El precio de ME-O y el PRO

En los días que corren los candidatos presidenciales se pasean por el país presentando sus programas y acaparando la atención de los medios. Pero hay otras cosa que está ocurriendo tras bambalinas que a mi gusto es políticamente más relevante: se negocian las listas legislativas. Las coaliciones están envueltas en sendas negociaciones para determinar cuántos partidos conformarán sus listas y cuántos cupos obtendrá cada uno de ellos.

A partir de evidencia anecdótica, parece haber solo una coalición lista en esta materia: Chile Vamos. Si bien aun falta afinar algunos detalles sobre los cupos para cada uno de los partidos, los puntos de tope parecen ser relativamente menores. Al otro lado del centro, no hay nada claro. Falta ver si la Nueva Mayoría permanece unida o se divide en dos, y si el Frente Amplio sigue sumando partidos y movimientos a su  coalición o si cierra con lo que tiene.

Es en este escenario en el cual flota Marco Enríquez-Ominami y el Partido Progresista (PRO). No hay claridad si ME-O va ir como candidato presidencial por una tercera vez o si va apoyar a alguno de los otros candidatos presidenciales, como a Alejandro Guillier o Beatriz Sánchez. Asimismo no hay claridad si va levantar una lista legislativa propia o si va buscar pactar con alguna otra coalición, como la Nueva Mayoría (unidad o dividida) o el Frente Amplio.

Negociar con otros partidos tiene pros y contras, y ME-O lo sabe. Si habría negociado en 2013 habría llevado a su partido al gobierno. Podría haber disputado un escaño en el Senado en esa misma elección y haber asegurado su vigencia política hasta al menos 2022. No negoció, y logró mayor independencia para su partido, permitiéndole fortalecer liderazgos propios. Pero en retrospectiva, parece evidente que el primer camino era mejor.

La pregunta hoy, es cuál es el precio electoral de ME-O y el PRO. Es decir, qué utilidad tiene para otros partido pactar con ellos. Si ME-O y el PRO logran pactar con otros partidos, y los ayudan a significativamente incrementar su presencia en el Congreso, entonces el precio es alto, pues tienen mucho que ofrecer. En contraste, si logran pactar, pero no los ayudan a incrementar su presencia en el Congreso, entonces el precio es bajo.

Para estimar el precio de ME-O y el PRO, hice una simulación de la elección legislativa de 2017 con datos de las recientes elecciones de concejales (2016). Suponiendo que la Nueva Mayoría finalmente se dividirá, y la DC irá en una lista propia, hice una simulación base sumando en una lista a los partidos progresistas de la Nueva Mayoría y en otra a la DC. Después agregué a las otras grandes opciones a la operación: Chile Vamos, Frente Amplio, y el PRO.

El resultado de esa simulación base muestra que, considerando la distribución de votos a través de todas las listas, el PRO no obtendría ningún escaño, quedando marginado del Congreso. Esta idea inicial me conduce a pensar que tanto ME-O como el PRO deben estar más convencidos que nunca sobre la utilidad de pactar. La pregunta es ¿con quién? Y allí parece haber solo dos alternativas, negociar con los partidos progresistas de la Nueva Mayoría o con el Frente Amplio.

El cuadro de abajo muestra el resultado de una simulación si el PRO negocia con los partidos progresistas de la Nueva Mayoría. Muestra que el PRO le reportaría 10 escaños adicionales a la lista de los progresistas. Muestra que su entrada al pacto sería perjudicial para todos los otros partidos y coaliciones, pero en mayor medida para Chile Vamos, que perdería 7 escaños. También tendría un impacto sobre la DC, que podría quedar con solo 11 diputados.

El último cuadro muestra el resultado de la simulación si el PRO negocia con el Frente Amplio. En este escenario el PRO le reportaría 7 escaños adicionales a la lista que apoya a Beatriz Sánchez. A su vez, los que sufrirían la derrota más notoria sería los progresistas de la ex Nueva Mayoría, cayendo en 4 escaños sobre su base y dejándolos con menos de 40% de la Cámara Baja. Chile Vamos perdería 2 escaños y la DC perdería 1.

Los distritos en que el PRO podría aportar una votación útil a la lista de los partidos progresistas de la Nueva Mayoría, y ayudarlos a alcanzar 1 escaño adicional, son los siguientes:

D2, D6, D8, D9, D10, D12, D14, D15, D23, D25

Los distritos en que el PRO podría aportar una votación útil a la lista del Frente Amplio, y ayudarlos a alcanzar 1 escaño adicional, son los siguientes:

D4, D7, D10, D11, D12, D13, D14

Estas simulaciones sugieren que el PRO podría aportar entre 10 y 7 diputados a otras listas. En términos relativos podrían aportar a que las respectivas coaliciones aumenten el tamaño de sus bancadas entre 7% y 5%, sobre su base. (Hay que notar que estas son bases, y que pueden variar; en este artículo muestro cómo podría variar la votación del Frente Amplio, que en el papel obtiene 5 diputados pero en la práctica podrían ser hasta 14).

La pregunta que sigue, es ¿quién está dispuesto a negociar con el PRO para conseguir esos escaños adicionales? Si es entre las dos opciones sugeridas aquí, me parece que negociar un pacto con el Frente Amplio es mucho más atractivo en el papel, pero negociar un pacto con los partidos progresistas de la Nueva Mayoría es mucho más factible en la práctica. Aunque el PRO les puede aportar a ambos, tiene que trabajar con lo poco que tiene, e irse a la segura.

El Frente Amplio probablemente va decidir prescindir del PRO, y ser consecuente con construir un camino propio. Obtener solo 7 escaños adicionales a cambio de negociar con el PRO puede ser un mal negocio. En este sentido, sería fútil abrir una conversación con ellos, pues solo debilitaría aun más al ya alicaído ME-O. Abrir una conversación que termine con un portazo en la cara solo le bajaría el precio si es que le tienen que ir a tocar la puerta a los vecinos.

En contraste, con los progresistas de la Nueva Mayoría hay una mayor afinidad, pues no están las mismas barreras para negociar–sobre todo ahora que no está la DC. Obtener 10 escaños adicionales sin hacer mucho esfuerzo puede ser un buen negocio. En ese sentido, conviene más abrir esa conversación, y hacerlo cuanto antes, pues mientras más se acerca la elección más cae el precio en que se pueden vender.

ME-O y el PRO pudieron negociar en 2013 y no lo hicieron. No solo se auto-marginaron del Congreso, pero además se volvieron redundantes dentro del sistema político. Hoy pueden revertir esa situación mediante las negociaciones legislativas. Su fuerte está en ofrecer esos 10 (o incluso más) escaños a los partidos progresistas de la Nueva Mayoría, que llegan a la elección tambalenado. Si ME-O endosa incondicionalmente a Guillier, la negociación será un trámite.

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