La salida del Partido Comunista de la Nueva Mayoría

Publicado en La Tercera

En mi columna anterior planteé la necesidad del Partido Demócrata Cristiano de reconsiderar su pertenencia en la Nueva Mayoría. Argumenté que si la DC permanecía en la coalición tenía que aceptar formar parte de un consorcio liderado por un ala progresista (simbólicamente representada por el Partido Comunista) que en buena parte proponía e impulsaba reformas en contra de los principios de la falange, y a su vez arriesgarse a perder su nicho electoral en el centro ideológico a un nuevo movimiento político (potencialmente representado por Sentido Futuro) que podría perfectamente ocupar su lugar en las urnas como la primera preferencia de centro.

Esta notoria incomodidad se replica en el otro extremo de la coalición, con el Partido Comunista. Qué duda cabe que el PC no está a gusto. Mientras que la DC busca avanzar en la medida de lo posible, el PC busca recuperar terreno perdido a pasos agigantados. Esta es la esencia de la tensión entre ambos partidos. Es paradojal que puedan convivir en una coalición al tener perspectivas tan distintas sobre los mismos temas. Ejemplos sobran. Solo en la última semana se han enfrentado por la nulidad de la Ley de pesca, el derecho a huelga en la reforma laboral, y la fórmula de elección interna de los partidos políticos.

Por esta misma razón, cualquiera de los dos partidos probablemente se sentiría más cómodo sin el otro en la coalición. El problema es que ninguno de los dos ve los incentivos de abandonar una maquina electoral que funciona relativamente bien. En el caso de la DC, los beneficios de permanecer en la coalición son evidentes. Ha sido el partido más grande de la centro izquierda desde 1990, liderando a la coalición en número de senadores, diputados, alcaldes, y concejales desde la vuelta de la democracia. Para la DC, salir de la Nueva Mayoría implica aceptar un escenario nuevo e incierto.

El Partido Comunista tampoco quiere perder lo poco que ha ganado a costa de sangre, sudor y lágrimas. La sufrida historia entre el PC y la coalición de centro izquierda es razón en sí misma para querer mantener viva la relación. De hecho, la decisión de Volodia Teitelboim y Gladys Marín de no negociar con la Concertación en su momento es—en buena medida—lo que explica la prolongada ausencia del PC en el proceso de toma de decisiones. Desde 1990 a 2010, el partido fue un actor políticamente irrelevante y electoralmente testimonial. El partido solo comenzó a cobrar importancia cuando Guillermo Teillier negoció un pacto por omisión en las municipales de 2008.

La entrada oficial del PC a la coalición de centro izquierda en 2009 fue un salto cuántico para el partido. Paso de tener un puñado de alcaldes, a elegir tres diputados en 2009 (Hugo Gutiérrez, Lautaro Carmona y Guillermo Teillier), seis diputados en 2013 (se sumaron a los tres titulares reelectos: Daniel Núñez, Karol Cariola, y Camila Vallejo), y ocupar cargos en el gobierno (hecho que no sucedía desde los años de la Unidad Popular). Por lo anterior, se da por hecho que la postura del Comité Central es permanecer en la coalición. Sobre todo considerando que, junto a los dirigentes, muchos militantes también han aprobado el giro hacia lo práctico.

Ahora bien, lo anterior no quita que existan razones a favor de salir de la Nueva Mayoría. Efectivamente, una de ellas es ideológica. Como el engranaje más extremo dentro de una coalición fundamentalmente social demócrata, el PC por defecto pasa a ser el partido auto flagelante de la agrupación. En la práctica es difícil imaginar un escenario donde el PC logre imponer su agenda si debe negociar permanentemente con agentes del statu quo. Hay excepciones, como se evidencia en el actual gobierno, pero son pocas y para muchos dirigentes caen con cuentagotas. La renuncia de Cristián Cuevas al partido es en buena parte una reacción a este defecto estructural.

Otra razón para de salir de la Nueva Mayoría es netamente electoral. Los incentivos que tuvo el PC para negociar con la Concertación en 2009 fueron prácticos, pues con el binominal no le quedaba otra alternativa si querían acceder al poder. Pero esa barrera ya no existe. Con el sistema binominal en el retrovisor, y el proporcional en su lugar, será mucho más fácil ganar elecciones. Con la disminución del porcentaje de votos mínimo para obtener un escaño, no solo es probable que los titulares consigan la reelección, pero que además puedan entrar nuevos candidatos a competir mano a mano con los de la Nueva Mayoría.

El PC debe reconsiderar su pertenencia en la Nueva Mayoría. Al igual que la DC, salir de la coalición podría reconectar al partido con sus principios ideológicos. Pero a diferencia de la DC, el     PC tiene mejores prospectivas de aumentar su rendimiento electoral si compite por fuera. Si la DC compite por fuera, es amenazada tanto por Sentido Futuro como por la Nueva Mayoría. Si el PC compite por fuera, puede demarcar los límites de la competencia hacia el centro y quedar con toda la izquierda para sí sola. Es importante que el partido tome en cuenta que el escenario ha cambiado drásticamente, y actué en consecuencia.

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