Allamand y Golborne contra Bachelet

Publicado en El Mostrador

Bachelet es favorita para ganar las elecciones presidenciales de 2013. Sin estar oficialmente en competencia, las encuestas de opinión pública muestran que la ex-presidenta tiene el camino pavimentado para conseguir la primera re-elección desde 1932. En escenarios de primarias, supera a su rival más cercano por 40%. En escenarios de primera vuelta, supera al candidato más competitivo por 30%. Y en escenarios de segunda vuelta, le gana al mejor subcampeón por 20%.

Esta evidencia parece indicar que la elección redunda. La victoria de Bachelet no solo pareciera estar predeterminada, pero también el margen de su victoria–tanto en las primarias como en las presidenciales. Naturalmente, hasta que no se declare candidata su ventaja disminuirá. Pero una victoria contundente en las primarias inevitablemente resultará en que los candidatos perdedores (Gómez, Orrego, Rincón y Velasco) se enfilen tras ella para repotenciar su candidatura.

Entonces, la verdadera pregunta sobre la elección presidencial de 2013 es si la derecha podrá minimizar los márgenes de victoria de Bachelet para (1) prevenir una derrota en primera vuelta, y (2) eventualmente tratar de ganar sobre el voto blando de centro en una segunda vuelta. Sin embargo, la baja aprobación del gobierno y la reciente derrota en las elecciones municipales son indicadores robustos que conseguir hasta el más simple de los objetivos será un escollo.

Hasta el momento la derecha ha creado más problemas que soluciones para conseguirlos. La lucha de poder entre el sector duro de la UDI para posicionar a Golborne y la mesa de RN para aumentar la intención de voto de Allamand, repercutió en que ambos candidatos buscarán diferenciarse con el fin de compartamentalizar preferencias a su respectivo favor. Una estrategia lógica para primarias, pero ineficiente según experiencias anteriores.

Pasó en la elección de 1989, cuándo Errázuriz enfrentó a Buchi. Si bien no fue determinante en el resultado de la elección, no hay duda que la división aportó a la victoria de Aylwin. También pasó en 2009/2010, cuando Enríquez-Ominami enfrentó a Frei. De nuevo, es imposible saber qué habría ocurrido con un solo candidato de centro izquierda. Pero es claro que sin Enríquez-Ominami en la carrera, la contienda contra Piñera habría sido mucho más competitiva.

La estrategia de dos candidatos en la elección de 2005/2006 también es un precedente negativo. En la primera vuelta la derecha obtuvo más votos que en la segunda vuelta (3,376,302 y 3,236,394, respectivamente). Similarmente, en la primera vuelta obtuvo un mayor porcentaje de votos válidos que en la segunda vuelta (48,62% y 46,50%, respectivamente). El argumento contrafáctico es que con un candidato–en vez de dos–la derecha habría ganado esa elección.

Si bien Allamand y Golborne y los términos bajo los cuales lanzaron sus candidaturas son substancialmente diferentes a Piñera y Lavín y los términos bajo los cuales lanzaron las suyas, la amenaza de dividir a la derecha es la misma. A medida que se acerca la elección, la probabilidad de compartimentalizar a su sector aumenta. Aun si ambos candidatos finalmente participan en las primarias de Junio, el daño ocasionado durante las campañas podría ser considerable.

Además, la derecha tendrá que lidiar con sus propios fantasmas. Tal como Enríquez-Ominami distorsionó la elección a favor de Piñera en 2009/2010, Parisi podría distorsionar la elección a favor de Bachelet en 2013. Si bien ahora concentra un bajo porcentaje de apoyo, rápidamente se podría convertir en el candidato de aquellos que no votaron por el ganador en las primarias de la derecha. Esa pequeña rebanada podría significar la victoria de Bachelet.

La alternativa a este devenir es que la derecha se encargue de implementar una campaña conjunta entre Allamand y Golborne. No significa diseñar una competencia llena de palos blancos y hombres de paja. Sí significa tomar las primarias como una instancia para redefinir los valores programáticos de un fututo gobierno de derecha. Y más que concordar en lo vinculante, se trata de ofrecer lo que la gente demanda: un poco de Allamand, un poco de Golborne.

Al fin y al cabo, Allamand y Golborne son más compatibles que Errázuriz y Buchi o que Lavín y Piñera. Incluso son más compatibles que Frei y Enríquez-Ominami, que parecían ser subsidiarios. Allamand y Golborne son complementarios. Mientras que el primero representa el poder inherente del sistema de partidos, el segundo representa el poder creativo del mundo empresarial. Promover una combinación de ambos es lo acertado.

Ofrecer un programa que contempla el binomio Allamand-Golborne es más potente que un programa que contempla tan solo a Allamand o tan solo a Golborne. Una administración donde Allamand es el jefe de gobierno y Golborne es el jefe de Estado sería la combinación óptima para muchos. Pues, refleja la interdependencia de lo político y lo técnico. Lamentablemente el sistema político chileno no provee una división de poderes para tener dos ejecutivos.

Pero la idea va en la dirección correcta. Es lo percibió el gobierno de Bachelet al combinar a ministros políticos como Pérez Yoma con ministros técnicos como Velasco. Y es lo que está haciendo el gobierno de Piñera desde 2011 al convocar a Allamand, Chadwick, Longueira y Matthei a La Moneda. Más allá de los beneficios de funcionalidad, la percepción de la gente cuando el gobierno no es completamente político o completamente técnico es considerablemente mejor.

Para Bachelet, ganarle a Allamand o a Golborne es casi indiferente. Si bien los márgenes de victoria serán más estrechos a medida que se acerque la elección, seguirán siendo amplios. Por eso, si la derecha presenta la misma estrategia de siempre va perder. La mejor apuesta para prevenir la victoria de Bachelet en primera vuelta es realizar una campaña constructiva. Y la mejor fórmula para ganar en segunda vuelta es combinar a Allamand y a Golborne en la oferta.

2 Respuestas a “Allamand y Golborne contra Bachelet

  1. Este comentario es muy bueno. Pero llegué a él buscando lo que pronostican las encuestas para los candidatos de BIOBIO Costa. En particular, la intención de voto para Alejandro Navarro ¿donde se encuentra?

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