Lagos 2018

Publicado en El Mostrador

Ricardo Lagos Escobar es candidato presidencial. Después de varios años en la sombra, finalmente se suma a la primera línea. La semana pasada acusó recibo de la presión ciudadana y partidaria, y se declaró dispuesto a competir.

No es sorpresa, pues las encuestas sugieren que es el candidato favorito de los votantes de centroizquierda, y las elites de su sector han dejado entrever que es quien concita mayor consenso en los partidos de la coalición. Sin embargo, el camino a la nominación no es tan fácil ni simple como parece. Lagos deberá asegurar apoyos claves y esperar a que se configure favorablemente el tablero antes de sumarse a la carrera presidencial.

Parte del trabajo es concitar el mayor apoyo posible en su coalición. Esta tarea es relativamente sencilla en el PPD y el PS, los dos partidos en los cuales milita.

En el PPD, ningún otro candidato tiene permiso para despegar mientras Lagos esté en la pista. En el PS, estarían dispuestos a apoyar a Lagos si no prenden las candidaturas de Isabel Allende y José Miguel Insulza.

El trabajo es más complejo en el PC y la DC, los partidos más extremos de la coalición. A los comunistas les gustaría levantar su primera candidatura [con posibilidades reales] desde la vuelta de la democracia, y a los democratacristianos les importa levantar su bandera para frenar la amenaza progresista de la izquierda.

Trabajar al PC y a la DC no será sencillo, pero será necesario. Lagos le deberá ofrecer al Partido Comunista implementar una agenda de continuidad con el gobierno actual, especialmente en cuanto a la reforma constitucional, que es una demanda clave para la izquierda. Además, deberá ofrecerle al PC posiciones clave en su gobierno, aumentando su presencia en el gabinete en al menos una cartera.

Con la falange, Lagos deberá resucitar el fantasma concertacionista y prometer una agenda de gradualidad liderada por ellos mismos. Deberá, sobre todo, convencer a la facción de Walker de que él es la única alternativa viable si el objetivo es mantener la unidad en la coalición.

Esto es lo que deberá pasar para que Lagos siga adelante. Necesita el apoyo de los cuatro partidos.

En términos políticos, su único escollo real lo representa Alejandro Guillier, quien ya ofició su intención de llegar a primarias, pase lo que pase. Lagos deberá estar dispuesto a ir esa riña. En los tiempos que corren, eludir primarias es una señal retrógrada y antidemocrática, digna de candidatos y partidos añejos y autoritarios.

Además, a Lagos le conviene liderar un ciclo de debates donde pueda instalar su agenda. Es una buena forma de conseguir el apoyo de todo su sector. En cualquier caso, lo más probable, a esta altura, es que Lagos finalmente se imponga a Guillier.

El ex Presidente no va poner su legado en juego si existe una posibilidad real de perder, como lo hizo Frei en 2009. Si percibe que la posibilidad de perder es alta, va titubear. Lagos solo será candidato si ve los laureles al final del túnel. Mientras Lagos se mantenga en la primera posición, se vuelve cada vez más probable que sea el candidato definitivo de la coalición de centroizquierda.Todo lo anterior es condicional a su apoyo en las encuestas. Lagos solo será candidato si se mantiene en la primera posición de los índices de popularidad. Si su apoyo comienza a declinar, también caerá su probabilidad de perseguir la nominación.

Parte del trabajo de mantenerse arriba en las encuestas es enterrar los fantasmas del pasado. En el ciclo electoral de 2009, Lagos se bajó de la carrera por las críticas a su rol en el diseño del Transantiago. El ex Presidente correctamente anticipó que, si aceptaba el desafío, la elección sería un referendo sobre su gobierno anterior.

Esta vez deberá tener una respuesta preparada para quienes lo interpelarán por los errores y las omisiones de su sexenio. Otra parte del trabajo tiene que ver con su aproximación a los nuevos movimientos políticos. Lagos deberá posicionarse en un punto en donde le pueda a hablar a los que hoy están entre Giorgio Jackson y Andrés Velasco.

Con el apoyo de los partidos, el omen de las encuestas, y una buena llegada con los nuevos votantes de la centroizquierda, Lagos recién estará en condiciones de seguir adelante. No será fácil ni simple, sobre todo considerando lo que viene. Atar los cables sueltos del actual gobierno será una tarea de proporciones bíblicas. Tendrá que estar dispuesto a navegar en esas aguas.

Además, Lagos tendrá que pensar en su posible rival desde la derecha. Si el rival termina siendo Sebastián Piñera, será una elección tan competitiva como la de 1999. Pero si la derecha llega igual de dividida a la elección como lo está hoy, Lagos tendrá todas las posibilidades de ganar.

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