Florecimiento de partidos

Publicado en La Tercera

La inminente inscripción de Amplitud (liderado por Lily Pérez) y Ciudadanos (liderado por Andrés Velasco) como partidos políticos llama la atención por varias razones. Principalmente porque sus líderes se desarrollaron y se consolidaron dentro de partidos y entre políticos que ahora rechazan. Lily Pérez toma la misma distancia de Chile Vamos que Velasco toma de la Nueva Mayoría. Pero sus decisiones de emigrar también levanta preguntas. ¿Por qué Lily Perez y Velasco deciden emprender un nuevo rumbo, y por qué lo hacen ahora, y no antes? ¿Hay algo en particular que está ocurriendo por primera vez que les hace creer que podrían estar mejor por fuera que por dentro?

Lo de Lily Pérez y Velasco no es nuevo. No son los primeros en renunciar a partidos tradicionales para fundar sus propios tiendas. Son varios. Entre ellos, Marco Enríquez-Ominami, quien se fue del PS para fundar el PRO; Alejandro Navarro quien se fue del PS para fundar el MAS; y Fernando Flores, quien se fue del PPD para fundar Chile Primero. Otro ejemplo notorio es el del ex senador Adolfo Zaldívar, quien abandonó la DC, junto a cinco diputados, para hacerse cargo del PRI. Todos ellos no solo se fueron de los partidos que los vieron crecer, sino que además compitieron directamente en contra de ellos en elecciones subsiguientes.

Para muchos es difícil comprender exactamente lo que los llevó a tomar esas desiciones. Por suerte, para ellos, hay rigurosos estudios que explican los incentivos a formar partidos nuevos. Un incentivo es si hay un clivaje sociológico que traslada las preferencias de los votantes hacia un nuevo nicho. Otra razón es si hay un cambio en las reglas electorales que genera oportunidades que antes no existían. Naturalmente, la razón más fuerte para explicar por qué nacen partidos es cuando ambos incentivos ocurren simultáneamente, es decir cuando hay un traslado de preferencias de votantes mientras que hay un cambio en las reglas electorales.

En Chile, el primer incentivo (el clivaje sociológico) viene sucediendo desde al menos la elección de 2009. MEO y Navarro identificaron bien ese momento, cuando abandonaron sus partidos para seguir caminos propios. A diferencia de Flores y Zaldívar, que fueron oportunistas en sus traslados de partido, los líderes del PRO y el MAS leyeron bien el cambio que estaba ocurriendo en la sociedad. En ese mismo año la caída sostenida de preferencias a favor de partidos tradicionales había comienzo su declive más fuerte, impulsado por la sensación de desgaste de la Concertación. Si bien ambos pudieron dejar plasmadas sus ideas, no pudieron materializarlas político.

Parte de la razón del fracaso de MEO y Navarro fue que el clivaje sociológico no fue suficiente para propulsarlos al poder. Sin un cambio en las reglas electorales, es prácticamente imposible entrar al sistema. El ejemplo más notorio de aquello se dio en la elección de 2013, cuando la lista electoral de MEO fue apabullada en las legislativas (sin contar el caso de Mirosevic que ganó por su conocimiento personal en Arica), algo que Navarro había previsto y como tal negociado para competir por dentro de la Nueva Mayoría. Lo anterior consolida la idea de que es prácticamente imposible entrar en un sistema político bloqueado por reglas electorales — a pesar de las preferencias de votantes. 

Ahora bien, el reciente cambio de las reglas electorales cambia todo el escenario. En presencia de un traslado de preferencia de los votantes desde partidos tradicionales a partidos nuevos y hacia un sistema más proporcional y representativo, podemos anticipar que no solo nazcan una gran cantidad de partidos, sino que además encuentren grados de éxito en elecciones que antes eran imposibles. En esencia, esto explica el éxodo de Lily Pérez y Velasco de sus antiguas tiendas, y el nacimiento de Amplitud y Ciudadanos. Antes de estas transformaciones estructurales (sociológicas e institucionales) habrían difícilmente tenido prospectivas de crear partidos con opciones reales de ganar elecciones. 

Pero no son los únicos. Hay evidencia de un florecimiento de partidos en todas partes del país. Hay de todos los colores. Van desde los conocidos (Izquierda Autonóma, Revolución Democrática) a los que están basado en ciertos temas (ANDHA, Walmapuwen), a los que están enfocados en ciertas regiones (Partido Regionalista de Magallanes, Somos Aysén), a los que están fundados en ideas extremas (Izquierda Ciudadana, Orden por mi Patria). Sin embargo, como sucedió con el PRO y el MAS, solo tendrán éxito los que estén basados tanto en el clivaje sociológico como en la estrategia electoral. Partidos que se muevan solo por uno de los incentivos difícilmente sobrevivirán más de una elección.

A su vez, los grandes perdedores serán los partidos tradicionales. Desde 1990 han obtenido más de 90% de los votos y escaños. Cualquier entrada de otros partidos les afecta directamente. A medida que aumenta la fragmentación del sistema, aumenta la probabilidad de partidos nuevos de ganar, y baja el porcentaje de apoyo a los partidos tradicionales. Esto explica por qué los legisladores de las dos grandes coaliciones han buscado poner trabas para la entrada de partidos nuevos. Entre ellas, subir el porcentaje de firmas necesario para constituirse. Sin embargo, sus esfuerzos podrían resultar en vano. Sobre todo si la gente percibe esa estrategia como una ambición de mantener el poder. En ese caso, naturalmente votarán por uno o más de los partidos nuevos.

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