Piñera y el ingreso mínimo mensual

Publicado en La Tercera

Tras ganar la elección presidencial de 2009/2010 la primera tarea de Piñera fue construir un equipo de personas para tomar control de La Moneda. En hacer esto se enfrentó con dos problemas. Primero, y a diferencia de los gobiernos anteriores, solo había un puñado de personas con experiencia en el poder ejecutivo dispuestas a cooperar activamente. Y segundo, y a diferencia de los presidentes anteriores, no tuvo el beneficio de contar con una estructurada prefabricada. La selección de ministros para conformar su primer gabinete son evidencia de estos problemas. A diferencia de las administraciones anteriores el primer gabinete de Piñera brilló por la ausencia de personas con experiencia en política. De las 22 carteras, más de la mitad (13) fueron para independientes.

El problema pasó de ser anecdótico a real cuando el gobierno de Piñera comenzó a bajar en popularidad. Después del capítulo de los mineros, donde el presidente alcanzó 63% de aprobación, su popularidad empezó a descender hasta llegar a 26%. Durante la caída, Piñera correctamente detectó que uno de los factores asociados al problema era la ausencia de peso político en su gabinete. Esto se había manifestado con problemas en el manejo de crisis durante el conflicto estudiantil, Barrancones, Freirina e HidroAysén entre otros. Para contrarrestar el efecto adverso, Piñera convocó a 4 senadores titulares a su gabinete. Allamand, Matthei, Chadwick y Longueira. Si bien su llegada aportó en despejar problemas coyunturales, no sirvió para apalear su baja popularidad.

Un símbolo dramático de la consecuencia de gobernar sin la aprobación de la mayoría de los chilenos ha sido la inhabilidad del presidente para pasar de forma expedita los proyectos de reajuste anual de ingreso mínimo mensual. Algo que Piñera nunca comprendió es que la aprobación presidencial es una herramienta necesaria para gobernar. No da lo mismo tener una baja aprobación, aunque “las cosas se estén haciendo”. Contar con una alta aprobación presidencial es instrumental para presionar a la oposición a convergir a términos favorables de negociación. Es probable que si Piñera habría tenido una alta (al menos moderada) aprobación el proyecto de ingreso mínimo mensual habría pasado en su primer trámite, sin la resistencia de los partidos de la oposición.

Desde 1990 se han presentado 20 proyectos para reajustar el ingreso mínimo mensual (en 1999 se negoció el proyecto de 2000 y 2001, y en 2005 se negoció el proyecto de 2006). En los 20 años, el promedio para pasar el proyecto por el Congreso fue de 9 días. En los gobiernos de la Concertación, el promedio para pasar el proyecto por el Congreso fue de 7 días (con una desviación estándar de 5 días). En los tres primeros años del gobierno de Piñera, el promedio para pasar el proyecto por el Congreso fue de 26 días (con una desviación estándar de 4 días). El gráfico de abajo muestra como el número de días necesarios para aprobar un proyecto de ingreso mínimo mensual ascendió bruscamente desde la inauguración de Piñera en 2010.

Es probable que en conocimiento de está tendencia Piñera decidió adelantar su propuesta de 2013 en tres meses. El 19 de marzo presentó unilateralmente (sin negociar) el proyecto anual de ingreso mínimo mensual. Su oferta contempló un reajuste de 6,2%, ascendiendo el monto actual (193.000) a 205.000 pesos. Dado que la oposición fijó una base de 210.000 pesos (un reajuste de 8,8%), y que la aprobación de Piñera se encontraba baja, la propuesta fue rápidamente rechazada en ambas cámaras. Esto forzó a Piñera a ingresar un segundo proyecto. El  2 de julio presentó un reajuste de 7,3%, ascendiendo el monto actual a 207.000 pesos. El proyecto fue nuevamente rechazado. Esto forzó a Piñera a ingresar un tercer proyecto. El 19 de julio presentó un reajuste de 8,8%, ascendiendo el monto actual a 210.000 pesos.

Es probable que la oposición acepté el montó presentado por Piñera, pues es equivalente a su propia propuesta. Es probable que también se legisle que el ingreso mínimo mensual sea retroactivo hasta el principio de julio, para no perjudicar a quienes dependen del reajuste para llegar a la canasta mensual. Lo realmente destacable de la negociación de 2013 es su representatividad con otros capítulos de negociación del gobierno. El método de proponer soluciones unilateralmente también se aplicó en el conflicto estudiantil, en Barrancones, en Freirina y en HidroAysén. Y en cada uno de esos capítulos el gobierno finalmente tuvo que retroceder y acatar los términos de negociación de su contraparte. Algo que distanciará a los votantes de optar por la continuidad de su obra.

 

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