Perder la elección pero mantener el status-quo

Publicado en La Tercera

La bajada de Laurence Golborne no es una sorpresa. Candidatos que ascienden rápido, caen rápido. Sobre todo aquellos que no tienen un historial en política. Pasar del mundo privado al mundo público no es fácil. Aumenta el nivel de exposición y sube la vara de transparencia. Eso le pasó a Golborne. Pasó de ser un empresario destacado a un experimento político. Por eso, la verdadera sorpresa es que la UDI lo decidiera apoyar desde el comienzo. Al nombrarlo candidato ignoraron una serie de factores y se saltaron varios puntos de control estándar para cualquier candidatura. Al pensar únicamente en índices de intención de voto obviaron todos los antecedentes que apuntaban a que era un candidato inestable.

Allamand vio la oportunidad y explotó esa debilidad. Al exponer la asociación de Golborne con Cencosud lo catalogó como el candidato de lucro, y al asociar su pasado con el retail lo inmortalizó como el candidato del abuso. Su critica fue tan efectiva que cuando se supo de sus intereses patrimoniales en Islas Vírgenes, no tuvo que agregar nada. El daño ya estaba hecho. Desde la UDI lo acusaron de hacer una campaña sistemática de descalificaciones infundadas. Una acusación insólita, pues Allamand hizo lo que haría cualquier político en su lugar, aprovechar la oportunidad de marcar diferencias con su contendor. Es, por ejemplo, lo que hizo la UDI y Lavín con Piñera en 2005. Por eso Allamand no fue más que un precipitante de un problema que la misma UDI creó.

La bajada de Golborne cambia el curso de la elección. Hasta hace pocos días era la única carta de la UDI. Antes que estallara el conflicto de Cencosud el partido no tenía un plan alternativo. Golborne fue la única persona que las cúpulas de la UDI divisaron como presidenciable en los últimos tres años. Más allá de rumores de una proclamación a favor de Longueira, fue el único candidato sondeado en las encuestas que aseguraba una victoria segura en primarias y competencia digna en primera vuelta. Sus prospectivas favorables contra Allamand en las primarias le aseguraban a la UDI que con él tendrían una oportunidad para ir a primera vuelta. Y con un candidato propio en primera vuelta, saldarían la deuda pendiente de RN de llevar al candidato favorito en dos elecciones contiguas.

Bajar a Golborne a esta altura es renunciar a primarias. Es prácticamente imposible que su reemplazo le pueda ganar a Allamand. Por eso, la UDI debería ir directo a primera vuelta con Longueira, pero con otro objetivo. La nueva estrategia sería perder la elección pero mantener el status quo. Longueira no va ganar la elección, no puede. Su nivel de rechazo es demasiado alto. En todas las encuestas del CEP figura como uno de los cinco políticos con mayor nivel de rechazo. Además, los recientes problemas descubiertos en el INE, entidad dependiente del Ministerio de Economía, solo abren un flanco para que otros candidatos, desde Allamand a Bachelet, puedan apuntar a criticarlo por su rol en el gabinete, ahondando aun más su nivel de rechazo.

La nominación de Longueira simplemente apunta a evitar una debacle mayor. Es una especie de seguro contra cambios reales. En muchos aspectos es una estrategia brillante, pues con su nominación la UDI apunta a movilizar a todo el flanco conservador que no estaba alineado con Golborne. No solo puede volver a re-encantar a aquellos que nunca comulgaron con Golborne, pero puede conquistar a aquellos que encuentran a Allamand muy blando y tibio para enfrentar a Bachelet. Bajo voto voluntario, Longueira le asegura a la UDI que votantes de derecha que normalmente no acudirían a las urnas para votar por un independiente o un moderado, voten por la alternativa gremial. Pavimenta el camino entre los indecisos y los votantes seguros.

Con Longueira en primera vuelta, la UDI buscaría crear una especie de coattail effect, en donde apuntarían a que aquellos que voten por Longueira también voten por cada uno de los 39 diputados y 5 senadores que defienden sus escaños. En este sentido lo que buscaría la UDI sería prevenir que Bachelet alcanzara los 4/7 en la cámara y en el Senado que le permitirían hacer reformas constitucionales. Longueira podría arrastrar a suficientes votantes para mantener la minoría constitucional a su lado, perdiendo en algunos distritos pero ganando en otros. Sin embargo, llevar a Longueira también significa renunciar a la elección presidencial. Con Longueira y Allamand en primera vuelta lo probable es que se repita lo que le pasó a la Alianza en 2005 y a la Concertación en 2009.

Existen dos consecuencias políticas tras la caída de Golborne. La primera es que la elección presidencial va perder protagonismo a costa de la competencia legislativa. Con Longueira en carrera, la UDI va tratar de evitar los 10 doblajes en la cámara y 3 doblajes en el senado que le podrían permitir a Bachelet y a la oposición llevar a cabo importantes cambios constitucionales. La segunda conclusión es que va aumentar el clima de tensión entre RN y la UDI facilitándole el camino de Bachelet. Mientras que Allamand va tender a centrar su candidatura en apelar a los votantes medianos, Longueira va extremizar su candidatura para levantar un clima de “yo o el caos” para alejar votantes de centro. Bachelet va usar esa discordia para fortificar la impresión de que la Alianza no tiene futuro.

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