Todos trabajan para Bachelet

Publicado en El Mostrador

Alan Keyes es un político afroamericano de Estados Unidos que fue candidato legislativo y presidencial un total de 6 veces en 20 años. Como militante del partido Republicano buscó ser electo como senador en 1988, 1992  y 2004, y como presidente en 1996, 2000 y 2008. Mientras que en las elecciones legislativas fue nombrado por su partido como parte de una estrategia electoral para tratar de derrocar a titulares que buscaban ser reelectos, en las elecciones presidenciales fue nominado por una facción minoritaria del partido que buscaba levantar temas valóricos que de lo contrario no serían tocados.

En ninguna de las 6 elecciones resultó electo. En las tres ocasiones en que optó por un escaño en el Senado su oponente demócrata  lo dobló en número de votos (incluyendo Obama, en 2004). Asimismo, en las tres ocasiones en que fue a las primarias presidenciales de su partido, nunca pudo sobrepasar el 5% de los votos. La evidencia apunta a que la estrategia de los que nominaron a Keyes una y otra vez nunca fue potenciar su elección. Si bien habría sido lo óptimo para el mismo Keyes, las cúpulas de su partido nunca lo habrían permitido. Más que trabajar para ganar, Keyes siempre estuvo trabajando para las élites.

Algo similar está sucediendo en Chile. La amplia ventaja de Bachelet en las encuestas sugiere que los candidatos están sirviendo los intereses de los partidos más que los propios. Incluso en la Alianza. La inhabilidad de Allamand y Golborne de consolidarse como una alternativa (según las encuestas) ha llevado a personeros de su misma coalición a proponer que el objetivo de la derecha debería ser trasladarse a ganar las elecciones legislativas. Tanto RN como la UDI están más interesados en levantar estrategias paralelas para mitigar la derrota (como evitar doblajes), que en potenciar a sus propios candidatos presidenciales.

En la Concertación la resistencia a Bachelet parece ser mayor. Las primarias en que competirán 4 candidatos parece ser una muestra de que al menos existe la intención de producir una alternativa. Sin embargo, una mirada más pausada a lo que pasa por dentro muestra que la resignación que existe al interior de la oposición es igual o mayor a la que existe al interior de la Alianza. Las cúpulas saben que Bachelet es la única persona capaz de ganar. Evidencia de aquello es que ni el PS ni el PPD levantaron un candidato propio. Sus presidentes, Andrade y Quintana, incluso han manifestado su desacuerdo con realizar primarias.

Para el PDC y el PRSD el razonamiento es distinto. Para los demócrata-cristianos es imperativo mostrar que la falange sigue viva. Su lenta pero constante decadencia electoral es parte de la razón. Pero más importante es la señal de hegemonía que deben mandar al resto de los partidos en su coalición. Dado que el sentimiento implícito de los militantes es que les toca gobernar a un DC, las cúpulas deben mostrar que tienen algún control en el proceso de selección. Para los radicales, en cambio, la nominación de Gómez es solo una estrategia para negociar cupos electorales. Con solo 6 de 138 escaños, deben mostrar vigencia.

Al final, todos trabajan para Bachelet. Lo que ocurre en las primarias de la DC es el mejor ejemplo. Las cúpulas del partido han dejado entrever su apoyo a Orrego por sobre Rincón. Un motivo es la áspera relación que Rincón lleva con la mesa del partido. Fue la única Senadora que no se cuadró con la bancada para votar a favor de la Ley de Pesca. Pero más importante, es el antagonismo que Rincón podría tener con Bachelet. Martínez, Alvear y otros históricos ven esto como una amenaza, dado que tras la eventual elección de Bachelet los más perjudicados serían aquellos que apoyaron a candidatos disidentes–en este caso, ellos.

Si Orrego gana las primarias de la DC la mitad del trabajo de Bachelet estará hecho. Esto significará que en las primarias de la Concertación la ex-mandataria tendría que enfrentar a (1) el ex-alcalde de Peñalolén, quien sería mucho más cooperativo a su causa que Rincón, (2) a Velasco, que como ex-ministro de Hacienda difícilmente podrá levantar criticas a su gestión como presidenta, y (3) a Gómez, quien incluso podría declinar su candidatura si se le ofrecen suficientes cupos legislativos. El resto del trabajo será lidiar con Enríquez-Ominami, que es el único que podría perjudicarla en la elección definitiva.

Como Keyes, los candidatos no están corriendo para ganar la elección. En especial los de la Concertación. Dado que sus probabilidades de triunfo son mínimos, todos tienen motivos ulteriores para permanecer en la carrera. Ya sea para maximizar el beneficio de sus partidos en un eventual gobierno de Bachelet, o bien para instalar temas que no estarían allí si ellos no fueran candidatos. Algunos incluso están planteando sus campañas para asumir un desafío en 2017. Pero como Keyes, probablemente nunca sean electos. Es probable que terminen trabajando para el partido, o el candidato de turno, una y otra vez.

 

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