Las banderas democráticas de las primarias

Publicado en La Tercera

Las elecciones primarias no solo son un mecanismo para seleccionar a candidatos, son un indicador de democracia al interior de partidos y coaliciones. Cuando un partido o una coalición celebra primarias es porque su estructura interna es democrática, de corte horizontal y deliberativa. Por el contrario, cuando un partido o coalición no celebra primarias es porque su estructura interna es autoritaria, de corte vertical y arbitraria. Patrones de primarias en las últimas dos décadas muestran que la Concertación ha sido el portador de la bandera democrática, mientras que la Alianza se ha resignado a portar la bandera autoritaria. Mientras que la Concertación ha celebrado primarias en tres de cinco elecciones presidenciales, la Alianza aún no las ha utilizado.

Hay que reconocer que las primarias de la Concertación han variado en calidad. En 1993 votaron 608,569 personas en las primeras primarias semi-abiertas nacionales. En 1999 el número de votantes aumentó a 1,384,326 en las primarias abiertas nacionales. En 2009 el número de votantes descendió a 62,382 para las primarias semi-abiertas segmentadas (celebradas solo en O’Higgins y Maule). Las últimas fueron especialmente criticadas. En parte porque en su mayoría contemplaron votantes rurales proclives a votar por el candidato de la DC (Frei); en parte porque sirvieron para excluir a otros candidatos de la competencia (Arrate y Enríquez-Ominami). Si las habrían sido nacionales e inclusivas, es probable que el desenlace de la elección de 2009 habría sido diferente.

Perder una elección presidencial tras 20 años de victorias electorales tiene que haber accionado una alarma en la Concertación, tras lo cual lo normal habría sido identificar y aceptar el problema para luego solucionarlo. Sin embargo, hasta el momento solo ha ocurrido lo primero. La mayoría de los políticos de primera línea ha admitido–de una u otra forma–que la coalición debe ser reformulada y refundada bajo principios más democráticos y modernos que los originarios. Pero se ha omitido lo segundo–dar solución al problema. Los que están a cargo de los partidos han hecho poco o nada para modernizarlos de acuerdo a los nuevos estándares de participación. No hacer primarias parlamentarias es evidencia de aquello. La forma de compartir y delegar el poder no ha variado.

La Concertación no aprendió la lección tras la debacle electoral de 2009. No utilizaron la ventaja de poder mirar en retrospectiva las consecuencias de no haber celebrado primarias realmente democráticas en 2009. Podrían haber aprendido de la experiencia para usarlo para diseñar la estrategia electoral en 2013. Sin embargo, no lo hicieron. Actuaron de la misma manera que en 1993, 1999 y 2009. Pero, en 2013 hacer primarias democráticas para nominar al candidato presidencial ya no es suficiente. Admitir más candidatos a la primaria presidencial simplemente no basta. Hoy, la gente pide más inclusión y sinergia. Las marchas estudiantiles y los movimientos sociales cambiaron el bastón con que se mide la democracia. La vara horizontal y deliberativa es más alta.

No hacer primarias parlamentarias significa mantener el fondo y la forma de hacer política. Al permear a los representantes titulares, al excluir a los caudillos locales y al ignorar a las figuras emergentes, la Concertación envía una señal de que quienes mantienen el poder son los mismos de siempre. Los presidentes de los partidos hacen uso y abuso de sus atributos. Su cálculo político es claro. Al evadir primarias mantienen la facultad de premiar y castigar a candidatos titulares y a militantes e independientes desafiantes.  Creen que solo así podrán maximizar la probabilidad de escoger a candidatos que finalmente resultarán ganadores. Justifican que la designación unilateral de candidatos es más efectiva que celebrar primarias para ganar una elección.

La gran perdedora es Bachelet. Cómplice o no de la decisión de los presidentes de los partidos de no hacer primarias parlamentarias, lo que esta sucediendo al interior de la coalición que la apoya se contradice con todo lo que ella ha planteado. Para empezar, la Nueva Mayoría parlamentaria que la candidata promete involucra depender de nuevos actores. Pero los que estarán en las listas parlamentarias son los mismos de siempre. Otra cosa, el proceso de la construcción de la Nueva Mayoría contempla la participación de las masas en la selección de candidatos. Pero los que escogen a los candidatos serán los mismos de siempre. En definitiva, los que tenían esperanza que la llegada de Bachelet significaría un traspaso de poder de los pocos a los muchos…se han equivocado.

Si Bachelet está de acuerdo o no está de acuerdo con el formato de la nominación de los candidatos parlamentarios es irrelevante a esta altura. Lo que finalmente queda en limpio es que la distancia entre la candidata y los presidentes de los partidos es más estrecha de lo que se ha buscado plantear en los últimos años. Si Bachelet endosó la nominación unilateral de candidatos, o fue co-optada por los partidos sin poder oponer resistencia, no importa. La decisión de no hacer primarias parlamentarias fija el modus operandi de su candidatura. Se desprende que las primarias no son importantes para su coalición. De hecho, Bachelet y los presidentes de los partidos están dispuestos incluso a sacrificar la democracia al interior de su coalición para apuntar a ganar un par de escaños más.

La irónico es que la Alianza, y no la Concertación, fue quien aprendió la lección de 2009. Entendió el costo de no democratizarse de acuerdo a los tiempos. En 2013 la Alianza utilizará–por primera vez–una forma más democrática para seleccionar a sus candidatos que la Concertación. No solo celebrará primarias para escoger a su candidato presidencial, pero uno de sus partidos celebrará primarias para escoger a sus candidatos parlamentarios. El partido más pequeño de la Alianza (RN) hará más primarias que el partido más grande de la Concertación (DC). Los 10 candidatos de RN que serán seleccionados mediante la nueva ley de primarias serán más legítimos que los 9 candidatos del DC que fueron seleccionados bajo reglamentos partidarios.

Solo resta preguntarse si es la Concertación la que aun porta la bandera democrática, o bien ha cambiado–por primera vez en la historia–a las manos de la Alianza.

Comentarios cerrados.