Un plan puntual

Publicado en La Tercera

En cada elección, desde el retorno de la democracia, la Alianza ha mejorado su rendimiento electoral. En 1989, la alta votación de la Concertación le permitió derrotar a la Alianza en primera vuelta, y sumar 11 doblajes en la cámara y 3 en el senado (69 diputados y 22 senadores, sin contar los senadores designados). En 1993, la Concertación nuevamente arrasó en primera vuelta, pero sin el buen rendimiento legislativo de la elección anterior. En 1999 y 2005, la Alianza mejoró significativamente, forzando una segunda vuelta en ambas ocasiones, además de reducir la cantidad de doblajes de la Concertación a la mitad. En 2009, la Alianza llegó a su mejor momento, logrando elegir al presidente, además de impedir doblajes de la Concertación en las elecciones legislativas.

El patrón de hechos que se ha dado hasta el momento sugiere que la elección de 2013 será más similar a la elección de 1989 que a la elección de 2009. Una de las similitudes con la elección de 1989 es la larga y compleja historia tras la nominación del candidato presidencial. En esa elección inaugural, la Alianza optó por Büchi, por sobre otros como Onofre Jarpa, como su candidato. Una breve, pero crucial interrupción entre Mayo y Julio de 1989, sepultó la opción de Büchi. Una segunda similitud de la elección inaugural con la de 2013 es el rol central de la elección legislativa. En 1989, el sentimiento predominante era que Büchi iba perder la elección presidencial–sobre todo después de Julio. Por eso, lo realmente importante se jugaba a nivel de diputados y senadores.

La tumultuosa nominación del candidato presidencial de la Alianza en 2013 es un indicador que la coalición va por mal camino. Datos duros también apoyan esta sensación. La derrota de la derecha en las elecciones municipales de 2012, en la antesala de las presidenciales de 2013 genera un augurio similar al de que existía tras la derrota de la derecha en el plebiscito de 1988, en la antesala de las presidenciales de 1989. Frente a esta adversidad hay tres desenlaces posibles. El primero es que la Alianza sorprenda y gane en segunda vuelta. El segundo es que la Alianza pierda la elección presidencial pero mantenga el control del status quo en el poder legislativo. El tercer desenlace es que la Alianza pierda la elección presidencial y el pierda el control del status quo en el poder legislativo.

En términos reales, cualquiera de los dos primeros desenlaces es útil para la Alianza. En el mejor de los casos, sorprende y gana. Sin embargo, aquello es lo más improbable. Si la Alianza pierde la elección presidencial pero mantiene el control del status quo, será una derrota con sabor a victoria, dado el costo que significaría una perdida mayor. Si se da el tercer desenlace, donde la Alianza pierde la elección presidencial y el control del status quo en el poder legislativo, será devastador para la coalición. Permitirá que Bachelet use su contingente legislativo para hacer cambios drásticos a la Constitución. Una victoria de Bachelet en 2013 igual o mayor a la victoria de la Concertación en 1989 le daría los 4/7 necesarios para llevar a cabo importantes reformas.

Para evitar el tercer desenlace, la Alianza tiene pocas opciones. Pero opciones al fin y al cabo. Lo primero que debe hacer es determinar hacia que escenario esta encaminado, para estratégicamente evadirlo. Leer mal el escenario político significa mandar un mensaje erróneo hacia un electorado altamente volátil. Una vez diagnosticado el escenario se podrá escoger al candidato. En este punto, el gran problema de la Alianza es la divergencia entre los partidos. Todo apunta a que RN piensa que Bachelet es ganable, mientras que la UDI piensa que es imbatible. El problema es que al tener que re-seleccionar al candidato, RN parece favorecer un centrista inclinado a pelear por el centro, mientras que la UDI parece favorecer a un extremista capaz de defender los 4/7.

Llevar a ambos candidatos a primera vuelta es una tercera alternativa. Dos candidatos pueden generar un mayor caudal de votos que un candidato. Sin embargo, podría ser una combinación contraproducente. Si el objetivo de la Alianza es evitar que Bachelet alcance un quórum de al menos 4/7, un plan puntual para juntar votos complementarios es mejor que un plan genérico para juntar votos suplementarios. Lejos de fraccionar la elección entre dos candidatos, la Alianza debe mostrar unidad. Debe levantar un solo candidato cuanto antes para empezar a crear lazos de lealtad con el electorado. La Alianza debe nominar a una sola persona que tenga la capacidad de generar una movilización táctica de los electores de derecha en los distritos y circunscripciones más vulnerables.

 

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