Una segunda vuelta testimonial

Publicado en La Tercera

La victoria de Bachelet sobre Matthei en segunda vuelta es prácticamente inevitable. Bachelet obtuvo el mayor porcentaje de votos para su coalición desde 1999, y Matthei obtuvo el menor porcentaje de votos para su coalición desde 1993. Bachelet está mucho más cerca de la mayoría absoluta que Matthei de la mayoría simple. El número de votos para Bachelet es casi el doble del número de votos para Matthei. Por cada dos votos que Bachelet recibió en primera vuelta, Matthei recibió uno. Si en segunda vuelta votan solo las personas que votaron por una de las dos candidatas en primera vuelta, Bachelet ganaría con más de 60% de los votos.

La historia juega a favor de Bachelet. Lo normal es que el candidato que obtiene el mayor porcentaje de votos en primera vuelta, gane en segunda. En 1999, Lagos obtuvo 47,95% en primera y ganó en segunda; en 2005, Bachelet obtuvo 45,96% en primera y ganó en segunda; en 2009, Piñera obtuvo 44,06% en primera y ganó en segunda. La distancia entre el porcentaje del ganador de la primera vuelta y la mayoría absoluta de los votos ha sido irrelevante. Por muy pequeña (Lagos sobre Lavín en 1999) o amplia (Bachelet sobre Piñera en 2005, y Piñera sobre Frei en 2009) que ha sido la brecha, el candidato favorito de la primera vuelta siempre fue elegido en la segunda vuelta.

El 46,69% de los votos para Bachelet es menos que lo que obtuvo Lagos en 1999, pero es más de los que obtuvo ella en 2005 y más de lo que obtuvo Piñera en 2009. A su vez, el 25,06% de los votos para Matthei es menos de lo que obtuvo Lavín en 1999, menos de lo que obtuvo Piñera en 2005 y menos de lo que obtuvo Frei en 2009. La diferencia que necesita Bachelet para ganar en segunda vuelta es marginal comparado con lo que necesita Matthei para empatar la elección. Mientras que Bachelet necesita solo 10% de los votos que obtuvo en primera para asegurar la victoria en segunda, Matthei necesita al menos 50% de los votos que obtuvo en primera para alcanzar a Bachelet.

El resultado de la segunda vuelta está en función al número de votos para el ganador de la primera vuelta. Todos los candidatos elegidos en segunda vuelta obtuvieron más de tres millones de votos en primera vuelta. Lagos obtuvo 3,383,339 votos en 1999, Bachelet obtuvo 3,190,691 votos en 2005 y Piñera obtuvo 3,074,164 votos en 2009. La ventaja de Bachelet es aun más clara si se compara con Matthei. Los 3,073,570 votos de Bachelet casi duplican los 1.647.490 votos de Matthei. Bachelet tendría que perder la mitad de sus votos — o bien mantenerlos y Matthei duplicar los suyos — para arriesgar perder la elección.

La ventaja de Bachelet sobre Matthei presupone que los votantes que emitieron un sufragio por al menos una de ellas en la primera vuelta repetirá su voto — y los que votaron por otros candidatos se abstendrán. No es un mal supuesto, pues los incentivos para votar son mayores cuando el candidato preferido de un votante está en la papeleta. En ese caso, Bachelet obtendría cerca de 65% de los votos y Matthei obtendría cerca de 35% de los votos. Otra posibilidad es que algunos de los votantes que emitieron un sufragio por al menos una de ellas en la primera vuelta se abstengan en la segunda vuelta. Tampoco es un mal supuesto, pues los incentivos para votar son menores si la elección no es competitiva.

De lo anterior se desprende que lo más probable es que en segunda vuelta vote igual o menos gente de la que voto en primera vuelta. Es decir, no votarán una buena parte de quienes sufragaron por un candidato que no pasó a segunda vuelta, y no votarán quienes sufragaron por un candidato que pasó a segunda vuelta, pero que sienten que su voto no es decisivo. Si vota menos gente, lo probable es que dejarán de votar proporcionalmente para cada candidata. Aquello implica que es muy probable que Bachelet obtenga menos votos en segunda vuelta que los que obtuvo en primera, pero que obtenga un mayor porcentaje de votos en segunda vuelta que en el que obtuvo en primera.

Con el resultado de la elección prácticamente decidido, cabe preguntarse para qué servirá la segunda vuelta. La evidencia histórica apunta a que sirve más para legitimar al ganador de la primera vuelta que para decidir el nombre del próximo presidente. Tiende a ser una elección testimonial más que una elección competitiva. Por eso, en casos donde la ventaja es tan abultada para el ganador de la primera vuelta, es importante reflexionar sobre la utilidad de la segunda vuelta. En Argentina, por ejemplo, se candidatos pueden ganar en primera vuelta si obtienen más de 45% de los votos, o si obtienen más de 40% de los votos pero con una ventaja de 10% sobre el segundo lugar.

Si la regla vigente en Argentina hubiese sido aplicada en Chile desde 1989, los resultados de las elecciones presidenciales serían iguales. Los mismos cinco presidentes habrían sido elegidos. La diferencia es que cuatro de ellos habrían ganado en primera vuelta, y solo uno (Lagos) habría ganado en segunda vuelta. Cada pueblo tiene reglas electorales intrínsecas a su historia. La regla de la segunda vuelta en Chile parece estar atada a fantasmas del pasado. Parece haber un rechazo a aceptar que un candidato pueda ganar con menos de 50% de los votos — como lo hizo Allende. Para muchos, obtener una mayoría absoluta de los votos es más importante que obtener un alto número de votos. 

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