El Binomio Golborne-Allamand 2013

Publicado en La Tercera

Comenzó la carrera presidencial de 2013. Es altamente probable que entre los nombres de quienes ya han sido proclamados—o han sido autoproclamados—presidenciables, se encuentre el próximo presidente de la república. Es difícil pensar que un nuevo nombre se sumé a los ya más de 10 aspirantes a La Moneda. En vez de esperar hasta después de las elecciones municipales, como es tradición en Chile, los candidatos ya han puesto en marcha—algunos con más audacia que otros—sus campañas. Mientras que Bachelet y Golborne han sostenido sus candidaturas en el silencio, Enríquez-Ominami y Velasco han manifestado sus ambiciones a través de los medios. Mientras que Orrego y Allamand han insistido en sellar sus opciones con las elites de sus partidos, Rincón y Longueira han intentado apelar a las masas para materializar sus anhelos.

Aunque la masiva cantidad de candidatos recién proclamados insinúa que la carrera acaba de comenzar, las encuestas indican que es una carrera corrida. Los altos índices de apoyo a Bachelet en las encuestas sugieren que es improbable que cualquier candidato de la Concertación pueda interrumpir su nominación. O los candidatos están demasiado identificados con los partidos en un momento en que la política alcanza su peor evaluación (Alvear, Walker y Gómez), y por ende son poco atractivos para el electorado, o simplemente no tienen el apoyo de las cúpulas de sus propios partidos (Orrego, Rincón y Rossi), y probablemente sean obligados a bajar sus candidaturas mucho antes de la elección. Incluso con la clase política desacreditada y las elites celosas, ni los independientes (Enríquez-Ominami y Velasco) se logran consolidar como rivales serios.

La similitud entre los candidatos de la Concertación y los de la Alianza es notable; ninguno logra amenazar la victoria de Bachelet. Ni Allamand, el favorito de RN; ni Longueira, el favorito de la UDI; ni Golborne, el favorito del gobierno. Los datos son lapidarios. Bachelet gana en todas las encuestas que han medido intención de voto para la elección de 2013. De las 10 encuestas que han medido primera vuelta, incluyendo tanto a Bachelet como a Golborne, Bachelet obtiene en promedio 43% de las preferencias, mientras que Golborne obtiene 12%, Allamand obtiene 4,5% y Longueira obtiene 3%. Esta brecha es aun más escandalosa al proyectar el resultado de una eventual segunda vuelta. De las 7 encuestas que han medido a Bachelet contra Golborne, la ex-presidenta obtiene en promedio 59% de las preferencias, mientras que el ministro obtiene 39%.

Es probable que la condición de favorita de Bachelet no varíe en el tiempo. Hasta el momento no se ha declarado candidata y su alto porcentaje de aprobación no ha bajado. Ni el 27F o las posteriores comisiones investigadores han logrado reducir su intención de voto. Por eso es altamente probable que Bachelet se convierta en la candidata de la Concertación, sin siquiera haberlo solicitado. Ya sea mediante primarias o un dedazo de los presidentes de los partidos, será la gente la responsable de su nominación. Ahora bien, aunque las primarias son una estrategia arriesgada, asumiendo que los otros candidatos podrían levantar importantes criticas en contra de la ex-presidenta, el dedazo podría eclipsar las aspiraciones de cualquier candidato de la Concertación—incluso las de Bachelet—al conmemorar las primarias truchas de 2009.

Si bien la nominación de Bachelet es algo que la Alianza no puede evitar, sí puede contrarrestar sus efectos. De hecho la Alianza ha estratégicamente permitido, e incluso fomentado, el surgimiento de al menos tres candidaturas esperando que al menos una de ellas se vuelva suficientemente competitiva para derrocar a Bachelet. RN ha potenciado a Allamand, la UDI ha respaldado a Longueira, y el gobierno ha patrocinado a Golborne. Sin embargo, parece ser una estrategia contra-intuitiva, sabiendo que Bachelet le ganaría a cada uno de ellos en primera vuelta. Es más, probablemente sería fútil dado que cada vez que dos candidatos de la misma coalición han ido a la misma elección presidencial, su coalición ha perdido. Incluso bajar a dos de los tres candidatos y potenciar al tercero sería un problema, dado que Bachelet le ganaría a cualquiera de ellos en segunda vuelta.

Una tercera estrategia, no convencional en regímenes presidencialistas, sería potenciar a dos de las tres candidaturas. En éste caso, sería el de los dos candidatos favoritos. Esto tiene sentido, según las encuestas. Golborne debe ser el candidato porque es el favorito; es quien mayor probabilidad tiene de ganar a Bachelet. Además, es atractivo porque es independiente y salva providencialmente de una mala evaluación por ser estar fuera de la clase política. Allamand, en cambio, no puede ganar contra Bachelet. Pero sí puede jugar un rol clave. Dado que tiene el apoyo irrestricto de RN, está en el lugar propicio para forzar primarias con cualquier candidato de su coalición y manejar el escenario de acuerdo a la contingencia. En caso que su candidatura no tomara vuelo, podría proclamar la candidatura de Golborne al desechar su opción por RN.

Esta tercera estrategia tiene importantes implicancias electorales y políticas. Primero, el binomio Golborne-Allamand es más atractivo que cada candidato por sí solo. Por ende, la Alianza naturalmente tendría más probabilidades de elegir al próximo presidente si Golborne y Allamand cooperan, que si Golborne y Allamand se obstruyen. Además, la oferta de un candidato independiente ligado al mundo empresarial apoyado por un militante capaz de lograr acuerdos políticos representa una de las demandas más reiteradas que se le han hecho al gobierno de Piñera. Segundo, el binomio Golborne-Allamand implícitamente significa que el primero deberá hacer importantes concesiones políticas al segundo si es electo. Golborne probablemente tendría que ceder el control político a Allamand, dejándolo a cargo de la conducción interna del país. Una situación cómoda, tanto para la Alianza como para Allamand y Golborne.

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