Debatir en la medida de lo conveniente

Publicado en La Tercera

Las encuestas muestran a Michelle Bachelet como favorita. La mayoría de las encuestas apuntan a que obtendrá entre 30% y 40% en la primera vuelta. Casi 20 puntos más abajo la sigue Evelyn Matthei, marcando entre 10% y 20%. A corta distancia la escoltan Marco Enríquez-Ominami y Franco Parisi, logrando entre 5% y 15%. Los cinco candidatos que restan no suman más de 5%. Entre los factores que podrían alterar el orden de llegada de los candidatos el día de la elección destacan los debates presidenciales. Si Matthei tiene alguna posibilidad de acortar terreno con Bachelet, su trabajo comienza en los debates. Si Enríquez-Ominami o Parisi pretenden reemplazar a Matthei en la segunda vuelta, su trabajo comienza en los debates.

Es prácticamente un hecho que los debates no favorecen a los candidatos favoritos. Un ejemplo de aquello es lo que ocurrió en el conocido debate presidencial de Estados Unidos en 1960, cuando el curtido Vicepresidente Richard Nixon sucumbió ante el novato Senador John Kennedy. Los ocho años de Nixon en la Vicepresidencia no le sirvió de mucho tras el primer debate, cuando su intención de voto cayó casi instantáneamente. La ventaja de Nixon se basaba en que nunca tuvo que contrastarse directamente con un rival. El debate no solo sirvió para que algunos votantes se abstuvieran, pero también para que muchos se cambiaran de candidato. Hay toda una línea de literatura que especula que Nixon hubiese sido elegido si tan solo hubiese evadido el debate.

Por lo anterior, no es una sorpresa que Bachelet quiera evadir los debates. Al igual que Nixon — y una montonera de otros candidatos que comenzaron como favoritos pero terminaron perdiendo — la candidata de la Nueva Mayoría sabe que mientras más expone su candidatura a contrastes, más probable es que disminuya su intención de voto. No es casual que Bachelet mantuviera el silencio durante los casi tres años que permaneció fuera del país. Es probable que si hubiese abierto un espacio para debatir sobre las decisiones de su gobierno anterior y las propuestas de su gobierno futuro, la distancia en la intención de voto con los demás candidatos no sería tan abultada como lo es. Bachelet sabe que debatir puede ser contraproducente para su objetivo.

Tiene sentido que Bachelet haya declinado participar en el debate organizado por la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) el 9 y 10 de Octubre, y tiene sentido que haya aceptado participar en el debate organizado por la Asociación Nacional de Televisión (ANATEL) el 29 y 30 de Octubre. Tiene sentido porque Bachelet sabe que debe debatir en al menos un debate para no arriesgar un castigo de parte de los votantes. Pero también tiene sentido porque Bachelet sabe que el formato impersonal que ofrece ANATEL le permite participar sin arriesgar demasiado. De lo anterior queda en limpio que — estratégicamente — el peor de los casos para Bachelet sería participar en debates adicionales, dado que significaría que exponer su candidatura a criticas que no necesita.

La paradoja es que Bachelet espera obtener la mayoría relativa de los votos en la primera vuelta y la mayoría absoluta de los votos en la segunda vuelta, sin participar en más de un debate. Estratégicamente tiene sentido, pero democráticamente es una torpeza. Aunque le conviene evadir debates, la decisión es inconsecuente con el sistema político. No existen razones suficientemente fuertes para fundamentar que no puede debatir con el resto de los candidatos. Bachelet, sobre todo como ex presidenta, no puede pretender ser elegida sencillamente con propaganda envasada despachada a los medios. No basta una llevar a cabo una campaña donde pretende representar a la nueva mayoría sin demostrar, frente a los demás candidatos, por qué debe ser ella.

No debatir es una señal de que prevalece la estrategia electoral por sobre los ideales democráticos. Si bien Bachelet no tiene por qué facilitarle el camino a Matthei, o aumentarle el rating a Enríquez-Ominami o Parisi, sí sería positivo para la democracia saber que el proceso para elegir al próximo presidente es más deliberado que el anterior. Si Bachelet quiere hacer un aporte en esa dirección, debe tomar su campaña por la astas y abrirse a debatir con los demás. Si quiere ser consecuente con lo que promete en su programa de gobierno, debe contrastar su candidatura con la de los otros candidatos. Si quiere empoderar a la ciudadanía, debe participar proactivamente en la distribución de información electoral.

 

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