Cómo Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010

Existen varias explicaciones sobre por qué Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010. Entre las más populares, dos libros publicados inmediatamente después de la elección. Uno llamado Radiografía de una Derrota, en que Eugenio Tironi relató como los problemas políticos endógenos que arrastraba la Concertación fueron un factor decisivo en su propia debacle electoral. Otro llamado La Estrella y el Arcoíris, en que Andrés Allamand y Marcela Cubillos argumentaron que las estrategias políticas de la centro-derecha fueron claves para desalojar a la centro-izquierda de La Moneda.

Yo ofrecí una tercera versión. En mi tesis de máster llamado The 2009/2010 Presidential Election in Chile, propuse un explicación desde un punto de vista más académico. Mediante un análisis a los resultados de encuestas encontré que se cumplieron dos condiciones (cada una necesaria, y juntas suficientes) para su victoria. Primero, una división dentro de la centro-izquierda (que finalmente llevó a la Concertación a perder el control del votante mediano). Y segundo, una campaña estratégicamente coherente y mediáticamente potente de la Alianza (que finalmente permitió a Piñera parecer un agente de cambio necesario).

Los tres ejemplos mencionados arriba son mucho más largos, detallados y complejos de lo esbozado aquí. El punto es que existen varias explicaciones de por qué Piñera ganó la elección, pero muy poco sobre cómo ganó la elección. La respuesta a esta paradoja es simple. Para saber por qué ganó solamente necesitamos fijar condiciones necesarias y suficientes. Por ejemplo, para Tironi la condición suficiente fue la desorganización de la Concertación, para Allamand y Cubillos la condición suficiente fue el trabajo de campaña de la Alianza, para mi la condición suficiente fue cuando ambas condiciones necesarias concordaron.

Explicar cómo ganó Piñera, por otro lado, implica otro tipo de razonamiento. Mientras que por qué es una pregunta sobre resultados, cómo es una pregunta sobre procesos. Por eso, en vez de fijar condiciones necesarias y suficientes para entender un resultado en particular, es crucial observar el patrón de hechos políticos y electorales que determinan el proceso que antecede al resultado. En esencia, es necesario medir el impacto de los candidatos sobre la opinión pública durante los meses de campaña. En ese sentido, las encuestas son la mejor forma para aproximarse a variaciones en preferencias electorales.

Pero utilizar encuestas para este objetivo no es tan simple. El problema es que hay muchas, todas con diferentes índices de intención de voto dependiendo de sus respectivas encuestadoras, fechas de trabajo de campo y número de encuestados. Una solución es la aproximación metodológica de Tresquintos (detalles aquí y aquí) para convertir el ruido inevitable que generan encuestas en una señal. Este método, diseñado para cualquier elección, produce un indicador único de intención de voto para cada día de campaña. La interpretación del indicador diario es la historia de cómo Piñera ganó la elección de 2009/2010.

La gráfica de abajo muestra la simulación de la primera vuelta de la elección presidencial de 2009/2010, si se habría hecho el 12 de diciembre de 2009–un día antes de la elección. La gráfica muestra que Piñera nunca tuvo menos de 40% de apoyo. A partir de mayo de 2009, al menos, fue el candidato favorito. La gráfica también muestra que Frei fue bajando su intención de voto a medida que se acercó el 13 de diciembre. Esto se explica por la irrupción de los dos candidatos de centro-izquierda en la carrera, particularmente por la de Enríquez-Ominami, quien obtuvo su alza más brusca en las encuestas en mayo de 2009.

La gráfica que sigue esta hecha en base a la gráfica de arriba. Pero además ofrece un intervalo de credibilidad, que permite establecer el rango de probables indicadores de voto para cada uno de los candidatos. El cuadro muestra que Piñera fue el candidato más constante y coherente. Siempre se mantuvo en una intención de voto entre 40% y 45%. Frei y Enríquez-Ominami tuvieron más altos y bajos. Esto se puede explicar por la alta tensión entre ambas candidaturas masivamente transmitida por los medios de comunicación. Por su parte, Arrate solo despegó en los últimos tres meses, cuando se dio a conocer en los debates.

La gráfica de abajo muestra la simulación de la segunda vuelta de la elección presidencial de 2009/2010, si se habría hecho el 16 de enero de 2010–un día antes de la elección. Similar a los pronósticos de primera vuelta, muestra que las encuestas siempre proyectaron que Piñera iba ganar en segunda vuelta. Con algunos altos y bajos, siempre estuvo entre 50% y 60% de las preferencias. Por su parte, Frei siempre estuvo entre 40% y 50% de las preferencias. Es importante notar que la variación se redujo a medida que se acercó la elección. El peak/valle de julio es por la campaña de Enríquez-Ominami para inscribir su candidatura.

La última gráfica muestra de mejor manera las variaciones en la intención de voto. Muestra que la única vez que fue plausible que Frei podría haber ganado en segunda vuelta fue a comienzos de junio. Aún así, es improbable que haya sido una intención de voto real–más bien un efecto de no tener encuestas en esos días (por ende aumenta la incertidumbre). Lo que sí es claro es que la atención a la inscripción de la candidatura de Enríquez-Ominami perjudico de sobremanera a la campaña de Frei, y de paso benefició a Piñera. También es nítido que tras la primera vuelta, el margen en la intención de voto entre ambos se estrechó.

Estas gráficas cuentan la historia de cómo Piñera ganó la elección presidencial de 2009/2010. Los patrones de intención de voto desde mayo de 2009 hasta diciembre de 2009 (para primera vuelta), y enero de 2010 (para segunda vuelta), muestran al menos dos cosas interesantes. Una es que la elección de Piñera nunca estuvo en peligro. En más de alguna ocasión se especuló que Frei podría vencer a Piñera en segunda vuelta. Sobre todo en el caso en que Enríquez-Ominami y Arrate llamarán a votar por él. Pero la tendencia diaria muestra lo contrario. Frei estuvo mucho más cerca de obtener 45% que de obtener 50,1%.

Los patrones también validan que la división de la centro-izquierda fue fatidica para el desempeño de Frei. Si bien las gráficas solo muestran tendencias a partir de mayo de 2009, encuestas anteriores muestran que Frei marcaba por sobre el 40% (incluso más que Piñera en un par de ocasiones). Fue solo tras el inicio de la campaña por conseguir firmas de Enríquez-Ominami (en marzo de 2009) y la victoria en las primarias del Juntos Podemos Más de Arrate (en abril de 2009) que Frei comenzó a descender. Y fue tras la inscripción definitiva de las candidaturas (en septiembre de 2009) que se estancó bajo 30%.

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