Bajos ratings para las primarias

Publicado en La Tercera

Todo parece indicar que un porcentaje muy bajo de los habilitados para votar acudirá a las urnas el próximo domingo (30 de junio). La mayoría especula que será alrededor de 10% del padrón. El problema es que pocos sienten cercanía con los candidatos o un deber cívico para ir a votar. Por una parte esto sucede porque hay un desgaste notorio de la política. El desprestigio que conllevan los partidos aliena a más gente de la que atrae. Los conflictos de interés y las rencillas públicas generan un rechazo natural en los votantes. Por otra parte esto también sucede porque las reglas del juego lo incentivan. El sistema de voto voluntario trata el voto como un derecho y no un deber. La gente se puede decidir abstener sin un castigo legal o moral.

El rating de los debates es evidencia de lo anterior. Si habría un interés en participar en las primarias, los cuatro debates televisados en las últimas dos semanas habrían obtenido un porcentaje mucho mayor de audiencia de lo que obtuvieron. En el primer debate (10 de junio), el pacto Nueva Mayoría marcó 19 puntos con un peak de 24, quedando en el primer lugar de sintonía. En el segundo debate (13 de junio), la Alianza marcó 12,3 puntos con peak de 15, logrando el cuarto lugar de sintonía. En el tercer debate (20 de junio), la Alianza marcó 10,9 puntos con un peak de 14, quedando en el cuarto lugar de sintonía. En el cuarto debate (23 de junio), el pacto Nueva Mayoría marcó 15,4 puntos con un peak de 19, logrando el primer lugar de sintonía.

(Como referencia, un punto de rating equivale a 18.249 hogares. De acuerdo a esta conversión, el promedio de audiencia del pacto la Nueva Mayoría equivaldría a aproximadamente entre 600.000 [2 pers. por casa] y 1.2 millon de personas [4 pers. por casa]; el promedio de audiencia de la Alianza equivaldría a aproximadamente entre 420.000 [2 pers. por casa] y 840 mil personas [4 pers. por casa]. Si todos los televidentes que vieron los debates votarán en la primaria, es probable que la participación fuera menor al 7% del padrón. Es probable que mucha gente vio ambos debates. Evidentemente hay varios problemas metodológicos con esta conversión. Pero eso es un tema para otro artículo. Para más información pinchar aquí y aquí).

Con sus limitaciones, los ratings revelan dos hechos adicionales. El primero es que la Nueva Mayoría convoca más interés que la Alianza. En el primer debate la coalición de Bachelet, Gómez, Orrego y Velasco superó por alrededor de 7 puntos a la coalición de Allamand y Longueira. En el segundo debate los primeros superaron por alrededor de 4 puntos a los segundos. En ambos debates la Nueva Mayoría logró el primer lugar de sintonía. Esto sucedió por dos razones. Primero, porque representan a más gente interesada en política. Solo en militantes, la Nueva Mayoría triplica a la Alianza. Y segundo, porque Bachelet genera más curiosidad que cualquiera de los otros candidatos. Como ex presidenta y probable futura presidenta, existe un afán inherente de querer conocer sus posturas.

El segundo hecho implícito tras los ratings es que la primaria de la Alianza es más competitiva que la primaria de la Nueva Mayoría. Si bien los candidatos de ambas coaliciones llegaron a los debates con la intención de diferenciarse de los demás, solo lo lograron en la Nueva Mayoría. Si bien no hubo una interpelación directa a Bachelet, sí hubo intercambios notables entre Gómez, Orrego y Velasco. En la Alianza, en cambio, no hubo un enfrentamiento honesto. El primer debate entre Allamand y Longueira fue especialmente tibio, dejando mucho por desear. Probablemente por eso el rating entre el primer y el segundo debate bajó más para la Nueva Mayoría (marcando 4 puntos menos) que para la Alianza (marcando 2 puntos menos).

A partir de estos hechos se pueden tender dos inferencias: (1) va participar más gente en la primaria de la Nueva Mayoría que en la primaria de la Alianza, y (2) la primaria de la Alianza va ser más competitiva que la primaria del pacto Nueva Mayoría. Evidentemente no son inferencias robustas por sí solas, pues hay gente que vota por la derecha que vio los debates de la Nueva Mayoría y no los de la Alianza, y hay gente que vota por la izquierda que vio los debates de la Alianza y no los de la Nueva Mayoría. Ver un debate de una coalición  en particular no significa una intención de votar por el sector. Además, los ratings no necesariamente son representativos a nivel nacional. Según TimeIbope, la empresa que lleva a cabo la medición, la muestra solo incluye 600 hogares.

Pero sí son inferencias consistentes con otra evidencia. Históricamente, los votantes de centro izquierda participan más que los votantes de centro derecha. Además, en esta elección la gran mayoría de los militantes (quienes tienen mayor probabilidad de ir a votar) apoya a alguno de los candidatos de la Nueva Mayoría. Por su parte, la menor baja relativa en sintonía para la Alianza sugiere que menos votos están resueltos. Muchos decidieron ver el segundo debate porque aún no deciden por quién votar. Ambas inferencias están en línea con las pocas encuestas que han sido publicadas, las cuales muestran que aunque vote más gente en la centro izquierda, la diferencia entre Bachelet y sus adversarios será mucho mayor a la diferencia entre Allamand y Longueira.

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