Viabilidad de la Nueva Constitución

Publicado en La Tercera

La Presidenta finalmente anunció el cronograma que utilizará para formular una nueva constitución.

Entre octubre y marzo de 2015 habrá un proceso de educación cívica. Entre marzo y octubre de 2016 habrá una serie de diálogos ciudadanos para definir el contenido. En el segundo semestre de 2016, la presidenta recibirá esas definiciones. En 2017 redactará una propuesta en base a ellas y lo enviará al congreso. A su vez, el congreso de 2018-2022 será el encargado de definir el mecanismo mediante el cual se apruebe o rechace la propuesta.

Las alternativas de mecanismo que propuso la presidenta son una Asamblea Constituyente, una Comisión Bicameral, una Convención Constituyente, y un Plebiscito. En las tres primeras alternativas, y de acuerdo la regulación interna de cada una, se podrá modificar todo, parte o nada de la propuesta. En la última alternativa (el plebiscito), la gente solo podrá votar a favor o en contra de la propuesta. La última alternativa también constituye el paso final de las primeras tres alternativas.

Uno de los escollos para la presidenta es que actualmente se requieren dos tercios del Senado y de la Cámara de Diputados para aprobar la propuesta, y no los tiene. Por ende, durante el segundo semestre de 2016 buscará reducir ese quórum a tres quintos para que el congreso de 2018-2022 pueda decidir sobre el mecanismo sin los poderes de veto que existen hoy día. Para materializar esta reforma, sin embargo, la presidenta sigue necesitando dos tercios de la legislatura actual.

Lo interesante, entonces, es analizar es si existe viabilidad legislativa para inaugurar una nueva constitución bajo este cronograma. En este sentido lo crucial es el proceso político que Bachelet deberá conducir para reemplazar los dos tercios por los tres quintos. Si la presidenta no logra bajar el quórum, no podrá seguir con el cronograma. Es así de simple. Podrá redactar una nueva constitución, pero no la podrá inaugurar. O bien, será igual de difícil que siempre.

Parece ser es un problema matemático. La nueva constitución depende, en principio, de la proporción de legisladores que está de acuerdo con debatir el tema en un marco en que se podría aprobar la propuesta con tres quintos partes del congreso. En este momento la presidenta necesita dos tercios para aquello, es decir 25 senadores y 80 diputados. El problema es que solo tiene 21 senadores y 67 diputados – suponiendo que todos ellos están alineados con la propuesta.

A primera vista parece que la presidenta se metió en un zapato chino, pues es igual de difícil bajar el quórum de dos tercios a tres quintos que promulgar una nueva constitución. Parecen no existir mayores incentivos de bajar el quórum si se está en contra de una nueva constitución. En principio, los que están a favor de una reforma constitucional, y no una nueva constitución, están en contra de bajar el quórum. Ergo, la propuesta de la presidenta es inviable.

Ahora bien, el diablo está en los detalles. La apuesta de Bachelet parece estar fundamentalmente enfocada en la etapa de educación cívica. Si este proceso forja un arrastre en el inconsciente colectivo a favor de la nueva constitución, podría también volcar la disposición de parte de la actual oposición. Si la gran mayoría de la gente se convence que una nueva constitución es necesaria, cualquiera en contra de idea quedaría inmediatamente offside.

En esa línea no sería extraño que surgieran incentivos para votar a favor de debatir (bajo el marco de los tres quintos) para partidos que tradicionalmente han estado en contra. Aquí me refiero en general a los partidos de derecha, y en particular a Renovación Nacional. RN puede jugar un rol importante en la inauguración de la nueva constitución, principalmente porque puede aportar con los votos para bajar el quórum, y como tal potenciar su influencia sobre la nueva carta, y su arrastre electoral en 2017.

En resumen, la nueva constitución es solo viable si se logra bajar el quórum de dos tercios a tres quintos. A su vez, lo anterior es solo viable si RN compromete sus votos. Todo esto es una apuesta de Bachelet, que depende del éxito del proceso de educación cívica. Y como toda apuesta, puede ganar o perder. Si el proceso educativo es exitoso para ella, habrá una presión importante de la gente para que los candidatos se manifiesten a favor de un debate, y como tal de una nueva constitución.

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