El costo de no debatir

Publicado en La Tercera

El objetivo de Bachelet es ganar en primera vuelta con una mayoría legislativa que le permita hacer cambios de fondo. Solo de ese modo podrá cumplir con su agenda presidencial. Si bien no ha presentado un programa claro y conciso, ha comunicado en varias ocasiones que tiene en mente tres grandes reformas: tributaria, educacional y constitucional. Si no logra su objetivo, será significativamente más difícil que las pueda llevar a cabo. Si no obtiene una votación importante en primera vuelta, no tendrá el apoyo popular para respaldar las transformaciones. Si no obtiene una mayoría legislativa, no tendrá las herramientas básicas para conducir las reformas dentro del marco legal existente.

La estrategia de Bachelet para lograr el objetivo ha sido mantener su agenda ambigua y someter su candidatura al menor escrutinio público posible. Al menos es lo que ha demostrado desde el comienzo. En Marzo de 2013, evitó responder preguntas de la prensa que buscaba clarificar si iba a aceptar la nominación del PS y el PPD para ser candidata presidencial. En Junio de 2013, evadió enfrentarse directamente con sus contendores de primarias. A su vez, los contendores tampoco buscaron un enfrentamiento directo con ella. En Septiembre de 2013, rechazó la invitación al debate de la ANP. Hasta el día de hoy no ha presentado un programa de gobierno.

Por un lado, la estrategia de Bachelet ha sido un acierto, pues se ha mantenido como la candidata con la mayor probabilidad de ganar. Todas las encuestas que se han publicado en los medios de comunicación muestran que la ex Presidenta está presta a lograr la mayoría absoluta de los votos en la primera vuelta. El sitio web de pronósticos electorales presidenciales www.tresquintos.com (el cual manejo personalmente, junto a Stefan Bauchowitz) muestra que “si la elección fuera el próximo domingo”, Bachelet recibiría en torno al 40% de los votos; a 15% de su rival más cercana — Matthei — y a 30% de los candidatos que están empatados en el tercer y cuarto lugar.

Por otro lado, la estrategia de Bachelet también conlleva riesgo, pues al eludir la exposición natural que caracteriza a candidatos presidenciales, inevitablemente relativiza su objetivo. Si bien sigue igual de probable que gane la elección presidencial y legislativa, es menos probable que lo haga en la primera vuelta con una mayoría legislativa significativa, y más probable que lo haga en segunda vuelta con una mayoría legislativa simple. Candidatos deben salir a ganar votos, y aunque Bachelet lo pueda estar haciendo en la calle, lo está dejando de hacer a través de los medios masivos. Los votos que puede estar ganando en puertas-a-puertas, son opacados por los votos que podría estar ganando en televisión.

El debate de la ANP le dio la oportunidad al resto de los candidatos para capitalizar sobre el riesgo de la estrategia de Bachelet. Cada uno de los ocho candidatos tuvo tiempo para hablarle a sus respectivos nichos. Mientras que los más conocidos lograron afianzar su voto o convencer a algunos indecisos, los menos conocidos lograron marcar presencia y captar la atención de votantes que no los tenían considerados. Mientras que Bachelet se mantiene, o baja levemente en su intención de voto, el resto de los candidatos avanza. Aunque sean desplazamientos marginales, pueden ser cambios determinantes en el resultado final de la elección presidencial y legislativa.

El debate de la ANP no necesariamente cambia el resultado de la elección, pero sí ilustra la forma en que se mueven las preferencias electorales. Mientras más conocidos se vuelven los otros candidatos, más probable es que alguien vote por ellos. A medida que los otros candidatos crecen en su intención de voto, disminuye el espacio que la ex Presidenta tiene para alcanzar la mayoría absoluta de los votos. Si bien la ausencia de Bachelet se justifica estratégicamente, no es gratis. El costo de no debatir, y no participar en el sentido más general, puede significar la diferencia entre ganar en primera vuelta y ganar en segunda, o entre obtener una mayoría legislativa significativa y una mayoría legislativa simple.

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