Los indecisos van a decidir la elección de 2013

Publicado en La Tercera

En las elecciones presidenciales de 1989, 1993, 1999, 2005 y 2009 los votantes duros fueron determinantes en los resultados. En las primeras cuatro elecciones, la Concertación solamente tuvo que asegurar que el candidato nominado pudiera obtener todos los votos a la derecha de la DC y unos pocos más de los desafectados de RN. Esto fue relativamente fácil, dado que el partido más radical a la izquierda del espectro ideológico, el PC, siempre decidió apoyar a la coalición de centro izquierda de cara a la segunda vuelta. Además, con promesas de gobiernos moderados, los estrategas de las campañas fácilmente pudieron convencer a votantes de derecha que no les convencía el candidato de la Alianza.

En 2009, la Alianza usó la misma estrategia a su favor. Aprovechando la mala selección del candidato de la Concertación, además de la potente campaña mediática de Piñera, las cúpulas de la Alianza lograron convencer a todo el electorado a la derecha de RN, más unos pocos desafectados de la DC, para elegir al primer presidente de derecha desde Alessandri en 1958. Hay que mencionar que si bien fue la misma estrategia de la Alianza en las elecciones previas a la de 2009, simplemente no había dado resultado. El clivaje democrático/autoritario forjado tras el gobierno militar dejó a la derecha con menos probabilidad de obtener retornos electorales en las presidenciales.

Tanto la estrategia de la Concertación en las primeras cuatro elecciones, como la de la Alianza en la última, fueron bastante sencillas de ejecutar. Principalmente porque bajo voto obligatorio los partidos sabían qué tipo de campañas tenían que hacer, y a dónde tenían que enfocarlas. Dado que los estrategas de los partidos poseían los padrones electorales, no solamente sabían dónde votaba la gente, y en que dirección tendían a votar, pero además sabían quiénes eran los que votaban y quiénes eran los que se abstenían. Esto les ayudó a enfocar la mayor parte de su energía y recursos en esos pocos votantes indecisos, en vez de perder ímpetu en convencer a los que ya estaban convencidos.

En la elección de 2013 la dinámica será distinta. Ya no hay información fidedigna de cuántos votantes acudirán a las urnas. La sorpresa en las municipales es el mejor ejemplo. Mientras que algunos estimaron que votaría más gente al ampliarse el padrón electoral, otros anticiparon que como en otras experiencias la participación bajaría a niveles históricos. Los segundos tuvieron razón. Las municipales de 2012 tuvieron la abstención más alta de elecciones democráticas recientes. La incertidumbre sobre quiénes votan y quienes no votan es de tal magnitud que los resultados de una encuesta reciente mostraron que alrededor de 40% declaro haberse abstenido, cuando en realidad fue cerca de 60%.

Los pronósticos de resultados de elecciones presidenciales de Tresquintos son una buena referencia para entender la importancia de los indecisos. En la simulación hecha el 1 de Febrero de 2013 la suma de todos los candidatos del escenario 1 de primera vuelta (con Allamand) suma 58%, y la suma de todos los candidatos del escenario 2 de primera vuelta (con Golborne) suma 64%. Lo que resta a 100% son los indecisos. Y a esta altura de la carrera hay muchos. Una parte importante de quienes contestan encuestas no sabe por quién va a votar. Esta tendencia es más marcada que en campañas anteriores, donde a esta distancia de la elección solo una pequeña parte permanecía indecisa.

A medida que se acerque la elección la proporción de individuos indecisos va a disminuir. Gran parte de esto se explica porque aun faltan muchas cosas por suceder. Entre esas cosas, la elección definitiva de los candidatos. Es solo natural que exista tal magnitud de indecisos si no está claro si Bachelet volverá o si finalmente será Allamand o Golborne el que represente a la Alianza. Al mirar los pronósticos de segunda vuelta de Tresquintos esto se hace evidente. Ambos candidatos de la Alianza aumentan significativamente su intención de voto contra Bachelet. Es decir, la baja votación de la derecha a esta altura se explica en gran medida porque no hay claridad quien será el candidato.

La importancia de los indecisos es evidente. Ahora, a diferencia de antes, los estrategas electorales deben salir a buscar una grupo de votantes que no comparten las mismas demandas. Los indecisos no son todos iguales, no son todos de centro. Por eso, el ganador de la elección será la coalición del candidato que sepa identificar mejor a los indecisos. Dado que no existen las mismas herramientas que en elecciones anteriores este proceso será más complejo. Pero, la evidencia muestra que la carrera recién comienza. Lejos de ofuscarse por una baja votación, los candidatos de derecha deberán ser pacientes y confiar que su apoyo vendrá solo tras las primarias de Junio, cuando disminuyan los indecisos.

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