la coalición de centroizquierda unida, y minimizar la probabilidad de victoria de Piñera. Dado lo que está en juego, debiese ser una decisión fácil.

Esta contraposición, entre lo romántico y lo pragmático, es lo que dificulta la decisión de Goic. Pues ir a primera vuelta significa privilegiar lo romántico por sobre lo pragmático e ir a primarias implica favorecer lo pragmático por sobre lo romántico. Si suponemos por un segundo que el objetivo de Goic es mantener la unidad de su coalición, reducir la probabilidad de que esa misma coalición pierda en la elección presidencial, mientras repara (en la medida de lo factible) la fe de la gente en la política por el solo hecho de someterse a primarias, no debiese ser una decisión difícil.

Las primarias son positivas para la democracia, e incluso podrían ser beneficiales para todos los involucrados, mediando algunos costos. No someterse a primarias solo profundiza la desafección con la política, lo que eventualmente podría transformarse en un sentimiento anti-sistema más permanente. Las visiones individualistas de Piñera y Goic podrían dañarles en el largo plazo. Si insisten en su travesía, el primero podría generar un problema innecesario con sus dos rivales más importantes y la segunda podría llevar a la DC a una debacle electoral de proporciones épicas.

La DC se va arrepentir si va a primera vuelta

En un comentario anterior sugerí que la candidatura de Goic se caería (ver aquí). Esta idea está basada en un proceso lógico que supone que la DC buscará maximizar sus utilidades electorales. Si por el contrario, la DC está más interesada en levantar una candidatura testimonial, basada en una decisión sentimental que busca restablecer la independencia histórica del partido, entonces muy por el contrario, la candidatura de Goic no se caerá.

Este segundo camino me recuerda a lo que pasó con el Partido Conservador y el Brexit en Reino Unido. En un comienzo las élites de los Conservadores enérgicamente incentivaron la salida de la Unión Europea. Pero a medida que las ideas tomaron fuerza, comenzaron a lentamente a echar hacia atrás. Pues tenían bastante claro que la consecuencia de la salida podría ser desastrosa para el escenario político económico del país.

Es similar a lo que pasa aquí, porque la energética llamada de las élites de la DC de ir a primera vuelta finalmente está tomando fuerza a nivel local. Una reciente nota de prensa sugiere que hay una serie de mesas regionales que piden ir a primera vuelta (ver aquí). Mi intuición es que a medida que las élites locales se entusiasman con la idea de seguir un camino propio, las élites nacionales van a ir echando hacia atrás, pues saben que las consecuencias podrían ser desastrosas.

Goic, y la mesa, podrían decidir ir a primera vuelta, pero será el peor de los dos caminos posibles. Y ellos lo saben. Lo que comenzó como una presión para mejorar la negociación parlamentaria se está saliendo fuera de control. Algunos sugieren que la DC podría perder hasta 9 de sus 22 diputados (ver aquí). No solo serán impulsores directos de la división definitiva de la coalición, sino que además serán participes pasivos en la victoria de Piñera.