Bachelet: alcances de su futuro gabinete

Publicado en La Tercera

Michelle Bachelet acaba de nominar a los 23 ministros que formarán parte del primer gabinete de su segundo gobierno. Aquí están los nombres. De la nómina destacan cuatro características. Primero, la conformación del comité político asegura la cohesión de la coalición. Cuatro miembros de partido llegan controlar las carteras más importantes. Segundo, el gabinete tiene un alto nivel de experiencia política. Tiene más ex ministros y ex legisladores que cualquiera de los dos gobiernos anteriores. Tercero, el gabinete tiene un déficit en el ámbito de paridad de género. Bachelet nombró a menos mujeres en su segundo gobierno que en su primer gobierno. Cuarto, el gabinete es consistente con la división de fuerzas en el poder legislativo. La presidenta-electa correctamente incluyó las fuerzas minoritarias de su coalición en su administración.

La conformación del comité político es el indicador más importante de la cohesión de una coalición. El consenso es que a medida que los partidos logran posicionar a sus favoritos en Interior, Segrpes y Seggob, mayor disciplina tiene la coalición. Si los partidos no tienen personas de confianza en La Moneda, pierden complicidad en las decisiones ejecutivas. Por ejemplo, desde el retorno de la democracia, siempre hubo al menos un DC (generalmente en Interior), un PPD (generalmente en la Segpres), y un PS (generalmente en la Seggob) en el comité político. Hacienda, en cambio, fue una cartera más flexible. Ahora bien, aunque el cuoteo político es prácticamente un requisito, los nombres no son menos flexibles. A ese nivel, los partidos proponen y el presidente dispone.

En perspectiva comparada, la nómina de ministros que serán parte del comité político de Bachelet asegura la cohesión de la coalición. Con el nombramiento de Peñailillo en Interior, Rincón en Segpres, Elizalde en Seggob y Arenas en Hacienda, Bachelet le hace un guiño a los partidos. Dos hombres de confianza entre los cuatro, pero dos hombres de partido al fin y al cabo. Lo mismo sucede con Rincón y Elizalde quienes no solo tienen lazos históricos con sus partidos, sino que además tienen nexos familiares con ellos. Aunque menos dogmático de lo esperado, las personas a cargo del comité político aseguran una buena conexión con los partidos. Tienen menos experiencia que los ministros políticos del primer gobierno, pero tienen una lealtad similar.

Una segunda característica a observar es el nivel de experiencia política del gabinete. Aunque pueda haber políticos consolidados en el comité político, no es completamente representativo. Es importante mirar el resto del gabinete para identificar la tendencia general. Una forma de medir el nivel de experiencia política es contar el número de personas con experiencia en el poder ejecutivo. Por ejemplo, en el primer gabinete del primer gobierno de Bachelet solo 2 (de 22) personas tenían experiencia como ministros (Alejandro Foxley y Andrés Zaldívar). A su vez, solo Zaldívar tenía experiencia en el poder legislativo (como Senador). Como dato, solo hubo 2 premios de consuelo (Sergio Espejo y Zaldívar, quienes perdieron en la elección legislativa de 2005).

En comparación con gabinetes anteriores, la nómina de ministros al gabinete de Bachelet reúne un alto nivel de experiencia política. Con 3 ex ministros (Nicolás Eyzaguirre, José Antonio Gómez y Heraldo Muñoz) y 3 ex parlamentarios (el mismo José Antonio Gómez, Ximena Rincón y Jorge Burgos), el primer gabinete del segundo gobierno tiene más experiencia política que el primer gabinete del primer gabinete. Incluso, más que en cualquiera de los dos gobiernos anteriores. Aunque parezca trivial para algunos, va ser un factor importante si es que Bachelet quiere ser un contrapeso para el poder legislativo. Basta ver cómo Piñera tuvo que llamar a cuatro senadores titulares a su gabinete para conseguir mayor influencia para entender la importancia de este factor.

Una tercera característica de suma importancia está en el ámbito de paridad de género. Evidencia de esto es la promesa de paridad de género que Bachelet hizo en la campaña electoral de 2005-2006, frente a la evidente desventaja de las mujeres en cargos de primera fila. Esa vez, cumplió su promesa. En su primer gabinete, 12 de las 22 carteras fueron para una mujer (55%). Al final de su gobierno, 21 de los 46 ministros que pasaron por su gobierno fueron mujeres (46%). La estadística volvió a niveles similares a los de Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos en el gobierno de Sebastián Piñera. En su primer gabinete, el mandatario de la Alianza nombró a una mujer en 6 de las 22 carteras posibles (27%). Hasta el momento, 12 de los 51 ministros que han pasado por su gobierno han sido mujeres (24%).

Si se compara con el primer gabinete del primer gobierno de Bachelet, la nómina de ministros al gabinete de Bachelet muestra un déficit en el ámbito de paridad de género. Solo nombró a 9 mujeres entre las 23 carteras posibles (39%). Eso la deja en un punto intermedio entre lo que han sido el resto de los gobiernos y su primer gobierno. Es probable que la próxima semana, cuando Bachelet presente la lista de Subsecretarios e Intendentes, se pueda conseguir una estadística más paritaria. Pero por ahora deja mucho que desear. Sobre todo de una presidente que hizo la paridad de género un tema crucial durante su primera administración, y que además fue la cabeza de la ONU Mujeres.

Una cuarta característica a mirar en la instalación de un gobierno es la consistencia del gabinete de acuerdo a la división de fuerzas en el poder legislativo. La regla general es que el número de ministros de cada partido en el gabinete debe ser proporcional al número de legisladores del mismo partido en el congreso. Basta ver cómo se nombró a los ministros en los gobiernos de la Concertación. Dado que durante esos años la DC, el PPD y el PS dominaron en las elecciones legislativas, sistemáticamente se llevaron la mayoría de las carteras. Entre 1990 y 2010, la DC tuvo 79 ministros, el PS tuvo 43 ministros, el PPD tuvo 33 ministros y el PRSD tuvo 11 ministros. La regla también se ha aplicado en el gobierno de Piñera. Aunque la mayoría de los ministros han sido independientes, el balance de fuerzas en el gabinete entre la UDI y RN refleja el balance de fuerzas entre ambos partidos en el poder legislativo.

Considerando tendencias históricas, la nómina de ministros al gabinete de Bachelet refleja la división de fuerzas en el poder legislativo. Como siempre la DC, el PS y el PPD se reparten la mayor parte de las carteras, mientras que el PRSD y el PC entran con más fuerza que nunca. Haciendo valer su peso legislativo, el PRSD toma 2 carteras (Aurora Williams y José Antonio Gómez), y el PC (Claudia Pascual) toma una. Destaca, además, la entrada del MAS (Natalia Riffo), que por primera vez llega a La Moneda. Al final parece una división justa y consistente con la división de fuerzas en el poder legislativo.

El balance es el siguiente. Bachelet acertó en el comité político, pues va necesitar una comunicación fluida con los partidos. No solo eligió a gente de su confianza, pero además eligió a gente que tiene buenas migas con los partidos. También dio en el clavo en cuanto a experiencia política. Evito repetir el error de Piñera, y nominar a un gabinete sin trayectoria en el servicio público. Si el gabinete tiene algo, es años de circo. Menos que los gabinetes de Frei y Lagos, pero suficiente para entrar con todo en los próximos años. Por su parte, Bachelet falló en nombrar a mujeres en solo 9 de 23 carteras. Sobran mujeres con experiencia política y calidad técnica en Chile. Es un ámbito en que la presidenta-electa queda debiendo. Finalmente, acertó en dividir el gabinete consistentemente de acuerdo a las fuerzas legislativas. Correctamente decidió incluir a miembros de los partidos minoritarios, creando lazos de lealtad.

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