Estrategias y resultados

Publicado en La Tercera

Los debates son la mejor instancia para que candidatos puedan presentar sus programas. Facilitan que votantes puedan conocer y comparar ideas. En algunas ocasiones pueden cambiar el rumbo de la elección. En debates donde un candidato llega con una importante ventaja sobre los demás, sin embargo, presentar programas e ideas no basta para alterar el orden de las preferencias. Solo funciona en debates donde los candidatos llegan con similares índices de intención de voto. En esos casos la fricción de la competencia puede generar desplazamientos en preferencias electorales. En cualquier caso, los candidatos conocidos tienen mayores probabilidades de estancarse en sus tasas de adhesión que los candidatos menos conocidos, quienes tienen más espacio para crecer.

La distancia en las encuestas entre Michelle Bachelet y el resto de los candidatos sugiere que independiente de la calidad de los programas y el peso de las ideas sintetizadas en el debate no habrá un cambio en el resultado de la primaria. La estabilidad en los índices de intención de voto junto al alto nivel de conocimiento de la ex presidenta robustece la probabilidad de que su rendimiento en el debate no altere el lugar de su llegada el 30 de Junio. La inmensa mayoría de quienes ya han adherido a Bachelet conocen sus puntos débiles. Han sistemáticamente manifestado que votarán por ella pese a los traspiés de su ex gobierno (Transantiago), y conscientes de los malos augurios de su futuro gobierno (imposibilidad de resolver temas de Educación).

El debate es diferente para los dos candidatos que compiten por el segundo lugar, Claudio Orrego y Andrés Velasco. Dado que las encuestas han mostrado que ambos candidatos son relativamente desconocidos, el debate será una gran oportunidad para dejar sus marca. Si bien ambos han sido ministros, y destacados miembros de la Concertación en los últimos años, paras muchos sus programas e ideas de campaña siguen siendo un misterio. El resultado del contraste podría marcar la primera tendencia clara a favor de uno de ellos. A diferencia de la ex presidenta, ellos necesitan el debate para desempatar. Un traspié de uno de ellos, podría permitir una sutil ventaja a favor del otro, irreversible a tres semanas de las primarias.

Frente a estas prospectivas cada candidato optará por una estrategia distinta. Bachelet tratará de reforzar su favoritismo con una agenda de consenso. Insistirá que su programa no es de la izquierda, es de la gente. Argumentará que los ejes de su campaña no son para radicalizar a la oposición, sino que para fortalecer a los ciudadanos. Orrego y Velasco optarán por no ser confrontacionales con su postura, pues no pueden hipotecar su relación con quien probablemente sea la próxima presidenta. Por el contrario, cada uno se enfocará en el otro. Pues compiten por convencer a los mismo votantes: los moderados. Mientras que Orrego buscará entablar su candidatura como una de centro, Velasco se ofrecerá para ser el abanderado de los independientes y desencantados.

Una vía alternativa sería que Orrego y Velasco se asociaran estratégicamente en contra Bachelet, con el objetivo de reducir su margen de ventaja. Esto implicaría que ambos tendrían que criticar a la ex presidenta y su ex gobierno. El problema con esta estrategia es que aunque ambos candidatos llegaran a un acuerdo, no habría garantías de que la base electoral de Bachelet se debilitaría hasta el punto de abrir caminos para al menos uno de ellos. Esta es otra razón por la cual Orrego y Velasco simplemente se enfocarán en disputar el segundo lugar, a través de la comparación de sus trayectorias políticas y sus propuestas presidenciales. Buscando transformarse en el subcampeón de la primaria, protagonizarán el intercambio más intenso del debate.

Es probable que después del debate el porcentaje de intención de voto de Bachelet disminuya y el de los demás aumente. Pero será un efecto natural de la exposición, y no necesariamente uno ligado al desempeño en el intercambio de ideas. Aunque Bachelet cumpla todas las expectativas, no podrá impedir que su popularidad baje. Es natural que candidatos con niveles extraordinariamente altos de adhesión bajen paulatinamente a medida que se acerque la elección. Sobre todo en escenarios donde el resto de los candidatos son menos conocidos y tienen un techo más alto para crecer. Ahora, si bien aumentará el porcentaje relativo de intención de voto de Orrego, Velasco y quizás Gómez, no significa que aumentará su probabilidad de ganar.

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