Cambio de táctica

Publicado en La Tercera

A menos de tres semanas de la elección presidencial, se realizaron los dos debates de Anatel. Fueron los primeros televisados en que participaron los nueve candidatos, y los últimos antes del 17 de Noviembre. Los debates estuvieron marcados por la definición táctica de los candidatos. Particularmente la de los más populares. Mientras que Bachelet trató ahondar en sus propuestas para mantener su margen de favoritismo, Matthei intentó reposicionar su candidatura para reconquistar al votante de derecha. Mientras que Parisi buscó desligarse del populismo y la coyuntura, Enríquez-Ominami intentó generar contrastes y ganar terreno perdido en las últimas semanas.

Mientras que algunos candidatos consolidaron su táctica, la mayoría decidió cambiarla. Fue evidente en la forma en que cada candidato se relacionó los otros candidatos y en la forma en que utilizaron los espacios diseñados para responder menciones. El hecho es que bajó el número de veces que un candidato emplazó o interpeló a otro candidato. En ambos debates, Matthei solo nombró a Bachelet dos veces, y Parisi solo nombró a Matthei una. También bajó la intensidad de las criticas personales. Cuando sí hubo una mención de un candidato a otro, tendió a estar enfocada en las ideas y programas de la contraparte más que en sus características personales.

Bachelet estuvo entre quienes mantuvieron su táctica. Llegó al primer debate solo horas después de figurar en el solitario primer lugar de intención de voto en la prestigiosa encuesta CEP. Con una victoria prácticamente asegurada, la ex Presidenta se trató de mantener alejada de las criticas de los demás. Aunque fue mencionada varias veces en ambos debates, evitó interactuar. Buscó aislar y proteger su margen de favoritismo. Aunque la mayoría de sus intervenciones cayeron en ambigüedad (como los relacionados con su propuesta de una nueva Constitución), fueron lo suficientemente efectivas como para prevenir abrir un flanco vulnerable a pocos días de la elección.

Por su parte, Matthei buscó revertir la noción de que está técnicamente empatada con Parisi. Tras emplazar varias veces al independiente en el transcurso de las últimas semanas, la ex Ministra de Trabajo finalmente volvió al plano de las propuestas. Aunque tuvo la oportunidad de ejemplificar las diferencias entre su opción y las del independiente, decidió concentrarse en responder las preguntas de los periodistas. Solo se salió del libreto una vez en el primer debate, para mencionar la responsabilidad de Bachelet en la supervivencia de un proyecto de ley. No hay duda que su nueva táctica le dará más frutas que la que utilizó en las últimas semanas.

Parisi también cambió de táctica. Reemplazó la estrategia de criticar a sus adversarios por una estrategia enfocada en difundir propuestas. Al presentar su programa de gobierno el mismo día del primer debate, dejó entrever que en las semanas que siguen se enfocará más en ideas que en peleas de pasillo. Al remitirse a contestar las preguntas de los periodistas, buscó eliminar la idea que su candidatura no es más que un fenómeno que gravita alrededor de la coyuntura. Aunque logró despejar varias dudas, no pudo hilar un relato convincente. Si bien justificó su motivación para ir en contra del sistema, no logró clarificar los medios con los cuales gobernaría.

Enríquez-Ominami también inauguró táctica. Aunque se preocupó de difundir las ideas de su programa de gobierno, también entró por primera vez a la pelea chica. Hizo numerosas y detalladas referencias a sus propuestas, pero también fue el candidato que más mencionó a candidatos rivales. Mientras que en el primer debate se mantuvo relativamente alejado de los emplazamientos e interpelaciones, en el segundo debate mencionó a Matthei y a Parisi en 4 de sus cinco intervenciones. Sin duda una estrategia necesaria para tratar de alcanzar a cualquiera de los dos en las encuestas.

Los otros candidatos no desperdiciaron la oportunidad de definir sus propias tácticas. La mayoría usó a los candidatos más populares para generar impacto. Fue el caso de Claude, por ejemplo, que nombró a Bachelet en la primera intervención de la primera noche, o el caso de Jocelyn-Holt, que criticó la labor de Bachelet en las horas que rodearon el 27F. Asimismo, Israel aprovechó de ligar a la ex presidenta a un diputado formalizado por estafa, y Miranda usó su tiempo, como ya es costumbre, para manifestarse en contra de todos los demás, con especial mención para Bachelet y Matthei.

El contenido y el ritmo de ambos debates surgiere una de dos cosas. La primera es que el formato apaciguó los ánimos. Al no disponer de derecho a réplica inmediata, los candidatos optaron por evitar confrontaciones. En vez de hacer una critica y controlar la dirección del daño con una contra-réplica, optaron por enfocarse en temas programáticos que los podrían reposicionar en el plano de las ideas. Por su puesto, esto implica que bajo otro formato de debate no hubiesen dudado en emplear una táctica más agresiva. También implica que tras los debates de Anatel continuarán los emplazamiento de Matthei a Bachelet, y la interpelación de Parisi a Matthei, entre otros.

El relativo relajo en el debate Anatel también puede sugerir que los candidatos cambiaron sus tácticas de cara a las últimas dos semanas de campaña. Si es así, es razonable suponer que los candidatos decidieron cambiar su estrategia ofensiva por una estrategia programática porque les conviene. En esa línea, es probable que dispongan de información que muestra que los emplazamientos de Matthei y las interpelaciones de Parisi, por ejemplo, fueron mal evaluados por los votantes. Aquello implica que al adoptar tácticas agresivas estaban perdiendo más votos de los que estaban ganando. También implica que en las semanas que vienen habrá un fuerte giro hacia un debate programático.

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