CEP: Piñera, Concertación y Renovación Generacional

La encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) es la más creíble y representativa de los sondeos de opinión pública en Chile. En su primera versión de 2010, la CEP entrega varias pistas que ayudan a entender cómo los chilenos han reaccionado a las estrategias que ha llevado a cabo la administración de Piñera en sus primeros tres meses de gobierno. En general, la evidencia muestra que la política chilena va de mal en peor. Tres tendencias apuntan a esto. Primero, la encuesta muestra que el Presidente no ha logrado tomar las riendas del país; su popularidad es la más baja desde el retorno de la democracia. Segundo, la encuesta muestra que la oposición no se ha logrado consolidar como un contrapeso de importancia; la Concertación figura como una de las peores oposiciones de las últimas dos décadas. Tercero, la encuesta muestra que el recambio generacional no existe; la mayoría de los encuestados prefieren a un político conocido que a un político por conocer.

Lo más notorio de la encuesta es que Piñera es el jefe de Estado que inicia su mandato con menor respaldo desde el retorno a la democracia. En 1990, Patricio Aylwin logró un 73% de apoyo. En 1994, Eduardo Frei logró un 50%. En 2000, Ricardo Lagos logró un 49%, y en 2006, Michelle Bachelet logró un 46%. Todos por sobre el 45% de apoyo que recibió el actual mandatario. Varios temas postulan a ser las variables indicativas. Entre ellos, el alza en el valor de los pasajes Transantiago, los conflictos de interés de CHV y LAN, las polémicas populares con la selección chilena y el terremoto de Febrero. No cabe duda que la poca habilidad política para manejar estas situaciones ha llevado a Piñera a recibir el segundo nivel de desaprobación más alto (29%) en el debut de sondeos a mandatarios. El acierto de Piñera en rechazar el tema del indulto parece sugerir la pauta más adecuada para revertir el declive. Mientras Piñera evite debatir temas puntuales intrascendentes y logre instalar en la agenda la importancia de la perspectiva institucional de Estado, su popularidad tenderá a homologarse con el de los presidentes de la Concertación.

Una segunda tendencia es el declive paulatino de la popularidad de la Concertación. Desde la infame derrota electoral de Frei en segunda vuelta, han renunciado los presidentes de los partidos, han habido reuniones estratégicas, incluso se han escrito libros para intentar revitalizar la vetusta y oxidada coalición. Nada ha servido. Los datos son lapidarios. El nivel de aprobación de la Concertación, en comparación a la encuesta anterior, bajó de 49% a 29%. Además, sólo el 48% de los que se identificaron como simpatizantes de centro-izquierda o izquierda, aprueban de la labor de la Concertación; un porcentaje bastante bajo en comparación con los simpatizantes de centro-derecha o derecha, quienes en un 81% apoyan a la Coalición por el Cambio. Si bien para muchos Bachelet parece ser la carta bajo la manga de la Concertación, de nada servirá si la oposición no se logra coordinar y realinear como bloque. Tal como la popularidad de Bachelet no fue transferible a Frei en 2009, tampoco lo será en las elecciones de 2012 y 2013. En tanto la Concertación no desarrolle una estrategia conjunta y unidireccional, estará poniendo en jaque su oportunidad de volver a gobernar.

Finalmente, la encuesta también sostiene que los encargados del recambio generacional no están haciendo su pega. La gente ignora la presencia de una nueva camada de políticos. Lejos de representar un recambio en el sistema político, las dos personas mejor evaluadas son dos políticos consolidados: Michelle Bachelet y Joaquín Lavín. A cuatro meses de haber dejado la presidencia, Bachelet se mantiene como la figura más importante de la Concertación, con un 58% de las menciones. Asimismo, el dos veces candidato presidencial y actual ministro de Educación, se impone con un 28% de las respuestas espontáneas cuando se excluye al Presidente. Bachelet y Lavín también lideran el ranking de políticos mejor evaluados, con un 85% y 57% respectivamente. A su vez, los representantes de la renovación política no aportan en revertir este status-quo. Mientras Marco Enríquez-Ominami y Ricardo Lagos Weber fueron los que sufrieron las caídas más significativas en popularidad, Carolina Tohá recibió apenas un 1% de reconocimiento como una figura importante dentro de la Concertación.

Estas tres tendencias advierten que la política chilena cae en picada. La baja popularidad del Presidente sugiere que hay una grave desconexión de la clase gobernante con la gente. Por una razón u otra el gobierno no ha logrado acertar en sus políticas. Si a esto le sumamos la incapacidad de la Concertación para realinearse, se produce un vacío de poder en el cual ninguna de las dos fuerzas más representativas del país logra empoderarse desde la presidencia o desde la oposición. Por último, la permanencia en la escena de gente asociada con la política tradicional muestra que poco y nada han podido hacer las nuevas generaciones para gestar la renovación generacional.

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