La crisis de la derecha

Publicado en La Tercera

La derecha se encuentra enfrascada en una intensa lucha de poder desde el enredado proceso de nominación de su candidato presidencial. La bajada de Longueira causó un quiebre entre RN y la UDI que aun no se ha reparado. La coalición se ha debilitado aun más desde que uno de los partidos decidió emplazar al gobierno a través de los medios. La coalición se dividió entre los que justifican la dictadura y los que aceptan y asignan responsabilidades. Una consecuencia del mal clima ha sido la inhabilidad de la Alianza para posicionar a su candidata presidencial. Las encuestas muestran que Matthei está más cerca de obtener un tercer lugar que de obtener un primer lugar. Como si lo anterior no bastará, la coalición arriesga perder el control del status quo en las elecciones legislativas concurrentes. Si la Nueva Mayoría consigue suficientes doblajes puede prescindir de la derecha para llevar a cabo reformas constitucionales.

La bajada de Longueira fue lo que catalizó la crisis. El vació de poder que dejó el ex-Ministro de Economía cuando depuso su candidatura causó una disputa entre las cúpulas de RN y la UDI por nominar al candidato presidencial. Las relaciones entre ambos se cortaron tras la reacción rápida de la UDI para reivindicar el cupo y la respuesta lenta de Allamand para descartar su intención. En total, pasaron 22 días entre que la directiva de la UDI nombró a Matthei (20 de Julio) y el Consejo General de RN la ratificó (11 de Agosto). El largo lapso de tiempo no solo sirvió para finalmente nominar al candidato presidencial, sino que además para separar aguas en la coalición. Las diferencias coyunturales se volvieron programáticas. Entre ellas, una de las más notorias fue la participación activa de RN en un proyecto de ley de reforma electoral (tradicionalmente resistido por la UDI), patrocinado por Carlos Larraín, entre otros senadores del partido.

Lo anterior sembró terreno fértil para que frente a dos provocaciones de Piñera estallará la crisis. La primera fueron los dichos sobre “cómplices pasivos”; la segunda fue la decisión de cerrar el Penal Cordillera. Ambas provocaciones fueron serias para el sector más conservador de la derecha, dado que indirectamente representaron un mea culpas. Desde el retorno a la democracia nunca hubo una auto critica tan manifiesta de parte del sector. Es probable, incluso, que hasta hace tan solo un año atrás, RN y la UDI se hubiesen unido para disipar dudas sobre su irrestricto apoyo al régimen militar. Pero la simpleza con que Piñera decidió acusar a personeros políticos de su sector de ser “cómplices pasivos” y luego cerrar el penal Cordillera es evidencia que el otrora clima de unidad no va más. Mientras que RN se alineó con Piñera, la UDI tomó una postura critica.

Dado el clima interno de la Alianza, no sorprende que la candidata presidencial no tome impulso. Matthei llega a representar a la coalición en su peor momento desde 1989. Algunas encuestas sugieren que es probable que por primera vez el candidato presidencial de la derecha reciba una votación inferior al 20% en la primera vuelta. Otras encuestas sugieren que es probable que por primera vez el candidato presidencial de la derecha llegue en el tercer lugar. Cualquiera de los dos escenarios coronaría la crisis de la derecha. Si la intención de voto de Matthei no toma un impulso importante pronto, la Alianza tendrá que enfrentar el escenario de ver una segunda vuelta en el cual ninguno de los dos candidatos pertenezca a su sector. Hoy, Matthei lleva el mismo tiempo en campaña que lo que falta para la elección presidencial. El tiempo se acaba y todo indica que falta bastante para asegurar un segundo lugar en la primera vuelta.

Perder la elección presidencial no es grave. Hasta el momento la Alianza ha perdido 4 de 5 elecciones presidenciales y sigue siendo la segunda fuerza electoral del país. Perder una presidencial no es grave por sí solo. Candidatos pueden perder elecciones y ganarlas después (Piñera) o ganar elecciones y volver al poder (Bachelet). Lo grave sería perder la elección presidencial en conjunto con la elección legislativa concurrente. Si el apoyo de Matthei se mantiene en el nivel actual, es probable que su lista de candidatos a la diputado y senador tampoco levante cabeza. Esto significa que la Alianza podría perder el control de vetar a su contraparte en el Congreso. Si la derecha no logra alcanzar al menos 3/7 de la Cámara (53 diputados de 120) y 3/7 del Senado (17 senadores de 38) podría perder su influencia sobre el sistema político. Lo anterior sería el peor de los escenarios posibles.

La derecha debe reagruparse para salir de la crisis. Independiente de quién sea el candidato presidencial del sector, ambos partidos políticos deben trabajar por la misma causa. Aun cuando sigue vigente una enorme división — en un  tema tan complejo como la posición de RN y la UDI frente a las responsabilidades del gobierno militar — deben dejar las rencillas atrás. Perder la elección presidencial por una paliza en las urnas tras su primer y único gobierno desde la transición no es un buen augurio. Pero perder la elección legislativa por un margen calificado para hacer cambios constitucionales podría ser lapidario en el corto plazo. En lo que queda de campaña, RN y la UDI deben enfocarse más en los temas que los unen que en los temas que los separan. Y aunque sea difícil, deben unirse tras Piñera, que en contra de todo pronóstico, parece ser la mejor esperanza para contrarrestar la ofensiva de Bachelet.

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