Ingreso Mínimo y Jugadores con Veto

Publicado en La Tercera

En el célebre libro de George Tsebelis, “Veto Players: How Political Institutions Work”, se ofrece un modelo de teoría de juego para observar el proceso y explicar el resultado de votaciones legislativas. En el análisis, que se enfoca en el comportamiento de legisladores en sistemas parlamentarios, Tsebelis propone que el éxito del resultado de una votación de un proyecto de ley está determinado por jugadores con veto, cuya aprobación es condición necesaria para alterar el status-quo.

Por un lado, la teoría supone que un jugador con veto puede ser un individuo, un grupo o una institución. Por ejemplo, puede ser un diputado o un grupo de diputados, puede ser un partido político o una coalición de partidos, incluso puede ser el congreso por completo. Por otro lado, la teoría supone que los jugadores con veto tienen preferencias predeterminadas, las cuales son continuas a través de un espectro unidimensional. Por ejemplo, son consistentes en un espectro izquierda-derecha o liberal-conservador.

En Chile, los jugadores con veto varían según el quórum para modificar la ley, la cual depende del tipo de ley. Por ejemplo, una ‘ley interpretativa de la Constitución’ requiere el voto de 3/5 partes de la cámara correspondiente (72 diputados, 23 senadores); una ‘ley orgánica constitucional’ requiere el voto de 4/7 partes de la cámara correspondiente (69 diputados, 22 senadores); una ‘ley de quórum calificado’ requiere el voto de una mayoría absoluta (61 diputados, 20 senadores); una ‘ley ordinaria’ requiere el voto de una mayoría simple.

Por lo general, los proyectos de ley que requieren un alto quórum cuentan con jugadores con veto que rara vez cambian su preferencia–porque se desvían en la escala unidimensional del sector que quiere cambiar el status-quo o bien son rígidos por motivos estratégicos. Por el contrario, proyectos que requieren un bajo quórum cuentan con jugadores con veto que frecuentemente cambian su preferencia–porque se aproximan en la escala unidimensional al sector que quiere cambiar el status-quo, o bien son flexibles por motivos estratégicos.

Por ejemplo, en Julio de 2012 se votó un proyecto de ley en la Cámara de Diputados para modificar una ‘ley interpretativa de la Constitución’ que habría permitido reformar el sistema electoral. De los 119 diputados habilitados, 67 votaron a favor, 36 votaron en contra y 17 no votaron. Dado que el proyecto necesitaba 71 votos para ser aprobado, los jugadores con veto fueron los diputados más cercanos al sector que buscaba aprobar el proyecto en la escala unidimensional. En este caso, 4 diputados de la Concertación que no votaron.

Sucede algo similar en el proyecto de ley que reajusta el monto del ingreso mínimo mensual, que también fue votado y rechazado en Julio de 2012. Primero, porque en el planteamiento de ambos proyectos las coaliciones con mayor representación en el congreso jugaron un rol clave. Y segundo, porque en el rechazo de ambos proyectos jugadores con veto–de ambas coaliciones–fueron determinantes. Mientras que en el de reforma electoral decidieron no votar, en el de ingreso mínimo votaron a favor del status-quo.

Lo cierto es que en ambos casos el comportamiento de los jugadores con veto llama la atención. En el caso del proyecto de reforma electoral lo normal habría sido que los jugadores con veto surgieran desde la Alianza, no desde de la Concertación. Lo extraño, entonces, es que los 4 diputados que vetaron el proyecto fueran parte del sector que buscaba cambiar el status-quo y no del que lo buscaba prolongar. Evidentemente parece haber algo menos que aleatorio en el rechazo del proyecto, y por ende es tema para otro artículo (ver aquí).

En el caso del proyecto de ingreso mínimo lo normal es que los jugadores con veto surgieran de la Concertación, dado que el rol de la oposición es justamente plantear alternativas constructivas al oficialismo. Pero lo extraño ha sido el tiempo con el cual los jugadores han sostenido su veto. En el pasado, el proyecto siempre se reajustó tras un par de semanas de negociaciones, en cuanto las posiciones más extremas (gobierno y CUT) lograran concordar en un Óptimo de Pareto (punto en el cual ningún actor está dispuesto a modificar su oferta).

La imposibilidad de lograr un acuerdo sobre la reforma electoral y el ingreso mínimo evidencia el estado de la enemistad política. Hay ineptitud política y contradicciones lógicas. Ambas coaliciones están con problemas tanto para alinearse por dentro, como para negociar con el bando contrario. En el caso de la reforma electoral, la desorganización de la Concertación llevó a que los jugadores con veto surgieran por dentro. En la Alianza, llevó a que 7 de sus diputados votaran a favor de un proyecto al cual sistemáticamente se ha opuesto.

En el caso del ingreso mínimo, la Concertación no ha atendido la dificultad que puede tener un gobierno sin mayorías legislativas para encontrar un Óptimo de Pareto. Si bien durante sus gobiernos rara vez surgieron jugadores con veto, es principalmente porque siempre tuvo mayorías relativas en el congreso. Aún sin esas mayorías, el gobierno siempre es el principal culpable de no lograr acuerdos. En este caso, no ha logrado construir lazos con la oposición. Al final del día es tarea del gobierno buscar los acuerdos que permitan lograr sus metas.

¿Por qué no se logró aprobar el ingreso mínimo? En buena parte la culpa fue del gobierno por no anticipar que la oposición rechazaría el proyecto. Pero también es culpa del sistema, que permite que los jugadores con veto puedan no solo determinar el resultado de proyectos con alto quórum, pero también aquellos con quórum simple. Si bien es lógico que jugadores con veto puedan trabar mociones que buscan modificar ‘leyes interpretativas de la Constitución’, es absurdo que puedan trabar mensajes que buscan modificar ‘leyes ordinarias’.

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