Cambio de gabinete

Publicado en Tele 13

Los rumores de cambio de gabinete no son nuevos. Ya van varios meses de presiones desde la oposición y de especulaciones por parte de la prensa. Algunos dirán que es una operación contra el gobierno, y otros dirán que es simplemente parte del juego. Yo digo que si el río suena, es porque piedras trae. Es verdad que la oposición siempre busca cobrar dividendos políticos cuando al gobierno le va mal y que la prensa siempre tira el tejo pasado por sí da con la primicia. Pero esta vez parece haber varias razones para pensar que los planes para un cambio de gabinete están en curso.

Primero, porque históricamente el primer cambio de gabinete ocurre antes de cumplir un año en La Moneda. Hoy día, el gobierno de Bachelet lleva 267 días en el poder. En la administración de Frei el primer cambio de gabinete fue a los 193 días de gobierno — Educación, Interior, Relaciones Exteriores y Seggob. En la administración de Lagos fue a los 293 días — Bienes Nacionales y Vivienda. En la primera administración de Bachelet fue a los 125 días de gobierno — Interior, Economía y Educación. Y en la administración de Piñera fue a los 311 días — Energía, Defensa, Trabajo y Transporte.

Una segunda razón se desprende de los recientes dichos de la Presidenta, cuando señaló en una entrevista que “si alguien quiere que haya cambio de ministro, lo que le aconsejaría es que no me mande recados, porque uno tiene que hacer su propia evaluación”. De esto se deducen al menos dos cosas. Primero, que la mandataria no es ajena a las presiones ni a los rumores de un cambio de gabinete. Y segundo, que dado que no le gusta ser pauteada, es probable que si alguna vez efectivamente haya planificado un cambio, también lo haya suspendido a raíz de las mismas presiones o rumores.

Una tercera razón se desprende del reciente cónclave — entre el comité político del gobierno y los presidentes de los partidos de la coalición oficialista — para hacer un balance de los primeros meses de gobierno y, en particular, del gabinete. Ante esto, es inevitable imaginar que la planilla mayor no este al tanto de la caída en la popularidad y las potenciales deficiencias de algunos ministros. En este escenario, y provisto que también se abordó la hoja de ruta de 2015, es difícil pensar que el cónclave no haya sido derechamente una señal a los partidos para que preparen sus ternas.

Si el cambio de gabinete finalmente ocurre, como se aquí se anticipa, la Presidenta tendrá que actuar en al menos cuatro dimensiones.

Primero, deberá fortalecer las carteras más vulnerables. En su primer gabinete, nominó a personas que teóricamente harían bien la pega. Esta vez tendrá que pensar en personas idóneas para ejecutar tareas específicas. Tendrá que considerar fortalecer las relaciones entre el ejecutivo y el legislativo, para promulgar la reforma educacional y promover la reforma constitucional (Segpres). Además, tendrá que considerar nombres más fuertes para llevar a cabo algunos de sus próximos proyectos emblemáticos (Obras Públicas, Salud).

Segundo, deberá incorporar mayor peso político a su gabinete. En su primer gabinete, nominó a gente de confianza. Esta vez tendrá que pensar en personas con mayor experiencia política. Tendrá que considerar fortalecer la forma en que se comunican sus proyectos, para lograr mayor apoyo desde la ciudadanía (Seggob). Asimismo, tendrá que considerar nombres más conocidos para las carteras que han sufrido mayor desgaste (Economía, Transporte), y las para las carteras que han logrado menos avances (Cultura, Desarrollo Social).

Tercero, deberá delegar más poder a sus ministros. En su primer gabinete nominó a un número significativo de personas novatas. Esta vez tendrá que pensar en delegar la responsabilidad a personas capaces de dialogar con sus contrapartes. Tendrá que considerar fortalecer carteras que son sumamente importantes y que necesitan a personas con una larga data de experiencia en sus respectivos rubros (Minería, Trabajo). A su vez, tendrá que considerar remover a las personas que tienen bajos índices de conocimiento (Agricultura, Bienes Nacionales).

Cuarto, tendrá que co-optar a los disidentes. En su primer gabinete nominó a personas alineadas con su programa de gobierno. Esta vez tendrá que pensar en reducir la cantidad de criticas a su gestión por parte de personas de su misma coalición. Tendrá que considerar incluir a personas como Camilo Escalona o Gutenberg Martínez en su gobierno. Aunque es una tarea difícil — pues los disidentes ejercen más poder y libertad desde afuera —, el objetivo ulterior de la Presidenta debe ser alinear a su sector.

El cambio de gabinete debe ser ahora. Ya se ha postergado mucho. Con los datos de la encuesta CEP, todo se agudizará. La presión de la oposición y las especulaciones por parte de la prensa aumentarán exponencialmente. Los resultados de la encuesta se usarán para pedir la cabeza de los ministros más vulnerables, con mayor fervor. La Presidenta debe actuar pro-activamente y cambiar a quienes no han hecho bien su pega. Si decide ignorar la presión y las especulaciones, solo para mostrar que no sigue pautas, solo será una señal más que el gobierno marcha lento y a destiempo.

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