No Todo está Perdido: Reforma Electoral y Reforma Tributaria

Publicado en La Tercera

El gobierno de Piñera ha sido a lo más mediocre. Los errores no forzados han llevado al Presidente a obtener los niveles de popularidad más bajos de la historia democrática moderna. Esto ha afectado directamente la gobernabilidad, significativamente limitando la implementación de la agenda de trabajo que se prometió durante la campaña de 2009/2010.

Pero no todo está perdido. Para comparar con un gobierno de 4 años, el de Bachelet también tuvo un mal comienzo. Después de obtener niveles de aprobación presidencial cerca de su votación base (55%) en los primeros meses de gobierno, los índices rápidamente cayeron a estar entre 30% y 40% de aprobación. Esto solo se pudo revertir a partir del último año de gobierno, cuando finalmente pudo superar el 50%.

Si comparamos tendencias, vemos que tanto Bachelet como Piñera partieron con un alto nivel de apoyo, pero que se deterioró rápidamente. Para ambos, este sentimiento ciudadano se mantuvo durante los dos primero años de gobierno. Y si Bachelet pudo recuperar, y mejorar, su aprobación presidencial, Piñera también puede. Pero para hacer esto, es crucial elegir el camino adecuado.

Mi opinión es que una reforma electoral y una reforma tributaria no solo podrán revertir la tendencia de aprobación presidencial y mejorar la gobernabilidad, pero podrán posicionar a la Alianza en la mejor posición posible para enfrentar la elección presidencial de 2013. Ambas son reformas que son transversales a los partidos políticos y que recogen la simpatía de la ciudadanía.

Sin embargo, es importante enfocarse en cómo y cuándo llevarlas a cabo.

Reforma electoral debe ser el tema de gobierno en 2012. Hasta el momento, la reforma se ha tratado en círculos de élite–partidos políticos, comisiones ejecutivas y casas de estudios–que concuerdan en la necesidad de un cambio. Si no existe una demanda ciudadana es precisamente por su carácter político. El gobierno debe subrayar esta situación e incluir a los ciudadanos en su diseño.

En un año electoral (municipales 2012), un trato horizontal de este tema será recompensado por los votantes. Abrir el debate–en la medida de lo posible–a la gente mostrará el espíritu de transparencia y de democracia que hasta el momento han sido las principales criticas de la oposición. Además, Piñera tendrá en sus manos la posibilidad de ser visto como el padre del sistema político del siglo XXI.

Reforma tributaria debe ser el tema de gobierno de 2013. No sólo es una demanda ideológicamente transversal, pero es la salida del principal problema de Piñera: el conflicto de la educación. Es evidente que no se terminarán las demandas de los estudiantes en lo que queda del periodo. Pero es igual de evidente que un cambio al sistema de tributos es el comienzo.

Es necesario invertir al menos el mismo tiempo que se ha invertido en pensar un nuevo sistema electoral, en pensar un nuevo sistema de tributos. Hasta el momento han habido varias propuestas e ideas para un recambio, pero el gobierno debe darle el tiempo y la importancia que necesita. Si existe un compromiso de reforma tributaria, los ciudadanos entenderán que podrá esperar hasta 2013.

Una buena estrategia mediática deberá acompañar al gobierno en liderar estas dos reformas. Lejos de presentarlas como el gran proyecto de la derecha, el gobierno deberá silenciosamente buscar compromisos de todos los sectores para llevarlas a cabo. No hay duda que tras diseñar e implementar estas reformas, la gente tendrá una percepción muy diferente de Piñera y la Alianza.

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