El Tercer Candidato: Enríquez-Ominami o Parisi

Publicado en La Tercera

El tercer candidato es cada vez más relevante para definir elecciones presidenciales. Como sucesor a los dos candidatos favoritos–que por cierto rara vez alcanzan la mayoría absoluta de votos–es quien puede balancear el resultado de la elección con su endoso en el caso de segunda vuelta. Si bien en las primeras elecciones desde la transición la figura del tercer candidato pasó prácticamente desapercibida, con la normalización de la democracia se ha ido transformando en un componente crítico para el éxito del ganador. Esto fue especialmente evidente en la elección de 2009, cuando la irrupción de Marco Enríquez-Ominami en la carrera funcionó como un agente resolutivo en la victoria de Sebastián Piñera sobre Eduardo Frei.

Los terceros candidatos han estado presentes en casi todas las elecciones presidenciales. Eduardo Frei Montalva en 1958 y Radomiro Tomic en 1970 están entre los emblemáticos. Sin embargo, desde el retorno de la democracia hay algunos que han pesado especialmente poco en la definición de resultados. Por ejemplo, Francisco Javier Errázuriz en 1989, cuando obtuvo cerca de 15% de los votos. De nada le sirvió frente al 55,17% que le dio la victoria a Patricio Aylwin en primera vuelta. Se podría sostener que Errázuriz sí logró influenciar el resultado de la elección, dado que le quito importantes votos a Hernán Büchi. Pero aún sin Errázuriz, la evidencia sugiere que Aylwin habría ganado igual. El voto por la Concertación fue consistente en las elecciones legislativas concurrentes.

En las elecciones de 1993 y 1999 los terceros candidatos tuvieron un rendimiento significativamente más bajo que el de Errázuriz. En 1993, José Piñera obtuvo 6,18% de los votos, y en 1999 Gladys Marín obtuvo 3,19% de los votos. En 1993, Eduardo Frei resultó electo en primera vuelta, lo que implica que–al igual que en 1989–el tercer candidato fue redundante. En 1999, aunque Marín obtuvo la votación histórica más baja para un tercer candidato, jugó un papel crucial en la definición del ganador. Dado que Ricardo Lagos y Joaquín Lavín prácticamente empataron en primera vuelta, tuvieron que disputar el 3% de indecisos que les permitiría resultar electos en la segunda vuelta. Por eso, muchos le asignaron a Marín (por no endosar a Lagos) la culpa de casi frustrar la victoria de la Concertación.

En 2005, por primera vez una coalición llevó dos candidatos de sus filas a una misma elección presidencial. Dentro de la Alianza, Piñera fue proclamado por RN y Joaquín Lavín fue proclamado por la UDI. A diferencia de elecciones anteriores, fue evidente desde el comienzo de la campaña que los tres primeros candidatos derivarían de las dos coaliciones más grandes. Asimismo, cuando Piñera clasificó a la segunda vuelta junto a Bachelet, fue evidente que Lavín sería decisivo en el resultado. Y lo fue. Como el tercer candidato, Lavín no logró traspasar sus votos a Piñera. Mientras que en primera vuelta el porcentaje de votos de la Alianza superó el porcentaje de votos de Bachelet, en segunda vuelta fue significativamente menor.

El caso más emblemático, sin embargo, se dio en la elección de 2009. Enríquez-Ominami no sólo logró la mejor votación histórica de un tercer candidato, pero fue decisivo en la elección de Piñera. A diferencia de Marín y Lavín, que determinaron la victoria del ganador entre la primera y segunda vuelta, Enríquez-Ominami determinó la victoria del ganador antes de la primera vuelta. Aunque también llamó a votar por el candidato más cercano a él (Frei) entre ambas vueltas, prevaleció la sensación de desconfianza en la clase política (particularmente en la Concertación) que logró instalar durante su campaña. Aún si todos los que habrían votado por Enríquez-Ominami habrían votado por Frei, es difícil pensar que el concepto de ‘alternancia’ podría haber perdido.

Todo indica que en la elección de 2013 el tercer candidato será aún más fuerte. Primero, porque con la baja popularidad de la clase política, permanece la sensación que la alternancia es necesaria. Segundo, porque los terceros candidatos están ganando terreno importante para posicionarse como los intérpretes de ésta alternancia. Aún así, es probable que el próximo presidente provenga de una de las dos coaliciones más grandes. Pero una alta votación de un tercer candidato aumenta substancialmente su influencia para definir el resultado de la elección. En este caso, esta facultad podría recaer en Enríquez-Ominami si decide repostular, o en Parisi si se mantiene en carrera. Una buena votación les podría permitir elegir al próximo presidente en segunda vuelta.

Deja un comentario