El silencio de Bachelet

Publicado en El Mostrador

Cuando Bachelet dejó el gobierno en 2010, lo hizo con un 84% de aprobación presidencial. Desde entonces ha liderado todas las encuestas que evalúan potenciales escenarios para la próxima elección presidencial, con pronósticos de hasta 40 puntos de ventaja en primera vuelta. En contraste con lo que piensa la gente, una parte importante de la clase política es antagónica a una eventual vuelta de la ex-presidente. Los otros candidatos saben que mientras Bachelet este en el camino será casi imposible ganar la elección.

Para evitar este desenlace, los que se oponen al regreso de Bachelet han diseñado estrategias que buscan minimizar los márgenes que la mantienen a su favor. Aunque estas estrategias vienen desde distintos sectores, todos apuntan a lo mismo: romper su silencio. Hay un consenso que su prolongada popularidad proviene de su discreta intervención en la política contingente. Dado que no ha respondido críticas a su gobierno y no ha propuesto ideas para un futuro gobierno, advierten que su evaluación está inflada.

La esperanza es que cuando Bachelet eventualmente acepte la nominación, responda las críticas a su gobierno y proponga ideas para un futuro gobierno. Según muchos este será el momento en que su nivel de apoyo naturalmente comience a bajar, dado que los candidatos en competencia finalmente podrán contrastar sus propias campañas con los defectos de su gobierno, y con las ideas para su futuro gobierno. Piensan que su evaluación en las encuestas es indirectamente proporcional a la de Bachelet.

Desde la Alianza se ha insistido en asociar el silencio con deficiencias de su gobierno, usando temas como la fallida implementación del Transantiago en 2006 hasta la negligencia política del Tsunami en 2010. El denominado equipo de “caza-Bachelet”, comandado por el diputado Hasbún de la UDI, ha buscado apelar a la razón de la gente para mostrar que el silencio de Bachelet solo sirve para encubrir sus errores. Lejos de ser una estrategia política, argumentan, su silencio es una forma de enmascarar una gestión que solo deja dudas.

Desde la oposición el silencio se ha interpretado de distintas formas. Para los poderes fácticos de la Concertación ha traído beneficios libres de costos. Sin hacer campaña tienen la elección prácticamente ganada. Pero para el resto de la oposición, ha sido una piedra de tope. De todas los candidatos que han surgido desde 2010, ninguno se ha podido consolidar. El gran problema de la candidatura de Velasco, Enríquez-Ominami y otros es que bajo cualquier escenario concebible la gente prefiere votar por Bachelet que por ellos.

Los argumentos a favor o en contra del regreso de Bachelet pueden ser juzgados por su propio peso. Pero algo indiscutible es que el silencio ha jugado a su favor. No solo ha conseguido permanecer en la palestra pública, pero en muchas dimensiones ha logrado incluso incrementar su fuerza. En la encuesta CEP de Abril 2012, no solo figura como el personaje político mejor evaluado, pero también como la persona más conocida del país. La evidencia muestra que su evaluación no está inflada, y que difícilmente caerá en cuanto rompa el silencio.

Los que anticipan que la popularidad de Bachelet caerá significativamente tras romper el silencio se equivocan. La aprobación presidencial con que Bachelet gobernó durante sus últimos dos años, y que ha mantenido hasta ahora como funcionaria de la ONU en Nueva York, es permanente e intransferible. No es un “veranito de San Juan”, como el de Piñera tras el rescate de los mineros. Es probable que aun cuando Bachelet responda las críticas y proponga, su apoyo se mantenga estadísticamente intacto.

El apoyo a Bachelet no solo trasciende su silencio. Se mantendrá inalterado incluso si la oposición gana las elecciones municipales o si Piñera incrementa su aprobación presidencial. Su apoyo corre por un carril distinto, el cual no se construye con ladrillos tradicionales. El problema en detectar la naturaleza de este apoyo ha resultado en estrategias contraproducentes. Las constantes referencias no han hecho más que consolidarla ante la opinión pública como la candidata favorita de la oposición y la sucesora natural de Piñera.

Todo esto apunta a dos cosas.

Lo primero es que Bachelet va ser candidata presidencial en 2013. Al guardar silencio estorba al resto de los aspirantes que buscan ser nominados. Si su intención es que la oposición gané en las próximas elecciones su silencio solo puede significar una intención de competir. Esto no impide un debate de ideas a priori, pues probablemente sea un factor que favorezca tanto a la oposición como a Bachelet. Sin embargo, es evidente que en caso de primarias vinculantes sea ella quien gane.

Lo segundo es que la Alianza debe elegir al candidato que mejor se mida contra Bachelet. Primarias son democráticas y por ende deseables, pero pueden producir resultados adversos. El favorito de los militantes no necesariamente es quien pueda ganar la elección presidencial. Hasta el momento Golborne es el más competitivo, y en un lejano segundo lugar Allamand. De no subir significativamente en las encuestas, Longueira tendría que deponer su candidatura a favor de cualquiera de las anteriores.

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